Ulises Cedillo Bedolla* 

Prefacio

La escritura del siguiente texto corresponde a la exposición de algunas de las consideraciones a tener presentes al pensar la metodología de investigación para aquellos intelectuales que se forman bajo el modelo de la Nueva Epistemología Analógica.

La serie de consideraciones a exponer refieren al análisis y síntesis de 4 capítulos de 3 libros producidos con el propósito de argumentar, sustanciar y fundar la investigación científica que realizan intelectuales creadores y difusores de la Nueva Epistemología, la Hermenéutica Analógica, el Nuevo Realismo, y la Pedagogía de lo Cotidiano —Mauricio Beuchot, Luis Eduardo Primero, Mauricio Ferraris y José Luis Jerez, entre otros.[1] El trabajo presente responde a la necesidad de explicitar el medio para comprender la realidad, es decir, destacando la metodología instrumental a utilizar en la investigación diseñada para realizar la Maestría en Desarrollo Educativo, que deseo cursar en la Universidad Pedagógica Nacional.

Dividiré esta exposición en dos momentos, en el primero intentaré dar sustancia a la metodología de la Nueva Epistemología Analógica que considero es el Realismo Analógico, apoyando la argumentación con tres capítulos extraídos de tres libros, el primero: “Anexo: Metodología marxiana y hermenéutica analógica” del libro: Desarrollos de la Nueva Epistemología, el segundo: “Realismo Trascendental” del libro: El Giro Ontológico y el tercero “Conocimiento y dialéctica” del libro: Epistemología y Metodología de la Pedagogía de lo Cotidiano y con ello busco intentar perfilar la metodología histórica de la nueva epistemología analógica. En el segundo momento expositivo pretendo presentar el contenido del capítulo: “Lo real y su comprensión. Los significados de un sentido coherente” del libro: El Giro Ontológico, capítulo que a mí consideración significa una manera de cómo comprender la realidad, es decir una metodología, que asumiré con miras en convertirla en la metodología instrumental a usar en el proyecto de investigación mencionado.

Recuperar las tesis de la nueva epistemología

Como se acostumbra enfatizar en el SPINE, la época es el mayor agente educativo en la realidad (Primero & Beuchot, 2015a: 14) razón por la cual el buen accionar en la realidad requiere de un adecuado conocimiento de ella, de allí que el instrumento intelectual con el cual la comprendemos —es decir:  la metodología— supone un cambio, pues la realidad, por ejemplo, en el México de los 80s del siglo XX, es diferente a la de hoy en día  y lo mismo acontece en todo el mundo, razón por la cual se hace evidente que la metodología con la cual comprendamos la realidad debe cambiar con ella y ese cambio supone un ajuste metodológico. Para no iniciar un debate en este mismo escrito asumiré que la realidad en el 2016 puede ser catalogada como incierta, de allí que la metodología para interpretarla debe ser sutil y prudente (Primero & Beuchot, 2015b: 148).

La metodología, “la forma intelectual con la cual nos vinculamos a la realidad para desentrañarla, tanto en su totalidad como en una de sus partes e incluso especificidades” (Primero & Beuchot, 2015b: 149) supone necesariamente una filosofía, conjetura ser correspondiente con la filiación intelectual bajo la cual nos hemos formado, buscando así evitar actitudes eclécticas que lo que logran es aumentar a la incertidumbre en el devenir social e histórico. Es necesario mencionar que el argumento previo constata una postura en contra del pensamiento individualizado —adolecente e inmaduro—, aquel que piensa que no necesita de apoyo intelectual para formarse, es decir, que carece de una filosofía de filiación y que supone que con lo que “sabe” será suficiente para vivir en esta época incierta.

Distinguir entre las metodologías

Lo anterior nos sitúa en la siguiente tesis a exponer, acerca de la distinción entre  la metodología histórica y la instrumental, pues ambas deben responder a su filosofía de filiación que en nuestro caso es la nueva epistemología analógica (NEA). La metodología instrumental es la aplicación directa sobre nuestro referente particular investigativo, que en mi caso es el Recambio generacional de académicos en la UPN Ajusco; y la metodología histórica supone las consideraciones genéricas a tener presentes para interpretar la realidad. Por lo tanto asumimos que la metodología instrumental [MI] es un producto de la metodología histórica [MH] y que a pesar de que dos investigaciones sigan la misma filosofía de filiación, modelo o paradigma, y con ello la misma MH, su MI variará pues el abordaje sobre su referente sugerirá diferentes modos de accionar, un ejemplo claro de ello es la diversidad de instrumentos investigativos.

Distinguir entre lo ontológico y lo epistemológico

Dentro de esta línea de desarrollo de la NEA y su MH abordamos el problema de lo ontológico y lo epistemológico, es decir, qué es el ser y cómo lo conocemos, análisis central en la metodología aquí propuesta. Hemos dicho que la metodología supone el medio intelectual con el cual comprendemos la realidad, e intelegir nos llevará a operar de buena manera en ella (Primero & Beuchot, 2015b: 149) y esto me permite plantear las siguientes interrogantes: ¿qué es la realidad?, ¿cuál es nuestra actitud frente a ella? La NEA asume a la ontología como la definición del ser, lo que es, lo existente, una realidad multifactorial y a la epistemología como la forma sistematizada, nombrada, categorizada y teorizada de conocer al ser y a sus entes, a lo existente, a lo real, (Primero & Beuchot, 2015b, p. 151), a lo que sabemos o creemos saber de lo que es. Es preciso puntualizar que la NEA asume una ontología y que esta es independiente de la epistemología, “de un lado está la realidad y del otro la manera como el ser humano la comprende… y precisamos que dichas conceptuaciones son definidas a su vez por la filosofía de filiación con la cual se asocien.” (Primero & Beuchot, 2015b, p. 151) que en este caso reitero es la NEA.

De lo anterior busco ser más preciso, y reitero la pregunta ¿qué es la ontología? Ya lo mencionamos, dijimos que ésta es la definición del ser, de lo que existe, aquello que lo constituye; y a esto —qué es el ser, qué es lo que existe qué es la realidad—, podemos considerarlo con un ejemplo; imagínense ustedes parados frente a la realidad, frente a lo existente. Sin duda es inconmensurable, la inconmensurabilidad supone la incomprensión de la realidad y esto es un problema para la epistemología, pero no es imposible de resolver siempre y cuando no confundamos lo ontológico de lo epistemológico pues precisar la ontología supone una comprensión histórica de ésta, es situar lo existente —la realidad en la dinámica del tiempo y del espacio—, esto es, razonar concretamente. En esta nueva comprensión de la realidad, ésta se encuentra en íntimo nexo con su productor, relación que Marx nombró praxis. La realidad se convirtió en praxis, así se limitó la realidad (se limitó la ontología[2]) a lo que era obra del ser humano[3] (Primero, 2002, p. 26). Con esta astucia intelectual es posible ahora identificar la realidad, la ontología, actividad primera y previa a la epistemología —ejercicio que supone una construcción de conocimiento de la realidad ya identificada—. Es decir, es la realidad la condición de posibilidad del conocimiento y de la acción (El giro ontológico; 2015c, p. 13) aseveración en contra de lo que Mauricio Ferraris critica y denomina como epistemologismo, que es hacer depender la ontología de la epistemología, por ejemplo al asumir que el saber es condición de posibilidad del ser (El giro ontológico, 2015c, p. 14).

Se dijo que era necesario delimitar la realidad, identificar la ontología, esto como un ejercicio necesario en la descripción de nuestro referente de investigación, de allí es que asumimos que en miras de la construcción de nuestra MI sea el primer momento definir el referente de investigación, es decir, precisar la ontología, la praxis que Marx pensó como el “producto del hacer, de la praxis, que será tanto poiética como moral: vinculante con la naturaleza y con los demás seres humanos.” (Primero & Beuchot, 2015b, p. 153).  

Por lo tanto el propósito es colocarnos frente al ser y escucharlo atentamente, esto es, ejercer una sana concepción de la ontología (Primero & Beuchot, 2015b, p. 154), es aquí donde el investigador debe pensar y ocuparse en sus capacidades interpretativas moldeadas por su sensibilidad e intelectualidad, cualidades que determinan la capacidad perceptiva que el ser humano tenga de la realidad, es decir en su gramática. La NEA como vemos, reconoce la cualidad humana en la construcción de conocimiento, de allí que le atribuimos un factor ético en su construcción, sin embargo no es la única razón por la cual se recupera y se insta a poseer una sana sensibilidad/subjetividad vía la hermenéutica del sí; la NEA asume una teoría de la verdad por correspondencia o adecuación; esto significa como lo sugiere Mauricio Beuchot ,que la fundamentación de nuestro conocimiento de la realidad debe ser coherente, correspondiente y consensuado. El hecho de poseer una gramática óptima para la investigación permitirá construir conocimiento des fetichizado, ético, útil para la sociedad, además de que el grupo de intelectuales que reciban y juzguen la investigación considerada, estén de acuerdo con la coherencia, la adecuación de la investigación con la realidad y así se logre el consenso de las aseveraciones formuladas en ella, que es lo que Primero denomina objetivaciones genéricas o Beuchot universales analógicos, y como dijo Carlos Marx (citado en  Primero & Beuchot, 2015b, p. 156), “no dejarnos extraviar por las instancias de una experiencia trivial y unilateral”, por ello es que es necesario tener presente que en el ejercicio de pensar la gramática que nos constituye debamos tomar en cuenta a la prudencia.

Concluimos que el primer momento del quehacer científico es la dilucidación de lo real (Primero & Beuchot, 2015b, p. 159) “el paso por el cual se abstrae lo real y concreto, en cuanto es empíricamente captable” (Primero & Beuchot, 2015b, p. 163), dar con la realidad es dar con lo concreto, es concretar la multifactoriedad, es dar con la cotidianeidad y las demás instancias constitutivas y constituyentes de lo considerado.

Podemos asumir que el segundo momento de la metodología de la NEA es sustanciar lo concreto ya como objeto de estudio o referente investigativo. Significa interpretar intelectualmente lo que fue empíricamente captable, es decir construir conocimiento de la realidad, lo que es ya un momento epistemológico donde la intuición, la representación, la conceptuación, la categorización, el análisis y la teorización están presentes (Primero & Beuchot, 2015b, p. 164).

Segundo apartado: la metodología instrumental

El apartado anterior da indicios de lo que se propone desde la NEA como Realismo Analógico. Éste sugiere el tratamiento que el investigador debe asumir de la realidad para ser trabajada epistemológicamente. Es ésta la propuesta de la NEA sobre la “forma de ofrecer los significados de un sentido coherente, para conocer y actuar sobre la realidad.” (El giro ontológico; 2015c, p. 118) el realismo analógico es consciente y distingue la existencia de un mundo referencial, externo a quien da sentido y la presencia del universo interpretativo de quien conoce y significa (El giro ontológico; 2015c, p. 118).

“La comprensión de la realidad inicia con la ubicación —el contexto espacial— desde donde interpretamos, la geografía y ella será central, básica y generativa de la interpretación realizada”. (El giro ontológico; 2015c, p. 119). De aquí que en el referente investigativo de la indagación propuesta trabajaremos sobre los académicos de la “Unidad Ajusco de la UPN”.

La interpretación realizada debe razonar igualmente sobre la presencia del ser humano en ese espacio.

Ambos procesos previos nos conducen a determinar lo que es la proporcionalidad propia, que son un cúmulo de determinaciones referenciales, que con sus interpretaciones explican la adecuación del texto a la realidad.

De lo anterior surge la gramática de quien interpreta pues “…el establecer sentidos y significados requiere de un orden comunicativo y lingüístico, destinado tanto a entender y comprender la auto-intelección, como su expresión externa, su decirla a los demás, a aquellas personas situadas en nuestra geografía …” (El giro ontológico, 2015c, p. 121).  

Destacar la comunicación y la lingüística es relevante. Muchas veces podemos situarnos en la organización semántica y sintáctica de los significados, descuidando la colocación integral de la expresión humana, que debe incluir mucho más que lo formal, llegando hasta la química y la física de su fenomenología: los gestos, tonos, energía de la expresión y sus olores, sabores, impactos. (El giro ontológico, 2015c, p. 121).

Debemos ampliar la gramática hacia nuestra persona, hasta nuestra experiencia, sensibilidad y simbolicidad, es decir una contemplar una gramática de nuestra personalidad. 

Atender la gramática de nuestra personalidad nos conduce a un ejercicio del buen pensar, que como producto genera interpretaciones de la realidad que refieren, corresponden y se adecuan a ella, estableciendo así, objetivaciones genéricas o universales analógicos.

Con el ejercicio del buen pensar y las objetivaciones genéricas se pugna por un conocimiento ético, en el cual se piensen generar razones prácticas y científicas orientadas a la buena vida, es decir, prioridades investigativas vitales (El giro ontológico, 2015c, p. 123).

La siguiente condición a tener presente es la consciencia que debe ser de tres tipos neuro-psíquica que permite la percepción de la realidad, la cotidiana que permite un desenvolvimiento adecuado en ella y la histórica que nos capacita para situarnos, personal, social y en la época en la cual nos desenvolvemos.

La consciencia histórica es “la comprensión del pasado de nuestra cotidianidad. Esta tesis implica que el conocimiento discernido de nuestro presente debe ser situado en su génesis, y, en consecuencia, en su historia” (Primero, 2002, pp. 27 y 28) Recordemos que identificar la ontología significaba dar con la realidad, con lo existente, lo concreto, la praxis, lo cotidiano de allí que  “lo concreto se [torna] así cotidiano e histórico, y objeto de la investigación intelectual.” (Primero, 2002, p. 28)

“…el conocimiento científico logra niveles complejos de abstracción que parten de las series conceptuales más simples para integrarlas en las redes categoriales de las teorías. Sólo la conciencia histórica puede llevar la capacidad de abstracción a lo concreto, ya que sitúa lo cotidiano (que es nuestra realidad primaria) en la génesis de su surgimiento, y sobre esta historia hace las abstracciones complejas que permiten reproducir en el pensamiento lo concreto empírico, estableciendo las múltiples conexiones que lo constituyen.” (Primero, 2002, p. 28)

“La conciencia histórica puede (y debe) regresar a lo concreto empírico (al mundo cotidiano), para buscar nuevas implicaciones y relaciones, enriqueciéndose con la marcha de lo cotidiano” (Primero, 2002, p. 29).

Si la conciencia histórica se realiza se habrá recuperado el ser humano de la enajenación. (Primero, 2002, p. 29). “El ser humano (como persona y sociedad) sabe que el producto de su trabajo (que engendra al mundo) le pertenece, y así estará en actitud de recuperarlo del poder alienado y fetichizado, esto es del mundo de la historia enajenada, la sociedad de la historia de la propiedad privada, la historia salvaje.” (Primero, 2002, p. 29).

El fetichismo es la intelección y comprensión trastocadas, equivocadas y engañosas de un conocimiento, éste afecta la significación de lo real (El giro ontológico; 2015c, p. 131), ejemplos de ello son los ya mencionados en este texto, por ejemplo como el individualismo en la construcción del conocimiento o el epistemologismo que critica Ferraris. A diferencia de estas posiciones, el realismo analógico es un realismo exigente que requiere considerar tanto el universo referencial, integrado por la naturaleza y el mundo, como el cosmos interpretativo y sus gramáticas. (El giro ontológico; 2015c, p. 129).

Finalmente es momento de la valoración, la ponderación de lo conocido; efectivamente si lo anterior se lleva a cabo se tendrá un conocimiento diferenciado (una conciencia) de los universos estudiados, sus complejidades, interacciones, contextuaciones y substanciaciones y se podrá valorar el conocimiento tenido. (Primero, 2002, p. 37).

La valoración como momento intelectual es el tiempo reflexivo en el cual establecemos preferencias [personales]; nos orientamos en nuestra comprensión (del objeto que nos ocupa); establecemos niveles de importancia o jerarquías cognitivas y finalmente aceptamos o rechazamos las descripciones y las comprensiones efectuadas sobre el [referente] que concentra nuestra atención. Y si hacemos esto podremos ser aptos para comunicar adecuadamente nuestros pensamientos, distinguiendo en ellos sus articulaciones e implicaciones (morales, económicas, sensibles e intelectuales), pues la valoración de la cual hablamos no sólo es [individual] sino que (tendencialmente) es [colectiva], pues cuando nuestro pensar se externa, se realiza y con su concreción se ubica en el conjunto de la realidad: Asumimos posiciones vitales, que determinan y condicionan la acción realizada en nuestra cotidianidad efectiva. (Primero, 2002, pp. 37 y 38).

Si este tránsito conceptual logra darse, la conciencia histórica se realiza convirtiéndose en conocimiento científico (Primero, 2002, pp. 28 y 29).

Cerrar esta comunicación

La lectura del texto aquí ofrecido quizá puede percibirse densa e incluso inoperante a lo que refiere comúnmente a una metodología, pues estamos acostumbrados a suponerla como sinónimo de una receta en la cual incluso se nos indica el tiempo estimando de preparación del producto —que en este ejemplo supone el tiempo estimado de la construcción del conocimiento—, lo anterior significa que se ha abusado del concepto de metodología buscando en ella precisiones exactas y que de antemano conlleven el menor esfuerzo posible. Como usted pudo leer en este escrito aunque si bien se anuncian momentos investigativos, sobre todo se resaltan actitudes investigativas, es decir, el método es inoperante o impreciso sin una actitud investigativa prudente del ser humano, prudencia que le permita sobre todo percibir la realidad y cognitivamente abordarla.  El realismo analógico considera la dificultad de conocer y la enfrenta, evitando asumir una actividad investigadora reductiva o reductora y que por ello busque la facilidad, la economía de esfuerzos y presupuestos y al final dando como resultado saberes parciales o fetichizados de los referentes. (El giro ontológico; 2015c, p. 134).

Es así como concluyo esta exposición y con ello busco haber abonado en la medida de mis capacidades al largo y profundo camino que recorre la Nueva Epistemología Analógica, terreno similar al suelo de turba que sin duda es fértil, no sólo por la calidad  de sus productos cognitivos sino por la cortesía con la cual recibe  y permite el crecimiento y florecimiento de nuevas líneas de investigación.

*Universidad Pedagógica Nacional - Seminario Permanente de Investigación sobre la Nueva Epistemología (SPINE)

Bibliografía

  • Primero, Luis Eduardo. (2002) Epistemología y Metodología de la Pedagogía de lo Cotidiano. México: Primero Editores.
  • Primero, Luis & Beuchot, Mauricio. (2015a) La filosofía de la educación en clave postcolonial. Argentina: Ed. Círculo Hermenéutico.
  • Primero, Luis & Beuchot, Mauricio. (2015b) Desarrollos de la Nueva Epistemología. Popayán, Colombia: Universidad del Cauca.
  • Jerez, José Luis (Com.) (2015c) El Giro Ontológico. Buenos Aires: Ed. Círculo Hermenéutico.

Notas 

[1] Puede obtenerse gratuitamente publicaciones de estos autores en http://spine.upn.mx

[2] Afirmamos que se limita la ontología con la finalidad de hacer epistemología favorable al ser humano, más no se niega la ontología ni se le subordina a la epistemología, al contrario es necesario identificarla antes de construir conocimiento de ella.

[3] Es necesario tener en mente lo que Ferraris anuncia como mundo natural y mundo social e igualmente podemos referirnos a lo que Primero Rivas cita en (Primero & Beuchot, 2015b: 170),  acerca de la relación hombre y realidad, y dice: En el realismo aristotélico “sí puede sostenerse que la realidad se da en el encuentro entre hombre y mundo, sólo que la realidad no es el mero resultado de ese encuentro, ya que hay límites, esto es, existen algunas esencias —las de clases naturales— que son independientes de la mente y no relativas […] Si no, todas serían clases artificiales o arbitrarias, construidas”.

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