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david pedraza mono negro

Educador para algunos, soñador para otros, vibrante para todos. Él es uno y muchos.

Mis remembranzas como discípulo intelectual me hicieron recordar al profesor David Pedraza Cuellar, a quien conocí por primera vez en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) cuando cursaba la carrera de Sociología de la Educación y quien me impartió en sexto semestre la asignatura de Seminario de Problemas de la Educación en México. Era una clase llena de virajes y diluvios, era el debate propio de un grupo de sociólogos perspicaces y un profesor altamente organizado en sus ideas, seguro y bien documentado de su palabra; comunicaba con claridad y tenía impactos significativos en cada uno de nosotros ya que señalaba horizontes inagotables del saber, expresando siempre un goce de la enseñanza y de cómo el conocimiento embellece a la vida.

Lo recuerdo caminar por los pasillos de la Universidad Pedagógica Nacional, un hombre de cabellera blanca que lo caracterizaba, siempre lo observaba aproximándose a mi salón para impartir tan ansiada clase y que sólo los propios sociólogos esperaban escuchar y realizar con él un duro debate. En ocasiones en su alrededor observaba un paisaje que se extendía inmenso y desolador por no haber hecho la lectura o trabajo que nos había encomendado, pero, no por eso, es menos atractivo para quien tiene el oficio de indagar y de escribir lo que observa, siente y admira de su profesor.

Mi mayor agradecimiento al maestro David Pedraza Cuellar, quien me encaminó y dirigió mis pasos en mi vida académica e intelectual. Ahora sólo puedo decir que su misión fundamental en mi persona fue la de cultivar su propio compromiso con la formación humana, mientras su labor educativa fue la convicción para que me indujera en aprendizajes placenteros y comprometidos en los avatares educacionales.

Agradezco su sensibilidad pedagógica, un rasgo esencial que revela nítidamente su alegría, compromiso, convicción moral y, sobre todo, su honradez intelectual, sin duda alguna el maestro David Pedraza fue uno de los imprescindibles de Bertolt Brecht o uno de los meramente virtuosos de Gustav Mahler que dice:

Cuanto más tiempo se vive y más se aprende, 
más claramente se verá la diferencia entre unos 
pocos hombres que son verdaderamente 
grandes y los meramente virtuosos.

Juan Baltazar Tinoco

Abril, 2019.

 

 

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