Arte e institucionalización

Art and institutionalization

Sergio Gómez Montero*

Para Octavio Moctezuma y Ady

Cuando uno escribe de arte y cultura hoy, entre nosotros (me refiero al México de nuestros días), siempre considera que puede estar molestando a alguien (obligado, pues, a andar con pantuflas y de puntitas) y por eso lo hace con consideración, con celo, con cautela. Causa, casi siempre, placer hacerlo: por el cuidado extremo que debe poner en la tarea. Estas notas, cortas, que apenas esbozan algunas ideas (por eso son cortas), para que nadie se sienta aludido. En fin, escribir es sólo la finalidad. Aunque la escritura no sea siempre así: a veces puede pisar uno sin miramientos, con garbo, con alegría.

Una de las paradojas más relevantes del arte y la cultura contemporáneos en el país es cómo, ambos, se vinculan con la “institucionalización”, un fenómeno al que pocos hasta hoy han tomado en cuenta al realizar un análisis histórico tanto de arte como de cultura en México (y cuya aparición se vincula con el surgimiento del neoliberalismo o del TLCAN). Cuando los analistas se encuentran con la paradoja mencionada, de manera automática parecieran caer en un estado de estupor catatónico, del que sólo difícilmente logran salir. La institucionalización, para ellos, es un territorio de espanto a superar, por más que ella sea sólo una paradoja en el camino. Pero, ¿la institucionalización aparece como por arte de magia en el camino de la creación artística y de la cultura en México, o es resultado de algún proceso histórico previo que le da origen? Manejar hipótesis en ese sentido es complicado, pero en el caso de este escrito se comenzará con una de esas hipótesis, pues se considera de utilidad. Así, se puede partir del hecho de que la institucionalización no se entiende si no tomamos en consideración que ella es un producto que deviene del nacionalismo. Que allí, en el nacionalismo, está el origen de la institucionalización que hoy predomina tanto en arte como en cultura del país.

La institucionalización de arte y cultura en México no se llevó a cabo antes (la creación en ambos campos tuvo una relativa libertad y autonomía hasta finales del siglo XIX) ni mucho menos se debe conducir por ese camino en un futuro próximo. Históricamente, es con el nacionalismo en los finales del porfirismo (El arte en tiempos de cambio 1810-1910-2010) que comenzó a manifestarse con fuerza y luego (extrañamente con la postrevolución) tomó auge. Ello fue la cuna de la institucionalización que de manera paulatina dominó entonces tanto a arte como a cultura. Por ejemplo, Manuel M. Ponce surge como nacionalista, ya no como romántico (por más arbitrarias que sean las divisiones en términos de movimientos artísticos o culturales), a finales del porfirismo y se consolida como nacionalista con la postrevolución. Mas el nacionalismo no sólo se manifiesta en la música (en donde Carlos Chávez juega un papel central), sino que también en la pintura (el muralismo con, entre otros, Orozco y Rivera), la literatura (la novela de la revolución), la arquitectura (Mariscal, Obregón Santacilia, O´Gorman, Barragán), la danza (Waldeen, Sokolow, Campobello). El papel de los ateneístas (Vasconcelos, Henríquez Ureña, Caso) en ese movimiento fue básico y central.

Pero con Rafael Tovar y de Teresa (desde hace más de 25 años) se inicia la institucionalización, a la vez que poco a poco se opaca el nacionalismo, y que, al igual que él, no sólo mantiene una relación estrecha entre Estado y arte, sino que con la institucionalización la creación cultural pierde definitivamente la lucha que dio para no quedar sometida a las instituciones y particularmente al PRI, y es así que con él, con Tovar y de Teresa, ese sometimiento se consolidó y con tortibonos (premios, reconocimientos, SNC, becas y demás, la oficialización de la Secretaría de Cultura Federal) el Estado se entronizó en el campo cultural (que es finalmente en donde se inscribe la creación artística) y fue de tal forma que ambas creaciones, la artística y la cultural mencionadas, se inscriben casi de manera total en los ámbitos oficial o comercial, con escasas excepciones (Toledo). Asimismo, el reconocimiento público de tales labores difícilmente sale de los ámbitos mencionados (pocas veces los extienden los artistas o la heterodoxia crítica al ámbito de lo público). Hoy, el ser y el existir en cuestiones culturales dependen pues de eso: existo en la medida que disfruto de una beca o soy miembro del Sistema Nacional de Creadores y puedo entonces así comerciar mi labor. Hoy, aún las artes populares provenientes de las actividades cotidianas de los artesanos del país están también sometidas al reconocimiento oficial, lo que en gran medida las desvirtúa. Es de esta manera que el Estado domina el arte y la cultura y ésa fue la preocupación de toda la vida de Rafael Tovar y de Teresa, y hoy seguramente lo va a ser la de María Cristina García Cepeda (burócrata de la cultura toda su vida profesional). Para el Estado totalitario de nuestros días eso seguirá siendo fundamental.

De hecho, pues, si bien con el nacionalismo se comienza a dar una hermandad estrecha entre Estado y arte; esa hermandad, con la institucionalización incorpora a la cultura y extiende así, particularmente, los tentáculos de la comercialización y privatización (Museo Soumaya) de las actividades que allí se cobijan: arte y cultura, hoy, adquieren cada vez mayor multiplicidad y riqueza (una variedad y complejidad de las cuales apenas ahora comenzamos a tener idea, entre otros con el libro de Eduardo Cruz Vázquez Sector cultural, claves de acceso).

También falta, creo, estudiar más fondo cuáles son, y cuáles sus características, los movimientos artísticos y culturales que se generan con la institucionalización, pues casi todos ellos, hasta hoy, se mantienen si no ocultos, sí subterráneos, subyacentes y sobre todo poco estudiados. Habría que comenzar a descubrirlos y narrar cuáles son sus principales características. Desde quiénes se murieron ya y quiénes están llegando ahora al Colegio Nacional y por qué.

¿Dentro o fuera de esa realidad qué importancia tienen hoy las tareas culturales (todas) de un pueblo como el nuestro? Esbozo apenas. Primero, reconocer que ellas son múltiples y diversas y que se mantienen vivas en diversos estratos de la población, y que dada nuestra naturaleza multicultural ellas deben ser respetadas desde la raíz y desde su origen. Eso alimenta a la creación artística de una manera sustantiva, la que, para ser tal, se debe distinguir por la libertad con la que el creador la debe generar. Eso debe seguir llevando a un estudio acucioso sobre el origen de esas actividades entre nuestros pueblos originarios y precisar cuáles son hoy sus principales características. Segundo. Sigue siendo aún tiempo de construir conceptos que retomen las ideas de Bauman sobre cultura (la energía que alimenta a lo social) y que ello nos permita entender que la creación artística es sólo una parte (hoy más significativa que nunca) del todo social o si se quiere de las tareas culturales de toda sociedad. Tercero, si bien independientes, la cultura y el arte en la actualidad, y desde tiempo atrás, se encuentran estrechamente vinculados a la educación. Si esa relación, particularmente hoy, no se cuida y estrecha, seguramente ambos andarán tirando palos de ciego, sin atinarle nunca a la piñata. Cuidar hoy esa relación (lo que hasta hoy en México no se ha hecho) debe ser una tarea primordial para los años próximos; habría que tomar en cuenta que los curricula contemporáneos más avanzados le otorgan a la creatividad en general (incluyendo allí lo artístico) una importancia primordial (Comprender las industrias creativas, UNESCO). Finalmente, cuarto, fortalecer la organización de los creadores artísticos para que sean ellos los que impulsen la desinstitucionalización de la cultura (para volverla una tarea primordial dentro de lo social y autónoma en cuanto acto de creación) es un trabajo pendiente a impulsar en el corto plazo, para ir así dotando otra vez de significado verdadero a la actividad artística (también queda pendiente de estudiar cuáles deben ser hoy las características que distingan a las actividades artísticas y culturales que se deben impulsar y desempeñar en las sociedades contemporáneas).

El que ello conlleva romper con las políticas que tanto impulsó Tovar y de Teresa es obvio y desde luego no será el Estado priista –al que tan afín era el personaje mencionado– el que llevará a la práctica las nuevas políticas educativas y culturales que requiere urgentemente el país para beneficio de toda su población. Mientras la institucionalización predomine en todos los terrenos, poco se avanzará en lo social, el gran campo en donde arte y cultura se manifiestan.‚


* Escritor. Colaborador de esta revista e integrante de su Consejo Editorial. Para comunicarse con el autor escriba a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

 

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