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Conocimiento e intervención multidimensional del TEA

Revista núm. 23 - Enero/Junio 2018

El desarrollo de habilidades sociales y conductas adaptativas en el TEA

The development of social skills and adaptive behaviors in ASD

Crisanta Escalante Cruz González

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Resumen

El adecuado desarrollo de las habilidades sociales posibilita al individuo a cumplir con las normas establecidas para lograr una independencia personal y una responsabilidad esperada para su edad o grupo social, lo cual le permite operar de manera específica y adaptarse a los diversos contextos en los que interactúan. En este artículo se exploran las deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social de las personas con Trastorno del Espectro Autista, así como las áreas y estrategias de intervención para desarrollar y fortalecer las habilidades en la comunicación social.

Abstract

The adequate development of social skills enables the individual to comply with established standards to achieve personal independence and an expected responsibility for their age or social group, which allows them to operate in a specific way and adapt to the diverse contexts in which they interact. This article explores the persistent deficiencies in communication and social interaction of people with Autism Spectrum Disorder, as well as intervention areas and strategies to develop and strengthen social communication skills.

Palabras clave: autismo, habilidades sociales, conductas adaptativas, habilidades lúdicas, trastorno del espectro autista.

Keywords: autism spectrum disorder, social skills, adaptive behaviors, play skills.

 

Para cualquier individuo, el adecuado conocimiento y uso de las habilidades sociales resultan esenciales a lo largo de su vida al permitirle interactuar con otros de manera predecible, de tal manera que pueda comprender al otro y adecuarse a los cambios que se van presentando durante las interacciones cotidianas. Estas habilidades se van desarrollando y fortaleciendo a lo largo de nuestras vidas, y el correcto desarrollo de las mismas es percibido como una herramienta de alta competencia al integrar el uso correcto de una serie de competencias más complejas. Durante cualquier interacción en la que participa un individuo, resulta indispensable contar con un repertorio adecuado de habilidades sociales que le permitan adecuarse a la situación y dar una respuesta adecuada al otro dentro de un contexto.

Las habilidades sociales son definidas como aquellas respuestas interpersonales que le permiten al individuo operar de manera específica y adaptarse a los diversos contextos a través de la comunicación verbal y no verbal durante las interacciones con otros individuos (Matson, Matson & Rivet, 2007).

Dichas habilidades están basadas en las normas sociales establecidas en cada sociedad las cuales establecen qué actitudes y conductas se consideran aceptables, normales y esperadas en una situación social en particular. Deben tomar en cuenta la edad del sujeto, las demandas del contexto social y las expectativas culturales.

Por otro lado, las conductas adaptativas son todas aquellas competencias que posibilitan al individuo cumplir con las normas vigentes para lograr una independencia personal y una responsabilidad esperada para su edad o grupo social en determinados contextos.

Las primeras respuestas a interacciones sociales nos permitirán coordinar más adelante la atención social en otros contextos e ir desarrollando competencias sociales más complejas dependiendo de las exigencias presentes en cada interacción. El niño va desarrollando conductas adaptativas a lo largo de su vida que dependen de las exigencias de cada contexto: el terapéutico, familiar, escolar y social.

El infante irá aprendiendo una serie de patrones y habilidades que le permitan atender y fortalecer pautas de atención y acción conjunta, mismas que serán la base para desarrollar habilidades sociales más complejas que se irán presentando a lo largo de su vida.

El desarrollo de habilidades sociales le permitirá al individuo interactuar positivamente con otros mediante el uso e interpretación correcta de conductas verbales y no verbales presentes dentro de dichos intercambios. Con ello, irá desarrollando y fortaleciendo herramientas esenciales que favorecerán su comunicación social: cooperación, asertividad, autocontrol, responsabilidad, aceptación, flexibilidad, empatía y respeto al otro.

Cuando existen deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social, tanto las conductas adaptativas como las habilidades sociales resultan áreas críticas de atención. Tal es el caso de las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Uno de estos déficits se observa en las habilidades de atención conjunta, que le permiten al individuo coordinar la atención con un compañero con el propósito de compartir un evento o un objeto. Una competencia adecuada en este dominio permite al niño desarrollar habilidades de imitación apropiadas, así como comunicativas y lúdicas.

Asimismo, se pueden señalar deficiencias en tres áreas importantes para el correcto desarrollo de las conductas adaptativas y las habilidades sociales. Estas tienen que ver con un déficit en la reciprocidad emocional, en las conductas comunicativas no verbales y en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones sociales.

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Tabla 1. Deficiencias en la comunicación y en la interacción social en el TEA (DSM-V).

La intervención temprana tanto en las conductas adaptativas como en el desarrollo de las habilidades sociales fortalecerá las competencias sociales del individuo, fomentando el interés por el otro, la capacidad para integrar el comportamiento propio con el del otro dentro de un flujo dinámico, y para regular la atención y la reactividad emocional.

Las estrategias para el fortalecimiento de las mismas estarán basadas en un plan de intervención único que fomente la flexibilidad y que fortalezca la capacidad de la persona para adaptarse a las demandas de cada contexto y de cada ambiente.

Uno de los desafíos a los que se enfrenta el terapeuta durante la enseñanza de dichas habilidades tiene que ver con los intereses limitados con los que cuentan los individuos con TEA así como con las fallas en la comprensión de los matices sociales, la poca iniciativa y la falta de respuesta social.

Un modelo integral de intervención deberá incluir el desarrollo, fortalecimiento y consolidación de: habilidades lúdicas, habilidades comunicativas, reglas de interacción, planeación y flexibilidad, así como de resolución de problemas.

Dentro del trabajo terapéutico se deberá buscar el desarrollo de habilidades para reconocer, manipular y conducirse con respecto a la información socialmente relevante, es decir, fortalecer una adecuada cognición social. Así como hacer uso del lenguaje durante los intercambios comunicativos y en donde se consideren los temas, las inferencias, la entonación, el volumen y el ritmo con los que se conducen quienes participan en las interacciones.

Por lo anterior, una parte importante del proceso terapéutico irá también encaminada al fortalecimiento de competencias pragmáticas, es decir, al conocimiento del uso del lenguaje en situaciones sociales con la finalidad de lograr un propósito. Aun cuando las habilidades comunicativas relacionadas con el vocabulario, la articulación y la morfosintaxis puedan no estar afectadas en algunos individuos con TEA, habrá otros aspectos de la comunicación como el lenguaje no verbal, la prosodia, escucha e interpretación del lenguaje que requieran de una intervención puntual.

Asimismo, se deberá fomentar el desarrollo del vocabulario temprano y de las habilidades del lenguaje al introducir nuevos conceptos mediante la interacción con el otro. Se buscará lograr un fortalecimiento de los procesos de atención que le permitan al individuo reconocer referentes correctos dentro de los intercambios cotidianos y cuales son apropiados en los diversos contextos.

Pero ¿cuándo se inicia el entrenamiento de las habilidades sociales?

Es importante resaltar que el entrenamiento de dichas habilidades empieza desde el trabajo de los fundamentos básicos de intervención, en los que el foco de atención busca fortalecer habilidades de atención y acción conjunta, así como de imitación y seguimiento de instrucciones que le permitan al niño desde muy pequeño establecer un enganche adecuado con el otro y participar activamente de los intercambios lúdicos desde edades muy tempranas. La imitación resulta una habilidad central durante el proceso diagnóstico y también a lo largo del tratamiento ya que, dentro de situaciones sociales, dicha habilidad le permitirá al individuo tener al otro como referente para poder modelar y regular la conducta en situaciones sociales diversas o novedosas.

Otra parte importante dentro del proceso integral de intervención terapéutica tiene que ver con el trabajo de las habilidades lúdicas. Para los niños, el juego equivale a socializar, es por ello por lo que el juego se ha enfatizado como elemento central dentro de los programas terapéuticos al servir como un puente efectivo para lograr oportunidades de interacción de manera natural y significativa. Una vez establecido un vínculo afectivo adecuado con el niño, se buscarán espacios de interacción que le resulten al niño significativos y que le permitan consolidar estrategias de juego que más adelante pueda duplicar dentro de contextos naturales con sus pares.

El niño deberá aprender a participar dentro de un juego paralelo con la finalidad de reconocer la importancia de reconocer los espacios personales y de identificar y respetar el juego y la acción del otro, para de ahí conducirse a un juego funcional en donde el niño logre hacer uso correcto de los objetos dentro de la actividad lúdica, mismos que le brindarán significados muy claros sobre el sentido de la acción y de la interacción dentro de una actividad compartida. Con ello se establecerán las bases para que el niño pueda iniciar un juego cooperativo, en donde de manera conjunta con su compañero de juego, se logren establecer pautas de interacción, estructurar reglas dentro del juego, asignar roles, y determinar turnos durante la actividad.

Dentro de estas actividades lúdicas el niño no únicamente estará fortaleciendo pautas de interacción social a partir de la atención, acción y referencia conjunta que establece con su compañero de juego, sino que además estará desarrollando nuevas habilidades comunicativas y de lenguaje verbal y no verbal esenciales para futuros intercambios sociales.

La actividad lúdica en sus diversos niveles le permitirá al niño establecer metas, planear, anticipar, organizar y resolver problemas a lo largo de la interacción. Con ello el niño estará poniendo en práctica funciones ejecutivas que le ayudarán, a lo largo del proceso terapéutico, a lograr mayor flexibilidad y autorregulación dentro de los intercambios sociales.

La actividad lúdica se volverá en sí misma un reforzador que le permitirá al niño iniciar y mantener la interacción para con ello pasar de un juego solitario a un juego social. Le permitirá consolidar estrategias a nivel cognitivo, social, comunicativo y emocional.

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Tabla 2. El juego en el desarrollo del niño.

Uno de los objetivos centrales será lograr en el niño una mayor comprensión social, con la finalidad de que pueda entender las reglas sociales e interpretar los matices presentes en cada interacción para con ello poder engancharse adecuadamente a las actividades sociales que se le presenten en los distintos contextos, es decir, lograr que el niño pueda navegar de manera efectiva en el mundo social.

Otro aspecto fundamental por trabajar dentro del proceso terapéutico será el relacionado con la capacidad del individuo para poder interpretar al otro, identificar las posibles intenciones de sus actos y con ello anticipar las consecuencias y posibles patrones de respuesta durante un intercambio social. Esto le exige al individuo con TEA fortalecer sus habilidades mentalistas, su capacidad para ponerse en el lugar del otro y con ello generar hipótesis sobre lo que pudiera ocurrir a lo largo de la interacción.

Asimismo, esta capacidad para interpretar al otro deberá ser utilizada para interpretar al propio contexto, es decir, que el individuo sea capaz de regular su conducta dependiendo del ambiente en el que se encuentre. Se deberá de trabajar con la finalidad de que el niño pueda observar su entorno e identificar qué se espera de él en determinados momentos, qué conductas son adecuadas y qué tipo de lenguaje debe utilizar de tal manera que pueda adaptarse correctamente a ese entorno. El aprendizaje de estas habilidades suele darse en gran medida de manera explícita y concreta con la finalidad de que el individuo pueda comprender de manera clara lo que debe o no hacer en determinados contextos e interacciones. La intención es que una vez consolidados dichos aprendizajes, el propio sujeto sea capaz de crear sus propias pautas de autoregulación ante ambientes que constantemente cambian y exigen de la persona ajustes constantes en su actuar.

Las demandas del contexto obligan al niño a adaptarse y lograr mayor flexibilidad. Las estrategias que se le brinden al niño y a la familia le ayudarán a:

  • Desarrollar mayor empatía y habilidades para compartir.
  • Tener mayor iniciativa social y una adecuada interpretación de claves y escenarios sociales.
  • Adquirir un repertorio de estrategias sociales que les permitan anticipar y resolver problemas.
  • Lograr aprendizajes explícitos y definidos para que puedan entender los estados mentales y emocionales de ellos y de las otras personas.
  • Desarrollar habilidades para compartir emociones y experiencias con sus iguales
  • Tener autocontrol de sus conductas.
  • Desarrollar estrategias sociales adecuadas a su rango de edad y nivel de desarrollo.

El plan de intervención deberá entonces ajustarse a las necesidades individuales del niño o del adolescente y de su familia, y por lo tanto el establecimiento de los objetivos terapéuticos estarán basados en las capacidades requeridas para poder desarrollar habilidades sociales y conductas adaptativas cada vez más complejas. En una primera etapa, las intervenciones terapéuticas serán uno a uno, lo cual permitirá que el ambiente y la interacción puedan ser regulados por el adulto. Con este trabajo ser irán asentando las bases para el trabajo con pares y más adelante dentro de un grupo.

El trabajo terapéutico permitirá el fortalecimiento de estrategias fundamentales para el desarrollo adecuado de las habilidades sociales que buscan fomentar entre otros aspectos la consolidación de habilidades lúdicas, el conocimiento de la perspectiva de los otros, la toma de turnos, la empatía, habilidades para compartir, habilidades pragmáticas, iniciativa social, capacidades de anticipación y planeación, solución de problemas, interpretación de claves y escenarios sociales y el uso e interpretación de lenguaje no verbal durante los intercambios sociales.

Conforme dichas habilidades se van fortaleciendo y consolidando, el trabajo terapéutico buscará que el individuo ponga en práctica dichas habilidades con un par, y en donde el terapeuta sirva como mediador de dichas interacciones y ayude a regular el ambiente en caso de ser necesario. Con ello se busca que el niño se integre a actividades grupales en donde las exigencias sociales se van modificando constantemente y por lo tanto la capacidad para respetar nuevas reglas sociales dentro del grupo y resolver problemas en conjunto se ponen en práctica ahora con nuevos matices.

El propio desarrollo del niño hacia la adolescencia traerá consigo nuevos retos a nivel social. En esta etapa el joven comienza a tomar conciencia de su diferencia. Desea encajar y pertenecer a un grupo y tener amigos. En ocasiones al fallar en dichos intentos, suelen no ser aceptados y con ello aparecen sentimientos de tristeza, ansiedad y en ocasiones se observa un aumento de conductas obsesivo-compulsivas. En la mayoría de los casos en los que no ha existido un trabajo terapéutico en donde se hayan trabajado las habilidades previamente señaladas, se agudiza el déficit en lo social.

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Tabla 3. Características del Déficit Social en el TEA durante la adolescencia.

El trabajo terapéutico se irá adaptando entonces a las necesidades presentes en esta etapa y los ajustes en el trabajo grupal serán necesarios para abarcar aspectos concernientes a los aspectos tanto individuales de cada joven como del grupo en su conjunto. El taller de Habilidades Sociales para adolescentes abre un espacio para brindar a los jóvenes herramientas y estrategias útiles que puedan favorecer sus interacciones sociales y comunicativas, así como sus funciones ejecutivas y mentalistas con la finalidad de que puedan ser llevadas a la práctica en actividades cotidianas.

El objetivo dentro del trabajo grupal será también que el joven logre desarrollar habilidades para reconocer y considerar la perspectiva del otro con la finalidad de establecer una interacción exitosa. Tomar en cuenta dicha perspectiva será un elemento esencial en la competencia y en la conciencia social.

El trabajo terapéutico previo servirá como base para fomentar, dentro del grupo, habilidades más complejas. Dentro de un contexto en donde interactúan más participantes, el joven se ve obligado a poner en práctica aquellas estrategias trabajadas de manera individual y que le permiten estar atento a los distintos matices sociales y ser flexible a los cambios que ocurren constantemente dentro de las interacciones cotidianas. Se busca entonces que el grupo de habilidades sociales sea un ambiente similar al que ocurre de manera natural en un contexto regular, un espacio que obliga al joven a estar atento a la perspectiva del otro, a la información que le brinda el grupo, a la necesidad de resolver y adecuarse a los cambios constantes que ocurren durante las dinámicas de trabajo y a identificar las sutilezas sociales que pueden brindarle información importante para regular su conducta y adecuarse a las exigencias del entorno.

La necesidad de ir adecuando los contenidos dentro del trabajo terapéutico con relación a las etapas de desarrollo de cada individuo resulta un aspecto necesario para lograr consolidar las habilidades requeridas para lograr una adaptación adecuada a los distintos escenarios sociales. Se deberá entonces de considerar ésta como un área de desarrollo fundamental al momento de establecer un plan terapéutico para cualquier persona con diagnóstico dentro del Trastorno del Espectro Autista. Las habilidades sociales y las conductas adaptativas serán herramientas que faciliten el conocimiento del otro, del ambiente en el que cada individuo participa y de las habilidades propias para adecuarse a un entorno cambiante y que requiere del reconocimiento de los distintos matices sociales. El trabajo en esta área será entonces un aspecto central en las distintas etapas del desarrollo y deberá formar parte de cualquier programa de intervención para las personas con TEA.

Referencias

Patrick, J. N. (2008). Social Skills for teenagers and adults with Asperger Syndrome. London: Jessica Kingsley Publishers

Cooper, B. & Widdows, N. (2008). The social success workbook for teens. Oakland, CA: Instant Help Books.

Bondy, A. and Weiss, M.J. (2013). Teaching Social Skills to People with Autism: Best Practices in Individualizing Interventions. London: Woodbine House.

Gerhardt, P. and Crimmins, D. (2013). Social Skills and Adaptative Behavior in Learners with Autism Spectrum Disorders. Baltimore, Maryland: Brooks Publishing.


* Maestra en Psicología. Centro Psicopedagógico Montes Urales. Para comunicarse con la autora escriba a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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