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Revista núm. 26 - Julio/Diciembre 2019

Vizcaíno: su presencia infinita 

Sergio Gómez Montero*

En memoria de Miguel de Anda Jacobsen

y de Sergio Fernández

 

Vendrá la libertad. Sobre el pasado inerte
veremos a la vida derrotando la muerte. 
Tendremos alegría, tendremos entusiasmo, 
la actividad fecunda sucederá al marasmo
 

Alfonso Guillén Zelaya: "Vendrán los nuevos días”

Agradecimientos

Ileana Hernández, a los organizadores del homenaje, CEART Ensenada del maestro Rubén Vizcaino, a mi mente que aún me sigue funcionando, a todos quienes me han dado su apoyo para estar aquí y particularmente a quienes esta tarde nos están acompañando al maestro Vizcaíno y a mí.

ruben vizcaino

Creo que no mentiría si dijera que todos los que estamos aquí, por una u otra razón, hemos sabido de Rubén Vizcaíno Valencia (en la foto, arriba), el colimense, de Comala, donde nació en 1919, o sea que lo de rulfiano (su estampa, su charla, su actividad incansable) le viene de nacimiento, y quien desde 1952 radicó en Baja California, primero en Mexicali y luego en Tijuana, en donde estuvo allí hasta fallecer en 2004. 

Hombre inquieto y emprendedor toda su vida. Nunca cesó de concretar sus inquietudes en proyectos diversos, que dejaron huellas varias, particularmente aquí en Baja California (tomo de Tijuana Verdadera de 14 de febrero de 2010, varios de los datos que aquí menciono; otros del Diccionario de Baja California), en donde todos los que hemos tenido contacto, por una razón u otra con la cultura, conocimos al maestro y si no tuvimos esa suerte sí trabamos contacto con alguno de los múltiples proyectos que él impulsó: desde la Escuela de Artes Plásticas de Mexicali, el Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Tijuana (en donde radicó desde 1959), la Escuela de Humanidades de Tijuana de la UABC, el suplemento Identidad del periódico El Mexicano, la Sociedad de Escritores de la Península de Baja California, fundador de la revista literaria Amerindia, funcionario del sector público y universitario y como casi todos los escritores de aquella época también incursionó en la política desde diversas trincheras, no en balde, por eso, al maestro Vizcaíno se le nombró Profesor Emérito de la universidad del Estado. En diciembre de 1998, las autoridades universitarias, le rindieron otro homenaje asignándole su nombre al Teatro Universitario de Tijuana. En 1999 se le otorga un reconocimiento como “Creador emérito” en el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Baja California.  En 2000 El Colegio de Bachilleres de la Mesa recibe el nombre del profesor Rubén Vizcaíno y el Teatro Universitario es bautizado como “Teatro Rubén Vizcaíno Valencia”. En septiembre de 2001 el H. Congreso de Baja California condecoró al Profesor Vizcaíno con la Medalla de Honor “Adalberto Walter Meade, Promotor de la Cultura” reconociendo su labor en “la promoción y difusión de los valores de los bajacalifornianos”.

Quizá, como se muestra en la reseña sucinta, de las actividades del maestro en Baja California aquí esbozada, ello nos permite tener una idea cercana de porqué al maestro Vizcaíno lo conocimos todos aquellos que, desde mucho antes de 2004 y hasta hoy, tuvimos contacto con el gobierno del estado, con la universidad de Baja California, las actividades culturales o la vida pública de la entidad, y por eso es que sabemos bien de Rubén Vizcaíno Valencia, un hombre dedicado a servir al estado, a sus instituciones y particularmente a los jóvenes de la entidad.

Él es, por tanto, toda una leyenda. 

Pero él no es, sólo, el conjunto de datos biográficos llenos de interés hasta aquí mencionados. Hay, más allá de ellos, una historia mucho más profunda hasta hoy escasamente conocida[1] y sobre la que no hay aún estudios que nos digan suficientemente, con claridad, qué fue lo que pasó respecto a esa etapa de tiempo en la entidad y cómo fue, particularmente, que Baja California abrió sus puertas a personajes tan singulares como el maestro Vizcaíno Valencia, porqué fue que varios artistas y escritores como él, particularmente en la época de la gubernatura de Braulio Maldonado llegan aquí y se establecen particularmente en Mexicali y luego, algunos, regresan a su lugar de origen, se quedan en Mexicali o emigran, como el maestro Rubén, a la en ese entonces siempre agitada Tijuana. Pero, la pregunta surge de inmediato: ¿por qué ese éxodo que, aparte de don Rubén trajo a Baja California, entre otros, al Chino Jesús Sansón Flores, Horacio Enrique Nansen, Valdemar Jiménez Solís, Francisco y Facundo Bernal, Miguel de Anda Jacobsen, entre otros varios? La pregunta, no se crea, tiene sus bemoles, que vinculan a esa historia, con hechos aparentemente dispersos que tienen que ver con el desarrollo zigzagueante de la Revolución Mexicana y que hasta hoy, insisto, quizá porque forman parte de una historia de esa Revolución que se desarrolló entretelones y a la que no todos tuvieron acceso. Es decir, formulo la hipótesis. La revolución mexicana como fenómeno social tuvo una parte dominante, que es la que aparece en los libros oficiales, en donde sólo unos salieron triunfantes (Carranza y Obregón) y otros murieron asesinados (Villa y Zapata) u, otros, ocuparon sólo lugares secundarios que no les redituaron mucho, por más esfuerzos que hicieron para que sus ideas fueran tomadas en consideración (la corriente anarcosindicalista y particularmente los hermanos Flores Magón) más allá de los textos que le dieron vida a la original Constitución de 1917. ¿Qué fue de ellos, qué fue de sus valiosas aportaciones teóricas para que, luego de 1917, se siguieran manteniendo vivas las ideas que le dieron cuerpo a la Casa del Obrero Mundial, a la escuela rural mexicana o al nacionalismo en el arte? La hipótesis, pues, que formulo tiene que ver precisamente con esa parte poco estudiada de la revolución mexicana, que es precisamente el lado izquierdo de ese movimiento armado y que vino a aterrizar, en parte, precisamente en Baja California y con el cual, entre otros, tuvo vinculación Rubén Vizcaíno Valencia.

Es decir, así se teje la anécdota que se desprende de la hipótesis mencionada. Luego de que Lázaro Cárdenas deja la Presidencia del país y que impulsa en Baja California, un poco antes, el denominado “Asalto a las tierras” en Mexicali 27 de enero de 1937, le encarga al general Francisco José Múgica (uno de los principales impulsores del anarcosindicalismo desde las filas de la revolución de 1917) se traslade a Baja California para atender la situación política del estado, pues Cárdenas sabía bien, que dada la situación geopolítica mundial de la época, Múgica, como era la intención original del entonces presidente de la República, no lo podía suceder en la presidencia de la República, pero sí podía vigilar que los gringos, tomando como excusa la guerra, se apoderasen de nuestra península (calificándola de tierra estratégica en el conflicto armado), y por eso fue que, desde entonces, Baja California se convirtió en un territorio estratégico para el gobierno de la República. De ahí que no fuera gratuito el que, desde entonces hasta la época del gobierno de Braulio Maldonado y en menor medida con los gobiernos que le siguieron, la entidad acogiese a un amplio número de artistas e intelectuales (formados en las filas del nacionalismo revolucionario de aquella época, miembros de la LEAR –Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios– algunos de ellos) que fue aquí donde desarrollaron gran parte de su carrera creativa y en menor medida también política, en las filas de un PRI en donde aún cabía el nacionalismo revolucionario. Entre ellos y los gobernantes de la Península en aquel entonces se tejió una alianza lo suficientemente sólida como para impedir que la ambición de nuestros vecinos estadounidenses se concretase.

Sólo así, en tal marco, es posible explicarse la vida, entre otros, de Rubén Vizcaíno, quien comienza realizando labores bajo el amparo del PRI y del gobierno de Braulio Maldonado, hasta terminar en Tijuana como catedrático (en una de las preparatorias de aquel entonces) de la UABC, pero, sobre todo, como impulsor de proyectos de gran trascendencia en la literatura regional (la revista Amerindia, el grupo de poetas jóvenes de Tijuana) y sobre todo a nivel universitario, pues gracias a él, en gran medida, la UABC crea en Tijuana la Escuela de Humanidades, que da cabida a licenciaturas como Filosofía, Historia y Literatura Hispanoamericana que, todavía hoy, sigue egresando profesionistas de gran valía y reconocimiento a nivel nacional, lo que abona a la memoria de un hombre, el profesor Rubén Vizcaíno Valencia, quien sin duda es una verdadera leyenda en la historia de este estado. 

Algo queda pendiente y es muy importante: darle continuidad a las tareas del profesor Vizcaíno: que la cultura, en Baja California, sobre todo, sea una tarea que no quede trunca, que no quede vacía, que se convierta en una tarea central del gobierno del estado, que ella, en lo particular, se convierta en agua que riegue a la juventud y que la juventud se deje regar por ella, y que la sabiduría del profesor Vizcaíno siga siendo alimento vivificante para todos los bajacalifornianos.

Nota

[1] Digase que así es la historia del país: un conjunto de claroscuros hasta hoy insuficientemente estudiados.


*Profesor jubilado de la UPN, Subsede Ensenada, B. C.

Culturólogo de vieja estirpe. Para comunicarse con el autor escriba a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

  

 

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