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Revista núm. 23 - Enero/Junio 2018

Sociología e interaccionismo simbólico

Sociology and symbolic interactionism

Luis Héctor González Mendoza[1]

Resumen: En el curso de Comunicación e interacción social de la Licenciatura de Psicología Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional, se trata el asunto del interaccionismo simbólico, con el propósito de contribuir al fortalecimiento de su estudio, se presenta el artículo: “Sociología e interaccionismo simbólico”. En las conclusiones se señala la importancia de recuperar el concepto de la comunicación prelinguística, para explorar los “nuevos” modos comunicacionales de los sujetos en las redes sociales.

Summary: In the course of communication and social interaction of the Bachelor of educational psychology of the National Pedagogical University, is the issue of symbolic interactionism, with the purpose of contributing to the strengthening of its study, presents the article: Comments from Sociology on symbolic interactionism. At the same time, the conclusions pointed out the importance of recovering the concept of prelinguistic communication, to explore "new" communication modes of subjects in social networks.

Palabras clave: psicología, sociología, comunicación, interaccionismo simbólico, y George H. Mead. 

Keywords: psychology, sociology, communication, symbolic interactionism, and George H. Mead.

 

Introducción

La sociología es una ciencia históricamente desarrollada en Europa y en Estados Unidos. 

Mientras que en el viejo continente la sociología se desenvolvió dado el trabajo intelectual de Carlos Marx, Emilio Durkheim y Max Weber, autores de tres teorías sociológicas: el marxismo, el funcionalismo y la acción social, en Estados Unidos la sociología se desplegó a través de escuelas, o sea grupos de estudiosos reunidos alrededor de un líder académico responsable de gestionar el financiamiento y la elección del modelo sociológico para el estudio de los problemas de la sociedad.

La potencia de una escuela se evaluaba por el rendimiento intelectual de sus miembros, por la producción de libros y de artículos publicados en revistas especializadas. A la vez se juzgaba, no sólo por la difusión de los resultados de las investigaciones, sino por las aportaciones a la solución de problemas sociales.

Tal es el caso de la Escuela de Chicago, cuya fundación fue posible por el trabajo académico de Albion Small, quién desde su creación, mantuvo los medios para emplear los recursos humanos e institucionalizar académicamente a la sociología, mantuvo los apoyos para la producción de revistas y edición de libros, y por supuesto, con la sociología contribuyó a conocer y reformar algunas de las condiciones sociales provocadas por la intensa y acelerada industrialización de la ciudad sede de tal escuela.

En los Estados Unidos se experimentó la transición de una sociedad rural hacía una sociedad industrializada, a partir del siglo XIX, particularmente después de la Guerra Civil, profundizándose luego de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, así el industrialismo se intensificó y junto con ello el crecimiento poblacional dada la constante emigración extranjera, principalmente europea. 

En aquella época, el ser inmigrante en la sociedad estadounidense, implicaba un cúmulo de problemas sociales, por ejemplo, de adaptación y asimilación a nuevas situaciones sociales, de aprendizaje del inglés, de transformación de mano de obra especializada, de demanda de servicios de vivienda, médicos y educativos. Si bien es cierto, que la industrialización mejoró la productividad y la venta de mercancías, optimizando las ganancias económicas a favor de los empresarios, a la vez, aparecieron problemas sociales como el hacinamiento urbano, el incremento de la desigualdad social, así como rasgos de descomposición social en las conductas y hábitos materiales y morales de parte de algunos miembros de grupos sociales, en resumen, se notó el aumento de niveles de pobreza, enfermedades, suicidios, crímenes, divorcios, etcétera, problemas que la Escuela de Chicago asumió como propios.

Aunado a lo anterior la política estadounidense se proyectó sobre una base democrática y reformista para mantener el desarrollo industrial, de igual manera surgieron grupos, organizaciones y sujetos que pretendieron mejoras sociales, por ejemplo, movimientos religiosos, organizaciones sindicales, incluso, periodistas, escritores y novelistas (Picó, 2010).

En la Escuela de Chicago se contrató George H. Mead para impartir un curso de psicología social, con lo cual, pasó a formar parte de tal escuela y contribuyó al desarrollo de la sociología estadounidense. 

Según George Ritzer, la obra de Mead tuvo la impronta del liberalismo fuertemente asociado al evolucionismo, de allí que fueran fundamentales los planteamientos sociológicos de Augusto Comte y sobre todo de Herbert Spencer, aunque cabe mencionar que Mead tuvo estudios de filosofía en universidades europeas y mantuvo relaciones académicas con John Dewey. 

El propio Ritzer dice que “la sociología ha representado una respuesta moral e intelectual a los problemas de la vida y el pensamiento, de las instituciones y los credos de los estadunidenses”, por lo tanto, cabe señalar que la sociología en el país vecino presentó una notable orientación demócrata, para identificar y resolver problemas sociales a través del liberalismo económico, seguida de ideologías religiosas y con la confianza de los métodos y resultados científicos. 

La rápida e intensa industrialización y urbanización de Chicago, provocó en esa ciudad, la consolidación de un importante sistema educativo universitario y facilitó la fundación y desarrollo de la sociología, así como su rápida institucionalización, entre otras cosas, porque la sociología respondió científicamente para intervenir en diversas problemáticas sociales a través de reformas y mejoras de manera relativamente inmediatas. Ritzer continua indicando que la sociología estadounidense “en lugar de interpretar cambios históricos de largo alcance… se volcó en la dirección del estudio científico de los procesos a corto plazo” (Ritzer, 2005, p. 54).

La Escuela de Chicago se originó en el contexto señalado y la obra de George H. Mead formuló el interaccionismo simbólico, contribuyendo al desarrollo de la sociología estadounidense.

El interaccionismo simbólico

La sociología se compone de diversas perspectivas de estudio, es una especie de mosaico en donde se ubican numerosos enfoques sociológicos, uno de ellos, es el interaccionismo simbólico, qué presenta dos curiosas situaciones de origen.

La primera es que George H. Mead, no escribió el libro por el cual es reconocido sociológicamente, es decir: Mind, Self and Society, fue organizado por un grupo de oyentes y estudiantes del curso de Psicología Social que impartió en la Escuela de Chicago, quienes después de su muerte se dieron a la tarea de recuperar y sistematizar sus escritos, formando el libro ya mencionado (Mead, 1973, pp. 19-21).

Otra situación curiosa es que Mead nunca nombró como tema de estudio al interaccionismo simbólico, él estaba enfocado a la enseñanza de la psicología social, y fue Herbert Blummer, connotado miembro de la Escuela de Chicago, quien le llamó interaccionismo social, por supuesto, señalando como su fundador a Mead (Alexander J., 1989, p. 168). 

El interaccionismo simbólico es un enfoque sociológico que plantea dos aspectos de estudio: uno es la interacción, o sea la acción social inmediata y recíproca de dos o más sujetos, el otro es lo simbólico dado en toda comunicación humana, sea individual o social. 

Aunado a lo anterior, se observa que el interaccionismo se desarrolló en el marco de la corriente filosófica del pragmatismo, en donde se plantea que la mejor forma de juzgar la verdad de una disciplina moral, social, religiosa o científica es por sus resultados, en otras palabras, es una tendencia intelectual que concibe la utilidad del conocimiento en su valor práctico.

Al parecer el interaccionismo simbólico recuperó de la sociología weberiana, el concepto de la acción social, sosteniendo la idea del valor práctico del conocimiento, porque la acción social se define como una actividad racional e individualista, en donde el actor se desenvuelve en solitario fijando metas, seleccionando y usando medios que le ofrece los entornos materiales y sociales para cumplir los fines proyectados (González, 2012).

Con la acción social se mantiene la visión de que el actor identifica racionalmente fines, medios e indica el sentido de tal actividad. Con el interaccionismo simbólico se agrega que en toda acción social inmediata y recíproca existe una comunicación consigo mismo y con los otros, señalando explícitamente que la comunicación es compartida simbólica y realmente. 

Ahora bien, si la comunicación significa decir con señas y voces algo a alguien, entramos de lleno al mundo de los significados gestuales y verbales, con lo cual también estamos en el umbral de los significados que implican las necesidades y las sensaciones, las ideas y los pensamientos propiamente humanos. Y precisamente Mead nos introduce a esa especie de laberinto de ademanes y expresiones que representa la comunicación humana. 

Con el interaccionismo simbólico se enfatiza, la comunicación consigo mismo, para luego destacar la comunicación en relación con los otros, dejando ver un horizonte en donde se descubre lo simbólico de la comunicación en dos espacios: el subjetivo y el intersubjetivo.

En este sentido, la comunicación se convierte en un enlace social entre los sujetos que intercambian innumerables significados permitiendo el entendimiento de sí mismo y de los otros. Si la gente dice algo a alguien mediante gestos y palabras se establece un intercambio real y simbólico de significados compartidos individual y socialmente. 

George H. Mead investigó el origen de la comunicación gestual y lingüística humana, también exploró el tipo de situaciones de acción en donde una mayor atención a los objetos del entorno no era suficiente para garantizar una continuación exitosa de la acción, enfocó los tópicos de la acción interpersonal y de la intersubjetividad, por ende, de temas comunicacionales. 

Él advirtió la existencia de situaciones sociales en donde el propio actor es fuente de estímulos para sí y para sus acompañantes. Por consiguiente, el actor tiene que prestar atención a sus propias actividades, dando paso a la comunicación que permite identificar la conciencia y la autoconciencia. Mead ubicó condiciones de autorreflexión a partir de una teoría sobre los orígenes de la comunicación y socialización específicamente humana, él sostuvo que la transformación de fases de la acción en signos gestuales posibilita que un actor reaccione ante sus propias conductas, permitiéndole representar las actuaciones y reacciones virtuales de que los otros influyan anticipadamente sobre sus propias acciones (Joas, 1991).

Como ya se mencionó, la obra sociológica de Mead es el libro: Mind, self y society, que fue traducido al castellano como: Espíritu, persona y sociedad. Los dos primeros términos son desafortunados. La expresión mind, o sea, mente, se ubica en un debate con el conductismo, en donde están a discusión términos y hechos como la conciencia y la inteligencia. A la vez el self es una expresión que se refiere al sujeto social o sí mismo, es un término que se diferencia del sujeto individual o yo.

Para Mead, la unidad entre el ser individual y el ser social es evidente, de tal forma que el organismo físico del ser personal, el cuerpo, se compone al mismo tiempo, de una entidad psicosocial. Tal unidad revela la formación del llamado yo en unión con el self o sí mismo, mostrando la construcción social del ser individual. Él verifica tal hecho, a través de la observación y análisis de la comunicación, es decir, la comprobación de cómo los seres humanos están habituados a establecer comunicación con gestos y palabras.

Conductismo e interaccionismo simbólico

George H. Mead debate con la psicología del conductismo, apoyándose en la psicología social y desarrollando la idea del conductismo social. Mientras que la piscología del conductismo, estudia la actitud individual, pretendiendo explicar el comportamiento del grupo social, él se propone explicar el proceder del individuo en función de la conducta organizada del grupo social. 

Para sostener que la conducta del individuo está en función de lo social, Mead recurre al llamado acto social que se ubica dentro la teoría de la acción social. El acto social supone una organización que no puede ser dada sólo y exclusivamente desde el individuo, por el contrario, es a partir de la organización social como el acto del individuo adquiere sentido. Al respecto, existe un mecanismo e inclusive un procedimiento, que es relevante para observar que el acto es social antes que individual, es la comunicación.

Ahora bien, si se entiende que la comunicación es indicar o gesticular algo a alguien, y es decir o hablar de algo a alguien, es fácil advertir que la comunicación es intercambio y colaboración colectiva de gestos y palabras reconocidas y compartidas. 

Si la comunicación significa indicar algo a alguien, Mead tiene razón cuando identifica la comunicación de señales y gestos como relevante, él dice que se trata de una etapa prelingüística propia del desarrollo humano. Cabe señalar que dicha comunicación no se da únicamente entre los humanos, sino también entre los animales. [2]

En un evidente debate con la psicología del conductismo de su época, Mead sostiene el punto de vista del conductismo social, asimismo, analiza la experiencia y la conducta del ser individual, asociada a la constitución de un ser social. La experiencia y la conducta del ser individual se observan a través de una serie de actos, en los cuales se muestran situaciones personales y colectivas, se trata de los múltiples episodios comunicacionales que los sujetos desarrollan en la vida cotidiana.

Mientras que la psicología del conductismo percibe que el ser individual es un organismo propio y singular, o sea cuerpo con capacidad de experimentar pensamientos personales. Mead piensa que ello no significa un espacio totalmente privado. Para él, organismo y pensamiento, no sólo se percibe desde el interior del individuo, o sea a partir de la subjetividad, sino que el cuerpo y la experiencia del pensar se pueden distinguir desde el exterior del ser, o sea, desde la intersubjetividad.

La forma en la cual Mead observa que tanto el ser individual y los pensamientos se perciben por fuera del sujeto, es porque advierte un singular modo del ser social: la comunicación. Identifica que el inicio y desenvolvimiento de los actos sociales tiene como fundamento los episodios comunicacionales del individuo frente a sí mismo y frente a los otros, lo que a su vez se verifica cuando miramos que se indica algo a través de gestos y ademanes, así como cuando se dice algo a alguien a través del léxico.

Cuando se pone atención en el acto social, como experiencia y conducta, qué permanecen dentro del individuo, se pierde vista, que gran parte del tiempo social del ser individual revela experiencias y conductas con una serie de actitudes colectivas, muchas de las cuales se expresan con la comunicación en general, el lenguaje en particular, y de manera significativa con los ademanes y el habla. 

Dentro del acto mismo existe un campo que no es externo, sino que pertenece al acto, y hay características de esa conducta orgánica interna que se revelan en nuestras actitudes, especialmente las relacionadas con el habla. Pues bien, si nuestro punto de vista conductista tiene en cuenta dichas actitudes, descubrimos que puede muy bien abarcar el campo de la psicología. De cualquier modo, este ángulo de enfoque tiene particular importancia porque está en condiciones de encarar el campo de la comunicación… Nosotros queremos acercarnos al lenguaje, no desde el punto de vista de las significaciones internas que se expresen, sino del contexto más amplio de la cooperación que se lleva a cabo en el grupo mediante los signos y los gestos (Ibid., pp. 53-54).

Frente al conductismo, Mead reivindica la experiencia y el comportamiento humano como algo más que orgánico y compuesto de reacciones físicas al medio. Es un complejo proceso que incluye lo orgánico, así como la conducta y experiencia, todo ello mediado a través de la comunicación y con el uso y presencia de una multiplicidad de signos y símbolos, que cobra su mayor relevancia en el lenguaje.

Ahora bien, respecto a la comunicación y en relación con el lenguaje, Mead identifica dos tendencias de estudio, por tanto, susceptibles de interpretación.

La del filólogo, para quien la comunicación es la capacidad de producir ideas e intenciones que el individuo usa en el intercambio de símbolos, por supuesto, lingüísticos. La otra tendencia, es la de los evolucionistas, con Darwin a la cabeza, para quienes la comunicación es la clara representación de las emociones.

Ambos enfoques sostienen que el lenguaje tiene fines específicos, para los filólogos, trasmitir experiencias e ideas. Para los evolucionistas, expresar sensaciones, incluso podríamos indicar la importancia de comunicar necesidades.

Lo expresado, muestra que la comunicación, en su forma de lenguaje tiene el propósito de trasmitir experiencias, ideas, emociones y necesidades, pero esto, sólo es posible con un cierto desarrollo humano, y no es precisamente el origen de la comunicación. 

Mead afirma que el estudio del lenguaje debe considerar el principio de la comunicación, esa que originalmente se desarrolla a partir de la conducta de gestos.

Estudiar la comunicación y el lenguaje como uso y transmisión de ideas, así como de expresión de emociones, supone un desarrollo y maduración física e intelectual del individuo e incluso de la humanidad. A primera vista, se mira que el sujeto desarrolla una conciencia que expresa necesidades, emociones e ideas desde la individualidad y que es posible observar a través de la comunicación. 

Mead encara tal situación y comenta que la comunicación y el lenguaje son efectos más que del ser individual, del ser social. Él explica lo ambiguo que resulta ser la expresión conciencia individual, ya que ésta ha sido ubicada desde la fisiología y hasta la psicología como un fenómeno individual, sea del organismo o de la persona. Así, resulta que el organismo y el sistema nervioso central (cerebro) humanos, son piezas fundamentales de la percepción, por tanto, de la conciencia individual, que a su vez funciona subjetiva y objetivamente. 

Para la fisiología, el cerebro es el órgano que registra los estímulos, sean éstos internos o externos, sin embargo, señalar en qué región del cerebro radica la conciencia, es una incógnita aún no despejada. 

De alguna manera, se considera que la conciencia percibe y registra el medio ambiente, paralelamente, facilita la adaptación a los entornos. Ante esto Mead objeta que la conducta humana no puede ser concebida de manera estática y unidireccional.

El animal humano es un animal atento, y su atención puede ser concedida a estímulos sumamente leves. Se pueden captar sonidos a la distancia. Todo nuestro proceso inteligente parece residir en la atención selectiva de ciertos tipos de estímulos. Otros estímulos que bombardean el sistema son desviados de algún modo. Dedicamos nuestra atención a una cosa en especial. No sólo abrimos la puerta a ciertos estímulos y cerramos a otros, sino que nuestra atención es un proceso organizador así como un proceso selectivo. Cuando prestamos atención a lo que vamos a hacer, estamos escogiendo todo un grupo de estímulos que representan actividad sucesiva. Nuestra atención nos permite organizar el campo en que vamos a actuar. Y aquí tenemos al organismo como actuante y determinante de su ambiente. No se trata simplemente de una serie de sentidos pasivos atacados por estímulos que vienen de fuera. El organismo sale y decide a qué reaccionará y organiza ese mundo (Ibid., p. 70).

La conciencia se desarrolla activamente mediante la percepción y curiosidad que implican las cosas, objetos y personas que rodean al sujeto. La conciencia se aprecia mejor si se focaliza no sólo como una reacción al medio ambiente, sino por la inclinación al conocimiento que el sujeto muestra hacía determinadas cosas, objetos e individuos. 

Quiero distinguir las diferencias que surgen en el empleo del término “conciencia” para denotar accesibilidad a ciertos contenidos y como sinónimo de esos contenidos mismos. Cuando uno cierra los ojos, se aparta de ciertos estímulos. Si uno toma un anestésico, el mundo (se vuelve) inaccesible. Similarmente, el sueño lo torna a uno inaccesible para el mundo. Pues bien, quiero distinguir este uso de la conciencia, el de tornarlo a uno accesible e inaccesible a ciertos campos, y diferenciarlo de los contenidos que son determinados por la experiencia del individuo. Queremos estar en condiciones de estudiar una experiencia que varía con los distintos individuos, es decir, los diferentes contenidos que en cierto sentido representa el mismo objeto. Deseamos poder separar los contenidos que varían de los contenidos que, de algún modo, nos son comunes a todos (Ibid., pp. 73-74).

Mead se propone estudiar la conciencia humana reconociendo la existencia de múltiples prácticas asociadas a la conducta individual y añadiendo el análisis del ser social, afirmando que la mejor vía para investigar el tópico de la conciencia, es a través de las experiencias y manifestaciones comunicativas. 

El ser individual y el ser social

A Mead le interesa el acto social básico que permite transparentar la interacción, o sea, la acción social inmediata y recíproca de dos individuos o más. Para él, tal acto básico es la gesticulación, porque la interacción deja entrever el proceso social, dentro del cual, el uso básico de los gestos, apresura la adaptación de los actores no sólo a la diversidad de los entornos naturales y sociales, sino a la acomodación con los otros y consigo mismo.

Si ponemos atención en la gesticulación de la gente, podríamos observar que los ademanes de las personas muestran el reconocimiento del medio ambiente, la presencia de quienes se ubican en tal entorno y por supuesto la ubicación de uno mismo. A la vez, advertiríamos que los gestos son compartidos o no. En consecuencia, la gesticulación supone la organización y cooperación que se despliega en incontables actos socio individuales.

En este contexto, Mead señala la importancia de la comunicación gesticulada, que conlleva símbolos significantes. En relación a éstos es evidente que se refiere al hecho de que existen innumerables gestos, ademanes o gesticulaciones que tienen significados no sólo reconocidos, sino compartidos. 

Durante el desarrollo del interaccionismo simbólico, o sea, de la interacción recíproca e inmediata entre dos o más sujetos, resulta que la comunicación gesticulada, es fuente de estímulos para que los sujetos se adapten “instintivamente” a las actitudes desplegadas ellos mismos. La “conversación” mediante gestos, revela los orígenes de la comunicación no sólo humana, sino animal. Uno podría pensar que el hombre como parte de la naturaleza ha evolucionado adaptándose al medio y ejerciendo cambios sobre éste y sobre sí mismo; ajustarse y transformar al medio ambiente, así como cambiar en la asociación con los otros, permitiría descubrir y perfeccionar ciertas actividades, entre las que se cuenta la comunicación; perfeccionamiento que no implica eliminar, sino conservar, tal sería el caso de la comunicación primitiva y rudimentaria mediante gestos y la posterior comunicación a través del lenguaje.

La situación primitiva es aquella en que se da el acto social, acto que involucra la interacción de distintas formas, en consecuencia, la adaptación recíproca de la conducta de las distintas formas, en la realización del proceso social. Dentro de dicho proceso se puede encontrar lo que denominamos los gestos, esas fases del acto que producen la adaptación a la reacción de la otra forma. Estas fases del acto llevan consigo la actitud tal y como la reconoce el observador, y también lo que llamamos la actitud interna (Ibid., pp. 87-88).

Este tipo de actos se realizan de manera recíproca, inmediata y simbólicamente por parte de dos o más sujetos, es decir, dinámicamente, porque gestos y voces facilitan o no, las reacciones para la adaptación. Dicha acomodación implica no sólo gesticulación de emociones, sino locución de ideas. Al indicar la presencia de emociones e ideas con el uso de gestos y voces, se tiene lo que Mead señala como símbolos significantes.

Lo anterior implica que la comunicación es un cúmulo se símbolos significantes que a través de la conversación de gestos revela necesidades y emociones individuales, a la vez, con la plática se manifiestan pensamientos e ideas compartidas colectivamente.

Las relaciones entre los individuos permiten observar que la comunicación implica una gran variedad de gestos y léxico, en otras palabras, un cúmulo de símbolos significantes. Al parecer tal forma de comunicación es inherente al individuo en colectividad. Para Mead, la comunicación indica las actitudes y reacciones de las personas en contacto, actitudes y reacciones que están acotadas a comunidades o grupos sociales específicos. 

Mead argumenta que los actos que involucran la comunicación de ademanes y gestos reflejan las actitudes y reacciones, no sólo individuales, sino modos comunicacionales de grupos o comunidades. De igual manera, sostiene que el pensamiento humano representa las posiciones y expresiones propias de la sociedad. En otras palabras, la comunicación de símbolos significantes proyecta pensamientos individuales y sociales, que son reflejo de la organización de actitudes, reacciones y símbolos significantes de la sociedad misma.

La internalización en nuestra experiencia de las conversaciones de gestos externas que llevamos a cabo con otros individuos, en el proceso social, es la esencia del pensamiento; y los gestos así internalizados son símbolos significantes porque tienen las mismas significaciones para todos los miembros de la sociedad o grupo social dado, es decir, provocan respectivamente las mismas actitudes en los individuos que las hacen que en los que reaccionan a ellos: de lo contrario el individuo no podría internalizarlos o tener conciencia de ellos y de sus significaciones (Ibid., pag. 90).

Si las ideas propias del pensamiento humano se expresan interna y externamente, en paralelo, se desarrolla la comunicación de signos significantes, o sea, el indicar algo a alguien a través de ademanes y el decir algo a alguien mediante voces. Con estas ideas Mead expresa su oposición ante la psicología de su época: el conductismo. Mientras que el conductismo mira que el pensamiento y el lenguaje son efecto del desarrollo individual, con el interaccionismo simbólico se observa que el pensamiento y el lenguaje son consecuencia de lo social

La comunicación y el pensamiento son hechos paralelos que muestran un origen social, si fueran causa y efecto de lo individual, la relación entre los sujetos sería difícil de imaginar, ya que cada una de las personas involucradas en la interacción establecería sus propias comunicaciones e ideas, en cambio lo que se aprecia es una acción inmediata y recíproca, o sea, la interacción, en donde se expresan gestos o ademanes compartidos, que a su vez, comunican ideas o pensamientos que significan cierto sentido. 

Lo anterior hace afirmar a Mead, que: “… si el gesto, en el caso del individuo humano, tiene paralelo a sí cierto estado psíquico que es la idea de lo que la persona está por hacer, y si ese gesto provoca un gesto semejante en el otro individuo y una idea similar, entonces se convierte en un gesto significante.” 

El acto humano se despliega de una forma compleja, por ejemplo, en situaciones de vida cotidiana se aprecian conversaciones, vestimentas y actitudes, que permiten identificar actos y gestos, así como escuchar voces y charlas, que a su vez provocan reacciones en uno mismo y en los demás, reacciones que pueden ser conscientes o no. 

La idea de reacciones conscientes o no, radica en el entendimiento de que los signos significantes, son ademanes y voces reconocidas y con cierto sentido. Si en la interacción existe significación, se puede afirmar que existe un comportamiento consciente. Mead apunta: “Uno participa en el mismo proceso que la otra persona está llevando a cabo y controla su acción de referencia a dicha participación. Esto es lo que constituye la significación de un objeto, a saber, la reacción común a la propia persona y a la otra persona, que se convierte, a su vez, en estímulo para la propia persona.”

Para Mead la significación es una actividad intersubjetiva, en consecuencia, forma parte de un proceso social. Según él, los individuos pueden participar en determinados actos sociales, y la significación existe en cuanto uno de ellos identifica su participación y controla su propia acción en función de la misma participación, así la significación resulta ser en parte adaptación. A la vez, la significación resulta transformación, porque implica reacciones mutuas y comunes, también resulta ser que la significación conlleva nuevos estímulos para la propia persona y podríamos añadir que para la otra también.

La significación, es decir el gesto y locución conocidos y con sentido, facilitan, la adaptación y transformación. La adaptación se estimula por el uso de una comunicación común o compartida, es decir, se agiliza el entendimiento mutuo. A su vez, la significación permite la transformación de las conductas, entre otras cosas, porque al relacionarse varios actores, se posibilita una mayor simbolización de acciones personales y colectivas.

Para señalar y analizar la capacidad de simbolización del ser humano, Mead diferencia entre la conciencia habitual y la conciencia demorada. La primera se desenvuelve básicamente como reacciones instintivas o reflejas, mientras que la segunda se desarrolla como reacciones mediatas o reflexivas. La conducta demorada o reflexiva supone la simbolización o idea acerca de lo que ocurrirá, en este caso el hombre se imagina el futuro como sucesos probables, que a su vez es capaz de identificar y comunicar con signos y símbolos. La identificación y desarrollo de la simbolización es una capacidad humana que en gran medida está concentrada en la comunicación.

Mead afirma que: “Tenemos una serie de símbolos por medio de los cuales indicamos ciertos caracteres, y al indicarlos los apartamos de su medio inmediato y mantenemos una sola relación. La capacidad para aislar esos caracteres importantes, en su relación con el objeto y con la reacción que corresponde al objeto, es, creo lo que por general queremos decir cuando hablamos de que un ser humano está pensando en algo o de que tiene un pensamiento” (Ibid., p. 155).

Para Mead, la importancia de la comunicación de gestos y habla, se debe a que los seres humanos adaptan sus respectivas acciones y las reconocen con sentido no sólo simbólico, sino natural, así resulta que la comunicación en sus modalidades de indicar algo a alguien a través de gestos significantes y de decir algo a alguien mediante palabras significantes, representan articulación y regulación interindividual, o sea, son los múltiples lazos sociales que implican la intersubjetividad. Y precisamente la vida social y cotidiana es la constante articulación y no, de las intersubjetividades humanas.

Conclusiones

La Escuela de Chicago se origina debido al desarrollo industrial de la sociedad estadounidense, que se da después de la Guerra Civil Norteamericana, acelerándose luego de la Primera y Segunda Guerra Mundiales, igualmente se acompaña por un intenso crecimiento demográfico interno y por una constante inmigración europea. 

George H. Mead es contratado en la Escuela de Chicago para impartir un curso de psicología social, derivando el punto de vista sociológico del interaccionismo simbólico.

El interaccionismo simbólico se puede definir como un enfoque sociológico que plantea dos aspectos de estudio, uno es la interacción, o sea la acción social inmediata y recíproca de los sujetos, el otro es lo simbólico dado en toda comunicación humana, sea individual o social.

Si la comunicación significa señalar algo a alguien a través de gestos y ademanes, así como, decir algo a alguien mediante la palabra, estamos ante la capacidad humana de significar y compartir las necesidades y sensaciones, ideas y pensamientos individuales y sociales.

El interaccionismo simbólico plantea que en toda relación humana subyace una acción inmediata y recíproca, que bien puede ser interpretada como intersubjetividad social, destacando la importancia de la comunicación consigo mismo y con los demás, dejando entrever, lo simbólico no sólo de la comunicación subjetiva, sino de la intersubjetiva.

Con el interaccionismo simbólico, se entiende que la comunicación se desenvuelve como un enlace social entre los sujetos que intercambian innumerables significados permitiendo el entendimiento de sí mismo y de los otros. Si la gente dice algo a alguien mediante gestos y palabras se establece un intercambio real y simbólico de significados compartidos individual y socialmente. 

Mientras que la psicología del conductismo, estudia la actitud individual, pretendiendo explicar el comportamiento del grupo social, Mead explora la psicología social, postulando el conductismo social para explicar el proceder del individuo en función de una conducta organizada y regulada socialmente. 

El conductismo sostiene que el ser individual es cuerpo y mente con capacidad de experimentar pensamientos personales y constante adaptación a los entornos, Mead piensa que ello no significa un espacio totalmente privado, porque a partir de la subjetividad se formula la intersubjetividad, permitiendo distinguir que la interioridad del individuo responde a las situaciones exteriores que formulan la intersubjetividad. 

La forma de observar y verificar que el ser individual y los pensamientos están dados por fuera del sujeto, es porque advierte un singular modo del ser social: la comunicación. El inicio y desenvolvimiento de los actos sociales tienen como fundamento los episodios comunicacionales del individuo frente a sí mismo y frente a los otros

Cuando sólo se atienden las acciones humanas como experiencia y conducta individuales, se pierde de vista, que gran parte del tiempo social del sujeto revela experiencias y conductas colectivas, las cuales se expresan con la comunicación en general, de manera significativa con el paso de gestos y ademanes, así como con la trasmisión hablada.

Existen dos disciplinas que definen la comunicación en su modalidad de lenguaje o lengua. El de los filólogos, para quienes se trata de una acción para trasmitir experiencias e ideas. Para los evolucionistas, quienes sostienen que se trata de expresar sensaciones, incluso podríamos indicar la importancia de comunicar necesidades.

Estudiar la comunicación y el lenguaje como uso y transmisión de ideas, así como de expresión de emociones, supone un desarrollo y maduración física e intelectual del individuo e incluso de la humanidad. A primera vista, la comunicación y el lenguaje suponen un ser y una conciencia que expresan necesidades, emociones e ideas desde la individualidad. 

Según Mead la conciencia se activa mediante la curiosidad que implica la percepción de cosas, objetos y personas que rodean al sujeto y que se dan como existentes. Él se propone estudiar la conducta humana identificando la existencia de la significación, es decir el gesto y locución conocidos y con sentido que facilitan la adaptación y transformación. 

Mientras que la adaptación se estimula por el uso de una comunicación común o compartida, agilizando el entendimiento mutuo. La transformación de las conductas, se debe a las múltiples relaciones que establecen los actores en vida cotidiana, compartiendo y multiplicando las acciones personales y colectivas.

La habilidad de significar y simbolizar permite identificar la conciencia habitual y la conciencia demorada. La primera se desenvuelve básicamente como reacciones instintivas o reflejas, mientras que la segunda se desarrolla como reacciones mediatas o reflexivas. La conducta demorada o reflexiva supone la simbolización o idea acerca de lo que ocurrirá, en este caso el hombre se imagina el futuro como sucesos probables, que a su vez es capaz de identificar y comunicar con signos y símbolos. La identificación y desarrollo de la simbolización es una capacidad humana que en gran medida está concentrada en la comunicación.

La acción social rutinaria que revela el interaccionismo simbólico elemental, es la “conversación” mediante el uso de gestos. Tal “conversación” implica el despliegue de incontables actos de carácter social, denotando la organización y cooperación interindividual que facilita el reconocimiento de sí mismoy de quienes comparten el significado de tales ademanes, se trata de la etapa prelinguística de los grupos humanos. 

Mead afirma que en la “conversación” basada en gestos se utilizan e intercambian símbolos significantes, es decir, ademanes y gesticulaciones que son reconocidos y compartidos, e inclusive que denotan sentido. En el transcurso de tales charlas los gestos son estímulos que facilitan la adaptación de conductas humanas. Lo cual permite a Mead afirmar que el origen de la comunicación es colectivo.

En casi todos los momentos del acto social, se expresan una serie de gestos que son la base de estímulos para que el uno y el otro se adapten “instintivamente” a las actitudes desplegadas por ambos. Es la “conversación” mediante gestos, la que a su vez nos revela los orígenes de la comunicación no sólo humana, sino animal. Uno podría pensar que el hombre como parte de la naturaleza ha evolucionado adaptándose al medio natural y ejerciendo cambios sobre éste y sobre sí mismo; ajustarse y transformar al medio ambiente, así como cambiar en la asociación con los otros, permitiría descubrir y perfeccionar ciertas actividades, entre las que se cuenta la comunicación; perfeccionamiento que no implica eliminar, sino conservar, tal sería el caso de la comunicación primitiva y rudimentaria mediante gestos y la posterior comunicación a través del lenguaje. 

Para Mead existe una etapa prelinguistica de las sociedades, con lo cual se da cabida a la idea de que es un tipo de “conversación” antigua y por supuesto básica para el desarrollo humano, pero a la vez, se puede reconocer la existencia de una lengua a señas o lengua de signos, referida a las poblaciones de sordomudos, que prácticamente pasa desapercibida para él. 

A la vez podemos identificar la existencia de una comunicación mediada tecnológicamente que es masiva, que fluye a través de nuevos instrumentos comunicacionales con múltiples canales visuales, vocales y auditivos, incluso de un incremento de comunicaciones gesticuladas.

La mención de tales hechos, es para llamar la atención de que la etapa prelinguística lejos de desaparecer o minimizarse, se mantiene e incluso se especializa, tal es el caso, de la lengua a señales o de signos para las comunidades de sordomudos.

Incluso podríamos plantear qué dada la comunicación a través de medios masivos, el lenguaje de signos más que desaparecer adquiere nuevos matices y se sigue desarrollando. Baste mencionar, toda la nueva gesticulación y uso de signos a través de las redes sociales, podría ser una temática de posible estudio a través del interaccionismo simbólico.

Referencias

Alexander, C. J. (1987). Las teorías sociológicas desde la Segunda Guerra Mundial. Análisis multidimensional.Barcelona: Gedisa.

González, L. (2012). Voces sociológicas en la comunicación.México: Universidad Pedagógica Nacional.

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[1] Licenciado, Maestro y Doctor en Sociología por la UNAM. Diplomado en Psicoanálisis y Cultura, UNAM. Especialidad en Historia de México, UPN. Autor de los libros: La comunicación educativa en horizontes sociológicos. UPN, México, 2001. Ensayos sociológicos de la comunicación educativa global y la globacultura. UPN, México, 2007. Entre laberintos de Sociología y Educación, Torres Asociados, México, 2011. Amalgama sociológica: Escritos sobre Historia, Sociedad y Cultura. Editorial Académica Española, España, 2012. Voces Sociológicas en la Comunicación. UPN, México, 2012. Publicó la columna Enfoque Sociológico, en Excélsior, México, 1984-1990. Autor de diversos artículos en Educa, UPN, y en otras revistas de circulación nacional e internacional. Profesor Investigador en la Universidad Pedagógica Nacional. Campus Ajusco. adscrito al Área de Diversidad e Interculturalidad. Miembro del Cuerpo Académico: Sujetos y Procesos Socioeducativos. Tutor en la Licenciatura de Educación e Innovación Pedagógica Plan Modular a Distancia de la UPN. Docente en la Licenciatura de Psicología Educativa de la UPN.

[2] Llama la atención el hecho de Mead no mencione nada acerca de la lengua a señas o lengua de signos que se desarrolla desde el siglo XVI cuando Jerónimo Caradano señala la posibilidad de comunicación entre sordomudos, después en 1620 Juan de Pablos Bonet publica un libro relacionado con la enseñanza de un alfabeto manual para sordomudos, en 1817 se funda la escuela para sordomudos estadounidense en Hartford, Connecticut, para luego en 1820 abrirse una escuela más para sordomudos y contar en 1865 veintidós escuelas más en la sociedad estadounidense. 

 

 

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