Revista núm. 22 - Septiembre/Diciembre 2017

La educación del ciudadano y la insuficiencia de los cambios curriculares

The education of the citizen and the inadequacy of the curricular changes

Ana Corina Fernández Alatorre

ana corina fdez2 

Resumen

Disquisiciones en torno a la educación del ciudadano contemporáneo en el marco de los desafíos que se han planteado a los cambios curriculares de las últimas décadas en la educación básica: sus avances, sus ausencias y sus insuficiencias.

Abstract

Disquisitions around the education of the contemporary citizen within the framework of the challenges that have been posed to the curricular changes of the last decades in the basic education: their advances, their absences and their insufficiencies.

Palabras clave: ciudadanía, educación currículo.

Keywords: citizenship, education curriculum.

El debilitamiento de los Estados nacionales se ha exacerbado frente a un neoliberalismo que ha dado lugar al despojo y con ello, a nuevas formas y contenidos de interacción que impactan la vida de las poblaciones de manera excluyente y dolorosa. Es en este contexto que el individualismo radical se ha intensificado hasta el punto de generar un profundo sentimiento de impotencia que invita a la renuncia del ejercicio de la ciudadanía.

Pero ¿qué significa el ejercicio de la ciudadanía? Más allá del voto en los procesos electorales, se asume aquí a la ciudadanía como una práctica que implica a la vida toda en tanto que supone una forma de ser y de estar con los demás, pues supone un tipo de vínculo social y un horizonte de referencia al cual tender. En ese horizonte se inscribe la aspiración a una ciudad libre del miedo de cada cual, con respecto al otro, que pueda ser habitada, mediante la participación, que no sólo la construye, sino que la reconstruye como territorio de la memoria que preserva con el corazón la condición de ciudad-refugio fundada en una ética de la hospitalidad tal como lo sostiene Bárcena (2000). Se asume entonces a la ciudadanía como una forma de entender el mundo y la vida, una manera de gestionar la convivencia entre los seres humanos y por lo mismo, una forma de ejercer entre ellos las formas de poder.

La figura del ciudadano, como todo lo humano, es una invención, pero más que eso, es una conquista cultural que posee un carácter provisional pues demanda esfuerzos permanentes para reavivarla a lo largo de su permanente resignificación.

Ello plantea al sistema educativo nacional un desafío enorme si es que pretende seguir asumiendo el mandato fundacional de formar ciudadanos. Llevamos ya en ese empeño casi 200 años a lo largo de los cuales se ha transitado del interés por el fortalecimiento moral y el reconocimiento de deberes y derechos, al fortalecimiento de su identidad nacional. En las últimas décadas hemos presenciado, desde el plano del diseño curricular, un importante giro hacia el intento por dejar atrás la idea del ciudadano desvinculado de la esfera del espacio público que por mucho tiempo se ha entendido como exclusivo campo de acción de la clase política. Desde los cambios curriculares de finales del siglo anterior se ha intentado pasar de una concepción formal y restringida de ciudadanía a una donde los ciudadanos sean reconocidos como sujetos autónomos, con derecho a tomar y a palabra y actuar en la construcción del bienestar colectivo. Pese a ello, son cada vez más fuertes las señales de las dificultades que enfrenta la escuela para hacer de ésta un espacio de constitución de sujetos sociales.

Si bien el Nuevo Modelo Educativo (NME) hace explícita su intención de dar lugar a la formación del ciudadano en atención al mandato constitucional, presenta, en lo general, graves inconsistencias que hacen harto difícil su puesta en operación. Baste, por mencionar alguna, lo referido por Márquez 

…cabría discurrir si existe contradicción entre la visión humanista que, según se indica, permea al NME, y los dispositivos de evaluación que se incluyen en el mismo y que están sustentados en un sistema basado en el mérito; o si los principios humanistas entran en contradicción con un enfoque pedagógico sustentado en la eficacia y competitividad, aspectos que también se señalan en la propuesta (2017, p. 4).

En el NME se incluye un documento denominado “Ruta para la implementación del nuevo modelo educativo” (SEP 2017b), donde se especifican objetivos, no se detalla de manera clara la forma en que habrán de cubrirse esos objetivos. Tal vez haya que esperar, en un futuro próximo mayores especificaciones que permitan alcanzar los perfiles de egreso planteados para el ámbito de convivencia y ciudadanía. En el perfil de este ámbito se pone el acento en el sentido de pertenencia, la diversidad cultural, el diálogo, la convivencia pacífica, la interculturalidad y el Estado de derecho que se expresa en la permanencia de la asignatura de Formación Cívica y Ética. Habría que esperar que en los nuevos planes y programas para la Formación Cívica y Ética que se pondrán en operación en el 2018, se atiendan a las recomendaciones de estudios como los realizados por el Sistema Regional de Evaluación Desarrollo de competencias ciudadana (2010) donde se señala que en los planes y programas de los países latinoamericanos analizados no se prioriza la educación para querer los asuntos de la ciudad en su conjunto pues la atención está más puesta en la celebración de la diversidad, el pluralismo cultural y el aprecio por los valores del grupo de referencia o de la comunidad inmediata. Hay, añade el informe, una debilidad relativa de la dimensión de lo político en el currículum de la región en el que los dos valores de menos cobertura relativa son “bien común” y “cohesión social”.[1]

De acuerdo a los parámetros de este informe, las oportunidades para el aprendizaje escolar de la ciudadanía pasan, entre otras experiencias, por la reflexión crítica para la ciudadanía activa y por la posibilidad de formarse para la participación en proyectos de acción social. Entre todos los países estudiados, México es el único que presenta un silencio curricular al respecto.[2],

La noción de bien común no sólo alude a lo valoral, es preciso que los estudiantes sepan que el bien de una comunidad es, en primer lugar, un bien plural pues refleja las diferencias entre las personas, sus distintos intereses y opiniones. El rasgo de comunalidad de estos intereses es algo que construyen los ciudadanos mediante la solidaridad y la reciprocidad, de modo que este bien común sólo se logra desde la confrontación y desde la articulación de intereses por medio de la deliberación colectiva, desde la mutua persuasión, el debate y la argumentación sostenida en la capacidad de juicio político que todo ser humano puede desarrollar.

A lo anterior habría que añadir otras omisiones graves de los programas destinados a la formación del ciudadano en el sistema educativo nacional, incluyendo el que aún se encuentra vigente para 2017. Entre las omisiones destaca la necesaria problematización en torno a los límites entre lo público y lo privado, peor aún, en ningún contenido curricular se hace mención la noción de lo público entendido como el lugar donde la ciudadanía ha de actuar en la búsqueda de su propio bien, el lugar donde, como dice Hannah Arendt (1993), las personas se reúnan, hablen, dialoguen, compartan sus relatos y luchen juntas en el marco de relaciones que fortalezcan las posibilidades de una ciudadanía activa. Esta condición de ciudadanía activa alude a otra gran ausencia: en ningún programa de la asignatura de Formación Cívica y Ética aparece como concepto a trabajar la noción de política como un espacio de realización humana que permita hacer frente a la satanización que se ha hecho de la práctica que realizan los políticos profesionales en su propio beneficio. No existe un espacio dedicado a la problematización de lo político que permita al sujeto en formación reconocerse y desarrollarse como sujeto con capacidad de juicio político que asume el conflicto como una parte inherente de la convivencia humana. Esta ausencia abona a la despolitización que nos entrega a los asuntos particulares y a la desensibilización frente a lo que les sucede a esos otros que quedan fuera del círculo privado. Recordemos que Arendt (1993) nos advierte que la destrucción de la política, del ejercicio de la politicidad[3] supone la muerte del sujeto que en el marco del adelgazamiento de lo público queda aislado y abandonado a un proceso de desgarramiento de sus relaciones sociales sin posibilidad de asumir la corresponsabilidad que active la construcción de consensos frente a todo lo que afecta a la colectividad.

No basta con que exista en los planes y programas un ámbito de reconocimiento del mundo social en términos de información trivial y descontextualizada como señala Delval 1996), se requiere poner en el centro el desarrollo sociocognitivo que alude no sólo al reconocimiento de la influencia del medio social, sino al desarrollo de la capacidad para inscribirse en la construcción y transformación de esos procesos. Cancelar en los estudiantes esa posibilidad equivale a que construyan una identidad como externa y ajena a un mundo que no les compete y con ello cancela también su posibilidad de ser parte de su trasformación.

Recordemos que México firmó, desde 1989, la Convención de los Derechos de la Niñez en los que se reconoce a la participación de la infancia en los asuntos colectivos que les competen, como un derecho que atiende a la necesidad de habilitar la capacidad de juicio político de niñas, niños y adolescentes. Al respecto hay todo un campo de referencias en la investigación tanto de la socialización política de la infancia como de la construcción de nociones políticas que se enmarcan, muchos de ellos en la perspectiva de Piaget y la Escuela de Ginebra. Están también los estudios de prácticas o actividades de niños y niñas en el ámbito de la política como los estudios desarrollados por Hart (1993) que nos demuestran con creces la necesidad de transformar la noción que los adultos, padres y maestros incluidos, en aras del reconocimiento del papel activo que puede tener la infancia ante las situaciones que enfrentan y considerar así su capacidad para transformar algunas de las fuentes de la violencia que viven cotidianamente en sus distintos espacios de convivencia.

Este desconocimiento del ámbito de la formación política de la infancia y la adolescencia se expresa, a pesar de los avances curriculares, en las enormes dificultades de convivencia que actualmente se vive en los centros escolares. Prueba de ello son los resultados del reciente estudio denominado Cívica 2016. En este Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana se muestran los resultados de 25 países, incluyendo México, acerca de qué tan preparados están los adolescentes y los jóvenes que cursan el 2º año de secundaria para asumir su papel como ciudadanos en el siglo XXI, considerando el nivel de aprendizajes que tienen en temas cívicos, y el compromiso y la actitud que tienen hacia temas sociales. Los resultados recogidos entre los jóvenes mexicanos muestran que su desempeño en conocimiento cívico se encuentra por debajo del último nivel. También muestra que nuestros   jóvenes son más proclives a protestar violentando la ley que el promedio de los jóvenes de los países estudiados; Nuestros estudiantes se informan menos sobre cuestiones políticas que los otros jóvenes; reportan experiencias de abuso físico y verbal por encima del promedio global y perciben con más fuerza que los jóvenes de otros países, diversas fuentes de amenazas para el futuro del mundo como el crimen, el desempleo y los conflictos violentos.

Resultados como estos ponen en evidencia que no basta con los avances en las transformaciones curriculares en tanto no se cuente con la condición institucional de gestión y formación docente que logre impactar la practica educativa más allá del empeño por obtener buenos puntajes en las pruebas estandarizadas.

Referencias

Arendt, H. (1993). La Condición Humana, Barcelona, Paidós

Bárcena, F. Y Melich J.C. (2000) La educación como acontecimiento ético. Natalidad, narración y hospitalidad. Barcelona • Buenos Aires • México: Paidós.

Cox D, C. ( 2010). Sistema Regional de Evaluación Desarrollo de competencias ciudadana. Informe de Referente Regional 2010. Oportunidades de aprendizaje escolar de la ciudadanía en América Latina: currículos comparados, Bogotá: UNESCO, CERLALC.

Delval, J. (1996). Crecer y pensar. La construcción del conocimiento y la escuela, Paidós, Barcelona

Hart, R. (1993). La Participación de los Niños: De la Participación simbólica a la Participación. UNICEF - Gente Nueva, Bogotá:

ICCS (2017). 2016 International Civic and Citizenship Education Study http://iccs.iea.nl/home.html

Márquez, A. (2017). Perfiles Educativos | vol. XXXIX, núm. 157, 2017 | IISUE-UNAM.

Nair, D. (2004). “La teoría de la acción social en el proceso de construcción objeto de investigación”. VI Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Notas 

[1] Cox D, C., Sistema Regional de Evaluación Desarrollo de competencias ciudadana (2010). Informe de Referente Regional 2010. Oportunidades de aprendizaje escolar de la ciudadanía en América Latina: currículos comparados, Bogotá: UNESCO, CERLALC.

[2] Cfr: Cox, 2010, Op. Cit. P. 58.

[3] Se entiende por politicidad el conjunto de creencias, sensibilidades, formas de interacción en relación a los debates y tomas de posición en el ámbito de lo público, Nair (2004).

 

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