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Revista núm. 24 - Julio/Diciembre 2018

La UPN: antecedentes e inicio 

The upn: background and start

Francisco Leonardo Saavedra*

Fco leonardo saavedra

Introducción

Este artículo tiene como propósito examinar la necesidad de la creación de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) hace cuarenta años. Como toda institución, al menos de la importancia de esta Universidad, tiene una historia anterior a su nacimiento que fundamenta las razones de su existir. Sin embargo, eso no bastó, también tuvo que haber condiciones políticas propicias que se fueron construyendo por los más interesados, una voluntad política de las esferas de toma de decisión y un marco legal. En los siguientes párrafos se tratará de recuperar esa historia, en forma resumida, y se explicarán los problemas que generaron el surgimiento y puesta en operación de nuestra institución.

El contenido se expone en tres partes. En la primera se abordan algunos de los antecedentes de una larga historia de lucha de los maestros por alcanzar mayores niveles de preparación y mejorar sus condiciones económicas, especialmente, de quienes se desempeñan en educación básica. En la segunda, se examina el proceso que condujo a la creación de la UPN, desde su planteamiento inicial hecho por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE); la aceptación por las autoridades del país; la confrontación de dos proyectos: SEP-SNTE y su puesta en marcha. La tercera, hace referencia a la opinión de algunos críticos en torno a la posición de la dirigencia nacional del sindicato sobre la UPN. Al final se exponen las conclusiones.

1. La historia anterior 

La formación, actualización y mejoramiento profesional de los docentes ha sido, es y será siempre una preocupación no sólo de los órganos del Estado dedicados a la tarea educativa, sino también de los directamente interesados en la preparación de las nuevas generaciones, de ahí que los antecedentes de una institución de importancia fundamental para el sistema educativo nacional tenga un amplio horizonte histórico. Este horizonte puede extenderse, en el caso que nos ocupa, hasta la época en que existía el Gremio del Nobilísimo Arte de Primeras Letras, fundado en 1601 y que tenía entre sus funciones el de examinar a los aspirantes a ejercer el oficio de maestro y supervisar la ubicación de las escuelas particulares (Tanck de Estrada, 1985: 119). Como todo gremio, los maestros de esta época tenían su Santo Patrono que era San Casiano. Puede también partir de las escuelas normales que impulsó la educación lancasteriana con la reforma educativa planteada por el Dr. José María Luis Mora y aplicada, en forma efímera por Don Valentín Gómez Farías en 1833 (Luis Mora, 1963: 120). Aunque la inquietud por la formación de maestros en el método desarrollado por Joseph Lancaster continuó por muchos años más. Podría iniciar, así mismo, con el surgimiento de la hoy Benemérita Escuela Nacional de Maestros en febrero de 1887 que tuvo su antecedente legal en la Ley de Instrucción Pública del Distrito Federal y Territorios Federales del 2 de diciembre de 1867 o con la contribución pedagógica de los maestros rurales que impulsaron las Casas del Pueblo o las Misiones Culturales a principio de los años veinte del siglo pasado, en los primeros años de la Secretaría de Educación Pública (SEP), liderados por distinguidos educadores como Don Enrique Corona Morfín o Don Rafael Ramírez, entre otros muchos y quienes tuvieron una gran influencia en la creación de las normales rurales que fueron el complemento necesario de las mencionadas Casas del Pueblo. Estas normales realizaron una labor sobresaliente que fue reconocida por el educador norteamericano John Dewey al visitar la Normal Rural de San Antonio de la Cal, en Oaxaca.[1] 

Sin embargo, un antecedente más inmediato y directo fue la creación y puesta en práctica del Instituto Federal de Capacitación de Magisterio (IFCM) apenas 34 años antes de que se diera a conocer el Decreto de Creación de la UPN y decimos “apenas” porque en la perspectiva histórica de las instituciones es un tiempo corto, aunque para las personas represente un poco menos de la mitad del promedio de vida en la actualidad. Las condiciones para la fundación del IFCM las explica de una manera muy objetiva, Jaime Torres Bodet (1981, 223), quien se hizo cargo de la SEP en diciembre de 1943: 

El magisterio estaba formado por tres sectores muy desiguales. Existía, en primer lugar, una mayoría sencilla, pero ayuna –en proporción alarmante- de competencia. Millares de profesores titulados: muchos de ellos de luz escasa o cansada ya por la edad, o extenuada por la miseria. Junto a ellos, millares de jóvenes reclutados al favor de cualquier capricho, al azar del menor encuentro, sin más diploma que el certificado de primaria, o –como lujo- el recuerdo de uno o dos años de estudio en algún plantel de enseñanza media.

Al lado de ese sector, existía otro: no menos numeroso, pero de movimientos más perceptibles. Alternaban en él maestros de innegable capacidad personal. Políticos unos, y otros vejados por la política, todos vivían insatisfechos. Éstos, porque la política los vejaba, y aquellos porque no les rendía los frutos apetecidos.

Por último (y la palabra “último” obedece tan sólo a razones de cantidad), venían los maestros de conciencia y de corazón. Muerto ya Lauro Aguirre, se distinguían hombres como Rafael Ramírez, Guillermo Bonfil, Francisco Cesar Morales, Enrique Corona, José Guadalupe Nájera, Celerino Cano, José Santos Valdez, Ignacio Ramírez, Salvador Varela y Luis Álvarez Barret. O mujeres como Rosaura Zapata, Luz Vera, Soledad Anaya Solórzano, Guadalupe Cejudo, Dionisia Zamora, Guadalupe Ceniceros y las hermanas Norma. En un plano distinto, empezaban a destacarse profesores y profesoras como Mario Aguilera, Manuel López Dávila, Paula Gómez Alonso, Isidro Castillo, Lucas Ortiz, Víctor Gallo, Dolores Uribe, Luis Herrera y Montes, Miguel Huerta,[2] Efrén Núñez Mata… 

Fue precisamente para los “millares de jóvenes reclutados…” (Profesores en servicio que no tenían más formación que la educación primaria o secundaria) que surgió en IFCM mediante la “Ley que Establece el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio” expedida el 30 de diciembre de 1944 por el Presidente Manuel Ávila Camacho. Se establecía la obligatoriedad de todos los maestros federales y federalizados no titulados a inscribirse en el IFCM, con excepción de quienes tuvieran más de diez años ininterrumpidos de prestar sus servicios como maestros o los que tuvieran más de cuarenta años de edad.[3] En todo caso, la inscripción al Instituto sería voluntaria para estos dos grupos.[4]

El Instituto tuvo una doble modalidad: cursos por correspondencia y la normal oral, quienes por la lejanía de las comunidades donde prestaban sus servicios no podían asistir los fines de semana a cursos presenciales, es decir a la normal oral, tenían que hacerlo en cursos intensivos de seis semanas, en tanto eran orientados en sus estudios a través de correspondencia. En los cursos intensivos presentaban sus exámenes para promoverse al grado inmediato superior. En este caso recibían por cada curso aprobado un estímulo económico hasta igualar el salario de los maestros normalistas titulados.[5] Es menester aclarar que aun después de la creación del IFCM se continuó contratando como maestros rurales a jóvenes con la secundaria terminada; cuando menos, hasta mediados de los años sesenta, por ello esta institución tuvo una vigencia de 27 años.

Durante esos años esta institución desarrolló una labor sobresaliente porque formó muy buenos maestros rurales, tuvo una labor editorial destacada y la penetración en toda la geografía del país hizo que se le considerara una de las normales más grandes del mundo. La VIII Asamblea del Consejo Nacional Técnico de la Educación realizada a finales de julio y principios de agosto de 1969 recomendó transformar el IFCM en el Instituto Nacional de Mejoramiento Profesional y Asistencia Técnica del Magisterio (INMPATM) (Barbosa, 1978, p. 290); sin embargo, la transformación se dio hasta 1971 bajo el nombre de Dirección General Mejoramiento Profesional del Magisterio (DGMPM) cuando todos los maestros en servicio, pertenecientes a la educación primaria ya contaban con sus estudios de normal. Esta Dirección tuvo como objetivo fundamental ofrecer asesorías permanentes a los maestros en servicio e impulsar su actualización. En el marco de la Reforma Educativa que impulsó el gobierno del Presidente Luis Echeverría, esta institución realizó seminarios nacionales en 1972 y 1973 para presentar los nuevos programas y libros. También se desarrollaron conferencias, mesas redondas y juntas académicas sobre diversos temas de la mencionada Reforma (Bravo Ahuja y Carranza, 1976, pp. 60-62). Probablemente, lo más importante fueron los cursos de actualización que permanentemente ofreció la DGMPM.[6] Un paso significativo para la profesionalización de los maestros en servicio fue la creación del programa para ofrecer la licenciatura en educación en marzo de 1975.[7] La respuesta de los maestros en servicio fue muy importante porque de acuerdo con Bravo Ahuja y Carranza (1976: 61) “La inscripción inicial fue de 22 100 maestros en toda la República, cifra que aumentó a 47,000 en septiembre de ese mismo año y que en 1976 asciende a 70, 000”. Incluso, entre los objetivos de este programa estuvo la formación de maestros y doctores en educación elemental procurando que los profesores que alcanzaran estos grados permanecieran en el nivel de educación primaria o preescolar. Estos planteamientos tuvieron su origen en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). El 23 y 24 de septiembre de 1975 se desarrolló el XVI Consejo Nacional Ordinario. “En su informe, Jonguitud Barrios señaló como logros de su gestión: aumentos salariales, instauración de cursos de licenciatura y doctorado para maestros de preescolar y primaria…” (Espinoza C., 1980, p. 55).

Hasta antes de lograr el grado de licenciados o licenciadas las maestras y maestros de preescolar y primaria sólo eran considerados como técnicos en educación o, un tanto despectivamente, como subprofesionales.[8] Y no se trataba únicamente de su perfil académico sino también de su situación económica. Por eso, entre los objetivos estaba: “lograr que el maestro permanezca en el nivel primario, adquiera capacidad científica y profesional actualizada y realice sus aspiraciones de superación profesional, social y económica” (Consejo Nacional Técnico de la Educación, 1984: 96). Históricamente, la situación salarial del maestro fue de un trabajador mal pagado, así lo documentan algunos, pedagogos, periodistas y escritores del siglo XIX y XX (Ignacio Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano, 1985; Carlos A. Carrillo, 1964; Rodríguez Beltrán, 1988; Meneses Morales, 1986).[9] Expresiones como “maestro escuelero”, “pobresor” o quien se dedica a “la hambreada profesión” describen el estatus salarial y laboral de los maestros. Por eso, al mismo tiempo que se planteaba la superación profesional se demandaba una mejor retribución al trabajo docente.[10] Estas dos preocupaciones siempre estuvieron presentes en el quehacer de los maestros.[11] Así, en el Primer Congreso Nacional de Educación Normal, celebrado en Saltillo, Coahuila, en 1944; el segundo, celebrado en Monterrey, Nuevo León, en 1954; en la Junta Nacional de Educación Norma, realizada en el DF, en 1954 y el Cuarto Congreso Nacional de Educación Normal, llevado a cabo en 1969, en Saltillo, Coahuila, en sus conclusiones siempre se hizo referencia a procurar la profesionalización del magisterio de educación primaria (Colegio Nacional Técnico de la Educación: 1984, pp. 98-152). Por su parte, la Comisión Coordinadora de la Reforma Educativa (1971) entre sus conclusiones afirmaba: “Es conveniente, para la formación de personal docente en los niveles de preescolar, primaria, media, educación física y otros de primer grado profesional exigir el requisito previo de haber cursado el ciclo completo de enseñanza media (secundaria y bachillerato) o su equivalente” (Consejo Nacional Técnico de la Educación, 1984, pp. 98-154). 

La posibilidad de lograr un mayor nivel académico y mejorar sus ingresos para muchas maestras y maestros de primaria fue incorporarse como docentes en escuelas secundarias. El camino era estudiar en la Escuela Normal Superior de México, alguna especialidad, en sus cursos ordinarios o en los intensivos (durante el periodo vacacional que antes era hasta de dos meses) o los que se ofrecían en los Estados de la República. Así, por ejemplo, ha sido famosa la Normal Superior de Puebla. Se fundaron también normales superiores particulares que se convirtieron más en negocios que en instituciones de preparación académica. Otra práctica fue combinar la labor de docente en la educación básica con la realización de estudios en alguna universidad o tecnológico. El objetivo final era la docencia en el nivel superior o ejercer alguna otra profesión con la perspectiva de mejorar profesional y económicamente.     

2. El proceso para la creación de la UPN

El planteamiento inicial para crear la UPN surgió de la Segunda Asamblea Nacional de Educación organizada por el SNTE y celebrada en Oaxtepec, Morelos, entre el 5 y 9 de octubre de 1970. Dentro del tema “Problemas Específicos de Educación Normal” se establecieron dos resolutivos:

  1. “Dentro del Plan de Educación propuesto por esta conferencia, deberá encuadrarse el desarrollo, la reforma y la reorganización de las escuelas normales, evitando así todo tipo de improvisaciones”.
  2. “Establézcase un Instituto Nacional de Ciencia de la Educación que englobe, en una entidad, todas las escuelas normales del país, en cualquier tipo y de cualquier nivel, así como a las instituciones de divulgación, investigación y mejoramiento profesional del magisterio” (Cortés López, 1980, p. 73).

El 15 de mayo de 1975 en su discurso con motivo de la celebración del Día del Maestro, Carlos Jonguitud Barrios, Secretario General del SNTE, solicitó al Gobierno de la República la creación de una Universidad Pedagógica, “Como una institución centralizadora de todo el sistema de formación de maestros” y como “institución reivindicadora de la profesionalización del magisterio”. Esta petición se reiteró en varias ocasiones al Presidente Luis Echeverría quien aceptó sólo en forma verbal (Lara Navarro, 1980: 46; Espinoza, 1980: 55).[12] En esta demanda se recogía el espíritu del planteamiento de la Segunda Asamblea Nacional de Educación a la que ya se hizo referencia. Aunque, debe reconocerse que en este mismo año se estableció la doble plaza (conquista del SNTE) para preescolar y primaria, lo que significó para quienes la obtuvieron, una posibilidad de incrementar sus ingresos. Probablemente la falta de respuesta a la petición del SNTE −a pesar de que en su sexenio estuvo muy cerca del magisterio nacional− por parte del Presidente Echeverría se haya debido, primero, a las dimensiones presupuestales y administrativas que representaba la demanda magisterial y, segundo, a que se crearon −considerando siempre las limitaciones del presupuesto: el Consejo Nacional de Ciencia y tecnología (CONACYT), el Centro para el Estudio de Medios y Procedimientos Avanzados de la Educación (CEMPAE), el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y sus tres unidades: Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco; el Colegio de Bachilleres y otras universidades e institutos en diferentes estados de la República. 

Sin embargo, la dirección sindical siguió insistiendo y el 8 de octubre de ese mismo año, en un mitin que reunió a más de 40,000 maestros en apoyo a la candidatura a la Presidencia de la República del Lic. José López Portillo, el dirigente magisterial, Carlos Jonguitud, volvió a plantear la demanda de creación de la UPN, petición que se repitió en diversos actos de la campaña presidencial priista. Así, por ejemplo, el día 7 del siguiente mes, en una reunión de trabajo los miembros de las secciones del Distrito Federal le reiteraron la petición al candidato presidencial, éste se comprometió a concederla: “les garantizo a los maestros de México, la Universidad Pedagógica” (Espinoza, 1980: 556). 

Es posible afirmar, por tanto que, entre octubre de 1975 y noviembre de 1976, la UPN pasa de ser una petición de los líderes del SNTE a una promesa por parte del candidato presidencial. Antes de la sucesión ésta comienza, incluso, a perfilarse como una de las políticas educativas más importantes de la administración entrante. Muestra de ello es el hecho de que la factibilidad de dicho proyecto comience a ser analizada por el sector oficial así como por el partido del gobierno porque en distintos foros sobre cultura y educación organizados por el IEPES “…la Universidad Pedagógica se convierte así en la principal demanda política que la cúpula magisterial le plantea al candidato José López Portillo así como en el proyecto educativo de mayor envergadura con el que éste último asume la Presidencia de la República” (Kovacs, 1990: 141). Iniciando el año de 1977 se realizó el XI Congreso Nacional del SNTE en el que resultó electo, como secretario general, el profesor, José Luis Andrade Ibarra a quien le correspondió encabezar las negociaciones con la SEP para concretar la creación de la UPN, pues su trienio terminó a principios de 1980.

En enero de 1977, una publicación del Consejo Nacional Técnico de la Educación (Educación: 79) destacó algunos pronunciamientos, en materia educativa, hechos por López Portillo durante su campaña. Sobre la UPN decía: “Miramos confiados el futuro, gracias al esfuerzo que también ustedes están haciendo. ¡Qué satisfactorio! Asimismo, maestros, que en una reunión de este tipo, lo que los maestros pidan sea una Universidad para mejorar su preparación. ¡Que hermoso sea esto lo que yo de aquí me lleve!: la Universidad Pedagógica, idea extraordinaria que acogemos en nuestro Plan de Gobierno con mucho gusto, porque me parece, maestros, que lo que urge a este país, como primer ejercicio de justicia, es capacitar; capacitar a quienes capacitan, es condición de eficiencia. Lo haremos, y lo haremos juntos.”

Progresivamente se iba convirtiendo la demanda del magisterio en política de gobierno. El 10 de enero de 1977, el Presidente López Portillo planteó la necesidad de elaborar un Plan Nacional de Educación frente a funcionario de la Secretaría de Educación Pública, dirigentes del SNTE, rectores de universidades e institutos de educación superior. “Yo quisiera que de aquí surgiera el compromiso –que seguramente ya forma parte de sus responsabilidades- de, en un plazo perentorio, proponerle a la nación el Plan Nacional de Educación, que recogiendo todas las experiencias, aprovechando todas las estructuras administrativas, optimizando el empleo de nuestros recursos, satisfagan el gran propósito de congruencia con nuestra filosofía política.” (Educación, 1977, p. 47). En el marco de preparación para la elaboración del Plan Nacional de Educación (PNE), el Profr. Arquímedes Caballero, presidente del Consejo Nacional Técnico de la Educación, propuso una agenda provisional de la Comisión para el Plan. En alusión a la preparación de los maestros, se afirma: “Programa de capacitación, actualización, mejoramiento y promoción académica del Magisterio Nacional”. Más adelante se complementa: “Niveles y grados académicos necesarios para elevar la calidad de los docentes: licenciatura, maestría y doctorado” (Educación, 1977, p. 60-62). 

El 5 de febrero de ese año se pusieron en marcha los trabajos de la Comisión para la elaboración del PNE, en esa ceremonia, el Secretario de Educación Pública, Lic. Porfirio Muñoz Ledo pronunció un discurso en el que hace referencia al compromiso del Ejecutivo para crear la UPN: “Capacitarse mejor para seguir capacitando es la demanda esencial que formularon los maestros al Presidente López Portillo en el curso de su campaña. Esta aspiración, que los honra, se condensa en la creación de la Universidad Pedagógica que, por determinación expresa del Ejecutivo será pronto, una realidad. Crearla implica revisar, a fondo, la estructura y el funcionamiento de los servicios que hoy integran la educación normal, a fin de fortalecerlos, reformarlos y articularlos conforme a un nuevo propósito” (Muñoz Ledo, 1977, p. 20).  

El día 25 del siguiente mes se crea la Comisión Mixta SEP-SNTE –integrada de la siguiente manera,“por la SEP: Víctor Hugo Bolaños M., Guadalupe Méndez G., Idolina Moguel C., Alfonso Rangel G., Arquímedes Caballero C. y Napoleón Villanueva C. Por el lado sindical estuvieron: Idulio Cortés, Arcadio Noguera V., José Chávez E., Ismael Rodríguez A., Humberto Jerez T. y Sebastián Cárdenas V.” (Moreno, 2007, p. 31)– para discutir el anteproyecto que le daría vida a la UPN. Los trabajos de dicha Comisión concluyeron el 14 de julio del mismo año (Kovacs, 1990, p. 149). La posición del SNTE en dicha Comisión partió de la idea original que se aprobó en la Segunda Asamblea Nacional de Educación organizada por el SNTE y a la que ya se hizo referencia, aunque la propuesta de un Instituto Nacional de Ciencia de la Educación se modificó por el de Universidad. Las características principales que debería tener la UPN, de acuerdo con la organización sindical, las destaca Lara Navarro (1980, p. 46):  

  1. “Esta institución permitirá culminar el proceso de formación del magiterio.
  2. Proporcionará unidad y coherencia al sistema educativo normal.
  3. Formará especialistas en administración e investigación educativa.
  4. Capacitará al magisterio nacional.
  5. Contribuirá a formar en el mexicano el pensamiento de unidad nacional.”

Por su parte, Idulio Cortés López (1980: 74), decía: “Para nosotros los maestros: ¿Qué debe ser la UPN?, pensamos en una institución nacional formadora de maestros, que sea óptima en dirección, organización, coordinación y control de las licenciaturas en educación preescolar y primaria, así como también en los grados de Maestría y Doctorado en todos los tipos, modalidades y especialidades que sean congruentes con los requerimientos de la educación nacional y en estrecha vinculación con aquellas dependencias de la Secretaría de Educación Pública, encargadas de impartir servicios docentes; es decir, una Universidad, como sistema nacional, que comprenda todas las instituciones, formadora de docentes para todos los tipos y niveles de educación.”

El 30 de junio de 1977 se publica el anteproyecto elaborado por la Comisión Mixta. En su Artículo 1 establece: La Universidad Pedagógica Nacional es una dependencia de la Secretaría de Educación Pública, a cargo de las tareas de dirección, organización, coordinación y control de la educación normal a las que se refiere el Artículo 3º. Constitucional y la Ley Federal de Educación.” Artículo 2: “Para la organización de la Universidad Pedagógica Nacional, así como para la selección de su primera planta, se integrará una Comisión Mixta Organizadora formada por tres representantes de la Secretaría de Educación Pública y tres de Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y presidida por el C. Secretario de Educación Pública”. Artículo 4: “Todas las instituciones dependientes de la Federación que actualmente se encargan de impartir educación normal y programas de licenciatura docente en sus diferentes tipos, grados, modalidades y especialidades, se integrarán a la Universidad Pedagógica Nacional”. Artículo 8: “Los actuales estudiantes de las escuelas normales básicas, superiores, de especialidades, se integrarán a la Universidad Pedagógica Nacional” (Op. Cit. Kovacs, 1990, p. 150).

Como puede observarse, en la Comisión Mixta predominó el criterio de la organización sindical en el sentido de establecer una institución centralizadora de la formación, actualización y mejoramiento profesional del magisterio nacional en todas sus modalidades y niveles. Todo parece indicar que el anteproyecto acordado causó una gran preocupación en los mandos superiores de la SEP y, probablemente del gobierno federal. Esto se reflejó en la actitud del titular de esa dependencia, Porfirio Muñoz Ledo, quien empezó a retrasar la fundación de la UPN, con el pretexto de, primero, terminar de formular el Plan Nacional de Educación. Frente a esta conducta el SNTE realizó una campaña a favor de su propuesta y presionó a las autoridades. El 22 de julio, “Andrade Ibarra define a la UPN como institución rectora del normalismo mexicano. En un desplegado publicado por el SNTE el 26 de agosto éste se pronuncia por una mayor profesionalización del magisterio. Por la unidad del sistema educativo así como una reestructuración de las escuelas normales a través de la UPN, la cual “habrá de combatir la formación elitista y levantar al magisterio de la subprofesionalización”(Kovacs, 1990: 151). José Luis Andrade Ibarra estuvo insistiendo, en cada evento realizado por la organización sindical, para agradecer públicamente al Presidente de la República por la creación de la UPN. 

En su primer informe de gobierno, el Presidente López Portillo ratificó su promesa de hacer realidad la universidad para los maestros, en los siguientes términos: “Ante esta tribuna, ratifico el compromiso asumido con los maestros de México de establecer la que hemos llamado universidad pedagógica, sistema con el que culmina la capacitación de quienes capacitan. No se trata de degradar a las escuelas normales, sino de crear el foro adecuado para albergar el esfuerzo nacional para enseñar a aprender, investigar y difundir la pedagogía.”

En diciembre de 1977, Porfirio Muñoz Ledo, deja la Secretaría de Educación Pública y es nombrado en su lugar el licenciado Fernando Solana Morales. La salida del primero se puede relacionar, de manera hipotética, con las presiones que ejercía el SNTE por dilación que mostraba en encargado de la SEP para crear la UPN.  Aunque, Solana Morales, le comentó a Pablo Latapí (2012: 68) “…había la impresión de que Porfirio traía un proyecto político personal que no coincidía con el del presidente y que había hecho, en poco tiempo, concesiones excesivas al SNTE.”

Solana Morales, impulsó una nueva Comisión Mixta para la formulación del proyecto de la UPN. Las presiones del SNTE continuaron, los meses pasaron y en la SEP se empezaron a plantear modificaciones sustanciales al primer anteproyecto. Al respecto, Arquímedes Caballero, quien encabezaba las negociaciones por parte de la SEP, declaró que las escuelas normales no formarían parte de la UPN. “¿Por qué varió el régimen su posición original? ¿Qué implicaciones no previstas tenía para el Estado la solución que se le estaba exigiendo?”, se pregunta Fuentes Molinar (1979, pp. 91-103). Y responde, “Sólo quienes estuvieron dentro del oscuro proceso que va de marzo de 1977 a marzo de 1979 conocen con certeza lo que sucedió.” Aunque no todo el periodo que señala este autor, es necesariamente oscuro. Se conoce la relación tensa de las negociaciones del SNTE con la SEP, así lo declaró Fernando Solana Morales a Pablo Latapí (2012, pp. 77-80). “La UPN nació como un espacio sindical. Cuando llegué a la Secretaría tuve discusiones muy duras con el sindicato para convencerlo del papel que debería asumir la universidad y de la responsabilidad y autoridad del secretario”. Con toda seguridad, las diferencias entre la SEP y el SNTE sobre la creación de la UPN llegaron a tal grado de confrontación que, a principios de agosto de 1978, el organismo sindical tuvo que hacer uso de una táctica a la que ha recurrido poco en su historia y que es la movilización para la presión. Así, el 8 de agosto de ese año José Luis Andrade Ibarra, encabezó un acto masivo de maestros frete a la SEP para demandar la creación de la Pedagógica. Este acto tuvo sus efectos este mismo mes pues el 25 se dio a conocer el Decreto que creo la Universidad Pedagógica Nacional. El 29 de agosto fue publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) día en que entró en vigor.   

El Decreto publicado no reflejó el planteamiento fundamental del SNTE pues en su Artículo 2., dice: “La Universidad Pedagógica Nacional tiene por finalidad prestar, desarrollar y orientar servicios educativos de tipo superior encaminados a la formación de profesionales de la educación de acuerdo a las necesidades del país”Como se puede observar, la primera parte que subrayamos, en forma continua, corresponde a cualquier institución de educación superior. La segunda, subrayada en forma discontinua, quedó muy general, cuando la petición sindical fue precisa, esencialmente: completar el proceso de formación del magisterio; unificar el sistema educativo normal y capacitar al magisterio.

En su Artículo 4 establece: “Para ingresar a la licenciatura en la Universidad Pedagógica Nacional será necesario haber concluido satisfactoriamente los estudios de educación normal o el bachillerato.”

En los Artículos 7 y 8 se planteó una salida para cumplir, en parte, el planteamiento sindical. El primero dice: “El titular de la Secretaría de Educación Pública vigilará el cumplimiento de los términos de este decreto y establecerá las modalidades académicas y de organización que requiera el desarrollo de la Universidad Pedagógica Nacional, resolviendo además sobre aquellas otras que al respecto le proponga la propia Universidad”y el segundo quedó de la siguiente manera: “El Secretario de Educación Pública, cuando lo estime conveniente, propondrá al Ejecutivo Federal e establecimiento de instituciones similares a la Universidad Pedagógica Nacional y vinculadas con la misma, para atender las necesidades de servicios educativos en regiones determinadas del país.”Estos artículos le dieron fundamento al Sistema de Educación a Distancia (SEAD).

A finales del mes de agosto de 1978 se nombró como primer Rector al Profesor: Moisés Jiménez Alarcón; luego se nombraron como Secretario Académico al Lic. Miguel Limón Rojas; como Jefe del Área de Investigación al Maestro José Ángel Pescador Osuna; posteriormente nombraron a la maestra Emma López como Jefa de Docencia. Este fue el equipo que encabezó los trabajos para poner en práctica el Decreto de creación de la UPN. Tanto Pescador Osuna como Limón Rojas invitaron a profesionistas amigos o colaboradores suyos para integrar parte de la planta docente, incluso, el Lic. Manuel Camacho Solís que encabezó un seminario dedicado a docentes fundadores, invitó a incorporarse a este grupo a algunos amigos; otros, atendiendo la convocatoria respectiva, llegamos a incorporarnos. Así la planta inicial de docentes venía de diversas instituciones: unos de Instituto Nacional de Investigación Educativa, un organismo de la SEP, cuyo último director fue Pescador Osuna; otros de la UAM-Azcapotzalco; uno que otro del Colegio de México y de la UNAM, incluso, egresados de la Universidad Iberoamericana. Todos tuvimos que someternos, al término del primer semestre, al examen de oposición. En este grupo inicial había pedagogos, sociólogos, abogados, economistas, algunos con antecedentes normalistas. Los trabajos de preparación para poner en marcha los cursos en la UPN fueron de septiembre de 1978 a principios de marzo de 1979 en su cede inicial ubicada en Plaza de Miravalle Número 2, en la Colonia Roma de la Ciudad de México.

En enero de 1979 la UPN publicó un folleto de “Información General”. En éste se expone una idea general de lo que sería esta universidad, se explican los objetivos, estructura y funcionamiento, las áreas académicas (docencia, investigación, difusión y extensión universitaria, servicios de biblioteca y de apoyo académico), la organización administrativa, el organigrama, una explicación muy general de las cinco licenciaturas con las que iniciaría: Administración Educativa, Sociología de la Educación. Psicología Educativa, Pedagogía y Educación Básica; la Estructura del Plan General para Estudios de Licenciatura, fundamentada en tres áreas curriculares: formación básica, integración vertical y concentración profesional; también se hace mención de las especializaciones: en Administración Escolar y Planeación Educativa; se especifica que en el futuro la Universidad ofrecerá los grados de Maestría y Doctorado; también hace referencia al sistema a distancia en que se planteaba ofrecer las mismas licenciaturas que en el sistema escolarizado, con los mismos requisitos de admisión; se anuncia que en el mes de marzo iniciarían los cursos en el sistema escolarizado en las instalaciones ubicadas en “un predio sin número, en la esquina de la calle de Hacienda de Sotelo con la Avenida Zempoaltecas, en Azcotzalco, DF” y los del SEAD en octubre del mismo año. 

Más adelante, en un documento sin fecha, se expone el primer Proyecto Académico, se advierte que es de carácter provisional y que “…el conjunto de planes y programas deberán ser sometidos a consideración del Consejo Técnico y el Consejo Académico de la Institución”. Como corresponde a un documento de esta naturaleza, esencialmente se hace referencia a las áreas que definen las funciones sustantivas de cualquier universidad: docencia, investigación y difusión. Además de la extensión universitaria, servicios de biblioteca y de apoyo académico.

En relación a la primera se hace mención a las carreras ya definidas y al “objetivo fundamental, que consiste en formar profesionales de la educación reflexivos, críticos, creativos y conscientes de la realidad social de la que forman parte”. Los planes de estudio se diseñaron con base a las tres áreas curriculares ya mencionadas en el folleto de “Información General”. El Área de Formación Básica se diseñó con cursos comunes a todas las carreras “…pues en ellos se proporciona a los estudiantes los elementos teórico- prácticos de orden general”. El Área de integración Vertical: “…conforma un conjunto de conocimientos comunes a todas las licenciaturas y representa un intento por superar el aislamiento de las especialidades y lograr que el análisis de los problemas específicos se enmarque dentro de un contexto teórico más amplio”. Finalmente, el Área de Concentración Profesional: “La idea de concentración se determina en razón de los requerimientos de cada licenciatura y de las características y demandas de la actividad profesional”. Como es natural, en una institución que apenas comenzaba a dar los primeros pasos, el Área de Investigación estaba por definir sus proyectos “…de acuerdo con los objetivos y metas fijados por la Universidad Nacional...” atendiendo al “…diseño y desarrollo de la investigación en materia educativa y disciplinas afines.” Respecto al Postgrado se afirma: “Los estudios de postgrado se integran a nivel de especialización, maestría y doctorado, todos ellos orientados hacia la comprensión teórica más profunda y hacia la obtención de una mayor capacidad para enfrentar la problemática de los aspectos específicos de la educación.” En tanto, se definieron las primeras dos especializaciones: Administración Escolar y Planeación Educativa, sólo se hizo referencia al establecimiento de maestrías y doctorados sin precisar los campos y líneas de investigación. El Área de Difusión estaría encargada de las siguientes actividades: “promover, publicar, distribuir, suministrar y extender bienes culturales y servicios universitarios.” Finalmente, se hace referencia al Sistema de Educación a Distancia (SEAD) que estaría organizado a partir de una Coordinación General dependiente de la Secretaría Académica y apoyada por otras coordinaciones. Se afirma: “El SEAD atiende las Licenciaturas en Educación Preescolar y en Educación Primaria, y además, tiene a su cargo la Licenciatura en Educación Básica.” Al respecto, una información oficial dice: “Las licenciaturas en educación preescolar y educación primaria fueron atendidas a partir de 1975, primero por la Dirección General de Educación Normal y desde 1976 por la Dirección General de Capacitación y Mejoramiento Profesional del Magisterio. La Universidad Pedagógica Nacional asumió la responsabilidad de continuar impartiéndolas a partir de 1979, al constituirse las unidades del Sistema de Educación a Distancia” (SEP, Memoria 1976-1979, p. 105). Por ello, Idulio Cortés López (1980, p. 77) afirmaba: “¿Cuándo nació la UPN; ¿El día en que se expidió el decreto oficial correspondiente?; nosotros pensamos que no fue ese el día de su nacimiento. La UPN nació cuando, también por iniciativa de la dirección nacional de nuestro Sindicato se creó la licenciatura en Educación Prescolar y Primaria para los maestros.”

Como podrá observarse, la puesta en marcha de la UPN confirma dos cosas: Primera, no se atendió al proyecto de universidad propuesto por el SNTE. Segunda, se hicieron concesiones a la organización sindical a través de: incorporar la carrera de educación básica en el sistema escolarizado; el establecimiento de las especializaciones que estaban dirigidas a los maestros en servicio y el proyecto del SEAD. Nótese que en el folleto “Información General” se establecía: “La Universidad Pedagógica Nacional ofrecerá enseñanza a distancia. Los cursos correspondientes se diseñarán para las mismas licenciaturas y especialidades que se cursen en el sistema escolarizado y tendrán la misma validez. Los requisitos de admisión serán los mismos”. En cambio en el “Proyecto Académico”, como ya se hizo notar, ni fueron las mismas licenciaturas ni los mismos requisitos, pues fue dedicado a los maestros en servicio. Lo anterior revela que el SNTE siguió presionando a las autoridades para que la Pedagógica recogiera, en la medida de lo posible, el planteamiento sindical. Así empezó esta universidad.

El siguiente cuadro registra la inscripción en los primeros cuatro años de la UPN. 

Cuadro 1.

Estudiantes inscritos en la Universidad Pedagógica Nacional

Conceptos

1979-80

1980-1981

1981-82

1982-83

Sistema escolarizado

Licenciaturas

845

1,896

3,591

4,498

Maestrías

441

  224

184

4,498

Total

1,286

2,120

3,775

4,730

Sistema de educa educación a distancia

Licenciaturas

58,654

77,682

99,682

122,139

Especialidad

--------

--------

1,244

    1,703

Total

59,940

79,802

104,701

128,572

Fuente: Memoria 1976-1982, SEP.

Como puede observarse en el Cuadro 1, la inscripción en el sistema escolarizado a partir de su apertura en marzo de 1979 fue incrementándose rápidamente. Así, si se toman como base los años de 1979-1980 igualándose a 100%; en 1980-1981 el incremento fue de más del 124%; de 1981-1982, de un poco más del 324% y en el último, de casi 460%. Debe observarse que, en los primeros años, los grupos estaban conformados mayoritariamente por maestros en servicio, conforme fue transcurriendo el tiempo y, esto fue a partir de la tercera generación progresivamente fueron predominando los que provenían de algún bachillerato, sin relación con el magisterio. ¿Por qué se fueron retirando de este sistema los maestros en servicio si se trataba de una institución dedicada a ellos? Sería muy aventurado sugerir una respuesta contundente sin tener los elementos mínimos de un estudio serio. Sin embargo, por comentarios de algunos los mismos maestros-alumnos, su desilusión fue por la falta de estímulos laborales.        

En relación al Sistema de Educación a Distancia puede afirmarse que, en las licenciaturas, la inscripción fue masiva pues pasó de 58,654 en 1979-80, a 122,139 maestros-alumnos en 1982-83. En cuatro años se incrementó en más del 100%. Esto fue así porque las licenciaturas que venía atendiendo la Dirección General de Capacitación y Mejoramiento Profesional del Magisterio, pasaron a ser atendidas por la UPN en su sistema a distancia donde se ha mantenido, en mayor o menor grado, la tradición del normalismo, entendido éste como una expresión cultural que vincula a la comunidad del magisterio nacional, especialmente, el de educación básica a partir del quehacer educativo. No aconteció lo mismo en el sistema escolarizado por obvias razones.   

III. El debate en torno a la creación de la UP

La exigencia y presión del SNTE para hacer realidad la UPN originó, dentro del proceso de su creación y después, una serie de críticas: Así, por ejemplo, se afirmaba que había una pretensión de la corriente dominante del sindicato, Vanguardia Revolucionaria (VR), para utilizar a la nueva institución con fines de un mayor dominio dentro de sindicato y de influencia en el sistema educativo nacional (Fuentes Molinar, 1979, p. 93); igualmente, se hacía referencia a la búsqueda de la “camarilla sindical” de una universidad de masas para consolidar su poder, frente al proyecto del “grupo tecnocrático” de la SEP de crear “una institución de excelencia académica” (Kovacs, 1990, p. 129); o que el SNTE veía “con avidez”, el control político del magisterio “…y la reivindicación gremial mediante la promoción de cuadros incondicionales formados en la UPN” (Moreno, 2007, p. 30). Pero quien tiene una crítica radical en contra de la organización sindical y de paso contra la UPN es José Ángel Pescador Osuna: Al contestar una pregunta de Pablo Latapí sobre la formación de los maestros contestó: “Lo primero en el plano político, me parece, es que el sindicato comprenda que la autoridad no puede renunciar a la formación del magisterio, que es una atribución suya y una responsabilidad. La Universidad Pedagógica Nacional es el mejor ejemplo de cómo los intereses sindicales pervirtieron el proyecto y lo sumieron en la mediocridad académica” (Latapí, 2012, p. 107). Extraña contestación de alguien que fue el primer director de investigación de la UPN, luego Rector de la misma institución y finalmente, Secretario de Educación; lo mínimo que se esperaría de él, en el supuesto de que tuviera razón, sería haber hecho lo necesario para cambiar la situación que señala. Cuando el mismo entrevistador le sugiere ampliar sus opiniones sobre el sindicato, afirma: “El sindicato mantiene comunicación estrecha con su base, precisamente al administrar sus recompensas y castigos que se aplican muy selectivamente; se lleva record del comportamiento de cada afiliado y se analizan sus lealtades; los dirigentes no permitirán que en una delegación se elija a un docente muy independiente; se premia la subordinación y se castiga la crítica” (Latapí, 2012, p. 120). ¡Sorprendente declaración! Cualquier trabajador de la educación dependiente de la SEP, por la simple observación empírica, lo desmentiría.  

Aquí planteamos que la mayoría de las críticas a la organización sindical, respecto a la creación de la UPN, son incorrectas. ¿Por qué? En primer lugar, la dirigencia del SNTE encabezó una lucha histórica de los maestros, especialmente de quienes se han desempeñado en educación preescolar, primaria y secundaria. Esta lucha, como se afirmó más arriba, tiene dos componentes: el mejoramiento profesional para una mejor valoración social de los maestros y una mayor retribución económica por su desempeño académico, dos demandas inobjetables.

Segundo, la construcción de un sistema universitario único de formación, actualización y mejoramiento profesional del magisterio impactaría en aspectos como la desaparición de esa estructura que hasta parece clasista entre maestras de preescolar, maestras o maestros de primaria, secundaria, media superior y superior. Todas las maestras y maestros podrían aspirar a ser licenciados, maestros o doctores sin abandonar el nivel escolar de su inclinación. Podría haber, por ejemplo, un Doctor en Sociología apoyando con sus investigaciones o reflexiones a una zona escolar o un Maestro en Psicología educativa sirviendo de apoyo a las maestras y maestros de preescolar, primaria o secundaria; ¿por qué no alguna compañera con estudios de maestría pudiera seguirse desempeñando como educadora en un establecimiento oficial de preescolar? ¿Qué tal un inspector de escuelas rurales con grado de Doctor en Educación? Licenciados, maestros o doctores salidos del mismo gremio. Esto permitiría ir homologando los ingresos del magisterio nacional. Por supuesto, esto implica un proceso a mediano y largo plazo. 

Tercero, el hecho de que la dirección sindical presionara a las autoridades de la SEP para hacer realidad el proyecto del sindicato, es algo natural, propio de una relación, no siempre armónica, entre la parte oficial y la dirigencia de los trabajadores. Aquí hacemos una distinción entre el SNTE y VR, porque las corrientes sindicales por más fuertes que sean (al menos en el SNTE) son pasajeras frente a la permanencia de la institución y siempre la base magisterial es mayor a las corrientes. Lo anterior se entiende si se hace la distinción entre ser miembro del sindicato y ser militante sindicalista.[13] La idea de la profesionalización de las y los docentes de preescolar, primaria y secundaria es muy anterior a la aparición de VR. Esta corriente aprovechó su fuerza, el contexto económico y político del país y la voluntad política del jefe del Ejecutivo para plantear una vieja demanda magisterial, que la utilizaría para su beneficio es explicable, cualquier grupo lo haría. El hecho concreto es que se consiguió el objetivo de fundar la UPN.                

Cuarto, con cierta razón, se condena la práctica de la corriente mayoritaria de la organización sindical de ubicar a sus cuadros en posiciones de dirección en la administración, con el único fin de mantener el control de la organización: directores, inspectores, jefes de sector, jefes de clase (cuando los había) o en órganos de consulta como en el Consejo Nacional Técnico de la Educación o en las direcciones de educación en los estados de la Republica, etc. Sin embargo, no se puede hablar en términos absolutos. La observación empírica me permite afirmar que la organización sindical apoyaba promociones de compañeros a puestos directivos, sin que necesariamente fueran militantes de VR. A los críticos se les olvida que el SNTE es un sindicato conformado por miembros que van, desde compañeros que desempeñan labores de aseo, diversos puestos en la administración, docentes en todos los niveles educativos, investigadores y científicos en diversas disciplinas o compañeros que se dedican al cultivo y enseñanza de las bellas artes, etc. Además, es un organismo plural porque en su seno coinciden militantes de diversas corrientes sindicales, por ejemplo: reformistas, anarcosindicalistas y quienes plantean el sindicalismo revolucionario. También plural, desde el punto de vista político, porque entre los miembros del SNTE hay militantes de diversos partidos políticos y lo hacen abiertamente, sin ningún problema. Este carácter plural fue desde el principio.[14] Es un insulto para el conjunto de los miembros del sindicato suponer que la dirección sindical los puede manejar a su antojo. Puede sí movilizar a los militantes que coincidan con la corriente mayoritaria pero no a toda la base. Por otro lado, ¿De dónde van a salir, por ejemplo, los directores o directoras de escuela, inspectoras, inspectores de primaria o secundaria? La SEP no es una empresa que pueda contratar por fuera a una parte importante de los mandos académicos. Por supuesto, como se afirmó antes, VR privilegiaba a sus miembros para ocupar puestos directivos, lo que se interpreta como una medida política y no académica. Sin embargo, también políticas, en su mayoría, son las decisiones de las autoridades de la SEP que a la vez son producto de otras decisiones políticas, tal fue, por ejemplo, el nombramiento de uno de los críticos del sindicato, Olac Fuentes Molinar, que estuvo unos meses como rector de la UPN y pasó su corto periodo, sin pena ni gloria. Es decir dos posiciones políticas enfrentadas en el terreno de la política educativa, pertenecientes ambas a un solo partido político: el PRI. Debe entenderse que son relaciones de poder y estas son consustanciales a la sociedad.

Conclusiones

La fundación de la Universidad Pedagógica Nacional hace cuarenta años, no fue resultado de la ocurrencia o una estrategia de los dirigentes del SNTE para aumentar el poder político de su organización o su influencia en el sistema educativo del país. Tampoco fue un pretexto del candidato a la presidencia de la República, José López Portillo, para atraerse la simpatía de los maestros, especialmente de los de educación básica; eso es ver las cosas en forma simplista. No, la puesta en marcha de la UPN fue resultado de un largo proceso de lucha de los maestros y la preocupación de autoridades educativas por mejorar la preparación académica de los docentes y sus condiciones materiales de vida. Ese proceso tiene un amplio horizonte histórico en el que se combinaron esfuerzos individuales y gremiales. Por un lado, la preocupación personal del maestro frente al grupo -aun cuando hubiera egresado de una escuela normal y más cuando se había incorporado al servicio sin más estudios que los de secundaria- por mejorar su desempeño ante sus alumnos, ya por vocación o simplemente por facilitarse el trabajo. Además, de su pertenencia a un gremio de subprofesionales con la carga social de ser un simple “maestro escuelero”, aun cuando en el seno de la comunidad donde se desempeñaba fuera valorado como un buen profesor. Mejorar en el servicio docente, desde el punto de vista cualitativo y salarial ¿Cómo lograrlo? ¿Dónde plantearlo?, lo más cercano, la Asamblea Delegacional. Sí, pero no una vez, sino muchas veces y en ocasiones por generaciones de maestros. Al mismo tiempo, en el círculo de toma de decisiones de la política educativa y en los espacios académicos de discusión a los que llegaban maestros destacados que venían de la base; la preocupación por mejorar la calidad de la educación fue el camino, primero para fundar el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio; después de cumplidos los objetivos, la Dirección General de Capacitación y Mejoramiento Profesional del Magisterio; posteriormente, la creación de la licenciatura en educación normal que fue el paso decisivo para la fundación de la Universidad Pedagógica Nacional. Ser licenciado, Maestro o Doctor en el campo educativo, es una aspiración legítima a la que pueden acceder ahora quienes tengan vocación para la docencia, cumpliendo los deseos de muchos maestros destacados del pasado. El instrumento para lograr esta conquista legítima fue la organización sindical y sólo el instrumento, ya en el terreno de la práctica se tuvo que enfrentar al también legítimo derecho de las autoridades de conducir la política educativa. El hecho concreto es que nuestra institución representa el logro de una conquista de los maestros y maestras de educación básica, de su organización sindical y la voluntad política de un Presidente de la República que en el momento de la decisión empezaba un corto periodo de gran crecimiento económico con base en la explotación del petróleo.         

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Notas

[1]Este hecho le fue comentado al autor de este artículo por el distinguido maestro oaxaqueño, Santiago Alonso, egresado de esa normal y quien era estudiante de la misma cuando fue visitada por el filósofo y educador norteamericano.

[2]Miguel Huerta fue el segundo rector de la UPN, entre 1980 y 1982. 

[3]Se hace referencia a maestros federales y federalizados porque a los primeros les pagaba el gobierno federal, a los segundos les pagaba una parte la federación y otra los gobiernos de los estados. También existían los maestros municipales que recibían su pago de ese nivel de gobierno.

[4]Al inscribirse un maestro-aluno, en el Centro de atención a los profesores, se le proporcionaba un paquete de libros y cuadernos de trabajo que durante su labor como profesor en la comunidad donde trabajara, iba estudiando en forma autodidacta y resolviendo las preguntas o los ejercicios en sus cuadernos de trabajo. Se establecía un calendario de reuniones de los maestros-alumnos con sus asesores para aclarar dudas y entregar resueltos los cuestionarios del cuaderno de trabajo. Al finalizar el ciclo escolar, durante el periodo vacacional, se tomaban cursos presenciales. En éstos se evaluaba a los maestros-alumnos para acreditar un año escolar.     

[5]“Cuando se estableció el servicio del Instituto Federal de capacitación del Magisterio y comenzaron a estudiar los maestros no titulados, se creyó conveniente mejorar sus salarios con la prestación de las llamadas sextas partes que consistieron en cubrir al maestro, cuando terminara sus estudios el sueldo que corresponde al maestro titulado. La sexta parte era un estímulo económico a los alumnos del IFCM y las medidas estuvieron en vigor hasta el año de 1959 y al iniciarse el gobierno del Lic. Adolfo López Mateos, se estableció el escalafón por quinquenios.” (Hermoso Nájera, 1980, pp. 130-131).  

[6]Tiempo después la DGMPM se transformó en Dirección General de Capacitación y Mejoramiento Profesional del Magisterio (DGCMPM). En 1977 la Dirección General de Educación Normal (DGEN), así como la DGCMPM, pasaron a depender de la Coordinación de Educación Normal y Mejoramiento Profesional del Magisterio (CENMPM) la cual, a su vez, pasó a depender de la Subsecretaría de Educación Básica. Para 1978 se suprime dicha Coordinación quedando adscritas ambas Direcciones Generales a la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación. En1979 se crea el Consejo Nacional Consultivo de la Educación Normal (CONACEN). A partir de 1981 este organismo discute la posibilidad de implantar el bachillerato pedagógico como requisito para cursar la carrera de maestro de educación preescolar y primaria.

[7]Desde el Primer Congreso de Educación Normal, celebrado en Saltillo, Coahuila en 1944 se propuso la profesionalización de los estudios de Normal: “2ª. La educación normal debe conceptuarse de tipo profesional, apartándola del carácter de institución de segunda enseñanza”(Consejo Nacional Técnico de la Educación, 1984: 101) 

[8]Afirmaba el profesor Enrique W. Sánchez: “…el año de 1922 cuando se creó la escuela rural se improvisaron maestros con gente empírica, dotada de intuición y con gran voluntad de servir. Más tarde se fundaron escuelas normales rurales de dos y tres años. Hoy todas las instituciones destinadas a formar maestros tienen el mismo plan de estudios que comprende seis años. Cabe preguntarnos. ¿este tiempo es realmente suficiente para cumplir la función más importante en toda sociedad moderna? ¿cuánto tienen que estudiar los médicos, los ingenieros, los abogados, los sacerdotes…? ¿realmente estamos satisfechos con el bagaje de conocimientos adquiridos o hay que seguir buscando la sabiduría en forma autodidacta? ¿La sociedad está conforme y ya no reclamará más preparación? Todas estas preguntas se tienen que contestar previo un examen introspectivo, sincero y leal consigo mismo. Por eso cabe señalar que pensamos que ha llegado el momento de plantear el aumento de dos años en la carrera magisterial para que a los profesores formados dentro de un nuevo plan de estudios más amplio, más profundo y más intenso, les permita adquirir una preparación científica, técnica, humanística y artística más elevada y así alcanzar la estatura y la dignidad de un verdadero profesionista calificado. Sólo así se borraría la subestimación que muchos seudocientíficos, funcionarios y profesionistas engreídos tienen para los maestros a quienes consideran sólo subprofesionistas y, con su actitud de banal menosprecio, sólo exhiben una pedantería que los hace olvidar que han llegado a ser lo que son, en gran parte, por obra de sus maestros que fueron factores de su formación intelectual” (citado por René Avilés, 1969: págs. 96-97).   

[9]Ignacio Manuel Altamirano (    ) en uno de sus relatos dice: “A poco llegó el maestro de escuela, con el sombrero quitado y cruzando los brazos humildemente. Al ver a ese hombre, se me oprimió el corazón. Parecía la imagen de la tristeza, y de la angustia, en medio de aquella reunión alegre. Era el maestro un hombre como de cuarenta años, flaco, moreno, de ojos hundidos pero inteligentes, miserablemente vestido y trémulo…Pero tome usted antes una copita, es un vino muy bueno que quizá no habrá usted nunca probado. El maestro se negó humildemente. Pero ¿por qué hombre? Vamos: no sea usted tonto. Señor –repuso el infeliz-, tengo miedo de que se me trastorne la cabeza; no he comido. – ¿No ha comido usted? Pero habrá usted almorzado… -Tampoco señor cura; aquí está el señor alcalde que puede decírselo a usted; no pudo darme nada, y mi familia tampoco pudo conseguir nada, nadie quiere prestarnos en el pueblo… ¡debemos ya tanto…”   

[10]“La suerte de los maestros había sido deplorable desde tiempo inmemorial: bajos sueldos, comparables con los de los cocheros; inseguridad laboral; carencia de pensiones; dificultades de ascenso, tanto de la misma profesión como en otros puestos; escasa estima de la población.”, dice Meneses Morales (1986, p. 619).

[11]Uno de los grandes pedagogos que ha tenido nuestro país, Don Carlos A. Carrillo, escribía el primero de julio de 1887: “La primera condición para obtener el mejoramiento de nuestras escuelas es remunerar debidamente a los maestros. Si esta condición imprescindible no se llena, serán inútiles los mejores reglamentos, los programas escolares más perfectos, las leyes más bien acabadas. El valor de la escuela y de la enseñanza depende ante todo del maestro, y con sueldos malos nunca se conseguirán buenos maestros.” (Carrillo, 1964: 360).

[12]Debe hacerse notar que, el tercer párrafo del artículo 18 de la Ley Federal de Educación, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 29 de noviembre de 1973, se establecía que la educación normal quedaba comprendida dentro de la educación de tipo superior.

[13]El miembro es un trabajador relativamente pasivo, respecto al trabajo de la organización sindical; puede participar en asambleas delegacionales; hacer propuestas o pronunciarse por tal o cual idea y gestionar ante los órganos del sindicato algunos asuntos personales relacionados con su condición de trabajador. En cambio, el militante actúa, motivado por inclinaciones personales, fundamentalmente, en grupos para impulsar propuestas; convertirse en gestor de las demandas de otros compañeros; buscar apoyos o apoyar a otros compañeros para ir ganando puestos de representación dentro de la organización, etc. Esta actividad puede derivar en la formación de corrientes que, por lo general, parten de posiciones políticas de dentro o fuera de la organización sindical.   

[14]La fundación del SNTE, a finales del año de 1943, fue, precisamente, producto de un Congreso de Unificación en el que participaron diversas tendencias sindicales como los que habían militado en la Confederación Mexicana de Maestros (CMM), dirigida, al principio, por el maestro, Ramón G. Bonfil; el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana (STERM) que había estado afiliado a la Confederación de Trabajadores de México (CTM); el Sindicato Mexicano de Maestros y Trabajadores de la Educación (SMMTE) impulsado, desde fuera, por quien era Secretario de Educación (1941-1943) Octavio Vejar Vázquez; el Sindicato Único Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (SUNTE), influido por comunistas o los que provenían de la Universidad Obrera de México (UOM), etc. La mayoría con posiciones de izquierda: comunistas, lombardistas y, en general los que se reivindicaban como socialistas (Espinoza, 1980). Mantener la unidad fue siempre un objetivo de la dirección sindical, especialmente, los primeros años, empezando con la labor del primer secretario general, el distinguido historiador Luis Chávez Orozco. Al principio en SNTE se vio obligado a realizar movilizaciones, paros y huelgas en algunos de los Estados de la República por el incumplimiento de las demandas sindicales por parte de los gobernadores o la intervención de éstos en la vida interna de las secciones sindicales. Progresivamente se fue consiguiendo la unidad con respeto a la diversidad, aunque también se fue formando un grupo de dirigentes que mantuvieron el control sobre la organización por, aproximadamente 22 años, entre ellos: Jesús Robles Martínez, Manuel Sánchez Vite, Enrique Olivares Santana y otros. Entre 1956 y 1959 un movimiento opositor surgió en la sección 9 que se aglutinó en el Movimiento Revolucionario del Magisterio (influido por el Partido Comunista Mexicano) encabezado por el Prof. Othón Salazar Ramírez que, a pesar de pretender disputarle el poder al grupo dirigente, cuando muchos de los llamados othonistas fueron cesados por la SEP, la propia dirección sindical gestionó su reinstalación y representantes de esa corriente ocuparon cargos en el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE. El grupo de Robles Martínez fue desplazado por otro, el encabezado por Carlos Jonguitud Barrios en 1972 quien formó la corriente Vanguardia Revolucionaria (VR). Antes habían surgido otras corrientes como: el Frente Nacional de Unificación Magisterial, integrado por socialistas o Acción Revolucionaria Sindical. VR fue grupo hegemónico hasta 1989, diez años antes había surgido, en el Estado de Chiapas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que, con prácticas anarcosindicalistas, lograron poner las condiciones para que el Presidente Carlos Salinas de Gortari, que no recibió plenamente el apoyo del SNTE, en su campaña presidencial, –en un acto como el del Presidente Miguel Alemán cuando impuso, en 1948, como líder de sindicato ferrocarrilero a Jesús Díaz de León (alias en charro), desconociendo a la corriente dirigida por Luis Gómez Z. e incluso mandando a prisión a este líder– desconociera como líder moral del SNTE a Carlos Jonguitud y lo expulsara del país, aun siendo Senador de la República. Al mismo tiempo desconoció al Srio. General del SNTE, profesor Refugio Araujo e impuso a la maestra Elba Ester Gordillo. 

 

 

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