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Revista núm. 24 - Julio/Diciembre 2018

Los modos de interpretación de la realidad y el pensamiento lógico

The modes of interpretation of reality and logical thinking 

Arturo Cristóbal Alvarez Balandra* 

arturo 

Resumen

En el presente artículo se explica cómo todo sujeto elabora interpretaciones de la realidad, lo que hace desde diferentes lógicas de interpretación (práctico-utilitaria, mítico-religiosa, artística y teórico-científica); lo que dependen de la manera como se constituyó su conciencia. Lógicas de interpretación a través de las cuales hace para sí, para su pensamiento la realidad que buscan comprender-explicar y actuar. Se trata de la mediación cognitiva a través de la cual interpretamos lo que acontece en nuestra realidad, única vía para lograr tal proceso, pues la realidad sólo la puede ser a través de nuestro pensamiento, no hay otra vía. No hay otro medio que nuestras experiencias y estudios.

Abstract

In this article it will explain how every subject elaborates interpretations of reality, what is done from different logics of interpretation (practical-utilitarian, mythical-religious, artistic and theoretical-scientific); this depends on the way it becomes his consciousness. Logics of interpretation through what he does for himself, for his thought, the reality that seeks to understand-explain and act. It is about the cognitive mediation through which we interpret what happened in our reality, however, there is no other way. There is no other means than our experiences and studies.

Palabras clave: Modos de interpretación, práctico-utilitaria, mítico-religiosa, artística y teórico-científica.

Keywords: Ways of interpretation, practical-utilitarian, mythical-religious, artistic and theoretical-scientific.

Introducción

Como punto de partida se debe señalar que el interpretar es un acto cognitivo que refiere al mismo proceso de comprensión de la realidad (concreta o abstracta), acto que lleva a que los sujetos hagan para sí para su pensamiento dicha realidad. Se trata de la acción que se da en la mente para elaborar una lectura de la realidad que es interpretada. Condición de apropiación que se utiliza para explicar el acto cognitivo que se quiera o no, se reconozca o no, depende de las condiciones histórico-culturales en la que cada persona se constituye.

Se trata de integrar una explicación en la que se explique: cuáles son los distintos modos de interpretación de la realidad y cómo éstos se constituyen en distintas formas de conciencia que dominan, subordinan o emergen en función de las condiciones y acciones de que los sujetos realizan a lo largo de su vida.

1. La naturaleza humana de los procesos cognitivos-interpretativos

El punto de partida para esta reflexión está en reconocer que el hombre es naturaleza y que constitutivamente su ser natural le posibilita la captación de ciertos estímulos, pero la selección de éstos y la determinación de los contenidos no dependen de la capacidad que se tenga para captar los estímulos, sino de las características constitutivas de lo que aquí se denomina “bloque de interpretación”;[1] única vía con la que cada sujeto opera al comprender la realidad que interpreta. El cerebro es el fundamento material de la interpretación, materialidad que nos sirve para reconocer la realidad que no queda tal y como ella es para sí al ser interpretada, pues nuestra actividad sobre la realidad –concreta y pensada–, en cierto modo, sólo es el medium positivo a través del cual llega a nosotros. De ahí que la realidad al ser interpretada no la recibimos tal cual ésta es en sí, sino tal y como es a través de este medium (el pensamiento).

Es así, que, el cerebro es la materialidad en la que la persona sintetizan el conjunto de elementos con los que se apropia de la realidad, con los que la interpreta; síntesis unitaria de naturaleza y conciencia, en la que la materialidad física del ser humano sólo es el sustrato concreto del “bloque de interpretación” y de lo que ahí se genera. Como plantean Marx y Engels:

La conciencia [...] es ya de antemano un producto social, y lo seguirá siendo mientras existan seres humanos. La conciencia es, ante todo, naturalmente, conciencia del mundo inmediato y sensible que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas, fuera del individuo consciente de sí mismo. [Es con la división del trabajo físico e intelectual que...] puede ya la conciencia imaginarse que es algo más y algo distinto de la conciencia de la práctica existente, que representa realmente algo sin representar, algo real; desde este instante, se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación de la teoría “pura”, etc. (1977, pp. 26-27).

De ahí que el qué y cómo se siente, se piensa y se interpreta la realidad, se originan por las condiciones histórico-culturales en que se constituyó cada una de las personas. En este sentido, como dice Hegel:

El individuo es hijo de su pueblo, de su mundo, [de su tiempo], y se limita a manifestar en su forma la sustancia contenida en él: por mucho que el individuo quiera estirarse, jamás podrá salirse verdaderamente de su tiempo como no puede salirse de su propia piel; se halla encuadrado necesariamente dentro del espíritu universal, que es su sustancia y su propia esencia (1982, p. 48).

Sin ir a los extremos que plantea Hegel, esa condición histórico-cultural resulta un factor de peso, pues en gran medida la persona interpreta en términos de lo que culturalmente lo constituyó, si bien esto está vinculado con la síntesis única e irrepetible que es él y que puede o no modificar lo que en su momento histórico-cultural hay y él desarrolla. Ello implica tener cuidado con esta diferenciación entre individuo y sociedad, dimensiones de las personas que son lo mismo y que sólo empleamos formalmente para distinguir, pues: la persona es sociedad y la sociedad son las personas expresadas de manera diferencial en su individualidad. Es el hombre organizado en sociedad el que da sentido a ésta, al existir de la sociedad. La constitución de cada uno de ellos es producto de un proceso constante e inacabado del devenir contradictorio que vive en colectivo y en su misma particularidad.

De forma tal, que en el punto de partida la persona interpreta y transforma lo que socialmente es pensable para él, lo que hasta su momento histórico-cultural se ha construido y aparece como conciencia colectiva; sin que esto signifique homogeneidad en la conciencia cultural y en la multiplicidad de expresiones individuales, que ante algunas circunstancias pueden transcender ese momento histórico-cultural. La historia como síntesis del pasado y la cultura como heterogeneidad contradictoria generan múltiples posibilidades de constitución de “bloques individuales de interpretación”, según sea la riqueza o pobreza de los ámbitos culturales de asimilación de referentes.

Por ello, la heterogeneidad de la conciencia social también es heterogeneidad de las conciencias individuales, y éstas se componen de referentes que provienen de distintos modos de interpretación de lo real; algo que no debe ser comprendido como diversidad infinita constitutiva de “bloques de interpretación”, ni como infinitos modos de apropiación cognitiva, sino como multidiferencialidad constitutiva que se da en correspondencia a ciertas “lógicas” paradigmáticas de interpretación.

2. Las lógicas de interpretación

Dichas “lógicas” de interpretación, de manera modélica, se pueden clasificar en: práctico-utilitaria, mítico-religiosa, artística y teórica-científica; mismas que de manera hegemónica orientan el interpretar, el apropiarse cognitivamente de la realidad de forma distinta a la de los otros, sin que esto determine la condición de verdad que en cada una de ellas se puede dar.

En el caso del modo práctico-utilitario de interpretar refiere a actividades para la resolución de problemas que se nos presentan en el cotidiano de las personas: al trabajar, al interactuar y al buscar generar satisfactores, siendo que en este modo lo interpretado se puede o no anteponer a la realización del acto.[2]

En el caso del modo mítico-religioso su origen se da en un mundo dual –por ejemplo: tierra-reino de los cielos–, reino de los cielos que no requiere de constatación de lo pensado, es innecesario; ya que se trata del dogma de fe que induce al acto, a la interpretación que corresponden con referentes como la divinidad, santidad, obediencia, sumisión, designios, etcétera; la fe en sí. Con la diferencia de que lo mítico tiene una dualidad que condensa: mundo terrenal y mundo espiritual.[3]

En el caso del arte, el fundamento del acto de interpretación se da con base en la sensibilidad, en los sentimientos ante algo que es considerado bello y que busca transmitir emociones, impresiones y un mensaje por medio de imágenes, sonidos, movimientos, etcétera. En este modo de interpretación, al igual que en el empírico, la interpretación se puede o no anteponer a la realización y ejecución del acto, pero con la diferencia de que aquí se trata de algo original. 

Por último, el modo teórico-científico de interpretación tiene como condición el logos razón (pero de una razón razonada), medio básico a través de la cual se busca comprender y explicar la realidad interpretada, la objetividad de lo conocido que se plantea en el positivismo o la verosimilitud derivada de investigación “cualitativa”. Es la búsqueda por lograr una explicación que muestre la correspondencia entre lo real y lo interpretado, dando un mínimo de validez que permita explicar y de ser posible potenciar direccionalmente la realidad interpretada.

Conjunto de referentes generados en los distintos modos de interpretación de lo real, que se constituyen en las formas y contenidos que como idea se le asignan a la realidad y que aparecen en el “bloque de interpretación” de cada una de las personas, como son las ideas e imágenes con las que se piensa y se reconoce o se ve a esa realidad; imágenes o figuras de interpretación que pueden ser de: una casa, un perro, un valle, un sentimiento, un concepto, etcétera. Son los referentes que se integran a la conciencia de las personas propiciando ideas, valoraciones y prejuicios.[4]

3. La organización diferencial de las lógicas de interpretación

En sí cada modo de interpretación implica la “organización” diferencial que caracteriza a cada uno de estos modos de interpretación, lo que depende de las prácticas en que cada persona se encuentre; de ahí que la interpretación que en un momento dado se elabora depende del tipo de actividad que se esté realizando.

Así, en el “bloque de interpretación” de las personas, se da a través de procesos de alternancia de los modos de interpretación, lo que depende de la circunstancia en la que se encuentre cada sujeto. Por ejemplo, si una persona tiene hambre, lo que busca es comer para satisfacer su apetito, activando de esta manera sus referentes práctico-utilitarios para hacerse de… y, de ser necesario, preparar el alimento; en cambio, si lo que busca es expresar en un bodegón, la intención no es comer los alimentos que ha de pintar, sino plasmarlos artísticamente; a su vez, si la búsqueda es analizar la composición bioquímica de los alimentos, los referentes que se activan son aquellos que corresponden a los referentes teórico-científicos y la interpretación se enfoca a construir un corpus explicativo de dicha composición bioquímica; si, por último, el consumo de los alimentos es parte de un acto religioso –porejemplo, la eucaristía cristiana–, la intención no es la de satisfacer el apetito, ni lograr expresarlos artísticamente y mucho menos construir una explicación teórica; sino cumplir con la liturgia[5] de la fe cristiana. Ello implica, como plantea Marx, que: “... el todo tal como en la mente como todo el pensamiento, es un producto de la mente que piensa y que se apropia del mundo del único modo posible, modo que difiere de la apropiación de ese mundo en el arte, la religión, el espíritu práctico [y la teoría]…” (n.d., p. 52).

4. La alteridad en los modos de interpretación

Es así, que los modos de interpretación se dan a través de proceso de alternancia de los referentes de estos modos, los que se amplían en la medida en que la conciencia individual incorpora un mayor número de referentes de cada uno de éstos, y se reduce o modifica si éstos dejan de ser empleados o si se incorporan referentes contradictorios que lleven a que el bloque de interpretación se organice de un modo diferente. 

Proceso de cambio que depende de las condiciones histórico-culturales en la que cada persona se va constituyendo a lo largo de su vida, lo que lleva a que uno de estos modos de interpretación predomine sobre los otros y los deje subordinados a la forma en que en ese modo se interpreta la realidad. Por ejemplo, no come de la misma manera ni lo mismo un albañil que un sacerdote, un artista que un teórico, etcétera; como tampoco corrigen a las personas de la misma forma ni sienten lo mismo al asistir a un evento académico, artístico o a una misa. Es el predominio de uno de los modos de interpretación lo que determina el cómo se ha de comprender, explicar, sentir y proceder, aun y cuando la actividad que se realiza sea la misma.

Estos procesos de predominio subordinación de uno de los modos de interpretación sobre los otros, al establecer las condiciones en que se han de incorporar los nuevos referentes. Lo que se puede dar de distintas formas: una primera es cuando el nuevo referente es traducido de su “lógica” de origen a otra, pues la persona al interpretar lo incorpora con la “lógica” que predomina en su conciencia, apareciendo el referentes con las formas y contenidos del modo de interpretación empleado para su incorporación al pensamiento; una segunda, es la del aislamiento, en el que la incorporación de un nuevo referente al “bloque de interpretación” no se realiza relacionándolo con otro u otros referentes, quedando “incomunicado”, “aislados”, pero conservando sus formas y contenidos de origen y sin que se le traduzca a otra “lógica” de interpretación; y una tercera, es cuando el nuevo referente aparece matizado por el modo de interpretación que predomina en el pensamiento, con base en el que se incorporó, manteniendo su contenido y cambiando su forma o exterioridad; una cuartay última, es cuando la incorporación de referentes se da por correspondencia con la lógica de incorporación, sin que éstos deban ser modificados a una distinta a la que lo generó.

De este modo, un mismo referente puede estar en distintas condiciones en el “bloque de interpretación”, lo que depende de su “lógica” de origen y de las condiciones en que fue incorporado; es decir, que un mismo referente pueda participar en la interpretación de manera indistinta, según sea la práctica concreta que se esté realizando y la “lógica” hegemónica de la conciencia de la persona que lo incorporó o lo empleó.

En el “bloque de interpretación” la condición de uso y de relacionalidad de los referentes depende de cómo esté constituida la conciencia del sujeto y de las prácticas concretas que las personas realicen.

5. La multidiferencialidad de las interpretaciones

Tal alteridad y diferencialidad es lo que lleva a que se originen distintas religiones, diferentes formas de resolver problema práctico-utilitarios, disímiles técnicas en las formas de expresión artística y diversas formas de teorizar sobre la realidad. Multidiferencialidad que suele ser contradictoria en sus formas de expresión y que es producto de un proceso constante e inacabado del devenir contradictorio al interpretar y de las distintas síntesis culturales, que se condensan de manera diferencial en cada uno de sus integrantes, pero manteniendo ciertas similitudes.

Es pues, la conciencia de las personas la expresión más compleja y plena de lo real, condición del interpretar el mundo abstracto y concreto que se da en la individualidad, pero en correspondencia con su momento histórico, cultural y con la manera específica de interpretación internalizada por cada persona. Síntesis diferencial que constitutivamente posibilita que una persona pase de una forma de conciencia a otra, y por lo mismo de un modo de interpretar la realidad a otro; lo que no significa (como ya se indicó) que haya un número infinito de modos de interpretación, sino variantes de las cuatro que aquí se han planteado: práctico-utilitaria, mítico-religiosa, artístico y teórico-científica.

Esto implica que, al constituirse una persona, dependiendo de las condiciones en que esto se dé, puede transitar de una forma de conciencia a otra, pero a través de un proceso complejo que no ocurre de manera cotidiana, como producto de la casualidad, del destino o de la voluntad. Es un proceso complejo que involucra diversos factores culturales e individuales capaces de potenciar dicho cambio.

De ahí que a pesar de que el individuo potencialmente es cambiante, su transformación de una forma de conciencia a otra dependa de procesos complejos que no se quedan en la incorporación permanentemente de referentes al bloque de interpretación, sino más bien, es producto del tipo y potencial de referentes que se impliquen y de la forma de conciencia que en él predomina.

Por ejemplo, el científico o el artista pueden transitar de una manera más sencilla a una forma de conciencia práctico-utilitaria o mítico-religiosa, mientras que la persona con conciencia práctico-utilitaria o mítico-religiosa tiene mayor dificultad, tal vez insalvable en algunos casos, para transitar a una conciencia científica o artística.

Las posibilidades de ir de una forma de conciencia a otra se facilitan o dificultan dependiendo del tipo de bloque de interpretación que cada persona tenga; lo que no significa, como plantea Sánchez Vázquez que el hombre común “...vive en modo alguno, en un mundo absolutamente ateórico. El hombre común y corriente es un ser social e histórico; es decir, se halla inmerso en una malla de relaciones sociales, y enraizado en un determinado suelo histórico” (1972, pp. 17-18). De ahí que se pueda decir que en toda forma de conciencia puede existir el criticismo,[6] y con él, la complejidad y diversidad que posibilite encontrar condiciones de verdad, es decir de correspondencia de lo interpretado con la realidad (abstracta o concreta).

Claro está que en el bloque de interpretación la realidad se piensa de cierta manera, hay una idea de cómo es ésta. Se trata de la dimensión óntica y ontológica,[7] que sirve de base para orientar las formas y contenidos que le son asignados a la realidad en la conciencia, en el pensamiento; lo que no determina que haya correspondencia o no de lo pensado con la realidad.

Se trata de la dimensión en la que se arraiga la diferencialidad constitutiva de las formas de conciencia y con ello de las posibilidades de generar interpretaciones.

Son las formas de conciencia las que hacen que en el pensamiento se establezcan de manera diferencial, una serie de condiciones en los procesos de apropiación cognitiva correspondientes con la concepción ontológica (en el pensamiento) que predomina en la conciencia, lo que no significa: pureza y neutralidad en estos procesos, ni la activación de un solo tipo de referentes o la homogeneidad al interpretar un mismo texto o distintos. El “científico neutral y desposeído de todo interés”, como se plantea en el positivismo no existe.

6. La transitividad de los modos de interpretación

Claro está que tal diferencialidad interpretativa en cada una de las formas de conciencia, se traduce en la incapacidad para transitar de lo ontológico a lo epistemológico, no porque no existan referentes, sino por el predominio de uno de los modos de interpretación que los traduce, enmascara o aísla, lo que imposibilita el poder ser recuperados o usados al elaborar una interpretación.

En el caso de las conciencias constituidas de manera práctico-utilitaria o mítico-religiosa, la incapacidad para transitar a la interpretación epistemológica está dada por las condiciones en que éstas se constituyeron y en función de los nuevos referentes y las circunstancias en que se van incorporado. En cambio, en el arte, ni siquiera es una necesidad, pues lo que se busca es expresar artísticamente “algo” más allá de su correspondencia con la realidad, con la veracidad de éstos. Finalmente, el fundamento de lo científico tiene su origen en una razón “razonada”, que es la que orienta el interpretar, ya que toma como punto de partida la delimitación de algo de la realidad (pensada o concreta): su texto diríamos los hermeneutas o el objeto de estudio dirían los positivistas. Síntesis de la realidad pensada y determinada por la intencionalidad interpretativa que se hace “consciente”. De ahí que:

...toda ciencia se comporta teóricamente y debe pues, según Marx, tener como presupuesto una visión de la totalidad, visión que orienta (Garzón Bates, 1974, p. 85).

Razón por la que, toda abstracción que una persona elabora es producto de lo que existe en su “bloque de interpretación” y de la manera en que éste está organizado, razón por la que toda delimitación –espacio-temporal– y toda definición de las formas y contenidos[8] de la realidad, sólo se dan en la “formalidad” que se construye en la conciencia de las personas cognoscentes. En la práctica tales formas no sólo transforman lo pensado, sino también la realidad material. El hombre como ser pensante hace para sí interpretativamente la realidad. Como dice Hegel: “...la voluntad subjetiva, la pasión, es el factor activo, el principio realizador; la idea es lo interno” (1982, p. 101). Pero como práctica transforma la realidad material, diría Marx.

7. El bloque de interpretación teórico-científico

Ahora bien, como ya de indicó, en la conciencia teorizante o científica, que, por supuesto no es homogénea ni unitaria, los procesos de interpretación se fundamentan en acciones de sistematicidad, de rigurosidad, de historicidad y de cuantificación como es el caso del positivismo; condiciones que buscan generar, lo que podríamos llamar, las “buenas interpretaciones” o una explicación “objetiva”.

La búsqueda es alcanzar un alto nivel de veracidad, verosimilitud o de objetividad como se pretende en el positivismo. Lo que los científicos buscan, al igual que cualquier otra persona, es lograr una interpretación producente de una comprensión, que convierten a explicación, en la medida de lo posible, que corresponda con la realidad investigada, aun cuando pudiera ser que no se logre. Para ello ha implicar una razón razonada (la de su visión de ciencia que se tenga), empleando un método y sistema de acopio de información, que integra las técnicas, procedimientos e instrumentos[9] que apoyen y conduzcan a la construcción de una comprensión-explicación de lo investigado.

Sin embargo, no hay que olvidar que los científicos, al igual que todas las personas, pertenecen a una sociedad y su conciencia también se integra con referentes provenientes no sólo de la ciencia, sino de la práctica, la religión y el arte; lo que no modifica la lógica hegemónica de su bloque de interpretación. Ya que en estos sujetos predomina una lógica de interpretación teórico-científica; la que establecen la funcionalidad general de su pensamiento, pero con la presencia de referentes provenientes de esas otras lógicas de interpretación.

De ahí que lo planteado en el positivismo y el neopositivismo, es imposible. Un científico no puede evitar la participación de elementos ajenos a su discurso científico. Negar esto, es como pensar que los científicos son seres sobrenaturales, entes divinos que están por encima de toda reflexión mundana, más allá del tiempo y del espacio y sin necesidades humanas. Lo cierto es que todo hombre tiene una idea del mundo lograda por medio de sus interpretaciones e integrada por referentes provenientes de distintas formas de interpretación de lo real.

La gran diferencia con las otras formas de conciencia, es que, en la conciencia teórico-científica, se implica un pensamiento lógico, ya que las posibilidades de interpretación no quedan en un plano puramente ontológico, sino que se implica un fundamento epistémico-filosófico; aquel en el que se expresan las condiciones necesarias para generar una interpretación de la realidad, aunque esto pudiera ser inconsciente. Es decir, el bloque de interpretación del científico se organiza con predominio de una concepción epistemológica y de una visión de método que subyace en su conciencia, elementos que dicta su proceder al buscar interpretar la realidad que investiga y al emplear ciertas técnicas, procedimientos e instrumentos que al recabar información apoyen su acto cognitivo[10] (Álvarez, 1998, p. 208).

Razón por la que el pensamiento teórico-científico, “Por su rasgo esencial es Ilustración, pues comienza con el ánimo de pensar por uno mismo que hoy impulsa a la ciencia...” (Gadamer, 1997, p. 13).

De ahí que el pensamiento lógico es aquel que surge de la relación entre los objetos (concretos o pensados) y el proceder a la elaboración individual que permita comprender y explicar, a partir de la relación que se establece con lo que se investiga.

Es de aquí de donde surge la toma de una postura sobre la manera como se ha de comprender la realidad delimitada como objeto de investigación o de conocimiento. La concepción epistemológica (positivista o neopositivista, hermenéutica, crítica o la del interaccionismo simbólico), las cuales se constituyen en el fundamento de mi idea de conocimiento: esté o no consciente de ello. Recordando que cada una de estas concepciones epistemológicas se refiere a una manera de pensar los procesos de construcción de conocimiento teórico-científico, es decir, precisan el cómo se debe pensar y proceder para comprender y explicar lo que se investiga, lo que depende de lo que cada sujeto puede elaborar, pues toda teorización no depende de cómo y con qué se investiga; sino de la capacidad interpretativa del investigador.

Se trata de la interpretación teórico-científica antes señalada, pero que reflexionada en su diversidad epistemológica nos muestra que hay diferentes maneras de pensar los procesos de construcción de este tipo de conocimiento. Diversidad que en sí no es homogénea, pero que sí responde a ciertos principios básicos que derivan de su origen.

Claro que está que la interpretación teórico-científica no es ajena al error, a cometer pifias que impidan dar cuenta de la realidad que es investigada, ya que la ciencia como lógica de interpretación no está exenta de la subjetividad y del momento histórico-social que se vive y que nos lleva a no poder conocer aspectos o dimensiones de la realidad, debido a que no han sido pensadas o es el impensable para un sujeto o para su momento histórico-social.

Conclusión

A manera de conclusión sólo se debe indicar que la interpretación teórico-científica implica un proceso de formación que responde a una manera de pensar la construcción de conocimiento científico y, por lo mismo, en su enseñanza es necesario trasmitir la postura epistemológica (la dimensión abstracta del conocimiento), sin que para ello se tenga que negar la existencia de otras; un proceso que debe ser acompañado de experiencias, actividades, juegos y proyectos que lleven a su comprensión y aplicación (Álvarez, 2012).

Referencias

Abbagnano, N. (1985). Diccionario de filosofía. México: FCE.

Álvarez, A. (1998). Elementos para hacer crítica epistemológica a la investigación educativa. México: UPN-Ajusco. Informe de investigación.

___, (2012). La interpretación de los procesos educativos desde la hermenéutica analógica (Ontología, episteme y método). México: UPN-Ajusco.

Baquero,R. (1997). Vigotsky y el aprendizaje escolar, Argentina: Aique; col. Psicología Cognitiva y Educación.

Ferrater, J. (1985). Fundamentos de filosofía. Madrid, España: Alianza Editorial.

Gadamer, H-G. (1997). Mito y razón. Barcelona, España: Paidós.

___, (1997). Verdad y método. Tomo I. Salamanca, España: Ediciones Sígueme.

Garzón, J. (1974). Carlos Marx: ontología y revolución. México: Grijalbo.

Hegel, G. (1982). Lecciones sobre filosofía de la historia universal. Madrid, España: Alianza.

Kant, I. (1990a). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. México: Porrúa.

Marx, K. (n.d.). Miseria de la filosofía. Respuesta a la “Filosofía de la miseria del señor Proudhon”. Moscú, URSS: Progreso.

___ y Engels, F. (1977). La ideología alemana. México: Cultura Popular.

Royston, E. (2001). Diccionario de religiones. México: FCE.

Sánchez, A. (1972). Filosofía de la praxis. México: Grijalbo.

Notas 

[1] Se entiende por bloque de interpretaciónel conjunto de ideas, intuiciones y referentes que como un todo constituyen el aparato cognitivo de las personas.

[2] Al igual que Kant plantea, aquí se considera la experiencia como algo que sólo es del individuo que la tiene y de nadie más, ya que es en él donde se genera. Las experiencias no se trasmiten, pero sí los conocimientos que de ellas se generan.

[3] Al respecto de lo que es el mito, se puede revisar: La interpretación de los mitos desde la hermenéutica analógica. En la Revista Cuicuilco, vol. 20, núm. 58, septiembre-diciembre, 2013, pp. 77-90.

[4] Hay que aclarar que para la hermenéutica los prejuicios no tienen un sentido negativo como en el caso del positivismo, sino que son el punto de partida necesario para la comprensión de la realidad (Gadamer, 1997).

[5] “Originalmente la palabra designaba el servicio o deber público prestado por los ciudadanos de la ciudad griega. Los traductores de la versión de los setenta la aplicaron al culto público; de aquí proviene su uso eclesiástico de la palabra para designar la forma de culto que prevalece entre los cristianos de determinada Iglesia o comunidad, y en especial para los usos observados en la celebración de la Eucaristía” (Royston, 2001, pp. 284-285).

[6] Se entiende el proceder crítico, como el esfuerzo hermenéutico que exige comprender y explicar la verdad de un hecho, la argumentación en la que se fundamenta una cuestión que refiere a “algo” –el objetivo que se interpreta–. El mismo acto de rectificación de la autocomprensión.

[7] Esta forma de concebir a lo ontológico del pensamiento de la persona no corresponde con la manera como se ha entendido en la metafísica: “[...] a lo largo de su historia se ha presentado bajo tres formas fundamentales diferentes, a saber: 1) como teología; 2) como ontología; 3) como gnoseología [...]. Como ontología o doctrina que estudia los caracteres fundamentales del ser; los caracteres que todo ser tiene y no puede dejar de tener [...]. En otros términos, toda ciencia es, como tal, estudio de la sustancia en alguna de sus determinaciones, por ejemplo: la sustancia en movimiento para la física, la sustancia como cantidad para la matemática” (Abbagnano, 1985, pp. 793-796). Por otro lado, en el caso de la disciplinariedad “[...] la ontología se ocupa de ‘lo que hay’ equivale a ‘todas las cosas que hay’ (o puede haber) es un despropósito. Son las diversas ciencias las que se ocupan, para conocerlas, de las ‘cosas’ que hay, de modo que, cuando menos en principio, el conjunto de las ciencias tiene por objeto el conjunto de las ‘cosas’, sea acotándolas en diversas áreas de investigación o bien destacando ciertos aspectos de tales o cuales clases de cosas” (Ferrater, 1985, p. 89).

[8] La diferenciación forma-contenido es un problema ontológico y epistemológico pues se implica en todo proceso de interpretación teorizante, aquel en donde la conciencia de las personas cognoscente, socialmente hacen una diferenciación “formal” de lo óntico del texto que se investiga.

[9] “Cómo organizar un estudio de caso”. En: Revista Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. México: UPN-Ajusco, núm. 23, pp. n.d.

[10] La actividad instrumental y herramental del enfoque socio–histórico, como dice Baquero, está “…en línea directa con los desarrollos hegelianos–marxistas, [cuya…] unidad de análisis es, al fin, el trabajo.”(1997,p. 47). En el entendido de que las herramientas transforman la exterioridad del hombre y los signos o instrumentos la interioridad de éstos.


* Profesor investigador de la UPN, Unidad Ajusco. Está adscrito al Área Académica 5: Teoría Pedagógica y Formación Docente. Para comunicarse con el autor escriba a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

 

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