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Conocimiento e intervención multidimensional del TEA

Revista núm. 23 - Enero/Junio 2018

Audición y trastornos del espectro autista 

Hearing and autism spectrum disorders 

Mario Antonio Mandujano-Valdés[*] 

MARIO 200px

Resumen

Los autores analizan la percepción y la pérdida auditiva en los Trastornos del Espectro autista (TEA). El TEA y la hipoacusia tienen rasgos comunes durante los periodos de lactancia y edad pre escolar y pueden confundirse. Además en el TEA hay alteraciones de la percepción auditiva, tanto hipo, como hiper reactividad a la estimulación sonora. Método. Revisión de la literatura con información clínica, epidemiológica y de investigaciones de neurociencia cognitiva.Resultados. La hipoacusia en casos de TEA es más frecuente que en la población. Se analizan los mecanismos fisiológicos como posible explicación de la hipo y de la hiper reactividad, entre ellos los trastornos regulatorios de naturaleza vagal y dificultades de la conectividad cerebral. Conclusiones. Se requiere investigar la función auditiva en todos los casos del TEA.

Summary

The authors analyze the perception and hearing loss in the Autism Spectrum Disorders (ASD). The TEA and hearing loss have common features during periods of lactation and pre-school age and may be confused. In addition to the TEA there are alterations of the auditory perception, both hiccup, as hyper reactivity to stimulation. Method. Review of the literature with clinical, epidemiological information and cognitive neuroscience research. Results. The hearing loss and deafness in cases, ASD are more frequent than in the population. Physiological mechanisms are analyzed as a possible explanation of the hypo and hyper-reactivity and responsivity, among them the vagal nature regulatory disorders and difficulties of the brain connectivity. Conclusions. It is required to investigate the hearing function in all cases of ASD.

Palabras clave: trastornos del espectro autista, sordera, hipo responsividad auditiva, hiper responsividad auditiva, regulación vagal.

Keywords: autism spectrum disorders, deafness, auditory hypo responsivity, hiper responsivity, vagal regulation.

 

El autismo, considerado en la actualidad como una amplia variedad de manifestaciones, bajo el concepto de Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que interfiere con la interacción social y la comunicación, que impacta sus relaciones, tornándolas restringidas y estereotipadas, además de la tendencia a manifestar actividades motoras estereotipadas. En este contexto, resulta indispensable el análisis de la función auditiva en el contexto de la neurociencia cognitiva (CIE-10, World Health Organization, 1989).

La audición constituye uno de los sistemas de exterocepción de los seres vivos. Su origen evolutivo aunque es posterior al de los sistemas visuales, surge en periodos muy tempranos, tanto en lo filo como en lo ontogenético. Su antecedente en los peces es el órgano lateral, cuyo funcionamiento está relacionado con el mantenimiento de la posición y la navegación, que se modificó con la emergencia de los organismos del ambiente acuático. Los sistemas sensoriales que se desarrollaron en la naturaleza para captar el sonido fueron extremadamente creativos a partir de los anfibios y los reptiles, siempre relacionados con los sistemas de control del equilibrio y la navegación, hasta llegar a la complejidad del laberinto estatoacústico (Sarnat, H., 1974, p. 86). En el caso de los humanos el sistema logró una máxima especialización, consistente en la capacidad de ajustar las características de la entrada acústica con las de los sonidos producidos, es decir, el aprendizaje vocal, en tanto substrato neurobiológico y conductual del lenguaje. La convergencia de funciones implica una organización que solo un cerebro altamente desarrollado pudo lograr.

Algunos trastornos y alteraciones del desarrollo se definen en este contexto fisiopatológico. Tal es el caso de los Trastornos del Espectro Autista, caracterizados al menos por trastornos sensoriales, del lenguaje y de la interacción social. En algunos casos puede superponerse o complicarse con alteraciones de la percepción auditiva y la hipoacusia.

En los siguientes apartados se discutirán las condiciones de la audición en casos diagnosticados como TEA y los casos primariamente hipoacúsicos que pueden coincidir con TEA, aunque en lactantes y pre escolares ambas condiciones se pueden confundir: Autismo con hipoacusia e Hipoacusia y Autismo.

Es posible plantear una primera pregunta: ¿El autismo, puede aparecer como hipoacusia? Y en ese orden de ideas, ¿la hipoacusia puede enmascarar al autismo? Para postular la última, considerando los cambios en la percepción auditiva del autismo, ¿pueden coincidir, autismo e hipoacusia? y ¿qué otras alteraciones de percepción auditiva caracterizan al autismo? Estas interrogantes conducirán las siguientes líneas.

Hipoacusia y autismo

Aunque el problema es muy complejo, la información de naturaleza epidemiológica es escasa. De los datos obtenidos en la encuesta anual del Instituto Gallaudet 2006-2007 (Annual Survey of Deaf and Hard of Hearing ChiIdren and Yout), de 35,706 casos investigados, 469 tuvieron diagnóstico de autismo: 1/76 casos (Symansky, 2008, p. 10). En la encuesta anual del Instituto Gallaudet 2009-2010 (Annual Survey of Deaf and Hard of Hearing ChiIdren and Yout) 1 en 59, específicamente de 8 años de edad, con pérdida auditiva requirieron servicios por TEA (Symansky, 2012, p. 2027), tasa superior a la estimada de 1 en 1000 en población abierta. En otra serie publicada de un grupo de 199 niños y adolescentes (153 niños, 46 niñas) con trastorno autista, evaluados por audiología (Rosenhall, 1999, p. 349), 7.9% tuvieron Hipoacusia leve, 3.5% de los casos tuvieron pérdida bilateral profunda o sordera, vs. 1:1000 en población abierta e hipoacusia profunda unilateral 1.6%, de los que pudieron ser evaluados adecuadamente. En una revisión sistemática y de meta análisis, (Do. B., 2017, p. 212) entre 1994 y 2016 de 1248 artículos se seleccionaron 15, que cubrieron criterios rigurosos de inclusión, se estimaron el riesgo relativo para TEA (ASD en inglés) de cursar daño visual o daño auditivo, comparado con la población general. La prevalencia de TEA y daño visual fue 19% (95% CI 13-25%) y 9% (95% CI 6-12%) para daño auditivo. La conclusión, considerando las altas tasas reportadas de prevalencia de TEA en población general (2-4 por 10,000, se acepte o no aumento secular) y considerando los riesgos para daño visual y auditivo, todos los casos deberían ser evaluados para detectar y diagnosticar tales alteraciones y discapacidad visual o auditiva, aunque autores como Beer, A.N. no han logrado esclarecer con certeza la relación hipoacusia-autismo en una revisión sistemática del tema (Beers, A. N, 2014, p. 95).

Para ambos casos, el diagnóstico es tardío o al menos posterior al diagnóstico basal, 2 a 3 años habitualmente. Ambas condiciones, autismo y alteración sensorial tienen características comunes al menos en periodos tempranos, lactancia y periodo pre escolar. La tasa de prevalencia de hipoacusia es más alta en casos con TEA que en la población abierta, (Do. B., 2017, p. 212). Symansky recomienda aplicar la lista de características frecuentes del autismo en los casos hipoacúsicos, problemas en la interacción social, auto estimulación, conducta estereotipada, rechazo o poca tolerancia al contacto físico, entre los más comunes, así como la evaluación exhaustiva de la audición en todos los casos con TEA.

El caso de los hipoacúsicos es particular, además de lo tardío del diagnóstico es particular por otras razón, especialmente desde que surgió el implante coclear. Se han implantado casos hipoacúsicos, antes del diagnóstico de autismo, la evaluación de su aceptación y utilidad todavía no permite derivar conclusiones ni recomendaciones, para algunos parece favorecer la comprensión de los sonidos del lenguaje, pero para otros no se ha podido evaluar con los procedimientos habituales y no se ha propuesto un método específico para estos casos (Lachowska, 2016; Valero, 2016, p. 200).

Investigaciones de la función auditiva en casos de TEA

La información relacionada con el diagnóstico de la hipoacusia es inconsistente, además, la evaluación audiológica mediante respuestas conductuales es muy complicada, por lo que se recomienda realizar audiometría de potenciales de estado estable en los casos dudosos, sea por estudios conductuales, emisiones otoacústicas o potenciales evocados auditivos del tallo cerebral (François, M., 2012, p. 282). Aunque se ha publicado información, los resultados varían ampliamente: cambios en las amplitudes y latencias de las diferentes ondas I a V de los potenciales evocados auditivos (Miron, 2016, p. 689), patrones diferentes de las emisiones otoacústicas (Benetto, 2017, p. 1663), tanto en estudios clínicos, como de investigación. Es pertinente señalar que la comprobación de umbrales normales para la audición, no garantiza los procesos de percepción auditiva.

Desde el punto de vista de los procesos de percepción auditiva, restan dos puntos de gran interés, la hiperacusia y la hiporresponsividad a la estimulación sonora.

Hiperacusia. La hiperacusia incluye el descenso del umbral de molestia de la audición del sonido ambiental y puede hacerlo intolerable o aún doloroso. Las múltiples definiciones y sus implicaciones para la vida cotidiana y podríamos agregar para la calidad de vida han sido investigadas desde diversos enfoques, audiológico, psicoacústico, etnográfico, (Khalfa, 2004, p. 87; Tyler, 2014, p. 402). Hay numerosos estudios etnográficos y testimoniales de la hiperacusia, que pueden motivar respuestas emocionales severas y pueden motivar movilidad estereotipada (Rosenhall, 2003, p. 206) estimó que el 18% de los casos que investigó manifestó hiperacusia, comparada con 0% en los casos control.

En las décadas previas en los portadores de enfermedad de Meniere se investigaba la hipersensibilidad al sonido mediante un procedimiento diseñado por Von Bekesy, los pacientes eran capaces de discriminar mínimos cambios de intensidad del sonido, sin embargo, ese procedimiento ha caído en desuso. Khalfa emplea una técnica llamada Rango dinámico auditivo (ADR, Auditory dynamic range) que consiste en comparar el umbral mínimo de percepción, con el aumento de intensidad que resulta molesto para los casos, citando a Goldstein y Shulman, (1996), demuestra de manera instrumental que las personas con autismo tienen el rango muy cerrado, infiriendo la hiperacusia (Khalfa, S., 2004, p. 87).

Se han postulado al menos dos hipótesis generales, atractivas para tratar de explicarla Tyler propone la disfunción de la actividad inhibitoria de la vía eferente, olivo coclear media (Tyler, 2014, p. 408). Esta vía ejerce una función inhibitoria sobre las células ciliadas externas de tal manera que la percepción de sonidos habituales del ambiente, resulta de mayor intensidad subjetiva. Lucker y Doman (2015) citando a Moller y asociados, proponen otra hipótesis, que la vía auditiva clásica, cóclea, nervio auditivo, complejo olivar superior, lemnisco lateral, colículo inferior, núcleo geniculado medial, cortez auditiva, se sustituye parcialmente por una vía, activa a edades tempranas, que denominan “no clásica” se desprende de la vía clásica a nivel del núcelo externo del lemnisco lateral, se proyecta, a la vez que recibe estímulo de la formación reticular, que implica conciencia, detección y atención de la aferencia sensorial, incluyendo la audición, va al tálamo, pero no a los cuerpos geniculados mediales. Va hacia áreas de proyección del sistema límbico y al lóbulo temporal, implicados en respuesta emocionales y por el núcleo de la amígdala las memorias emocionales. La vía no clásica no excluye la clásica, pero genera respuestas emocionales. Tiene otras conexiones sensoriales que fundamentan que en algunos casos la hiper estimulación táctil, genera hiperacusia. Así, la hipersensibilidad auditiva es una respuesta emocional (límbica) al sonido y no una respuesta del sistema auditivo (Lucker, J. R., 2015). Complementan además el planeamiento hipotético con las aportaciones de S. Porges sobre el X par craneal, denominada teoría polivagal que en su versión más elemental postula que el nervio vago regula las respuestas emocionales automáticas (Porges, S., 2010, p. 255). Lucker y Doman, propusieron un sistema terapéutico cuya descripción trasciende los objetivos de este artículo.

Finalmente, se analiza la hipo responsividad que constituye una de las dificultades de mayor impacto del procesamiento auditivo, tan frecuente como impactante para la interacción social. Estas manifestaciones se observan desde periodos iniciales del desarrollo y continúan durante el ciclo vital. Se caracteriza por la falta, disminución o retardo de las respuestas conductuales esperadas ante los estímulos auditivos en general y de comunicación en especial (Simon, 2017, p. 3191; Baranek, G. T., 2013, p. 207), incluyendo falta de reacciones de orientación hacia sonidos novedosos, a estímulos molestos o dolorosos al tacto, pobre respuesta a la voz humana y posiblemente algunas alteraciones del lenguaje, tanto receptivo como expresivo. Considerando que el TEA es un trastorno del neurodesarrollo que interfiere con la interacción social y la comunicación, al afectar el interés de sus relaciones tornándolas restringidas y estereotipadas, se ha planteado que estas manifestaciones conductuales se deban a una coherencia central restringida, a alteración del proceso complejo e inclusive a dificultades de la actividad mental o teoría de la mente. En virtud del avance de las neurociencias se han generado diversas hipótesis, como posibles mecanismos, que intentan responder a la urgente necesidad de investigación tanto de comportamiento como de ciencia básica acerca de las funciones de procesamiento (Jeste, 2009, p. 495).

Con respecto a las investigaciones sobre la alteración del procesamiento auditivo, conviene hacer algunas considraciones previas. Por una parte, se ha señalado como pre requisito que los umbrales de audición sean normales, pero, por otra parte, dada la heterogeneidad clínica y la co-morbilidad del TEA, así como el espectro de estudios tan amplio en reducido número de casos, solo se describen de forma resumida, sin derivar conclusiones. Se presentan como ejemplo algunas investigaciones, sin pretender que sean las mejores o las más representativas, pero ilustran el panorama general de actividades y estrategias. Los métodos son muy variados y no es posible comprarlos entre sí. Se han reportado estudios tanto en infantes y pre escolares a riesgo para desarrollar autismo o en quienes posteriormente se diagnosticó, así como en casos ya diagnosticados con diferentes grados de rendimiento y a diferentes edades. Se han empleado métodos neurofisiológicos tempranos tradicionales y técnicas de neurociencia cognitiva de alta complejidad, incluyendo métodos de imagen. En algunas investigaciones se han estudiado además variables cognitivas y de lenguaje, incluyendo estimulación de contenidos y naturaleza sociales, pero es muy difícil aceptar las conclusiones planteadas por los autores, dado que no se controlaron con precisión el rendimiento cognitivo, las trayectorias por edad, las condiciones socioeconómicas o los programas de intervención en que están incluidos, no obstante se presentarán de manera sucinta. Además no se reporta de manera específica el perfil conductual, es decir, si los casos estudiados manifestaban poca respuesta a la estimulación sonora en general o al lenguaje en particular.

Benetto y Keith investigaron emisiones otoacústicas (productos de distorsión [DPOAEs]), emisiones transientes evocadas y supresión eferente en 35 casos de 6 a 17 años de edad, con TEA de alto rendimiento. Los casos con TEA tuvieron notable reducción en las respuestas de productos de distorsión en el rango de 1 kHz aunque las respuestas en regiones de 0.5 y 4-8 kHz fueron similares con los casos control. Además, en las respuestas transientes tuvieron emisiones disminuidas en frecuencias similares (Benetto, L., 2017, p. 337). Aunque los cambios no son severos, pueden contribuir, ya que estas respuestas están moduladas por las vías eferentes olivococleares.

En relación con el retardo en la conducción nerviosa Miron ycol. reportaron en concordancia con otros autores alteración de los potenciales evocados del tallo cerebral (ABR del idioma inglés). Encontraron que en casos que posteriormente se diagnosticaron como autistas la onda V estuvo significativamente prolongada y plantean que estos hallazgos podrían ubicar a lactantes muy pequeños, como casos a riesgo de autismo (Miron, 2016, p. 689). Santos y col. reportaron además alteraciones de la onda I (Santos, 2017, p. 1300). Este dato sugiere alteraciones de la conducción en el tallo cerebral. Sin embargo, en un artículo de revisión anterior a los señalados, Klin en 1993 comentó que en 11 investigaciones sobre respuestas evocadas en TEA los resultados fueron contradictorios, así como se reportaron retardos, también acortamiento de latencia o latencias normales, lo cual orienta a considerar con precaución alteraciones del tallo cerebral (Klin, 1993, p. 15).

Las investigaciones del procesamiento perceptual del dominio auditivo empleando potenciales relacionados con eventos (ERP event related potentials del idioma inglés) son muy abundantes, tienen una larga tradición. Jeste, S. et al. han hecho una revisión crítica de su empleo y citan a Ornitz et al. (1968, 1974 y 1976) quienes postularon alteraciones de las funciones auditiva y vestibular del tallo cerebral y mesencéfalo, pero el procesamiento cortical de la percepción auditiva requiere estudios de mayor complejidad ya que implica codificación, discriminación y atención a los estímulos, para transitar de un proceso inconsciente a una transformación voluntaria para obtener una respuesta. De los potenciales relacionados con eventos investigaron también MMN (miss match negativity), empleando paradigmas simples de repetición de estímulos a una tasa constante y en siguiente nivel de complejidad variando las frecuencias, intensidad, tono y localización de los estímulos. Estos paradigmas, al no requerir respuestas conductuales tienen una amplia posibilidad de aplicación, aún en caso de niños muy pequeños o de bajo perfil cognitivo. Con el propósito de investigar respuestas de MMN y otras respuestas como N1 y P3 de los participantes se empleó también el paradigma de “estímulos raros” (oddball) y de estímulos novedosos. Los datos publicados por Ferri y col. muestran diferencias entre los casos con TEA y los controles, cuyo detalle trasciende los objetivos de este texto, sin embargo, las observaciones entre las distintas modalidades no tienen una tendencia consistente y a temprana edad, en comparación con adultos, demuestran cambios con el desarrollo (Ferri, R. 2003, pag. 1671). Los autores postulan que al menos una parte de los MMN se genera en la corteza auditiva y que también pueden tener un generador frontal que posibilita el cambio de la atención involuntaria al sonido detectado pre-perceptualmente (Jeste, S. S., 2009, p. 39).

Edgar y col. emplearon Magnetoencéfalografía (MEG) y Resonancia Magnética (MRI) simultánea, en casos con TEA y controles, examinando actividad en los dominios temporal y tiempo-frecuencia.

En su investigación trataron de examinar la maduración de la circunvolución temporal superior (STG superior temporal gyrus). En los cortes transversales de la resonancia magnética se encontraron diferencias que interpretaron como anormalidades en el desarrollo de la función auditiva primaria y secundaria. En las respuestas de las MEG, reportaron variaciones de la onda M100 y poco cambio en la actividad de M200 en función de la edad y además, asimetrías atípicas interhemisféricas (Edgar, 2015, p. 69). En el estudio de la actividad oscilatoria de las redes neurales encontraron actividad oscilatoria en un amplio rango de frecuencias. Se trata de un método muy reciente, promisorio para la investigación de alteraciones del lenguaje y para el diagnóstico temprano del autismo. Demopolous y col. en un estudio comparativo reportaron alteración de la latencia de la onda M200 en la corteza auditiva del hemisferio izquierdo, sin diferencia en las latencias somatosensoriales. El retardo de la onda M200 se asoció con los resultados del índice de comprensión verbal del WISC-IV así como en el índice de la prueba DSTP (Differential Screening Test for Processing). Los autores derivaron dos tipos de conclusiones, por una parte la correlación de los cambios con las capacidades verbales que pudiera estar implicada en los datos de alteraciones comunicativas de los casos con TEA, así como la especificidad de la alteración en contraposición con un cambio global. Comentaron además que estos hallazgos motivan futuras investigaciones en el campo de la disfunción sensorial en el cerebro en desarrollo (Demopoulos, 2017, p. 11).

Se han postulado otras hipótesis como los problemas de auto regulación: disfunción de los sistemas autónomos simpático parasimpático (Vagal). S. Porges ha descrito dos tipos de reacciones en lo que denominó Teoría Polivagal, aunque esbozadas en apartado previo, se comentan en el contexto de la regulación sensorial. La regulación visceral es un importante componente de procesamiento emocional, influido por la experiencia social. La disfunción de los sistemas de regulación visceral puede ser un componente, tanto de estados disfóricos como de trastornos emocionales, con consecuencias negativas para la interacción. Porges ha propuesto un modelo de tres etapas (Porges, 2007, p. 116; Porges, S., 2010, p. 255; Feldman, R., 2009, p. 544). En la primera, las condiciones estresantes generan por la vía de fibas no mielinizadas reacciones de bloqueo cardiaco (bradicardia) e inmovilización. En una siguiente fase la emergencia del sistema simpático regula la anterior y produce movilización de tipo “volar o pelear” (“fight or flight)”, condiciones fisiológicas de las respuestas emocionales rápidas. Un tercer estadio exclusivo de los mamíferos genera reacciones de adaptación cardiovascular y metabólica, para la conexión o desconexión con el ambiente. Por su relación con los pares craneales regula los componentes de la interacción social de la audición, por la vía de los músculos el oído medio, la expresión facial, la vocalización, las reacciones de orientación de la cabeza y la postura por el sistema vestibular. La rápida regulación sobre el sistema cardio-respiratorio hace posibles las interacciones sociales rápidas (Porges, 2007, p. 117; Herbert, 2004, p. 772; DeGangi, 2000, p. 156; Geva, R., 2008, p. 1031; Geva, R., 2013, p.158). Esta plataforma de funcionamientos es el sistema para el vínculo social que conforme el infante madura transita de un sistema reflejo del tallo cerebral a un sistema bajo control cortical que hace posible el comportamiento social. Conviene agregar una cuarta etapa, en la que los procesos cognoscitivos constituyen el ámbito de los procesos regulatorios, que implican los procesos mentales interiores, así como la interpretación de los procesos mentales de quienes les rodean, actualmente englobados en los planteamientos de la ”teoría de la mente” y de las “neuronas espejo”. Aunque no pueden circunscribirse al campo de la percepción auditiva, la regulación cognoscitiva y sobre todo la comunicación y el lenguaje requieren la codificación de la información que ingresa por esta vía y depende de sus mecanismos más complejos. Si los casos del TEA operan con información incompleta o incorrecta acerca de los demás, no puede esperarse que actúen apropiadamente ante situaciones sociales. La información del contexto es necesaria para regular el comportamiento individual (Bechavalier, J., 2006, p. 97). Aún considerando la importancia del tema, no es posible profundizar más en el análisis, sino intentar buscar instancias de síntesis e integración.

Habiendo llegado a este punto, no hay duda de la importancia de los hallazgos y de los avances logrados, sin embargo, la comprensión de los problemas del TEA sigue siendo muy limitada y no permite derivar estrategias de intervención terapéutica. Karmiloff-Smith plantea dos tendencias generales de explicación en los trastornos del desarrollo como el TEA y el síndrome de Williams, señalando las disyuntivas nativista-constructivista y de alteraciones modulares-alteraciones de conectividad y funcionamiento global del cerebro (Karmiloff-Smith, A., 2009, p. 56). Mediante el enfoque nativista y de alteración regional o modular se postulan cambios funcionales, como retardo en la conducción en el tallo cerebral, inmadurez de los sistemas parieto temporales, orbitofrontales, de la amígdala, pero aunque se ha postulado asociación, no se logran explicar las funciones más generales como la comunicación y menos con los mecanismos propuestos por la teoría neuroconstructivista del desarrollo de las estructuras en relación con la actividad dentro del ambiente: celularización (encellment), dentro de un cerebro en proceso de organización (embrainment), dentro de un cuerpo (embodyment) y en un sistema social (ensocialment) al seno del cual tendrá que desarrollarse mediante la conexión sensorial y perceptiva con el medio, la interacción, la relación emociconal, la comunicación, en contexto (Mareschal, D., 2007). Tales elementos constituyen la base para plantear las alteraciones del desarrollo como un trastorno evolutivo susceptible de detección e intervención tempranas, con mira a prevención de la discapacidad infantil.   …Mareshal

Referencias

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[*] Dr. Mario Antonio Mandujano-Valdés. Médico. Maestría en Rehabilitación Neurológica. Doctorado en Antropología Física. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I.
Profesor Investigador, Titular del Posgrado: Maestría en Rehabilitación Neurológica. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Laboratorio de Seguimiento del Neurodesarrollo del Instituto Nacional de Pediatría/UAM-X.
UAM-X Calzada del Hueso 1100. Delegación Coyoacán, CDM, Tel 54837215
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M. en Ed. Rosa María Nájera Nájera. Profesor Investigador Titular del Posgrado: Maestría en Rehabilitación Neurológica. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
UAM-X Calzada del Hueso 1100. Delegación Coyoacán, CDM, Tel 54837215.
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M. en R. Fabiola Soto-Villaseñor. Maestra en Educación Especial. Posgrado en Rehabilitación Neurológica.
Profesor Investigador, Coordinadora del Posgrado: Maestría en Rehabilitación Neurológica. Laboratorio de Seguimiento del Neurodesarrollo del Instituto Nacional de Pediatría/Universidad Autónoma Metropolitana.
INP: Av. Insurgentes Sur 3000, Delegación Tlalpan, CDM, Tel. 10840900 ext. 17290
UAM-X Calzada del Hueso 1100. Delegación Coyoacán, CDM, Tel 54837215. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 
Dra. Patricia Muñoz-Ledo Rábago. Maestría en Rehabilitación   Neurológica. Doctorado en Ciencias Biológicas y de la salud.
Profesor Investigador del Posgrado: Maestría en Rehabilitación Neurológica. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
Laboratorio de Seguimiento del Neurodesarrollo del Instituto Nacional de Pediatría/Universidad Autónoma Metropolitana UAM-X Calzada del Hueso 1100. Delegación Coyoacán, CDM, Tel 54837215. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 
Dra. María del Carmen Sánchez-Pérez. Médico, Especialista en Medicina Física y Rehabilitación. Doctorado en Ciencia Biológica. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I. 
Profesor Investigador Titular del Posgrado: Maestría en Rehabilitación Neurológica Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Laboratorio de Seguimiento del Neurodesarrollo del Instituto Nacional de Pediatría/Universidad Autónoma Metropolitana.
INP: Av Insurgentes Sur 3000 Delegación Tlalpan, CDM, Tel. 10840900 ext. 17290
UAM-X Canal Nacional, Delegación Coyoacán, CDM, Tel 54837215.
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