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Revista núm. 26 - Julio/Diciembre 2019

Difusión cultural: ¿qué hacer más allá del Centro?

Sergio Gómez Montero*

 

Leo, realmente interesado, el libro más reciente de mi compadre Eduardo Cruz (Antología de la gestión cultural, episodios de vida, UANL, México, 2019), que sin duda merece una reseña larga y muy bien apuntada (anoto: tarea pendiente), pero que hoy me sirve para abordar un tema que es de gran interés para quienes, desde tiempo atrás, estamos interesados en la temática del centralismo y qué relación existe entre éste y la cultura. Se hace referencia aquí al libro de Eduardo Cruz, porque en él, una serie de relatos biográficos de múltiples autores, uno encuentra en el trasfondo de casi todos ellos, la temática aquí mencionada de centralismo y cultura, que no logra explicarse a plenitud pues no es el objeto central de los escritos del libro, pero que sí es como un panorama común a ellos. Y hay razón para que eso suceda, pues quienes escriben han dedicado buena parte de su vida a trabajar con la cultura y a difundirla.

Dígalo por ejemplo si no un hecho contundente y demoledor: en promedio, en la Ciudad de México (CDMX de aquí en adelante), diariamente, se llevan a cabo 2000 actividades culturales. Es verdad, se habla de una metrópoli de más de 10 millones de habitantes, de los cuales, a la presentación de un libro, por ejemplo, acuden entre 10 y 15 personas; a una función de teatro entre 50 y 100 asistentes, o una exposición de pintura, durante quince días, un promedio de 100 diariamente. ¿Mucha actividad y poca asistencia? Quién sabe, pero no es eso lo que aquí se quiere resaltar, sino el hecho de que no hay ninguna relación posible, en términos de actividades culturales, entre la concentración que se da en la CDMX y el resto de las provincias del país, en donde ni Monterrey o Guadalajara (mucho menos Tuxtla Gutiérrez o Mexicali) se acercan mínimamente a los promedios de concentración de la CDMX. 

¿Cuáles son las razones de lo anterior? Varias, que aquí sucintamente se mencionarán, tanto por la naturaleza de este escrito, como por cuestiones de espacio. Por ejemplo, la función sacramental de la ciudad central del país: si no existes allí, no existes. Porque allí, en esa ciudad, se concentran recursos y oportunidades. Porque finalmente los intercambios de experiencias te ayudan en tu formación profesional y académica. Pero nada de lo anterior es suficiente para fortalecer un hecho: la profesionalización académica tanto en la CDMX como en la provincia no existe o existe muy disminuida y menospreciada. Mientras en otros países eso es lo primordial, en el nuestro, las escuelas académicas de nivel licenciatura como música, danza, canto, pintura, artesanías y conservación (que obvio, están casi todas en la CDMX), tienen en promedio 200 alumnos, de los más de 600 que se presentan en cada promoción. Algo está mal ahí; no checa.

Es válido verlo y analizarlo desde la CDMX, en donde se concentra lo hasta aquí mencionado, al margen de que las oficinas de la Secretaría del ramo hoy se estén trasladando a Tlaxcala, pero sin que, hasta hoy, existan documentos de planeación y administración pública que expliquen y sustenten el porqué de los cambios, los diagnósticos y estrategias en que se basan. Como el Programa Nacional de Desarrollo, todo es puro blablablá y nada de sustento teórico fundamentado, lo cual hace pensar que la práctica nada bueno augura.

El problema no es ficticio. Tanto si uno se remite al libro de Eduardo Cruz aquí citado, como a la experiencia personal, la gestión o difusión cultural en la provincia tiene, evidentemente dos limitantes. Por un lado, la más obvia: de la misma manera en que se concentran las actividades culturales en la capital del país, de esa misma manera y en esa proporción se concentran en la CDMX instituciones y por ende presupuestos. Pero no es ése el problema principal: a nivel  nacional, pero agudizado en las provincias, es el hecho de que hasta hoy, al no existir plan nacional de desarrollo tampoco existe programa correspondiente del sector, cuyas acciones, hasta hoy, son una mezcla anárquica de chile, de dulce y de manteca que nadie sabemos para dónde va. Y así, si eso sucede con el gobierno federal, peor sucede con los gobiernos de provincia que no tienen (o más bien no destinan a ello) recursos económicos y que no tienen la menor idea de lo que deben hacer al respecto…, y por eso, el zapateado se vuelve un matar hormigas y cucarachas como si fuera ballet folklórico nacional.

No, pero ya en serio: ¿qué pasa con la difusión y/o gestión cultural a nivel nacional?

Lo primero y más significativo al respecto es ponerse de acuerdo en eso que el GRECCU ha trabajado durante tanto tiempo y sobre lo que aún no logra acordar: ¿qué son realmente las dos acciones mencionadas?, ¿son dos ellas?, ¿es una sola, mencionada con diferentes nombres? Sea lo que sea, lo que sí es urgente en términos de planeación cultural es convocar a los expertos del área a nivel nacional para que den a conocer sus puntos de vista sobre la materia, para ver, entonces sí, qué es lo que corresponde a cada quien hacer para ver los recursos que se requieren y cómo es que ellos se van a conseguir, sin que capital ni provincias se echen para atrás.

Ahora bien, si la Federación no se quiere echar el trompo a la uña, las provincias pueden avanzar al respecto, y por invitación (no por convocatoria con patrocinio), como siempre lo hacen, atraigan a los especialistas en esa yerma materia a que den a conocer sus puntos de vista para que ello sirva de marco que cobije los quehaceres en la materia y las tareas así se hagan más orgánicas y congruentes y así se logre superar al menos la anarquía que prevalece al respecto.

Es decir, pues, que si nos ponemos rigurosos al respecto y tomamos en cuenta la anarquía mencionada, todos y nadie, contradictoriamente, sería/n responsables del caos que subsiste en la materia (gestión/difusión cultural), por lo que una manera sencilla de abordar el problema es lo que hasta hoy se ha venido haciendo: que todo siga igual y que el problema de la gestión/difusión cultural subsista como uno de los grandes misterios nacionales a los que a nadie le interesa hacer frente… Sí, a lo mejor para todos es mejor que se mantenga como misterio.


*Culturólogo medio cansado ya. Para comunicarse con el autor escriba a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

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