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Revista núm. 26 - Julio/Agosto 2019

Cuando hablamos de gestión educativa, ¿de qué hablamos?[1]

When we talk about educational management, what do we talk about?

Juan Ramírez Carbajal[2] y Miguel Ramírez Carbajal

JUAN   MIGUEL

Resumen

Proponen los autores un texto que sea de utilidad en la práctica académica, donde se entienda qué se quiere decir cuando se habla de gestión educativa. Uno de los propósitos es que el alumno piense a la gestión desde el saber científico, sin que se ignore que hay otras maneras de apropiarse de la realidad. El entendimiento de la palabra gestión se aborda desde un entramado categórico conceptual de la dialéctica crítica.

Se propone hacer una distinción de la gestión como palabra, como concepto y categoría. Es decir, desde cómo se entiende la gestión educativa descrita por el sentido común del habla cotidiana hasta las elaboraciones más complejas del saber científico. Se hace un deslinde de su pragmatismo para ser elevado a figura del pensamiento que da cuenta de lo que acontece en la institución escolar.

Abstract

The authors discuss a document that is useful in academic practice where it is understood what is meant when talking about educational management. One of the purposes is for the student to think about management from scientific knowledge, without ignoring that there are other ways of appropriating reality. The understanding of the word management is approached from a conceptual categorical framework of the critical dialectic. 

It is proposed to make a distinction of management as a word, as a concept and category. That is, from the understanding of the educational management described by the common sense of everyday speech to the more complex elaborations of scientific knowledge. A demarcation of his pragmatism is made to be elevated to the figure of thought that accounts for what happens in the school institution.

Palabras clave: gestión, gestión educativa, movimiento, palabra, teoría, concepto.

Keywords: management, educational management, movement, Word, theory, concept.

Introducción

Lo que sigue es un documento de trabajo en donde los autores han planteado la concepción de la gestión, construida desde diferentes ópticas, pero enfatizando la mirada teórica, que se halla muy por encima de la visión común práctico-utilitaria. 

El objetivo de este texto, es despojar al concepto de su carácter inmediatista y que fue puesto de moda en las instituciones educativas, prácticamente sin ninguna reflexión racional que orientara su definición en un espacio que privilegia el carácter formativo que tiene el pensamiento científico universitario. 

La gestión, decimos los autores, no es lo que describe las actividades administrativistas o rutinarias de los sujetos que dan trámite a algo. Dejan en claro que su incorporación al discurso universitario se debe a que desde él, es posible “mirar lo que acontece” en la realidad educativa si de gestión educativa se trata. Y es que esa mirada, cuando se hace desde la razón teórica, da lugar, primero, a la crítica[3] y luego a una posibilidad de construir sobre lo que ha sido criticado.

Por supuesto que cuando nos referimos a una crítica sobre lo que sucede o acontece en la escuela o en un sistema educativo, se hace pensando en la posibilidad de construir algo diferente. Porque para diseñar un plan de cambio en la educación, es necesario operar y usar de un modo diferenciado el discurso, la práctica y los conceptos presentes y ocupados en la formación universitaria. De modo que para hablar de la gestión, desde el punto de vista que aquí apenas se presenta un esbozo, es necesario plantear la posibilidad de pensar desde otro lado y con otras herramientas del pensamiento: no se trata de filosofar o de repetir palabras; se trata de construir y dar sentido a esas palabras, primero en el pensamiento y después en la práctica.[4]

El concepto de gestión educativa, entonces, exige pensar el acontecer histórico y cotidiano de las instituciones educativas para construir un futuro diferente al que viven. Se trata de hacer que en la escuela –como dice Blejmar–,[5] acontezca una experiencia distinta. Y eso no se puede hacer si el futuro gestor en la educación, no sabe pensar o no hace consciente que puede y que está obligado a pensar.

El intento por mirar y reflexionar sobre las prácticas de gestión planteadas por los autores, necesariamente pasa por un proceso de formación teórica rigurosa de los estudiantes universitarios; formación que no se logra en un solo curso, como el que se ofrece en la Universidad Pedagógica en el quinto semestre. En todo caso, la apuesta es trabajar en el curso con algunas de estas herramientas que son de rigor como aquellas que obligan a este sujeto a pensar; es decir,  tener consciencia de lo que sucede en su pensamiento cuando se le exige que reflexione sobre la realidad que pretende explicar y después, si fuera necesario, cambiar. El maestro universitario, para hacerse entender, tiene que llevar estas discusiones al plano abstracto y experimental;[6] cosa que, en los tiempos de crisis de la racionalidad educativa y superficial es un fardo por vencer día con día en la cátedra. 

El texto que a continuación se presenta, toma a la gestión como palabra y como concepto. Alrededor de este último, se hacen girar todo tipo de reflexiones. Pero nada de lo discutido y escrito puede ser presentado como si se tratara de un vulgar objeto que puede ser interpretado, descrito y observado por cualquier profano del pensamiento científico universal. Para comprender de lo que se trata, es necesario hacer un esfuerzo. Parafraseando a Adorno,[7] se puede decir que no cualquiera puede hacer cualquier cosa. Hay personas que no pueden y otras que se niegan a pensar. Pero, qué otra cosa tiene que hacer el profesor, si no es enseñar a pensar y exigirle al estudiante que piense.

La gestión como palabra

Cuando hablamos de la gestión y la usamos como cualquier palabra, no estamos diciendo nada en particular; bueno, en un principio nada que interese a un estudiante universitario, más allá de que esté usada para mencionar el título de una de sus materias.

Las palabras son unidades de comunicación, pero aisladas; no tienen ningún sentido porque no comunican nada. En cambio cuando están unidas a otras o se asocian a una situación real, se logra la configuración de ideas completas. Es así como un conjunto de palabras dan cuenta de algo y adquieren sentido. Gestión, al igual que muchas otras palabras que se integran al discurso universitario, han sido adoptadas del lenguaje propio de otras formas de apropiarse y entender la realidad. 

Cuando las palabras son usadas en lugares diferentes, adquieren un  significado o sentido también diferente. Por eso, su sentido siempre está asociado al contexto en donde son utilizadas. Al hablar de gestión en cualquiera de los ámbitos del lenguaje común, se evoca el siguiente significado: “conjunto de trámites que se llevan a cabo para resolver un asunto”. El término está asociado a las cosas que se hacen dentro de una organización o en determinado espacio de ésta. Al hacer mención de la frase gestión educativa, inmediatamente se configura un sentido sobre todo si el  contexto en el que se emplea el término, es el de la institución educativa. El mismo término, usado en otros contextos, desde luego, configuraría otra definición y otro sentido.

Que se usen palabras del vocabulario común en el ambiente educativo universitario no las convierte directamente, en propias del lenguaje científico universitario. En su mayoría los significados de estas palabras aluden a situaciones y cosas comunes de la vida diaria en las instituciones educativas, pero  también a las disciplinas que se estudian en ellas.

En el discurso y ambiente universitarios, se usan palabras que pertenecen específicamente a estos ambientes y, aunque provienen de otras formas de entender la realidad distintas a la realidad universitaria, cuando se adoptan adquieren significados diferentes a los que se utilizan en sus contextos de origen. Por ejemplo la palabra estrésno significa lo mismo para un ama de casa, que para un estudiante de medicina. Por eso mismo, la palabra gestión no significa lo mismo para un comerciante o trabajador de oficina, que para un estudiante de pedagogía.

En suma, las palabras son unidades de comunicación escritas y verbales; las cuales, incorporadas al lenguaje científico, tienden a cambiar su contenido o significado; refieren a otra cosa diferente a la cosa que enuncian en el discurso de origen.

En la actualidad el término gestión, está fuertemente vinculado a los discursos y formas de comunicación universitarias. Pero, siempre hay que tener en cuenta que, el hecho de que aun cuando se trate de un concepto o palabra de “uso común” en la cátedra universitaria, no por ello se le asigna el estatus de concepto o categoría científica. Porque si de manera arbitraria –como se ha hecho–, el término gestión se introdujera a las formas de comunicación propias de la ciencia sin explicación alguna, entonces, su significado podría tomar cualquier rumbo. 

Es probable que haya confusiones sobre su significado para la cátedra universitaria; pero lo que sí se sabe desde este momento es que al mencionar la gestión, no es una palabra que aluda a trámites oficinescos o de ventanilla de ningún tipo; que no se refiere a lo que hace algún departamento de la organización sea empresarial, social o incluso educativo. La gestión en las ciencias de la educación, es otra cosa. La gestión, no es un hacer en sí mismo, sino que es un concepto que sirve para pensarlo que se hace: lo que hace una persona o un grupo de personas que son movilizadas por un propósito o tarea.

La gestión como concepto

La cátedra universitaria, no trabaja con palabras del sentido cotidiano o común. Las palabras usadas en el discurso universitario forman parte de los constructos racionales; las cuales, precisamente por ser de carácter teórico, muchas veces no coinciden con objetos sensibles de la realidad. El uso de estas palabras en los discursos universitarios, son formas de comunicación especiales, que se diferencian de las formas de comunicación utilizadas en el lenguaje común de cualquier persona o grupo de personas.

En el discurso y la práctica universitaria, se reconocen cinco formas paradigmáticas de la comunicación; cinco formas de construcción discursiva que corresponden a cinco modos de apropiación de la realidad: el modo empírico, el filosófico, el religioso, el artístico y el científico.[8] El hombre común se comunica de forma empírica. Es por eso por lo que su lenguaje no depende de complicadas estructuras argumentativas. Las palabras en el hombre común, aluden sólo a las cosas y situaciones que existen a su alrededor. Para interactuar con otras personas, basta con estar al lado de otros: la comunicación se dará de forma natural ya que las palabras utilizadas, aluden a las cosas o situaciones que cualquiera puede entender y comprobar por la inmediatez que guarda el concepto y la cosa enunciadas. El esfuerzo de entendimiento es rudimentario en esta modalidad de comunicación. Basta con ver, escuchar, tocar, oler o degustar, para entender lo que otro quiere comunicar. 

El filósofo, el artista, el religioso y el científico requieren de una estructura discursiva para la comunicación mucho más compleja, porque no dependen sólo de lo captado por los sentidos. El filósofo, el artista y el hombre de ciencia, no conciben al mundo a partir sólo de los sentidos; aunque irremediablemente, éstos sean el punto de partida de elaboraciones más complejas. Pero estas elaboraciones (las del científico, el filósofo, el artista y el religioso) tienen en común a la complejidad discursiva, son diferentes a las utilizadas por el sentido común, porque conciben y se apropian del mundo de un modo diferente. 

Para efectos de este ejercicio es necesario dejar a un lado al filósofo, al artista y al religioso, y ocuparse del discurso y la concepción científica, por ser el lenguaje a partir del cual los universitarios comunican ideas y construyen conocimiento. Es aquí en donde el término gestiónadquiere un significado distinto al que se encuentra en el lenguaje común y en donde se le construye como concepto teórico.

En la ciencia, se forman ideas y se construyen explicaciones de la realidad a partir de conceptos y no simplemente de las palabras. Los conceptos son representaciones abstractas de la realidad; figuras del pensamiento que regularmente aluden a las cosas, procesos o situaciones percibidas por el estudioso de la ciencia pero que no todos tienen un correlato con el mundo sensible. El discurso científico se compone de conceptos y el hombre de ciencia, piensa con ellos.

Por lo anterior es importante enfatizar dos cuestiones: la primera es que el discurso conceptual es estructuralmente diferente al discurso común y, segunda es que la palabra gestión, históricamente no tenía una connotación científica y, por tanto, no se correspondía con ninguna figura del pensamiento o la razón científica. La palabra y a decir de muchos que la han adoptado sin crítica, es un término que fue adoptado como una moda y cuyo origen está en los negocios o en lo que llamamos administración pública o administración privada de los negocios.[9] Su uso en estas áreas es más bien pragmático: sirve para identificar  actividades propias de los administradores o para identificar las actividades relacionadas con las actividades empresariales. Sólo eso. 

Al ser adoptada por las ciencias de la educación, la palabra Gestión, tomó otro rumbo y se olvidó del uso pragmático de la administración y los negocios. Ahora se trataba de un concepto mediante el cual, los científicos sociales podían dar cuenta de algo que acontece en la realidad educativa y esos acontecimientos, no necesariamente referían actividades realizadas por individuos para lograr un fin. Como concepto, la palabra Gestión, tiene que ser elevada a figura del pensamiento y entonces, su uso va a ser completamente distinto al que tradicionalmente tuvo. Como figura de pensamiento utilizado en las ciencias de la educación, va a convertirse en herramienta para pensar la realidad educativa.

Pero debe quedar en claro que pensar la realidad educativa desde el concepto de la gestión, no es la realidad misma; la realidad sensible. Y esto es así porque el concepto y lo real en el pensamiento teórico, tienen lógicas distintas. La realidad es concebida como proceso; como movimiento que se representa o se imagina en el pensamiento. No es que el investigador vea este movimiento sino que es el pensamiento el que da cuenta de él. Este sujeto en verdad cree que el mundo, todo lo que le rodea, tiene movimiento. La razón científica puede comprobar que esto es cierto: hace unos años, no éramos lo que somos. Hace unos minutos, tampoco. Las cualidades de lo real se modifican al paso de eso que llamamos el tiempo.

Lo real transita de un momento a otro en ese devenir inevitable; infinito y permanente. Y, ese tránsito se da de dos maneras; con dos lógicas: la primera es por su propia naturaleza. La realidad cambia porque el tiempo es inmanente a su naturaleza. Este cambio existe independientemente de que pueda ser pensado; eso tiene su propia lógica. 

La otra manera en que se presenta este tránsito de un momento a otro de la historia en lo real, es provocada por el hombre y su capacidad transformadora. La historia de lo real, puede ser intervenida intencionalmente por la razón y la práctica humanas. El sujeto interviene en el curso de la historia de lo real ralentizando el proceso de cambio inherente a lo real. Estamos en presencia de una lógica de un sujeto concreto; un sujeto que piensa y que impone su razón a lo real para modificar conscientemente su curso. 

El concepto de la gestión entonces, pertenece a esta segunda forma de cambio de lo real, en donde la intervención humana es fundamental. Lo que piensa y hace el hombre sobre la realidad, son actos humanos. Es la acción humana y consciente sobre el mundo real. La percepción, estudio, caracterización o cambio de estos actos intencionados del ser humano sobre lo real, de aquí en más, serán identificados con la palabragestión.

De lo anterior queda claro que hablar de la gestión desde las ciencias de la educación, no es referirse a la realidad educativa en sí o a su lógica. Tampoco son los momentos por los que ésta atraviesa. La gestión educativa describe y estudia lo que hace el hombre sobre ella. La gestión como concepto se refiere a los actos humanos llevados a cabo de manera intencional consciente o inconsciente. El propósito de estos sujetos racionales es intervenir la historia, en este caso de la realidad educativa. Pero para esto, primero tienen que saber pensarla; diseñarla y rediseñarla en el pensamiento que es capaz de pensarse a sí mismo.

La ciencia, los conceptos y la gestión

En la ciencia hay dos tipos de conceptos: aquellos que ofrecen una representación concreta en la realidad  y que son los conceptos que aluden a objetos empíricamente constatables. Hay otros que podríamos denominar conceptos abstractos. Para el  primer caso, el árbol es un objeto que puede ser reconocido por los sentidos y convertido en concepto por el pensamiento. El segundo, alude a procesos o situaciones que no están al alcance de los sentidos, sino del pensamiento. Debido a que los conceptos abstractos no dependen del mundo sensible, el pensamiento vulgar podría afirmar que no existen. Esto último no es así: los conceptos abstractos y los empíricos, son figuras del pensamiento que aluden a lo existente en lo real. Unos que evocan objetos percibidos por los sentidos del ser humano y los otros que son constructos; definiciones puramente conceptuales y que basan su existencia en la logicidad argumentativa que poseen.

En el conjunto de conceptos que no tienen un correlato-cosificado, se encuentra, por ejemplo, el amor. No existe algo a lo cual podamos llamar con ese nombre; no existe una representación concreta de este concepto. Nuestros sentidos no saben cómo es el amor; sólo se sabe que, ante una determinada situación, el cuerpo experimenta un conjunto de sensaciones que hacen de su funcionamiento algo excepcional: taquicardia, enrojecimiento de la piel, nerviosismo, etcétera; sensaciones cuyo nombre ha sido bautizado con la palabra amor. Existe una definición, pero no existe ningún objeto real con el que se puede identificar esa palabra. Cualquier persona que sea interrogada sobre este particular, tiene una definición de lo que significa. Lo mismo se puede decir para los conceptos como el de libertad, el  de democracia, felicidad, etcétera. Se trata de palabras que en sí mismas no denotan; no refieren a objetos identificables por la sensibilidad humana. En contraparte, las palabras como perro, gato, parque, paloma, etcétera, sí aluden a cosas que el sentido común puede descifrar y explicar cómo, cada una de estas cosasse identifica con el concepto mencionado.   

La unión de muchos conceptos que son tomados como palabras, forman definiciones y las definiciones forman discursos. Y, éstos no son otra cosa que conjuntos de palabras que aluden a saberes y prácticas construidas social e históricamente. Estos saberes y prácticas son, al mismo tiempo, la materia prima para construir el conocimiento nuevo. 

La sociedad o el grupo en donde se utilizan esas definiciones, les otorga el sentido; su lógica, es decir, un significado. Cuando esas definiciones se arman conceptualmente, han superado el nivel primario para constituir una primera imagen del significado, diríase la ontología[10] de lo que se significan. El concepto perro, se refiere a un animal constatable empíricamente; pero estas letras, no son el animal que refiere. Las letras p, e, r, r, o, son una superación primaria del objeto al que en todo caso se refieren.

También es necesario decir que en la ciencia, esta conjugación de letras con las cuales se construyen las definiciones, refieren a saberes dados históricamente; definiciones o significados que no necesariamente fueron o serán útiles en otro momento de la historia. Por supuesto aquellos conceptos que refieren a la realidad sensible, conservan su sentido en lo general. Pero aquellas definiciones que aluden a objetos construidos por el pensamiento racional, cambian de acuerdo con el momento histórico en que se utilizan. Y como los conceptos racionales, son utilizados y construidos por el pensamiento científico, hacen de la ciencia y sus descubrimientos, sujetos del devenir  histórico. 

La ciencia por naturaleza no puede depender permanentemente de definiciones construidas en el pasado, porque busca siempre respuestas a las preguntas planteadas en el presente. La preocupación científica no se centra en lo que ya sucedió, ni en lo que sucederá. Lo que dio cuenta de lo sucedido, ya no es un conocimiento, sino un saber. El conocimiento es siempre un conocimiento del presente. El conocimiento construido, pretende recuperar el saber histórico y esta superación es lo que lo convierte en conocimiento. Irremediablemente ese conocimiento se convierte  en saber y así sucesivamente.

Pensar así las cosas, implica colocarse teórica y racionalmente sobre una realidad cambiante; una realidad que se encuentra siempre en movimiento; una realidad en la que el científico es portador de concepciones y paradigmas que le hacen suponer su presente de un modo distinto a como lo pueden hacer otros científicos en el pasado e incluso en su propio presente. Debido precisamente porque la realidad cambia y porque esa es su naturaleza, lo que se dijo de ella en el pasado es diferente a lo que se puede decir hoy. Y, lo que se puede decir hoy de esa realidad, no tiene por qué ser igual que aún no es. De igual manera en dos científicos estudiosos de la misma realidad que está siendo observada desde diferentes lugares; aunque esos científicos la estudien por igual y la conciban igual, no dirán lo mismo de ella porque la viven de modo diferente.

Los conceptos llevados al terreno de la ciencia, son las herramientas del discurso y el pensamiento de los científicos, que permiten explicar a la realidad, la naturaleza y la forma de ser y estar de esos sujetos en ella. Por la mediación de estos conceptos, los científicos saben que la realidad se encuentra en permanente cambio; saben que el hombre es la síntesis más perfecta de la naturaleza y que son ellos la hechura socializada de ese proceso en permanente e infinito cambio. Si el hombre de ciencia no dispusiera de los conceptos para pensar, carecería de una explicación de su propia existencia y de todo cuanto le rodea. Pero es precisamente porque la razón humana existe que el científico puede pensar y pensarse; saber que está y que están los otros. Los conceptos de la ciencia son los instrumentos de la razón humana. 

 El uso de la razón científica en las ciencias de la educación

Los conceptos entonces no existen de manera aislada. Tampoco los discursos que se construyen con ellos. No existen discursos puros y por tanto, no existe el discurso puro de la ciencia. Las propias concepciones del mundo por más científicas que parezcan, requieren de los elementos que proporciona el sentido común. No hay formas puras con las cuales se pueda referir a la realidad. Cualquier hombre –aparte de utilizar la empiria– es un poco filósofo, científico, religioso o artista. El mundo y su interpretación, no podría prescindir de alguno de estos ángulos. En mayor o menor medida; para edificarse, el discurso científico requiere del modo empírico, religioso, artístico o filosófico.

La realidad analizada desde la ciencia, siempre lo hará conceptualmente y no desde la utilización de las palabras en su sentido vulgar. Como ha quedado explicado, el término gestión utilizado en la ciencia, ha dejado de ser solo palabra.  De ahora en más, la palabra gestión educativa es utilizada en el sentido teórico que le es propio y sirve para describir y estudiar lo que hace el hombre sobre la realidad educativa. Pero entonces, ¿la gestión educativa tiene una definición o un significado?

Arriba se afirmaba que la gestión, lo mismo que el amor, la libertad, la democracia, etcétera, no alude a algo empíricamente constatable y es por ello que depende de otro tipo de conceptos para explicarlo. Partiendo de ahí, se afirma que la gestión, el amor, la democracia, etcétera, no existen en el mundo sensible. Esto es, lo que identifica el pensamiento son actos de amor; actos de libertad; actos de democracia y no propiamente un objeto. 

ACTO es la palabra clave de la gestión. Por eso es por lo que puede hablarse del acto educativo, para referirse a los actos humanos que conducen a la construcción de los aprendizajes. Puede hablarse de actos escolares, para referirse a la gestión escolar como los actos humanos que hacen posible que acontezca algo dentro es ese espacio que llamamos escuela, etcétera. Se trata de un concepto que alude al movimiento; es lo que acontece en una realidad específica o es lo que se tiene que hacer[11] (convertir la intención en movimiento) para construir una realidad específica.

Si esto es así, la gestión educativa es todo cuanto acontece en la educación y el lugar donde se da el acto educativo, es la escuela. Se trata de un concepto que abre la ventana de la curiosidad  del investigador a todo cuanto acontece en ese lugar por excelencia al que acuden todos los llamados actores de la educación. Acudamos a una metáfora para explicarlo.

Los actos educativos para el científico se presentan a sus ojos como se le presenta a una persona cualquiera un bosque completamente oscuro. En ese bosque hay una casa que tiene ventanas cubiertas por una cortina que no deja ver el interior. El hombre curioso, se acerca a la ventana; hace lo necesario para abrirla y al correr las cortinas hacia los lados, aparece ante sus ojos todo lo que está sucediendo en esa casa. Puede mirar y desde luego analizar racionalmente los movimientos de los habitantes de esa casa. El actuar de cada habitante es lo que puede leerse desde la gestión en esa casa; lo que acontece en ella. La gestión no es la casa; no son sus habitantes; no son las cosas. La gestión es el movimiento; lo que acontece en ese lugar en donde intervienen sujetos y cosas de acuerdo a un plan socialmente preestablecido. 

Desde el tema educativo y retomando la imagen de la casa en el bosque oscuro el investigador no sabe a ciencia cierta lo que hay ahí dentro: puede intuir; tiene un saber previo, pero superficial y vago porque es un producto de la experiencia. Su intuición es el momento previo a la constatación de lo real que ahí está. Abrir el pensamiento a múltiples formas de pensar el acto educativo es colocarse frente a la realidad, observarla desde los ojos de la razón, explicarla y en todo caso, transformarla.

Quizá con un ejemplo más cercano al tema de la gestión educativa. La gestión como una obra de teatro.

Se trata de una obra de teatro que tiene lugar en eso que llamamos escuela. El investigador curioso que abre las cortinas; que se inserta al espacio escolar, habrá de observar que cada cosa y cada persona ocupa un lugar: las personas están organizadas. Hay un conjunto de actividades que deben ser realizadas por cada personaje y para ello, cada quien asume un rol: está el director, los docentes, los trabajadores de apoyo a la educación, etcétera. Los sujetos están colocados en el escenario: cada uno en un lugar y preparado para comenzar. 

En esta obra, hay individuos dentro y fuera de la escuela; todos son parte del escenario. Los que están fuera también son parte del acto educativo, en tanto, definen actividades propias del acto general que es la educación. Las cosas también son parte de esta obra: los sillones, los pizarrones, los sanitarios, etcétera. Tienen también un lugar y han sido colocados en donde deben ir. Los actores, necesitan de esas cosas para llevar a cabo su papel.

Nadie se mueve. En la escuela todos saben lo que deben hacer y con qué lo van a hacer, porque existe un plan preestablecido; social y culturalmente preestablecido. Es un libreto lleno de actividades que deben cumplirse. Los de dentro de la escuela y los que están fuera de ella, lo saben. La obra está por comenzar.

Tercera llamada… Comenzamos

El acto educativo da inicio; todos a sus tareas. El concepto de Gestión Educativa, da cuenta de todo cuanto acontece ahí dentro y su finalidad principal: el acto educativo (enseñanza aprendizaje).

El director lleva a cabo su papel en la obra. Con sus actos lleva a cabo la administración de los recursos; asigna grupos, consigue presupuesto; planifica lo que harán los individuos; administra a las personas y las cosas. El director es el que lleva la batuta de la obra de teatro. A su indicación, se mueve todo y todos en el escenario. El acto general, da comienzo como todos los días. El resultado de esos actos es mirado de diferentes modos y el ojo curioso del investigador los agrupa en bloques para arribar a su análisis y ulterior conocimiento. El investigador tiene que dividir en tipos ideales a los diferentes Actos para conocerlos. A su conocimiento se arriba por el conocimiento de sus partes, agrupándolas por dimensiones. La premisa es que no existe la gestión en general, sino formas concretas y particulares de la gestión.Si esto es así, estas representaciones paradigmáticas o idealizaciones de lo real, son las dimensiones de la gestión.[12] La escuela es la obra de teatro y la gestión en sus dimensiones ayuda a entender (analizar) lo que acontece dentro y fuera de ella. Estas idealizaciones de la gestión y a las cuales autores como Blejmar, Firgerio o Alfiz,  se refieren como dimensiones de la gestión, pueden separarse para su entendimiento, como sigue.

  1. La dimensión organizacional de la gestión. La gestión de la organización es lo que describe las posiciones de los actores en la obra educativa y sus roles. La escuela como organización asigna el lugar que ocupan los actores, respecto de sus pares y los subordinados. El director se sitúa a la cabeza y es el que dirige a todos; el que asigna objetivos de trabajo y establece cuotas de los resultados. Esta dimensión describe lo que hace el maestro y para ello, se le asignan objetivos, dentro y fuera del aula. El alumno también tiene un lugar. Y así con todos los habitantes de ese lugar llamado escuela. La gestión en su dimensión organizacional, da cuenta de todo cuanto acontecerá en los roles asumidos o asignados a cada actor o habitante de la escuela.
  2. La dimensión administrativa de la gestión. Administrar significa ordenar, disponer, regular, controlar, etcétera. Eso se aplica tanto a cosas como a personas. La administración se refiere a los procesos que se siguen para ordenar, disponer, controlar, dirigir, etcétera. Esos procesos ordenados disciplinariamente es, lo que los clásicos, llaman proceso administrativo.[13] Las cosas, incluyendo a las personas o actores, tienen que estar en el lugar asignado con un propósito y de acuerdo a un plan preestablecido.
  3. La dimensión política de la gestión. Diversos planteamientos afirman que la educación es un acto eminentemente político,[14] entendido éste como la configuración de una historia posible de ser transitada; una construcción social que hace viable un proyecto de vida, en este caso el escolar. Pero visto en la escuela, el concepto de gestión educativa tradicional, el acto político de la escuela en la actualidad, le viene de fuera. Se trata de un proyecto impuesto y que en raras ocasiones da lugar a construcciones nuevas, si éstas no se apegan al proyecto de escuela reconocido institucionalmente. El proyecto político de la escuela es la reproducción del proyecto dominante; un proyecto que ha sido construido desde la práctica y discurso hegemónico. La política de la escuela o los actos que definen la vida escolar institucionalizada, son impuestos desde fuera y por ahora es lo que provee de “vida artificial” a un modelo que se agota permanentemente.
  4. La dimensión socio-comunitaria de la gestión. Lo que aporta esta dimensión, es el conocimiento sobre las relaciones (o los actos que los actores educativos en su conjunto) que establece la escuela con su contexto más inmediato. Los padres de familia y las instituciones que rigen la tarea escolar, como los Consejos de Participación Social, los Consejos Técnicos y en general todo aquello que de alguna manera, incide en el tipo de formación que se da en el centro escolar, desarrollan vínculos con ésta. Al igual que los maestros, los directivos o el personal administrativo, tienen una tarea en la obra educativa. La dimensión socio-comunitaria de la gestión, pone al descubierto esas relaciones; las describe y teoriza para mejorarlas o para transformarlas con base en el proyecto político vigente.  Los actos o funciones educativas de los padres de familia (en el caso de que aún se tengan), son visualizados desde esta dimensión de la gestión.
  5. La dimensión pedagógica de la gestión. Esta dimensión es la más importante de todas, no sólo porque se trata de los actos que determinan lo que acontece en la educación; sino porque es precisamente el acto pedagógico, el que da lugar a todo lo demás: lo administrativo, lo político y los actos o relaciones socio-comunitarias.Es importante insistir en que desde la perspectiva que aquí se ha planteado, no existen las concepciones generales de lo real; por eso mismo, no existe una ontología general de la gestión educativa, sino los actos concretos de la gestión en el terreno educativo; concepciones ónticas y particulares de lo educativo. Uno de esos actos que son mirados desde la gestión que es el más importante de todos, es el acto pedagógico.

La dimensión pedagógica de la gestión se refiere centralmente a lo acontecido en la relación profesor-contenido-alumno en la escuela. Desde esta dimensión,  se analizan, se explican y se transforman  los actos de los sujetos en la asimilación y socialización de los contenidos formativos; desde ella se construye el sentido de la relación entre el alumno y el profesor. Desde la dimensión pedagógica de la gestión, se encuentra o construye el sentido del acto de educar. 

Entonces el acto pedagógico se constituye en la columna vertebral y correa de transmisión de todo cuanto acontece en el proceso formativo tradicional de los alumnos. Alrededor suyo mueve y se mueven las políticas, la comunidad al interior y exterior de los sistemas educativos; las administraciones, las organizaciones, etcétera. Por eso, cuando se propone una re-forma pedagógica, los roles de la comunidad, la familia, la organización y la participación de las otras instituciones, la forma de administrarlas, su organización y la relación pedagógica, cambian. Una reforma pedagógica que impulsa al cambio, tiene que cambiar o reformar también a las otras dimensiones.

Cuando el acto pedagógico cambia de manera drástica, se cambia drásticamente la existencia de las otras formas de la gestión. Al cambiar y convertirse en otra cosa, la educación se convierte en algo diferente y la relación formativa entre sujetos e instituciones, también se da de modo diferente. Es muy probable y hasta comprensible que al transformar la relación pedagógica de manera radical los procesos y paradigmas[15] tradicionales, no sobrevivan y tengan que ser sustituidos por otros.

Piénsese en la eliminación del aula, donde tenía lugar la relación maestro-alumno. Piénsese en la eliminación presencial de la relación maestro-alumno. Piénsese en las realidades virtuales de aprendizaje que dan lugar también a nuevos entornos prescindentes de la otredad. La transformación del acto pedagógico es lo que da lugar a la transformación de todo lo que se articula históricamente con la escuela. Es probable que la gestión pedagógica y los actos pedagógicos, conserven el papel de columna vertebral de la formación ciudadana y cultural del sujeto. Pero las características de este acto tienen que ser otras.

Cuando se habla de la Reforma Educativa en México, ¿qué fue lo que cambió? Si este cambio se dio en la organización y los roles de los actores educativos o si el cambio fue dirigido a los presupuestos y condiciones de trabajo de los maestros, etcétera. Si la escuela conserva su carácter de centro de encierro o de contención. Si los ritos escolares siguen vigentes. Si la escuela aún depende de lo que hagan por ella las familias tradicionales. Si el maestro conserva su sitio privilegiado de poseedor del conocimiento. Si lo que se enseña en la escuela, sigue siendo el mismo,  ¿qué fue lo que cambió con la re-forma?

Como se puede observar, la dimensión pedagógica de la gestión, se analiza sólo una parte del acto educativo. Pero, también es cierto que se trata de la mirada más importante, porque desde ella se explica todo lo demás; porque permite identificar las falencias y fortalezas de eso que encierra el concepto educación. El acto educativo visto desde su dimensión pedagógica, permite identificar los “orificios” teóricos y prácticos que en la educación han dejado los momentos de ruptura y cambio, que son situaciones muchas veces identificados con momentos de crisis. 

Ante todo este panorama, el estudioso de la gestión pedagógica no se puede quedar sólo en la contemplación. El investigador tendría que plantear la forma en que es posible “resanar” esas heridas provocadas en la coyuntura; pero hay ocasiones que es necesario replantearse la transformación del  todo si no existen posibilidades de más curaciones.

Desde el acto pedagógico como determinante de la relación de enseñanza aprendizaje entre maestro-contenido-alumnos, se observa a las instituciones educativas y lo que acontece en ellas. Esta es la materia central sobre la que estaremos permanentemente cuestionando. Esto incluye al centro educativo en particular y la educación como sistema en general. Ahora, la tarea de los estudiosos de la organización y la gestión educativas, por lo pronto, es comprobar lo que se ha dicho. Como dice Covarrubias,[16] recuperando a Barthes: sólo en la realidad concreta es posible comprobar la fuerza de los argumentos de pensamiento.Pero el mismo Covarrubias advierte que la ciencia, además de cumplir con la función de proporcionar explicaciones de hechos, debe cumplir con la función práctico aplicativa que, de no existir, la reduce a mera teoría y podrá terminar en filosofía, perdiendo toda su capacidad explicativa sobre los hechos concretos de la realidad estudiada. 

Lo que hasta aquí se ha planteado es una teoría concreta para un problema concreto; emerge la gestión educativa como la categoría que puede dar cuenta de todo cuanto acontece en los procesos educativos escolarizados. Pero también, a su amparo, el científico social tiene a su alcance una herramienta poderosa, para hacer que la narrativa escolar cambie y se transforme en otra cosa. Como afirmara Blejmar, se trata de hacer de la educación una experiencia distinta a la que conocimos. Reformar o transformar la educación; esa es la cuestión que nos interpela para seguir pensando. En México, ¿qué fue lo que cambió la reforma educativa?

Esta es una pregunta que invita a la reflexión sobre los temas de la educación en México, pero sobre todo visibilizar una posible respuesta en relación con la relación pedagógica. Hay en el ambiente una especie de sospecha que pone en duda el tema de si la llamada Reforma Educativa, puesta en marcha en 2016, tuvo algo que ver con el cambio en la relación pedagógica. Porque si como hemos dicho, que es precisamente esta relación la que detona, organiza y articula todo cuanto tiene que ver con lo educativo, la Reforma Educativa, está bajo sospecha.

Verano de 2019.

Bibliografía

Adorno, Theodor W. (1975). Dialéctica negativa. España, Ed. Taurus Ediciones.

Alfiz, Irene (1997). El proyecto educativo institucional. Propuestas para un diseño colectivo.Buenos Aires, Ed. AIQUE.

Álvarez, Antonio y Montoya, María Teresa (2013). De la planeación al pensamiento estratégico. Aproximación a un debate inconcluso, Administración y organizaciones, año 16. No. 30. Junio.

Álvarez, Antonio, Frederick W. Taylor y la administración científica: contexto, realidad y mitos, en:Gestión y Estrategia. jul-dic 2010, Iisue, No. 38.

Blejmar, Bernardo (2013).El lado subjetivo de la GestiónBuenos Aires, Ed. AIQUE,.

Covarrubias, Francisco (1995). Las herramientas de la razón. México, Ed. SEP-UPN.

Duschatzky, Silvia (2017). Política de la escucha en la escuela.Buenos Aires, Editorial Paidós.

Frigerio, Graciela y Diker, Gabriela (comps.) (2005). Educar: ese acto político, Buenos Aires, Ed. Del Estante Editorial,.

Kuhn, Thomas S. (2015). La estructura de las revoluciones científicas. México, Trad. Carlos Solís Santos, Ed. FCE.

Notas 

[1] Documento de apoyo a la materia de "Organización y Gestión de Instituciones Educativas" del Programa de Licenciatura en Pedagogía de la UPN. 

[2] El primero de los autores es Especialista en Diseño, Planeamiento e Implementación de Política Educativa, por el IIPE-UNESCO, Sede Buenos Aires, Argentina. Diplomado en Gestión y Conducción de Sistema Educativos, por la FLACSO-Argentina. El segundo, es licenciado en Administración de la Educación, maestro en Ciencia Política y doctor en Educación.

[3] Aquí, ser crítico no es estar en contra de algo que se plantea y se da por hecho. Aquí ser crítico es trascender el plano de lo utilitario y esa trascendencia sólo se logra desde la razón teórica; porque ésta es la única desde la que el estudioso se presenta capaz de diseñar algo diferente a las prácticas instituidas como práctica utilitaria.

[4] La práctica utilitaria tal y como se conoce es la etapa de constatación de la fuerza de los argumentos teóricos. Para llegar a ella, debe traspasarse la costumbre, la inmediatez y el mundo sensible. Tal es el reto que para llegar ahí, entonces es necesario vencer la ignorancia y la economía del pensamiento vulgar; pensamiento al que se le hace más sencillo adoptar el concepto antes  que pensar. 

[5] Bernardo, Blejmar (2013). El lado subjetivo de la Gestión. Buenos Aires, Ed. AIQUE.

[6] Pero la experimentación en ciencias sociales no es como la que se realiza en un laboratorio de química, por ejemplo. Aquí el laboratorio es la razón; es el propio espacio donde se albergan las ideas: es el pensamiento que se piensa a sí mismo.

[7] VéaseTheodor W. Adorno (1975). Dialéctica negativa. España, Taurus Ediciones.

[8] Para una explicación más amplia y precisa sobre los modos de apropiación de la realidad, consúltese Francisco Covarrubias Villa, Las herramientas de la razónMéxico, Ed. SEP-UPN, 1995; texto al cual se deben muchos de los planteamientos aquí utilizados. 

[9] No se trata en este espacio de discutir sobre estas dos ramas de la práctica social, sino de ubicar el origen del término que ahora problematizamos.

[10] Por Ontología entendemos el estudio del Ser y sus diferentes formas de existencia histórica.

[11] Por eso Duschatzky afirma que es un saber hacer técnico y especializado, también. VéaseSilvia Duschatzky /2017). Política de la escucha en la escuela. Buenos Aires, Editorial Paidós.

[12] La palabra dimensión bien puede entenderse como un momento de la realidad en el devenir que le es inmanente. Ese momento es la concreción de lo total; una situación en la que se conjugan y encadenan procesos que, dependiendo de la fuerza de alguno de sus múltiples componentes, hacen del mencionado momento o situación, algo diferente a otros. Decir que hay una dimensión de lo real en los que se destacan los procesos organizacionales, no quiere decir que las otras dimensiones no estén presentes. Sucede que es el aspecto organizativo es lo que está definiendo la situación por la que atraviesa en este caso el acto educativo.

[13] Véase Álvarez, Antonio Barba.Frederick Winslow Taylor y la administración científica: contexto, realidad y mitos, enGestión y Estrategia. Jul-dic., 2010, Iisue, No 38, pp.17-29. Antonio Barba Álvarez y María Teresa Montoya Flores De la planeación al pensamiento estratégico. Aproximación a un debate inconcluso. Administración y organizaciones, año 16. No. 30. junio 2013.

[14] Véase Graciela Frigerio y Gabriela Diker (comps.) (2005). Educar: ese acto político. Buenos Aires, Ed. Del Estante Editorial.

[15] Lo mismo sucede con los paradigmas de la ciencia. Cuando las construcciones teóricas ya no son suficientes o pierden su capacidad explicativa, son sustituidos por otro paradigma. VéaseThomas S. Kuhn (2015). La estructura de las revoluciones científicas. Trad. Carlos Solís Santos, México, Ed. FCE. 

[16] Francisco Covarrubias, Las herramientas de la razón, op., cit.

 

 

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