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Revista núm. 23 - Enero/Junio 2018

El Mercado de la Merced: un acercamiento desde la antropología económica

The Merced marketplace: an approach from economic anthropology 

Lizbeth Alejandra Posada Cano

LIZ 2

Resumen

El trabajo dentro del campo antropológico es sin duda vasto. Las diferentes formas de exploración y caminos a los que se nos da acceso nos conducen muchas veces a caminos insospechados como aquellos trazados por la antropología económica, que nos permiten reflexionar de forma no tan lineal acerca de lo que parece evidente. Los mercados dentro de la Ciudad de México podrían a primera vista parecer solo centros de consumo establecidos. Sin embargo, en este trabajo se busca mostrar al mercado como un elemento vivo de diferentes culturas. Como un actor que nos permite hablar de las herencias de los mercados prehispánicos y coloniales a los mercados de nuestros tiempos, pero ¿dónde podríamos encontrar un mercado que nos permitiera dar cuenta de estos estos procesos de intercambio? Consideramos que un heredero directo de estas localidades de mercado dentro de la ciudad es la Merced.

Abstract:

The work within the anthropological field is undoubtedly vast. The different forms of exploration and roads that are accessed lead us to unsuspected roads like those traced by economic anthropology, which allow us to reflect in a not so clear line about what seems obvious. Markets within Mexico City could be considered as single consumption centers. However, this work seeks to show the market as a living element of different cultures. As an actor that allows us to talk about the inheritances of the pre-Hispanic and colonial markets to the markets of our times, but where is there a market that allows us to account for these exchange processes? We consider that a direct example of these market locations within the city is La Merced.

Palabras clave: merced, antropología económica, localidad de mercado.

Keywords: merced, economic anthropology, market location.

mercado merced

La Merced, el territorio del barrio se ha ampliado
llegando a cubrir prácticamente la misma extensión
que tenía en la época prehispánica.

Pascale Vilchis

Reflexionar acerca de los mercados en la ciudad de México devela una tarea nada sencilla y al mismo tiempo fascinante para el antropólogo. Permite, entre otras cosas, la observación del “principal mecanismo económico de distribución; revela la forma en que la gente dispone de sus productos y adquiere artículos para su consumo, en suma, la organización económica de cada distrito y localidad” (Malinowski, 2011, p. 37).

La ciudad guarda una relación ontológica con el mercado. Weber en su obra La ciudad nos permite dar cuenta de ello; para él, el mercado tiene una importancia sustancial: “toda ciudad –en el sentido que aquí damos a la palabra– es una localidad de mercado… La ciudad es un asentamiento de mercado’” (1987, p. 49). Debido a que es considerado como un centro económico que permite la configuración de importantes intercambios de diversa naturaleza, es donde ocurre una especialización de producción económica además de ser el centro de abastecimiento de productos y artículos diversos para el comercio o “de ambos, y, como es natural, los habitantes de la ciudad intercambian los productos especiales de sus economías respectivas y satisfacen de este modo sus necesidades” (Weber, 1987, p. 34).

En este sentido, y en el caso particular de nuestro país, debemos dar cuenta de la importancia de las herencias de los mercados prehispánicos y coloniales a los mercados de nuestros tiempos, pero ¿dónde podríamos encontrar un mercado que nos permitiera dar cuenta de estos estos procesos de intercambio? Consideramos que un heredero directo de estas localidades de mercado dentro de la ciudad es la Merced.

Sin embargo, es importante precisar que a pesar de que el consumo y la producción serían elementos también importantes de discutir para comprender el intercambio, este trabajo centrara sus esfuerzos en “el intercambio” que tiene lugar en este espacio.

Para ello debemos traer a cuenta por lo menos dos tipos de intercambio, por un lado, aquel que tiene lugar en las sociedades tradicionales (reciprocidad), y por otro aquel que está asentado en el intercambio económico a partir de un tipo de moneda.

Para lograr observar estos dos tipos de intercambio, debemos arriesgarnos a dar un corte histórico y así generar una mirada más amplia como aquella que propone Fox (1957) a partir de contextualizar los lugares en un marco de mayor amplitud que nos permita dar cuenta de las relaciones económicas y sociales que tienen lugar en una localidad de mercado. Tarea compleja, subraya Malinowski, pues al principio, el etnógrafo se pierde con facilidad: “la dificultad estriba en el caos general del cuadro, combinado con la apabullante simplicidad de cada transacción concreta. Los árboles de ese caos impiden ver el bosque” (2011, p. 45).

Dar cuenta de las formas de intercambio en los mercados y en particular en uno de los mercados más importantes de la capital del país, como es la Merced, convoca a mostrar cómo la importancia de los intercambios en él es una herencia de la gran Tenochtitlan, espacio geográfico de lo que hoy llamanos Ciudad de México.

Una localidad de mercado

Dar cuenta del escenario de la gran Tenochtitlan es mostrar solo un reflejo de aquello que pudo ser. Su construcción deriva del trabajo de múltiples voces y desde diferentes direcciones,[1] sin embargo me parece que el trabajo De Rojas (1986) permite un acercamiento al sistema económico y en particular a la importancia del mercado en esta cultura y su relevancia en la ciudad más importante del imperio mexica.

La narración de este autor permite ubicar un mercado principal en Tlatelolco[2] sitio a donde llegaban a comerciar las personas desde distintos lugares, algunos de ellos muy lejanos, a la ciudad de Tenochtitlan. Además, describe las importantes vialidades constituidas por los canales para la entrada de diferentes productos y da cuenta de una organización compleja, que organiza en tres sectores siendo los comerciantes parte del tercer sector.

En el México prehispánico, el mercado o tianguis era el centro irradiador de comunicación y trueque. Al momento de la Conquista y durante todo el primer siglo de la Colonia los testimonios españoles fluyen e inmortalizan la grandeza, la muchedumbre, los productos y la importancia que tenía el tianguis para los indígenas (Villegas, 2010, p. 93).

El proceso de intercambio que tenía lugar en esta localidad de mercado, obedece a una lógica de intercambio o trueque. Según Durán (1984) en “la época prehispánica el mercado era el único lugar donde se podía intercambiar cualquier tipo de mercancías a través de un sistema de trueque bien establecido” (en Villegas, 2010, p. 94). Sin embargo dentro de ese intercambio existen algunos productos con un valor especifico, este valor no es de carácter monetario como en la sociedad actual, esta lógica de intercambio obedece a una naturaleza distinta, que podría estar relacionada con su funcionalidad en ese contexto. De Rojas (1986) destaca tres productos de relevancia trascendental, las mantas de algodón, el cacao y cartuchos de plumas de aves; sin embargo en las matrículas de tributo azteca se pueden observar otros productos que eran importantes para los aztecas (Códice Mendocino,1541, folios 19-56).[3] Lo anterior da cuenta de la existencia de dos lógicas de mercado en esta cultura, una de carácter interno y otra de carácter externo con otros señoríos.

Existe también información de que en los mercados los habitantes de su entorno y los propios vendedores eran informados acerca de la vida política y social que se desarrollaba en el imperio azteca. De manera que el mercado involucraba un importante espacio para establecer relaciones sociales (De Rojas, 1988).

Estas actividades comerciales de intercambio y punto de reunión social no cambian con la conquista y en la colonia, el trazo de la ciudad incluye la lógica del mercado a la que la población estaba acostumbrada. Comenta Villegas:

En el corazón de la traza se encontraba el centro administrativo, comercial y religioso de la Colonia. La plaza de armas recibía el mercado cotidiano. Rápidamente el tianguis de México se convirtió en el centro comercial más grande de la Nueva España y destronó al de Tlatelolco, el cual quedó fuera de la traza (Villegas, 2010, p. 95).

En los mercados coloniales era usual encontrar una variada mezcla de la población, en ella se podía observar indígenas, mestizos, mulatos, negros y españoles, aunque comenta Villegas que la mayoría de los vendedores eran indígenas, en este sentido podemos observar como el mercado colonial era ejemplo del mosaico social de las prácticas económicas de una región o localidad, además de develar la organización social y cultural alrededor de las mismas. Reporta Cervantes de Salazar:

Desde esta calle que, como ves, atraviesa la de Tacuba, ocupan ambas aceras, hasta la plaza, toda clase de artesanos y menestrales, como son carpinteros, herreros, cerrajeros, zapateros, tejedores, barberos, panaderos, pintores, cinceladores, sastres, borceguineros, armeros, veleros, ballesteros, espaderos, bizcocheros, pulperos, torneros, etc., sin que sea admitido hombre alguno de otra condición u oficio (1985, p. 42).

Esta narración da cuenta del cambio de oficios y el orden que se da a este mercado en función de la vida colonial a diferencia de las formas de organización y oficios que había en el México prehispánico. Cabe destacar que la relevancia o herencia precisamente estriba en que, en esta localidad de mercado, ocurrían circulación de mercancía, intercambio o trueque, información política y social, procesos de solidaridad entre las clases o castas, además que en la colonia surge el intercambio a partir del patrón de los metales (Silva, 2010).

En este sentido podemos observar cierta continuidad en la importancia y organización de los mercados dentro de la ciudad. A continuación, mostramos dos ilustraciones que permiten observar lo que se cree fue un mercado prehispánico y uno colonial. Estas ilustraciones podrían dar lugar a cuestionamientos como:

  • ¿Qué tipos de productos existían o se comercializaban?
  • ¿Qué nuevos productos se introducen?
  • ¿Quién integra la clase comerciante?
  • ¿Cómo opera el intercambio?
  • ¿Cuáles son las formas de circulación de los productos?
  • ¿Qué tipo de orden existe en estas dos localidades de mercado?
  • ¿Cómo se desarrollan las relaciones sociales dentro de estas localidades de mercado?
  • ¿Cuáles eran las formas de comercio o alguna herencia de los mercados prehispánicos a los coloniales? Y de ser así, ¿qué implicaciones tiene y para qué hacer trabajo de campo en los mercados de la ciudad de México en nuestro tiempo?

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Mercado de Tlatelolco (maqueta en el MNAH)

Para Polanyi, la comprensión en torno a la economía de mercado de las sociedades occidentales estuvo monopolizada por la ciencia económica, y afirma que la visión o exploración de las diversas economías tradicionales dotó a los antropólogos de elementos importantes para la discusión: “el estudio de las economías primitivas era sustancial a fin de comprender cabalmente la economía de las sociedades civilizadas” (1947, p. 74). En México este hecho no era la excepción, pues dentro de este territorio conviven como hemos dicho herencias de sociedades tradicionales que han derivado importantes trabajos antropológicos que conducen a la exploración de otras lógicas de intercambio, además de dar cuenta de cómo conviven en muchos casos ambas lógicas de intercambio, circunstancia que muestra el trabajo de Greenberg (2002) con su crítica al concepto de comunidad corporativa cerrada, dando oportunidad a mirar al comercio como un asunto que no respondía a una sola lógica de intercambio. Si no que en ésta vivían por lo menos dos lógicas las tradicionales y las precapitalistas que dan sentido a las localidades de mercado de nuestro tiempo además de dar cuenta de una lógica distinta de intercambio y circulación de los productos.

Cabe aclarar que estos cambios y herencias no ocurren de manera lineal, sino por el contrario, son profundos procesos que impactaron a las sociedades de manera trascendental y el trabajo antropológico permite dar cuenta de ello, pues dentro de las narrativas de los trabajos de campo de diferentes épocas podemos encontrar la configuración de los mercados, a partir de las observaciones de la dinámica de la población (raza, clase social, roles y oficios), además de dar cuenta de la composición cultural y social de una localidad y región, así como el funcionamiento y circulación de productos, debemos recordar que “el mejoramiento de la producción es acompañado de la dislocación catastrófica de la vida común” (Polanyi, 1957, p. 81). La transición del México prehispánico al colonial y al México independiente da cuenta de esta importante transición dotada de pliegues y relieves que involucrarían una tarea ambiciosa para su explicación y que no es el objetivo de este trabajo, pero que nos parece importante señalar debido a que para comprender las dinámicas de la localidad de mercado en el presente siglo debemos tener claridad de estas herencias y transiciones.

En particular se debe enfatizar la importancia de la localidad de mercado que sobrevivió y se reconfiguró a los tiempos y a los modos de producción, consumo e intercambio en la ciudad de México y el ejemplo más claro es el mercado de la Merced.

La Merced en el tiempo

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 Mercado El Parián en la Plaza Mayor durante la Colonia (autor: Juan Antonio Prado, ca. 1769, fragmento).

En el México independiente, en el centro del país tuvo continuidad la importancia de los mercados y la Merced sobrevivió a la herencia prehispánica y colonial, su importancia radicaba en la importante conexión de los productos con regiones como Chalco, Xochimilco y Texcoco, por mencionar algunas. Otros mercados la antecedieron como Tlatelolco y el Volador. La Merced se fundó hacia 1594 en las inmediaciones del Convento de Nuestra Señora de la Merced, ubicado en la parte oriente del Centro Histórico. Hasta allí llegaba el llamado Canal de la Viga[4] donde por medio de lanchones o trajineras se transportaban las mercancías al centro de la ciudad.

La Merced inició como un mercado de calle. No estaba dentro de un inmueble en sus primeros tiempos, pues seguía bajo la lógica del mercado prehispánico, es decir, la alineación de puestos unos frente a otros; fue en el porfiriato cuando tuvo su transición a mercado establecido.

Las reseñas de este barrio cuentan que la demografía era variada pues además de la población local, en los años treinta fue un espacio que acogió numerosos inmigrantes procedentes del espacio rural, así como españoles, libaneses, chinos, judíos, árabes, entre otros, pues el mercado era una importante fuente de trabajo para las personas que venían de provincia y de otros lugares a la ciudad (Hernández, 1997).

Para la década de los cincuenta el antiguo mercado fue demolido, y en 1957 fue construido, con diseño del arquitecto Enrique del Moral, el nuevo Mercado de la Merced, a un costado de una moderna avenida: el Anillo de Circunvalación, que pertenece, hoy día, a la delegación Venustiano Carranza de la Ciudad de México.

La Merced una observación de corte etnográfico

A primera vista, el paisaje urbano de la Merced en nuestros días, no tendría mucho que ver con aquella Merced de la colonia o del porfiriato, pero bastaría una inmersión en esta localidad para dar cuenta que, en ella, conviven herencias de intercambio tradicional y formas de intercambio capitalista. Dar cuanta de las transformaciones de esta localidad de mercado podría quedar enmarcado con la simple descripción del acceso a ella:

Llegar a la Merced por medio del metro de la ciudad, resulta más sencillo, pues hacerlo por fuera requiere de mucha paciencia, las avenidas están siempre a tope y es fácil perderse en una zona comercial como está, invadida por puestos ambulantes en la calle (Valdés, 2015).

Realizar el recorrido en el transporte subterráneo permite ubicar la diversidad de la población que se dirige a esta localidad de mercado, además de percibir los olores de cebollas, chiles y ajos que no dejan duda de que has llegado a dicha localidad.

El mercado de la Merced está integrado por dos naves: una mayor y otra menor, además de un paso a desnivel. Para visitarla se requiere de una cierta claridad en los accesos, las formas de transporte, túneles y trazas internas:

Al bajar del metro, se debe tomar la salida que te lleva directamente a la nave mayor donde se vende frutas, verduras y legumbres, para ir a la nave menor se debe cruzar la calle o pasar por el pasaje que divide las naves ahí encuentras carnes, pescado, lácteos, abarrotes y carnes frías, también en el paso a desnivel hay venta de comida preparada y antojitos… bueno, ya no es como antes, ahora donde quiera se encuentran cosas y es difícil caminar (Argüelles, 2015).

Pero ¿quiénes venden y quiénes compran en el mercado de la Merced? ¿Cómo ocurre el intercambio?

La población que asiste es diversa; entre los vendedores se encuentran los que son locatarios fijos en el inmueble y los ambulantes. En ambos existen migrantes de zonas rurales como: Puebla, Oaxaca, Morelos, Estado de México, la mayoría de ascendencia indígena. No en todos los casos los vendedores de ascendencia indígena guardan un estrecho vínculo con la comunidad de origen (comentan algunos locatarios), pues en algunos casos ese vínculo fue perdiéndose conforme desarrollaban su vida cotidiana y se casaban sus hijos con personas en la ciudad. Por otro lado, también están los indígenas que llegaron a la ciudad hace menos tiempo, este grupo se caracteriza por tener continuidad y vínculo con su comunidad de origen, se mueven en grupos y hacen uso de su lengua materna y usan vestidos tradicionales. Por último, tenemos a los hijos de los inmigrantes de otros tiempos con ascendencia judía, libanesa. Además de lo que podríamos describir como población mestiza con ascendencia más urbana.

Este tema de las relaciones familiares, los lazos o redes que se muestran dentro de esta localidad de mercado, podríamos considerar la posibilidad de estudiarlo como posibles relaciones que responden y operan frente a la idea de reciprocidad:

La ‘reciprocidad’ es un juego simétrico, donde un lazo social se expresa por la vía de una transferencia de valor.[5] Esta transferencia podrá ser temporalmente simultánea a su contraparte, o bien esta estará temporalmente diferida. Podrá ser dual o podrá ser tercerizada y transitiva, pero en todos esos casos “recíprocos”, sean alimentos, sean novias, sean niños, sean prestaciones de trabajo, sean canoas o cerdos, a) se da algo que no se vuelve a ver, y se retribuye con un valor equivalente. b) La suma de lo que uno se desprende y lo que el otro recibe es igual a cero (Abduca, 2007, p. 118).

En este sentido podríamos pensar que dentro de esta localidad de mercado ocurren intercambios en otro sentido. No es tarea de este trabajo realizar una exploración exhaustiva sobre el tema, pues necesitaríamos de otros elementos de carácter etnográfico para lograr un tejido fino al respecto. Pero sí se quiere demostrar algunas ideas que surgen de la visita de observación de corte etnográfico a la Merced.

Para mostrar o acercarme un poco a los consumidores de este mercado, decidí observar a una familia haciendo compras. Esta familia tiene 10 años visitando el mercado, y está integrada por tres hermanos, dos hombres y una mujer, de clase media, la mujer trabaja como profesora, el hermano mayor trabaja con judíos desde hace 10 años en mueblerías y el menor está terminando la universidad. Al realizar sus compras me di cuenta de que tenían bien ubicados los puestos de sus marchantes:

Hermana:

–Qué paso marchanta, cómo está, deme un kilo de calabacita tierna.

Señora del puesto:

–Bien güerita, aquí, ya sabe, con los dolores de pierna, ahorita se lo pongo (observación, 2015).

Seguimos caminando entre los diferentes puestos de la nave mayor, encontramos a otra “marchanta” como se refiere la hermana a las señoras que venden en los puestos.

Ahí ocurrió un asunto de intercambio que me pareció peculiar. En este puesto se compró toda la verdura que corresponde a hortalizas: lechuga, germinado de soya, berenjena, tomatitos, etc., al pagar, la señora no tuvo cambio, y regresó a la hermana un puño de ajos de cabeza grande, la hermana contestó: “gracias, ¿segura que así está bien? La señora respondió: sí güerita”. El cambio eran 10 pesos que fueron devueltos en especie, no hubo ninguna discusión para recuperar el cambio en moneda, fueron intercambiados sin ninguna discusión. Mi sorpresa era que esa medida de intercambio era completamente aceptada por la hermana ¿Cómo saber si correspondían con el valor monetario? ¿Se trataba de un trueque? ¿O era simplemente una práctica común en el mercado? ¿Operó alguna presión mi presencia? Son preguntas difíciles de responder con un ejercicio tan corto de observación, pero que permiten sin lugar a dudas plantear importantes preguntas para el desarrollo de un trabajo de campo serio en esta localidad de mercado.

Conclusión

El espacio y el tiempo para desarrollar este ejercicio es corto para lograr retratar a esta localidad de mercado después de la experiencia de transitar por ella, además de conocer algunos materiales que me ayudaron a entender que, en ella, existen diversas lógicas de intercambio que guardan relación con una estructura de población que opera bajo un mosaico multicolor heredera de tiempos y de espacios distintos que se reconfigura y se expresan en este tiempo que permite dar cuenta de esas herencias.

No se trata más que de tierra fértil para la exploración antropológica y en particular para el trabajo de campo de la antropología económica. Pues dentro de la dinámica interna de este espacio podemos explorar los procesos de intercambio, de consumo y su vínculo con la producción, además de encontrar otras áreas de la economía que devela la antropología económica, es aventurado decir que podemos encontrar una convivencia de formas de intercambio y consumo tradicional y capitalista porque para ello tendríamos que realizar un trabajo más profundo; sin embargo, podemos observar que:

Algunos de estos rasgos pueden tener raíces prehispánicas, éstos han sido en igual manera un producto de cinco siglos de integración a la economía mundial y al sistema de dominación de la sociedad más amplia. No obstante, tales elementos no capitalistas continúan definiendo un conjunto distintivo de valores y códigos morales (Greenberg, 2002, p. 134).

De manera que el mercado siempre ha formado parte importante en el contexto de nuestra ciudad. Pero es de destacar que el elemento de proceso y transición de estos mercados en los diferentes modos de producción, resultan significativos para el trabajo de campo antropológico, pues este no emana de un simple paso de una economía tradicional a una medieval como fue el caso de las economías europeas y después industrial, sino que debemos buscar dentro de la dinámica de los mercados actuales algunas reminiscencias que nos ayudan a dar cuenta de un importante proceso de transformación. Por ello nos resulta relevante hablar de ciertos datos respecto de la transición de los mercados mexicas y su permanencia en la colonia y en nuestros días. Nos lleva a la pregunta que Malinowski se hizo en su etnografía de Oaxaca: ¿Qué ocurre en los mercados de México? Cuestionamiento que da pie a abrir la discusión de los procesos de economía clásica e invita a escena a la antropología económica y su metodología etnográfica para derivar preguntas y reflexionar acerca de esa fetichización de los mercados, de eso que invisibiliza el dato cuantitativo o el enfoque clásico que, como dice Malinowski, muestran el árbol pero ocultan el bosque.

Bibliografia

Abduca, Ricardo (2007). La reciprocidad y el don no son la misma cosa. Cuadernos de Antropología Social, N°. 26, pp. 107-124, Universidad de Buenos Aires Buenos Aires, Argentina. Disponible en: http://www.redalyc.org/pdf/1809/180914245006.pdf

De Rojas, José (1986). México Tenochtitlan. Economía y sociedad en el siglo XVI. Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán.

Durán, Fray Diego (1984). Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme. México, Porrúa.

Fox, Richard (1977). Urban Anthropology Cities in their cultural settings. New Jersey: Prentice-hall.

Gaggioli, Naymé (2014). El mundo financiero como objeto antropológico, Runa, vol. 35, N°. 1, pp. 41-60 Universidad de Buenos Aires Buenos Aires, Argentina. Disponoble en: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-96282014000100003&lng=es&nrm=iso

Greenberg, James (2002). El capital, los rituales y las fronteras de la comunidad corporativa cerrada. Desacatos. N°. 9, primavera-verano, pp. 132-147. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Distrito Federal, México.

http://www.redalyc.org/pdf/510/51015546003.pdf

Malinowski, Bronislaw (2011). La economía de un sistema de mercados en México. México: Universidad Iberoamericana.

Polanyi, Karl (2012). La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. México: FCE.

Silva, Jorge (2010). El mercado interno colonial novohispano. Siglos XVIII-XIX. Evidencias y resultados Economía y Sociedad, vol. XIV, núm. 25, enero-junio, pp. 33-50. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Morelia, Distrito Federal, México. Disponible en: http://www.redalyc.org/pdf/510/51015546003.pdf

Vilchis, Flores (2010). Reseña de “El barrio de La Merced: estudio para su regeneración integral” de Ricardo Antonio Tena Núñez y Salvador Urrieta García (Coords.). Cuicuilco, vol. 17, N°. 48, enero-junio, pp. 331-334. Escuela Nacional de Antropología e Historia. Distrito Federal, México. Disponible en:

http://www.redalyc.org/pdf/351/35117051017.pdf

Villegas, Pascale (2010). Del tianguis prehispánico al tianguis colonial: Lugar de intercambio y predicación siglo XVI, Estudios Mesoamericanos Nueva época. N°8. Enero-junio. pp. 93-102 México. Disponible http://www.iifilologicas.unam.mx/estmesoam/uploads/Vol%C3%BAmenes/Volumen%208/Villegas-tianguis-prehispanico.pdf

Weber, Max (1987). La ciudad. Madrid: Piqueta.

Entrevistas informales

Señora Rosa Hernández (1998). México, D.F.

Valdés, Roberto (2015). México, D.F., 7 de noviembre.

Argüelles, Guillermo (2015). México, D.F., 10 de noviembre.

Observación en la Merced (2015). México, D.F., 7 de noviembre.

Notas 

[1] Nos referimos que los datos a los cuales tenemos acceso acerca de la gran Tenochtitlan, son en su mayoría elaborados por religiosos y por los conquistadores, si bien es cierto que el colegio de Tlatelolco permite una recuperación importante de materiales elaborados por los propios indígenas, estos no escapan al filtro de sus profesores franciscanos de la época.

[2] El mercado de Tlatelolco cobró mayor relevancia cuando este señorío formó parte de la cultura azteca (Villegas, 2010).

[3] Ver http://codicemendoza.inah.gob.mx/inicio.php?lang=spanish consultado el 10 de noviembre de 2105, a las 4:31 pm.

[4] En lo que actualmente conocemos como La Viga y Santa Anita. En los siglos XVI al XIX, al canal prehispánico se le llamó Acequia Real. Su valor como vía de comunicación podría equipararse al de nuestra moderna Insurgentes (Enríquez, s/f)) disponible en:

http://guiadelcentrohistorico.mx/archivogeneral de la nación

[5] “Son esas cadenas invisibles que ligan las relaciones entre cosas y las relaciones entre gentes” (Abduca, 2007, p. 117).


 * Profesora de Tiempo Completo de la Universidad Pedagógica Nacional-UNidad Ajusco.

 

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