Revista núm. 21 - Mayo/Agosto-2017

Las enseñanzas de Elena

The Teachings of Elena

Luis Héctor González Mendoza*

Resumen

El presente artículo describe e interpreta a través de los principios del educare y exducere, a una persona intelectualmente excepcional, se trata de Elena Poniatowska, quien ha sido reconocida por el uso y dominio literario del español con el Premio Cervantes 2013, igualmente ha demostrado una larga y singular labor periodística en la cual muestra una permanente preocupación social por los jóvenes, mujeres y seres de la vida cotidiana, incluyendo a ciertas personas singulares.

Abstract

The present article describes and interprets through the principles of the educare and exducere, a person intellectually outstanding, it's Elena Poniatowska, who has been recognized by use and literary domain of the Spanish with the Premio Cervantes 2013, also has demonstrated a long and unique journalistic work, which shows a permanent social concern for young people women and things of everyday life, including some unique people.

Palabras clave: Educare, exducere, periodista, literaria y curiosidad.

Keywords: Educare, exducere, journalist, literary and curiosity.

Quién es Elena

Héléne Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor. Sí, es nombre de princesa, pero al parecer, eso la tiene sin cuidado. Ella es Elena Poniatowska. Singular ser humano e interesante intelectual, mujer de avanzada edad, “su osamenta raya más de los ochenta”, pero parece no cansarse, porque se presenta en numerosos eventos y convive con mucha gente y escribe incontables entrevistas, prólogos, conferencias, cuentos, biografías, novelas y discursos, igualmente atiende asuntos domésticos y no descuida el trato con sus familiares y amistades, es de un activo y productivo envidiable, lo cual no sé, si responde a una condición genética, o circunstancia propia de princesas, quizá producto del tiempo y espacio mexicanos que la desafían desde pequeña, a lo mejor se debe al educare y exducere que ella cultiva desde siempre.

En educación usamos antiguas palabras, a la vez, voces especializadas, para describir, explicar y comprender situaciones socioeducativas de las sociedades y de la gente que las habita, en ocasiones, para entender la presencia de seres excepcionales.

El educare nos permite hablar acerca del conocimiento obtenido desde el exterior de sí mismo, representa ese acervo de enseñanzas dadas por nuestros mayores, por diversos profesores, así como de muchas personas que nos enseñan acerca de las condiciones, manifestaciones y regulaciones que se desprenden de los diversos entornos sociales e institucionales, son aprendizajes que nos corresponde conocer y asumir para estar en consonancia con la historia de nuestra sociedad y la época social que nos toca vivir.

Mientras tanto, el exducere significa conocimientos inherentes a la persona, son ese cúmulo de capacidades e inteligencias que pertenecen de manera natural a ciertos individuos, en este caso, es el sujeto quien proyecta y diseña su propia educación, colocando a los padres y educadores solo como guías, a quienes toca solo dar salida y señalar direcciones para desarrollar sus conocimientos, talentos e intelectos con todo el poder de los saberes y sensibilidades que les caracteriza.

Educare significa enseñar y aprender con lo que viene del exterior, o sea, educar e investigar conforme a lo que se despliega desde fuera de uno mismo, es en cierta manera, la educación formal. Exducere representa las enseñanzas y aprendizajes que vienen desde dentro del sujeto mismo, es la promoción del desarrollo intelectual, cultural y responsablemente propio.

Educare y exducere aluden a un constante trabajo intelectual de enseñanzas y aprendizajes dadas por la objetividad y subjetividad de las personas. Son palabras que indican que la gente no sólo aprende, sino que enseña, se trata de una doble situación y manifestación intelectual, es más, tales expresiones nos permiten señalar que la educación formal se mira a manera de educare, mientras que la voz exducere nos habla de individuos con aptitudes y capacidades suí generis.

Al parecer Elena Poniatowska tiene ambas facultades, puesto que se encarga de pensar, hablar, escribir y transmitir al mundo, los universos que descubre y vive en la desafiante sociedad mexicana, así como lo experimentado junto a mucha gente. Desde pequeña, le sorprenden e indignan las desigualdades sociales inherentes al país en el cual habitará hasta la fecha, también se preocupa por los jóvenes, las mujeres y por personas singulares, así como por muchas cosas más.

La obra de la autora es vasta y variada, por tanto, resulta difícil leer todos sus libros, también es complicado recorrer todos los escritos de su producción, por supuesto, sería muy laborioso escuchar todas sus conferencias y charlas, en consecuencia, abarcar toda la creación de la autora es complejo.

Sin embargo, en el presente artículo identificaremos varias enseñanzas de Elena Poniatowska a través del educare y exducere, revisando e interpretando sólo algunos de sus libros en donde, a nuestro juicio, se marcan claramente ambos principios educativos.

El reconocimiento y admiración que académicamente nos produce Elena Poniatowska, es determinante, porque desde hace tiempo exploramos a través del educare y exducere casos de seres intelectualmente excepcionales, ella cabe en tal condición, significando un nuevo trabajo de investigación.[1]

Para efectos de la producción de este artículo, se revisó, seleccionó y analizó información de Elenísima biografía de la escritora, cuyo autor es Michael K. Schuessler; el escrito ‘On Nothing’ consignado en la biografía mencionada; el libro Lilus Kikus; el texto La Noche de Tlaltelolco; el escrito Querido Diego, te abraza Quiela; y la novela Leonora. Así mismo, escuchamos y analizamos el video Elena Poniatowska: Discurso completo en su Premio Cervantes 2014.[2] Esta fue la información que se revisó para reflexionar e interpretar acerca de las condiciones y manifestaciones del educare y exducere que posee y desarrolla Elena Poniatowska.

Orígenes del exducere

Detectamos que ella tiene y cultiva el exducere, porque desde joven da muestras de ello, Michael K. Schuessler biógrafo de la autora, señala que la señora Paulette, madre de Elena, dice que “siempre tenía muy buenas calificaciones y luego cuando fue al convento y aprendió inglés, saco el primer premio. Escribió ‘On Nothing’ (Sobre Nada) En la biografía se puede leer tal composición, que revela una adolescente calificada para la escritura, el tema es muy raro e interesante porque relaciona hipótesis a muchas situaciones de vida que ella registra de manera clara. A la vez confirma muchos estados de ánimo de la gente mayor, por supuesto de niños y niñas. Incluso relaciona situaciones históricas y llega a conclusiones en donde el hombre y la mujer son trascendentes. Veamos algo de ‘On Nothing’.

Parecería que no hay nada que escribir sobre nada, pero todo gira alrededor de esa pequeña palabra. Aunque parezca extraño, nada constituye todo aquel planeta llamado Tierra y todas sus criaturas que lo habitan. En nada el hombre esconde sus profundas emociones, sus amores, sus temores, su valor, su grandeza.” Más adelante señala que cuando se hace algo indebido y se pregunta qué haces, la respuesta es nada. O bien cuando se cuestiona cómo estás te pasa algo, se oye decir nada no tengo nada. A veces se hace un regalo y se escucha espero te guste no es nada. O bien cuando se tiene una fiesta y se exclama No tengo nada que ponerme. Y algo fabuloso es cuando nada se usa para decir eres un bueno para nada, y luego resulta que se es bueno para todo. La joven Elena reflexiona y concluye: “¡La vida del hombre no es nada! ¡La vida del hombre es todo!” (Schuessler, 2017, pp. 70-72).

Una enseñanza más relacionada con el exducere de Elena Poniatowska, o sea, esa modalidad y capacidad “innata” de recuperar las sensaciones y experiencias de su ser niña, está en el libro titulado: Lilus Kikus, allí a través de breves y poderosas narraciones, cuenta las vivencias y fantasías de una pequeña y curiosa niña con grandes dotes de imaginación. Son doce breves escritos que además tienen un plus: Ilustraciones de Leonora Carrington. En Lilus en Acapulco nos hace recordar y compartir las primeras impresiones que se desatan al contemplar el mar “¡Sol! ¡Sol! ¡Sol! No hay más que sol, arena y mar. ¡El mar! En la noche se oye el ruido que hace, en la mañana se le ve centellear ante la playa… Ahora Lilus es una niña de mar, de arena, de yodo, de sal y de viento. Es una niña de conchas y caracoles, de grandes golpes de agua, que dan en su rostro como puñados de lluvia…” O bien cuando en la narración Nada que hacer… “Lilus se despierta con el sol. Como no hay cortinas en su cuarto de cuatro metros, el sol entra sin avisar y da grandes latigazos en la almohada. Lilus quisiera poseer uno de esos rayos, torcerlo y dejarlo resbalar entre sus dedos. ¡Que chistoso sería tener uñas de sol! En la noche podría leer a la luz de sus uñas, a la luz de las chispitas proyectadas por sus dedos.” (Poniatowska, 2014).

La Noche de Tlaltelolco: Difíciles y trágicos educare exducere

Pasando a otras enseñanzas de Elena Poniatowska, ahora las entrelazadas de educare y de exducere, se identifican en un libro que sigue brillando y doliendo: La Noche de Tlaltelolco (1971). Es un texto emblemático e histórico, pienso que es un documento valiente y único, porque cuando ocurrió el 2 de Octubre del 68, pocos muy pocos escribieron al respecto, ella y Octavio Paz, éste con Posdata, también se cuenta el libro de Luis González de Alba, Los años y los días (1971), según tengo registrado, fueron tres escritores que dieron a conocer hechos de esa triste fecha, a la vez, se sabe que la renuncia de Octavio Paz como embajador en la India, fue por los hechos ocurridos en Tlatelolco. Por cierto, el libro de Elena Poniatowska no fue escrito de manera paralela al desarrollo del movimiento estudiantil, sino que fue un poco posterior, tampoco se trata de letras propias de la autora, es más bien una serie de testimonios que ella clasifica y ordena para su publicación y que le fueron compartidos por algunos de los líderes estudiantiles que estuvieron presos en Lecumberri, de entrevistas e informaciones de amigas y conocidos, de mucha gente que se acercó a la autora para dar testimonio de las vivencias y sufrimientos experimentados durante esas fechas, en este caso es evidente el educare porque la información le viene de fuera.

Ella estaba prácticamente al margen del movimiento estudiantil, fue la noche del 2 de octubre del 68, cuando unas amigas le visitaron y le comentaron lo sucedido en la Plaza de las Tres Culturas, entonces se enteró de parte de los hechos. Al día siguiente se trasladó a ese lugar y tomó conciencia de lo sucedido. Ella experimenta sorpresa e indignación, frustración y desencanto, aun así, o por eso, habla y escribe:

A las siete de la mañana fui a Taltelolco. No había agua, las mujeres hacían cola en torno al hidrante. No había luz y los soldados hacían cola frente a los teléfonos. Entre las ruinas prehispánicas que están al lado del edificio de la Secretaria de Relaciones Exteriores, vi los zapatos de los que se habían ido escapando. Regresé a casa y me indigné mucho”. También señala la enorme frustración que le dejo esa noche “Creo que todos nos hicimos viejos, viejos después de lo de Tlaltelolco… (Porque antes) Creíamos que eran días de pura risa y creíamos que nunca iban a acabar, apostábamos y nunca perdíamos… (Pero) ¿Quién resucita a los muertos?... Siento que no hacemos nada, que nadie se mueve. Me siento cómplice por impotencia. Vivimos en 1968 un hecho de ignominia: Taltelolco, y nos quedamos a un lado, parados en la tierra, inútiles, junto a nuestros muertos (Schuessler, 2017, pp. 202 y 204).

Más enseñanzas que Elena Poniatowska entrega a través del tejido de su educare y exducere, están en varios lugares de La Noche de Tlaltelolco. Libro cuya estructura revela cuatro partes.

La primera un conjunto de 47 fotografías en blanco y negro cuyas imágenes nos ofrecen información desde el inicio del movimiento y la sabida represión y el encarcelamiento de muchos estudiantes, profesores, inclusive de algunos trabajadores, retratos que hacen recordar las asambleas, el boteo y el volanteo, pero sobre todo las marchas. Las manifestaciones y los arribos al Zócalo, con la sensación de haber cumplido con una importante misión, desacralizar la Plaza de la Constitución, hasta entonces lugar de eventos oficiales, luego y durante las marchas nos juntamos una y dos y tres veces muchos jóvenes hijos de empleados, campesinos y obreros. Fotos que recuerdan las múltiples miradas de personas de aquella sociedad, muchas de sorpresa y extrañeza, otras de indiferencia, algunas agresivas y muchas de simpatía. Estampas que permiten rememorar el miedo e irritación hacia la policía, los granaderos y el ejército. También aparecen retratos de la represión ejercida por estos grupos de coerción, realizando “su” trabajo, o sea, reprimiendo y agrediendo a hombres y mujeres, igualmente se muestran imágenes de cuerpos sin vida de muchos jóvenes, algunos niños… Fotos que informan y aún duelen…

Después aparece en el libro, la segunda parte titulada: Ganar la calle. Donde se confirma a través de diversos testimonios un hecho histórico que nos perteneció como estudiantes y que forma parte de nuestra historia social, memoria de esa sociedad autoritaria y sorda, incluso violenta, que aún subsiste en muchos miembros de las élites políticas, sus comparsas en los organismos partidistas y toda esa trama legal que legitima injusticias, impunidades y corrupciones.

La tercera parte denominada: La noche de Tlatelolco está compuesta de testimonios alrededor del 2 de octubre que no se olvida y que aún lastima. Con esa información, Elena Poniatowska nos enseña que por mucha fuerza y poder que tengan los políticos, los militares y los empresarios, una voz con letras educare y exducere, es capaz de comunicar y trascender en el tiempo.

Cabe decir que la lectura de esta parte del libro, hace recordar marchas festivas e irreverentes, aunque también nos hace revivir el autoritarismo político, social y cultural de la época, es un texto que duele, porque seguimos esperando la justicia que no se ha dado, porque parece que en nuestra sociedad privan más bien las injusticias y la impunidad. Ayer los incontables estudiantes muertos del 68. Luego el artero y violento ataque a estudiantes por grupos paramilitares el 10 de junio de 1971. Más reciente los pequeños de la Guardería ABC. Ahora los 43 desparecidos estudiantes de Ayotzinapa.[3] Las agresiones dadas recientemente a los pobladores de Noxchitlán. Después incontables sepultados en innumerables fosas. Recientemente las decenas de periodistas asesinados y violencia sobre las Escuelas Normales. Desde hace tiempo los cientos de muertas de Juárez y del Estado de México... Elena Poniatowska, nos sigue enseñando que su voz habla por los jóvenes de ayer y los de hoy, en cada oportunidad que tiene en eventos públicos charla acerca de los estudiantes del 68, a veces recuerda a Regina la edecán, también a los chicos de Ayotzinapa, conversa acerca de las desparecidas, o sea, ella registra viejos y nuevos eventos juveniles en donde se manifiestan injusticias y deja testimonio en conferencias, charlas o escritos. En las redes sociales se pueden detectar varios videos en los cuales está la presencia y voz de Elena Poniatowska, es información que muestra la coherencia personal con su propia historia, su forma de vida, su voz, sus letras, su educare y exducere.

Finalmente, la última sección que se rotula Cronología, allí se puede comprobar que todo fue como un breve sueño y luego una larga pesadilla. El sueño duró tan solo 73 días, el movimiento estudiantil se inició el 22 de julio y terminó el 2 de octubre. Al igual que muchos otros movimientos sociales fue derrotado, sin embargo, algo persiste, quizá historia no sólo recordada, sino escrita y memoria aún en cuerpos vivos. En ese corto e intenso tiempo los jóvenes mostraron una gran organización y enorme disciplina, una fuerza de indignación y demandas de diálogo de manera insistente, con lo cual se logró reunir, muy probablemente, a medio millón de chamacos, que consiguieron irrumpir festivamente en el Zócalo. Lograron juntarse todas las instituciones de educación, tanto públicas, como privadas. En la Cronología se puede constatar que se convocaron a cinco marchas y cuatro avanzaron y una quedo detenida en la historia esa que no se olvida. La primera fue el 1º de agosto marcha encabezada por el entonces rector Javier Barros Sierra. La segunda manifestación que salió del Casco de Santo Tomás del Politécnico al Zócalo, fue el 13 de agosto, que reunió a 150 mil personas. La tercera manifestación del Museo de Antropología al Zócalo, que aglutinó a 300 mil manifestantes, fue el 27 de agosto. La cuarta manifestación la Gran Marcha del Silencio el 13 de septiembre, que a decir de las autoridades asistieron 180 mil personas, hasta manejarse cifras extraoficiales de 300 mil a 500 mil estudiantes, profesores y trabajadores instalados en el Zócalo. La quinta manifestación que nunca salió: 2 de octubre de 1968. En conclusión, las enseñanzas vertidas por la autora en La Noche de Tlaltelolco entrelazan tanto el educare como exducere de una persona suí generis y de nuestra otra Noche Triste.

Exducere de género

Querido Diego, te abraza Quiela, es un escrito de Elena Poniatowska que implica cartas escritas por Angelina Beloff para Diego Rivera, compañero y esposo a principios del siglo XX. A la vez, son misivas recreadas por Elena Poniatowska, lo cual se presta para hablar nuevamente del exducere de ésta última.

Es un texto que reúne 12 supuestas cartas escritas por Angelina Beloff entre el 19 de octubre de 1921 y hasta el 22 de julio de 1922, enviadas desde París a México y dirigidas a Diego Rivera. Se dice que son recreadas por Elena Poniatowska. Condición que hace difícil saber en qué párrafos habla Angelina y en cuáles imagina Elena. Las letras revelan a una mujer muy especial, Angelina Beloff rusa de nacimiento (1879) mexicana por decisión hasta su muerte (1969). Si los escritos tienen la intervención de la pluma de Elena Poniatowska, es difícil identificarlo, pero queda claro que expresan algo en común, son experiencias y testimonios de género.

Las cartas muestran un estado de constante desolación, incluso de resignación, parecen reflejar los largos tiempos en los cuales a la mujer le toca vivir y aceptar tales condiciones de vida. Muestra ese amor femenino incondicional al ser amado, ese trato suave y cariñoso de mujer siempre enamorada.

Cuando Diego parte hacia México y debido a la precaria situación económica, le es imposible acompañarse de Angelina. Ella se queda en Paris y las primeras cartas que le envía a éste, revelan la soledad y las penurias económicas para pagar la renta, para obtener comida, para comprar materiales y poder pintar, la falta de trabajo remunerado, etcétera, o sea una vida cotidiana desoladora, aun así, ella es una mujer con ciertas esperanzas de amor y reencuentro. La pérdida del hijo procreado con Diego, hacen presa de Angelina, experimentando una constante depresión. Sin embargo, la posibilidad de reencontrarse con Diego y mostrarle sus logros en su trabajo de pintora le ilusionan, pero sólo se le permite el monólogo, envía cartas que no tienen respuesta. La posición en la división económica que ella guarda, hace un poco más difícil su cotidianeidad, o sea, su lugar como trabajadora especializada y artista, a la vez, le permite a Angelina recordar eventos de su propia historia y proyectar acciones de vida dando sentido a su propia existencia.

En la carta del 29 de diciembre de 1921 Angelina Beloff se mira como una joven promesa de la pintura en su natal Rusia y más aún cuando obtiene una beca para estudiar en Paris, en ese momento proyecta su talento, un extremo compromiso y un innegable placer por su trabajo.

A la hora de comer, me enojaba si alguien me dirigía la palabra, distrayéndome de mis pensamientos, fijos en la próxima línea que habría que trazar y que deseaba yo continua y pura y exacta. Entonces estaba yo poseída Diego, y tenía sólo veinte años. Nunca me sentí cansada, al contrario, me hubiera muerto si alguien me obliga a dejar esa vida. Evité el teatro, evité los paseos, evité la compañía de los demás, porque el grado de gozo que proporcionaban era mucho menor que el placer intensísimo que me daba aprender mi oficio. Suscité envidias entre mis compañeros por los elogios de profesores… (Poniatowska, 2013, pp. 34-35).

En esa misma carta se puede mirar que Angelina siente extraviarse por las soledades y pérdidas que experimenta, llegando a dudar de sus propias capacidades “¿Y si de pronto fuera yo a perder esta facilidad? ¿Y si de pronto me estancara consciente de que no se nada? ¿Si de pronto me paralizará la autocrítica o llegará el agotamiento?” Ante un futuro prometedor, el paso del tiempo, hace dudar a la artista de su propio sentido profesional y de existencia. “La vida se cobra muy duramente Diego, nos merma en lo que creemos es nuestra única fuente de vitalidad; nuestro oficio. No sólo he perdido a mi hijo, he perdido también mi posibilidad creadora; ya no se pintar; ya no quiero pintar” Aun así, ella parece tener segura una condición de ser amoroso y se despide así “Te abrazo y te digo de nuevo que te amo, te amaré siempre, pase lo que pase”.

En la carta del 2 de enero de 1922, se puede observar que el tiempo tiende a reacomodar muchas situaciones de vida, sobre todo cuando se confrontan las pérdidas físicas y emocionales que se hacen presentes en el trayecto de la existencia. Podemos leer y mirar a momentos a una Angelina desafiante, preguntando y aceptando acerca del amor de su amor. Ella decide dejar sus virtudes femeninas y señala “No tengo en qué ocuparme, no me salen los grabados, hoy no quiero ser dulce, tranquila, sumisa, comprensiva, resignada, las cualidades que siempre ponderan los amigos. Tampoco quiero ser maternal; Diego no es un niño grande, Diego sólo es un hombre que no escribe porque no me quiere y me ha olvidado por completo.” Y comprende premonitoriamente que

La cosa es que no me escribes, que me escribirás cada vez menos si dejamos correr el tiempo y al cabo de unos cuantos años llegaremos a vernos como extraños si es que llegamos a vernos”. Incluso revela la contradictoria lucha interna de sus experiencias amorosas “Debería quizá comprender que ya no me amas, pero no puedo aceptarlo”. Y entonces se aferra a lo vivido con Diego y tal vez ella cree en lo que dijo: “¡Qué sedante eres Angelina, qué remanso, que bien te sienta tu nombre, oigo un levísimo rumor de alas! Y ella pregunta “¿Me quieres?”

El oficio de ser pintora y el bastarse a sí misma son los regalos que Angelina reconoce como singulares, así lo dice en la carta del 22 de febrero de 1922.

Mis padres me enseñaron a bastarme a mí misma; les debo este inmenso regalo que nunca acabaré de agradecérselos… mis propios padres me obligaron a tener una profesión… El lograr mi independencia económica ha sido una de las fuentes de mayor satisfacción y me enorgullece haber sido una de las mujeres avanzadas de mi tiempo.

Incluso habría que reconocer que entre sus experiencias cotidianas se cuentan las epifanías, esas que ciertas personas viven de vez en cuando. En la carta del 2 de diciembre de 1921, se puede mirar que aún con la pérdida de Diego, visita el Louvre, asegurando que “Lloré mientras veía los cuadros, lloré también por estar sola, lloré por ti, lloré por mí, pero me alivió llorar porque comprender, finalmente, es un embelesamiento y estaba proporcionando una de las grandes alegrías de mi vida… Siento que he vuelto a nacer, tantos años de entregarme a la pintura, tantas academias, tantas horas en el taller, tanto ir y venir contigo y sólo ayer tuve la revelación” (Poniatowska, 2013, pp. 20-21).[4]

Educare y exducere de seres semejantes: Elena y Leonora

Una vez más el educare y exducere propios de Elena Poniatowska reaparecen cuando escribe acerca de su amiga y gran pintora, escultora, escritora y mujer intelectualmente excepcional: Leonora Carrington.[5]

La novela titulada Leonora tiene 56 capítulos, bibliografía y agradecimientos que suman 510 páginas, mismas que dado el personaje y el gran oficio de la autora, dejan una grata y vibrante experiencia de lectura, pero también dejan la necesidad de más letras acerca de la Novia del Viento y Novia del Tiempo (González, 2011).

En Leonora de Elena Poniatowska se aprecia una singular habilidad para configurar una biografía y a la vez una novela. En este escrito se nota la amistad y el respeto que se guardan ambas mujeres. También abarca una larga época, en la cual uno recibe información acerca de muchas vivencias y experiencias de Leonora, a la vez, se descubren muchas situaciones del desarrollo no sólo de la Ciudad de México, sino de sitios europeos y estadounidenses, claro de algunas regiones de nuestro país, es una novela que ayuda a entender algunos rasgos sociales y culturales de nuestra sociedad.

Leonora es una biografía y novela en donde se narra magistral, directa, ágil y plena de letras brillantes e imágenes en claroscuros, la vida de una mujer que llega a ser nombrada: Novia de Viento. Y que también podría ser llamada: Novia del Tiempo (González, 2011)

Es una novela que inmediatamente atrae la mirada, quizá porque en la portada aparece una fotografía en blanco y negro, en donde aparecen tres personajes, entre los cuales, es la figura femenina, la que llama la atención e inevitablemente la vista descubre un bello rostro, unos hermosos e intensos ojos y una suave, atrayente y enigmática sonrisa: Leonora Carrington.

Leonora es un ser humano excepcional, que al parecer, también puede ser interpretada a través del educare y exducere, porque durante su niñez y adolescencia desarrolla una forma de ser y pensar, con gran dosis de lógica, pero también de fantasía, Leonora cuestiona, casi todo y, confronta la educación familiar, escolar y social de su época.

En la campiña inglesa se revela toda la fuerza y energía de su ser niña y adolescente, corriendo y saltando, pero sobre todo montando a caballo, quizá, una de sus grandes pasiones, e incluso llega a afirmar que conoce el lenguaje caballo y, qué debido a las pláticas con ellos, conoce muchas cosas, no sólo del mundo de los corceles, sino del mundo de los animales.

En la intimidad de su dormitorio observa, sueña y mira cosas que plasma en curiosos dibujos, asimismo escribe notas al derecho y al revés, e indistintamente con la mano derecha o izquierda, del mismo modo, afirma recibir constantes visitas de los sidhe (Poniatowska, Leonora, 2011, p. 12), que igual la acompañan cuando realiza sus tareas, que cuando se baña, o bien, en su cama cuando se dispone a dormir. 

A los veinte años de edad, Leonora deja la casa familiar y vivirá en Francia con Max Ernst, pintor de mayor edad que ella. Así Carrington, casi de inmediato, se libera de toda una vida de reglas y se encuentra con la comunidad artística de los surrealistas, lo cual le abre horizontes artísticos, primero a través de Max, luego por el talento y mérito propios.

Fuera del seno familiar y en compañía de Max, quien le llama: La Novia de Viento, Leonora disfruta de espacios de libertad y crece en creatividad ya que la producción de obras y temáticas llegan una tras otra, del mismo modo goza intensos días y noches de amor junto a su compañero.

A sus 23 años de edad, Leonora está lejos del seno familiar y, en un país, en donde la atmósfera social, anuncia la guerra, y dada tal situación, Max es detenido como extranjero sospechoso. Leonora experimenta la separación y el abandono amoroso, paralelamente, el encuentro social de guerra, con lo cual, poco a poco entra en un estado de angustia, que va en aumento cuando una pareja de amigos la rescatan y junto con ellos huye hacia España. Allí dada la creciente angustia y extravíos experimentados por Leonora, irónicamente, por instrucciones familiares, es detenida por la policía de la embajada inglesa y recluida en un hospital psiquiátrico. En ese lugar es tratada como psicótica y sometida a un tratamiento con cardiazol, droga que induce espasmos semejantes a los electrochoques, que junto con la vigilancia enfermera y médica, la ingobernable, apasionada y libertaria Carrington, es paulatinamente disminuida, controlada y disciplinada, sin embargo, la resistencia e inteligencia, nunca la abandonan, escapando no sólo del maltrato hospitalario, sino de Europa, para arribar primero a Nueva York y, después a México.

Elena Poniatowska nos cuenta acerca de la llegada y estancia de Leonora en México, y gracias al virtuosismo de la novelista, podemos darnos cuenta cómo ha evolucionado el perfil urbano de la ciudad de México. Ciudad en la cual habitará y en donde producirá la mayor parte de su obra, establecerá lazos no sólo fraternos, sino mágicos con Remedios Varo, y además experimentará la maternidad. Es también la ciudad a la cual llegará un singular personaje que impulsará a escala mundial la obra de Carrington: Edward James.

Parte de la novela trata acerca de las inquietudes mágicas propias de Leonora, y se resalta la compañía de Remedios Varo; también nos enteramos del permanente y familiar interés de Carrington por el psicoanálisis, el budismo, lo oculto y lo esotérico, cuestiones inherentes a Leonora.

Es importante dar cuenta del viaje que Leonora hace a Chiapas en donde Gertrude Duby Blom, o sea, Gertrudis, asume el papel de su anfitriona en San Cristóbal de las Casas, trayecto en el cual se corrobora que lo mágico es inseparable de Leonora, e incluso es reconocida y bien recibida en territorio de chamanas.

Cuando Trudi le cuenta de un corcel hechizado, ella quiere verlo. En el extremo de un potrero, un caballo respinga bajo los fuetazos de su dueño:  

El fuete es especial para los animales hechizados. 

Entonces ante la sorpresa de todos, Leonora se acerca, estira el brazo, el caballo baja la cabeza y ella pone su mano con la palma extendida sobre los ojos del animal que de inmediato se calma. 

¿Cómo hiciste eso?

Le hablé en caballo. Yo hablo caballo. Ahora quisiera darle azúcar (Poniatowska, Leonora, 2011, p. 431).

De igual forma conocemos de las entrevistas que sostuvo Leonora con chamanas de la región, con quienes establece contacto y especiales diálogos, por ejemplo: Paskwala le dice que “mientras la palabra exista, nada se va a olvidar y sólo con la palabra tenemos memoria y si hay memoria yo existo.” Ante lo cual Leonora pregunta: “¿Tú crees que yo existo, Paskwuala?”. Y le responde: “No sé, sólo sé qué haces mucha falta” (Poniatowska, Leonora, 2011, p. 435).

Elena Poniatowska nuevamente nos deja entrever el educare y exducere de su propia formación, a la vez, nos descubre un ser semejante. En Leonora, también reconoce que su amiga jamás acepto ser entrevistada y que gran parte de la información es producto de visitas a tomar el té y de pláticas que sostuvieron como entrañables amigas a través de un largo periodo compartiendo sus vidas. Leonora es fruto del oficio de ser reportera y es resultado de su interminable curiosidad de saber acerca de las formas de pensar, sentir y decir acerca de la subjetividad de la gente común y corriente y de algunos seres excepcionales.

Vestida de dorados y rojos mexicanos al recibir el Premio Cervantes 2013

Por último, comentaremos partes del discurso de la autora al recibir el Premio Cervantes el 23 de abril del 2014.

Elena Poniatowska comienza su discurso recordando a García Márquez señalando que antes de su escritura, los latinoamericanos éramos parte de los condenados de la tierra, pero con él, fue posible imaginar y volar mediante la escritura y resignificando el lenguaje.

Elena resulta ser heredera de tal legado. Lo es de las voces de los condenados de la tierra y sus nuevos proyectos de vida. Es guardiana de conocimientos populares y públicos. Y es comunicadora de muchos eventos de vida cotidiana.

Ella resulta ser la cuarta mujer en recibir tal premio, frente a 36 hombres acreedores al mismo, y se presentó al protocolario acto, orgullosamente vestida con ropa indígena oaxaqueña, vestimenta de colores oro y rojo, semejantes a los colores de los soles que nos alumbran en montañas, valles, playas y desiertos que componen las distintas regiones de nuestro país. Soles dorados y rojos mexicanos vistieron a Elena Poniatowska el día de su premiación.

Recordó que Sor Juana Inés de la Cruz dio la batalla más significativa de la historia de su época, quizá de otras más, la del alegato y derecho de la mujer para cultivar el conocimiento y el castigo por pensar y sentir de manera lógica y científica fue la imposición del silencio. Silencio que desde hace mucho tiempo se ha venido reproduciendo culturalmente en los habitantes de nuestra sociedad.

En la novela testimonio Hasta no verte Jesús Mío, se afirma que Jesusa Palancares, es un ser callado, quien desde su pobre vivienda y a través de su única y pequeña ventana trata de comprender el sentido de su vida contemplando las estrellas de los cielos nocturnos, todo ello desde un profundo silencio.

Elena recuerda y reconoce que su madre Paula Amor no supo el país que les regalo a ella y a su hermana. Dice

En 1942 llegué al país del sol, en donde aprendí el español de la calle con la escucha de los pregoneros, de los andariegos, de los vendedores, con las terribles informaciones de muertes de mujeres, (que afirma, aún persisten, en Ciudad Juárez y otros lugares del país), español que también aprendí escuchando a mi Nana.[6]

Expresa que el español le impactó y “la escucha del Gracias mexicano se me hizo más intenso y auténtico que el ‘merci’ francés.” También recuerda y ahora confirma el enorme país terrible y secreto que es México, que según sus propias palabras era un lugar que la desafiaba a descubrirlo y lo hizo a través de las palabras. La llave fue el lenguaje, este le permite a Elena comprender a la sociedad mexicana, paradójicamente, a través de un aprendizaje del lenguaje del español en la calle y con habitantes “marginales”.

En un momento de su intervención en la premiación, señala la curiosidad propia de una de sus nietas, llamada Luna, para entonces afirmar “lo que se aprende de niña perdura indeleble en la conciencia y la vida”, entonces se puede notar que Elena Poniatowska aprendió el español cuando niña y ello perdura indeleble en su conciencia y su vida, al grado de ser reconocida y premiada por una institución interesada en el mantenimiento y desarrollo del español.

Luego reflexiona acerca del ser mexicano y traza rápidamente figuras de mujeres, la de Rosario Ibarra de Piedra y su lucha por recuperar a su hijo desaparecido, y la de las Madres de Mayo que por cada hijo desaparecido cubren su cabeza con un pañuelo blanco, también menciona a las mujeres indígenas que aún no tienen derecho de elegir marido, sino que son “vendidas” al hombre y mejor postor. Nuevamente las diferencias y desigualdades, incluso el silencio. Elena dice que el mexicano tiende a desaparecer y a expresar una ausencia de identidad, ella experimenta que cuando le pregunta a alguien, quien es, por lo general escucha: Nadie. Por ejemplo, recuerda que en el terremoto de 1985 la contestación de las autoridades y del ejército fue tardía, la población civil respondió generosamente al rescate de los heridos con la fuerza de sus propias manos y de sus mismos cuerpos, señala la presencia de un grupo de jóvenes punk que llegaron a trabajar en el rescate, durante todo el día y toda la noche, en silencio, cuando se iban ella le pregunto a uno cuál era su nombre, él dijo: “Nadie, bueno si quiere ponga Juan.” El silencio del olvido y de la marginación persiste en muchos grupos del país y se reproduce en las generaciones de jóvenes de nuestra sociedad.

Más adelante se identifica más que como autora, como acompañante de quienes tienen confianza en ella, “quienes confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan, niños, jóvenes, ancianos, presos, dolientes y estudiantes que caminan junto a esta reportera.” Y tiene claro que el poder financiero recompone todo, por supuesto al periodismo, piensa que pocos reporteros resisten los embates del poder, y exclama que se siente como una “ilusa, destartalada y candorosa evangelista que pertenece a México, en donde todos los días se hace necesario escribir, porque al día siguiente el periódico desaparece, se deja de leer y se usa para muchas otras cosas.”

Al finalizar su discurso, en una de tantas imágenes de ese evento, Elena Poniatowska está sentada junto a la realeza española y contiguo a la entonces princesa Letizia, Elena comenta que en esa ocasión le dijo: “Que curioso yo empecé como princesa y me convertí en periodista, tu iniciaste como periodista y ahora eres princesa.”

Bibliografía

González, L. H. (2011). “Leonora: Novia del Viento y Novia del Viento”. Revista Educ@, México, Universidad Pedagógica Nacional, s.p.

Poniatowska, E. (2012). La Noche de Tlaltelolco. México: Era.

Poniatowska, E. (2011). Leonora. México: Seix Barral.

Poniatowska, E. (2014). Lilus Kikus. Ciudad de México: Era.

Poniatowska, E. (2013). Querido Diego, te abraza Quiela. México: Era.

Schuessler, M. (2017). Elenísima. Ingenio y figura de Elena Poniatowska. Ciudad de México: Aguilar.

Notas

[1] En la Revista Educ@ de la Universidad Pedagógica Nacional hemos publicado los artículos Leonora: Novia del Viento y Novia del Tiempo y La Frida Enseñante, con los principios de análisis educativo del educare y exducere, enfocando e interpretando algunos rasgos de personalidad de dos seres excepcionales.

[2] El Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, es un galardón de literatura en lengua española concedido anualmente por el Ministerio de Cultura de España a propuesta de la Asociación de Academias de la Lengua Española, a Elena Poniatowska le fue otorgado dicho reconocimiento en 2013 y entregado en 2014.

[3] El 25 de julio del 2017, Elena Poniatowska publica en la Jornada el artículo titulado: Nunca Acaba la Infamia de Ayotzinapa Diana del Angel: Procesos de Noche. Es una denuncia por la saña con la cual se ha tratado a los normalistas en general, a los de Ayotzinapa en particular, allí se menciona el libro de Diana Angel, esposa y viuda, de Julio César Mondragón quien fuera muerto y desollado del rostro el 2 de noviembre del 2014, la joven esposa y viuda, denuncia y narra las enormes dificultades experimentadas por revelar este terrible hecho. Allí Elena escribe lo siguiente: “Miro el rostro de la niña Diana del Ángel y me pregunto en qué país vivo, en qué país una niña como ella se pone a investigar una muerte y a acompañar a una familia entera en el estado de Guerrero en vez de vivir sus años de estudiante a la sombra de ahuejotes, árboles de chirimoyas, guanábanas y naranjos. ¿Qué país es este, señoras y señores, diputados y senadores, para que una niña tenga que sentarse a escribir no sólo sobre el asesinato, sino del desollamiento?”

[4] En la parte final de Querido Diego, te abraza Quiela, se consigna que en 1935 Angelina Beloff llego a México, ella no busco a Diego, al paso del tiempo “Cuando se encontraron en concierto en Bellas Artes, Diego pasó a su lado sin siquiera reconocerla.”

[5] Leonora Carrington nace en 1917 en Lancanshire, Inglaterra, muere en la Ciudad de México en 2011.

[6] Habría que recordar que Elena Poniatowska llega a México sin conocer el español. Ella estudia en México en la modalidad del Liceo Francés, luego estudia en Estados Unidos cursando el High School.


 * Profesor Titular C de tiempo completo, Universidad Pedagógica Nacional-Unidad Ajusco. Area 2: Diversidad e Interculturalidad, Cuerpo Academico Sujetos y Procesos Socioeducativos. Para comunicarse con el autor escriba a: lhector02@yahoo.com.mx.

 La foto de Elena Poniatowska (arriba) es de Ariette Armella. Se reproduce con la autorización de Grupo Planeta. La segunda foto está tomada de internet.

 

 

 

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