Revista núm. 22 - Septiembre/Diciembre 2017

Un libro en tiempos convulsos de reforma educativa

A book in turbulent times of educational reform 

María Norma Bocanegra Gastélum*

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Presentar un libro constituye un gran honor pero también una gran responsabilidad. Aun así, asumo el riesgo y espero que mis palabras nos lleven en este breve espacio a transitar este recorrido de la formación a la práctica desde una perspectiva que refiere la construcción de ambientes cohesivos. Desde allí los autores nos invitan a la reflexión y la acción teniendo como referencia el sistema educativo mexicano como allí mismo se dice con todas sus “complejidades, perplejidades, paradojas, ironías y deformaciones”.

Y nada más oportuno, en estos momentos de sin razón y barbarie, en los que la reforma educativa, en su aspiración de mejora de resultados, se enfrenta a la movilización de distintos estamentos públicos y sus relaciones de poder. No es mi intención analizar el sentido y contenido de esta reforma, sino destacar que una de sus estrategias centrales da un vuelco a la tradición que se refiere a la formación de profesores y por consecuencia de sus perfiles de desempeño.

La profesionalización de los docentes ha ocupado en los últimos años, un lugar destacado en las agendas de la mayoría de los países. En estos cambios acelerados, pareciera imperativo que las reglas de la enseñanza y del trabajo de los docentes cambien, lo que quiera que este cambio signifique.

Tal y como dice Tenti Fanfani (2006, p. 119): “…el sentido de la profesionalización es un objeto de lucha donde confluyen múltiples actores colectivos e intereses que es preciso identificar y al mismo tiempo, no se puede comprender la emergencia de esta cuestión si no se tienen en cuenta algunas transformaciones en la sociedad y en el propio sistema educativo que ponen en crisis las identidades colectivas de los docentes, en especial aquellas que estructuraron su propia emergencia como categoría ocupacional en el momento constitutivo de los sistemas educativos de Estado”.

Y los cambios están a la orden del día, unos visibles y otros no tanto. Estudiar el cambio representa un intento de comprensión de la forma de interactuar de la tradición y las transformaciones mediante los procesos de producción y reproducción sociales y en palabras de Popkewitz (1997:13) “…se ocupa de la confrontación entre la ruptura con el pasado y lo que parece estable y natural en nuestra vida social”.

Esta presión para que cambien los profesores se justifica en la necesidad de hacer frente a los retos sociales y proviene no sólo de las autoridades gubernamentales sino de diversos organismos sociales y como afirma Hargreaves (1996) esto se debe a que la educación en general y las escuelas en particular se convierten en la “papelera de la sociedad” en la que se depositan los problemas no resueltos e insolubles y que, añadimos, pone a los profesores en lugares muchas veces imposibles.

Y en este escenario, este libro nos aporta múltiples miradas que son como brújulas que nos permiten asomarnos a lo posible y también a cómo hacer posible lo imposible. Los artículos que componen este libro podrían ser agrupados alrededor de tres grandes temáticas:

La primera de ellas, la más abordada, nos ubica en los andamiajes de las posibilidades teóricas y metodológicas para abordar la formación y práctica docente. Frente a las miradas fragmentadas y desarticuladas del hecho educativo. Daniel Hernández nos provoca con la comprensión sistémica de Bertanlaffy, Luhmann, González Casanova y De la Reza para argumentar su pertinencia en particular para los estudiantes que están en los inicios de un proceso de investigación, definiendo un objeto de estudio e intentando verlo en el todo y percibir sus partes e interrelaciones así como las distintas disciplinas que contribuyen a conocerlo. Es esta una propuesta que parte de reconocer la complejidad, pero una complejidad que puede y debe ser abordada desde métodos que no simplifiquen la riqueza de los hechos educativos.

La utopía y el discurso que analiza Roberto Martínez, pone énfasis en las prácticas docentes de la Maestría en Educación Básica en una de las unidades de la UPN. Como es de suponerse, da cuenta de las distancias que hay entre el instituido y el instituyente. Pero este hecho en sí mismo, por frecuente no deja de ser relevante y el autor realiza un ejercicio de análisis de la experiencia a partir de diversos conceptos entre los cuales quisiera destacar el de diálogo por su pertinencia para el análisis de la práctica docente y que caracteriza como proceso que configura “…acuerdos que facilitan la interacción de las diferencias que devienen de los múltiples enfoques que caracterizan la base del pensamiento crítico”, y que hoy parecen ser una sugerencia casi de urgencia.

Zaira Vanesa Valdespino nos hace una propuesta metodológica para abordar la evaluación en el nivel de educación superior. Es esta una propuesta que sostiene que la identificación de la evaluación como objeto de estudio permite transformar contenidos, ambientes y mediaciones. Su análisis de las prácticas de evaluación identifica las carencias de las prácticas hegemónicas y hace una serie de consideraciones desde una perspectiva constructiva e incluyente que puede transformarlas. Esta es una reflexión sobre el propio quehacer docente que nos permite valorar que independientemente de los recursos que la autora pone en juego para construir su propuesta, concreta una experiencia muy valiosa de la docente que investiga y crea y recrea su propio ejercicio profesional.

Otra propuesta para el análisis y transformación de la práctica docente se genera a partir del reconocimiento de la presencia de las y los estudiantes sordos en los salones de clases. Juan Gabriel López Ochoa nos confronta con una práctica docente excluyente y carente de posibilidades para asumir la interculturalidad y a partir de lo que él denomina la espiral del pensamiento creativo, desde un enfoque integral, multidisciplinario y humanista argumenta y da herramientas conceptuales para avanzar hacia una educación intercultural bilingüe en la que los sordos puedan verdaderamente integrarse. Lo importante de su propuesta es que toca los cimientos mismos de la enseñanza y la posibilidad de generar alternativas hacia una educación incluyente.

La formación de docentes para el desarrollo comunitario, es abordada por Juan Escárcega Miranda, reconociendo de entrada las carencias tanto teóricas como metodológicas. A partir de las experiencias en Michoacán, nos sitúa en América Latina y nos coloca en el escenario de los destinatarios de las acciones educativas desde su percepción como comunidades. Al igual que los otros autores, su propuesta para la formación puede ser extendida a la formación de los docentes en general, sobre todo por la mirada integral que aporta y que incluye además de habilidades pedagógicas, de gestión institucional y de interacción intercultural, le da un énfasis también a las posibilidades de la educación para la generación de riqueza. Pero tal vez su mejor provocación es la que asume a partir de Vaillant: ser un docente competente significa tener saberes multidisciplinarios, pero sobre todo altas dosis de imaginación y creatividad.

La segunda temática aborda experiencias de acciones tendientes a mejorar el trabajo docente. Allí Teresita Reza Maqueo, nos presenta un conmovedor relato de cómo a través del arte como estrategia docente se promueve la resiliencia en los estudiantes de una escuela en un orfanatorio. El dolor, el abandono, el miedo tienen la posibilidad de expresarse y ser no conjurados sino enfrentados a través del relato, La resiliencia, la creatividad, el descubrimiento del caudal emocional son resultados de un trabajo puntual pero no por eso menos amoroso que lo mismo podría ser trabajado en cualquiera de las aulas de nuestras escuelas, en las que de seguro esas emociones no son ajenas.

La calidad educativa, el santo grial en el sistema educativo, es analizada en el texto de Francisco Soto Angli, cuando hace un recuento de las transformaciones en el quehacer docente a partir del Programa de Escuelas de Calidad. Tomando como base una investigación en Tijuana, Soto nos confronta con los magros resultados de grandes y ambiciosos proyectos que si bien dotaron de recursos a muchos planteles escolares, pocas transformaciones ocurrieron en sus prácticas. Lo más interesante de este artículo es que sitúa su análisis en el contexto de las aspiraciones actuales de la reforma educativa y desde allí nos hace una serie de advertencias que tendrían que considerarse si no se quiere repetir una película ya muchas veces vista. Hacer mucho para que pase muy poco.

La tercera temática aborda la movilización en el tiempo de las ideas, los proyectos, las instituciones. Francisco Guzmán Marín nos hace un relato de las prácticas educativas del siglo XXI y para esto se remonta al pensamiento de la Ilustración que le da sustento a una concepción aparentemente neutral, científica, laica que resulta insuficiente para acompañar los procesos de formación de los docentes en estos tiempos. Es así que nos pregunta si no ha llegado el momento histórico de cambiar el enfoque de formación de docentes. A partir de allí, plantea argumentos provocadores que podrían orientar los cambios en esta sociedad del conocimiento.

Otro análisis de suma pertinencia en los tiempos actuales lo presentan Juan Carlos Sánchez Navarro y Jesús Méndez. El recorrido de la creación y establecimiento de las escuelas normales en Baja California nos permite advertir cómo la educación como derecho de la ciudadanía y obligación del Estado dan lugar a encuentros y desencuentros en un proceso en el que se institucionaliza la formación de profesores. Este recuento aporta mucha información sobre todo para leer el presente y poder vislumbrar el sentido de las políticas actuales y sus posibles resultados.

Finalmente, Rubén Darío Núñez Solano y Rubén Darío Núñez Altamirano, nos remontan al pasado cercano, la escuela rural mexicana, la del apostolado, de la práctica docente comprometida con la labor social. Pero más que un escenario de nostalgia, los autores nos argumentan cómo es que la pedagogía que se construye en esta etapa a pesar de sus carencias, se adelanta a su tiempo y que sus planteos siguen siendo vigentes.

Como pueden notar, este es un libro que toca los temas centrales de las agendas educativas contemporáneas, espero haberlos entusiasmado no sólo para adquirir, sino para leer este libro, analizarlo, dialogar con los autores y sus ideas, contradecirlos, estar de acuerdo con ellos, retomar sus propuestas, generar otras y ojalá en un futuro cercano, publicar otros libros.

Si me lo permiten, sólo quisiera añadir que este libro es también relevante porque es un esfuerzo al margen del cardumen, escrito por profesores y estudiantes que en un esfuerzo editorial contribuyen a la divulgación de la cultura pedagógica de las distintas localidades del país para incrementar nuestros puntos de encuentro. Mi felicitación a todos ellos.

Ahora sí para terminar, un libro que no se lee es un gran esfuerzo desperdiciado. Espero que lo compren y que este diálogo con las ideas continúe.

Referencias

Hargreaves. A. (1996). Profesorado, cultura y posmodernidad. España: Morata.

Popkewitz, Th. (1997). Sociología política de las reformas educativas. España: Morata.

Tenti, E. (2006). “Profesionalización docente: consideraciones sociológicas”, en Tenti, E. El oficio docente. Argentina: Siglo XXI, pp. 119-142.

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Daniel Hernández, (coordinador) (2016). De la Formación y la Práctica Docente: Hacia la Construcción de Ambientes Cohesivos. México: UPN-Abismos Casa Editorial.


*Profesora de tiempo completo, Subsede Ensenada, UPN Tijuana, B. C.

 

 

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