El duro trabajo de educar

Ther hard work of educating

Sergio Gómez Montero*

Y si puedo decir sin orgullo, yo soy el que recibe la canción,
el que la sostiene y la transmite,
es porque tú puedes decirlo también
 

León Felipe: “¿Y si me llamase Prometeo?”

Para Lucía Ferreiro y Marcelino Guerra

A principios de este año, el entrañable compadre Eduardo Cruz me invitó a participar en un libro que estaba armando con muchos compañeros del medio cultural en torno al tema de Estado y políticas culturales. Pensé que valía la pena aceptar y me puse a redactar la nota que me correspondía (notas, eso era lo que teníamos que redactar todos los invitados a colaborar en el libro): las relaciones entre cultura y educación. Dentro de poco el libro saldrá a la luz pública (es más, ¡ya salió!): ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024 (ver portada abajo). Menciono lo anterior, porque, cuando surgió la invitación, pensé en aquel entonces en si alguien dentro de la UPN no había tenido la idea de hacer algo parecido para el sector educación: ofrecer ideas sobre lo que, el gobierno próximo, debiera hacer en nuestro sector, en donde todo se valiera, desde heredar la reforma del 2012 para darle continuidad (¿verdad, Olac?), hasta darle kaput a ella y optar por un nuevo modelo educativo para el país, que pensara seriamente desde ahora, digamos, en el 2030. Pero no, me quedé esperando esa invitación.

Pero hoy que lo pienso más tranquilamente, sé que eso siempre es una tarea frustrante que, en el mejor de los casos, sólo conduce a sus autores a que los consideren para ocupar cargos en los gabinetes educativos de los gobiernos en turno (Schmelkes, Martínez Olivé) o en cualquier otro puesto burocrático (Narro), para, desde allí, someterse servilmente al sistema neoliberal que desde hace más de 25 años mantiene al país insertado en el capitalismo.

Desde luego, de nada sirve (pensando en resistirse al neoliberalismo) escribir libros que delineen el futuro de las acciones sociales como parte del sistema dominante. Interesan y se publican sólo, al respecto, aquellos que no tocan ni con el pétalo de una rosa al sistema educativo hoy vigente. Es decir, se publicarán, seguramente, libros sobre educación; pero todos serviles, sumisos, carentes de verdadero sentido crítico que tanta faltan le hacen desde tiempo atrás al sistema educativo del país.

Mas de que hay cosas en las cuales pensar para experimentar en el futuro de las acciones sociales, lo hay, cerca y lejos de donde nosotros estamos y de esas ideas y de los autores que las elaboran podemos nosotros también elaborar otras ideas que nos ayuden a pensar en quehaceres sociales que insertos en una nueva forma de organizarnos socialmente le demos a lo educativo un nuevo sentido social. Entre esos autores a los cuales se hace referencia, que hoy están pensando a la educación de manera diferente, se encuentran, entre otros muchos, Satulovsky, Robinson, Frei Betto, Wayne Ross, Paul M. Carr, Pablo Gentili; o aún mucha información se encuentra, por ejemplo, en El panorama educativo 2017 y las 15 Claves de Análisis para Apuntalar la Agenda Educativa 2030 que la UNESCO ofrece y donde aparecen datos de gran utilidad para dar una idea de los retos a vencer si es que se quieren cumplir las metas que para 2030 están trazadas para la educación.

El que es necesario, antes, entrar a la lectura de autores como Bauman y Bordoni en su libro Estado de crisis es sin duda evidente para entender por qué lo de antes, en cuestiones sociales, ya no sirve para hoy, pues el hoy (verdadero estado de crisis) exige nuevas formas de organización social que si no se delinean para el presente, éste dejará de tener sentido. Y allí, sin duda, lo educativo ocupa un lugar central, lo cual conduce, un poco antes, a leer, de Marx y Engels, La sagrada familia, cuyo subtítulo es crítica de la crítica crítica.

Para muchos –y eso es lo interesante– no son ideas ni escritos lo que se requiere, son acciones en la práctica lo que hay que llevar a cabo. El dilema ahí inscrito no es fácil de dilucidar; él, el dilema, conlleva particularmente el hecho de si se debe mantener la inercia de las escuelas tradicionales o si se debe modificar de raíz desde ahora la forma de actuar de todas las escuelas de todos los sistemas educativos hoy vigentes. ¿De quién verse acompañado entonces para dar respuesta a ese dilema? Si uno opta por el sistema tradicional de escuela quizá las propuestas de los autores mencionados no sirvan de mucho para modificar de raíz el actuar de los sistemas educativos, porque las propuestas que se hagan tomando como base sus ideas es obvio que van a chocar con la forma de operar hoy de los sistemas educativos vigentes, a pesar de que, una y otra vez, han demostrado ser inoperantes (siempre según la OCDE): desde 1982, cuando la descentralización del sistema educativo en México, como reforma, seis años después tuvo resultados irrelevantes desde el punto de vista educativo, muy parecidos a los que en 2018 va a tener la reforma que en 2012 se lanzó al aire impulsada por EPN, el SNTE y Nuño. ¿Cómo entonces hacer que el sistema educativo del país opere?

Una primera propuesta al respecto puede ser entender que, en un país plurilingüe y multicultural, lo nacional no opera, si ello no se adecua a lo que exige la existencia de los pueblos originarios del país, es decir ello exige, por ende y de raíz, la existencia de una educación diversa, varia, adecuada antes que nada a la diversidad social que la economía del país ha generado. Es aberrante que en educación lo hegemónico sea una supuesta unidad nacional. 

Una segunda propuesta giraría en torno a hacer del sistema educativo, de sus diferentes partes, un sistema colegiado que tenga como base de operación la gestión escolar (no necesariamente sólo la escuela, sino los actores de la escuela en su conjunto); una gestión escolar cuya efectividad sea sistémica una vez que sus actores realicen sus acciones basados en el saber educativo y no en la política (mucho menos en la política sindical).

La tercera propuesta es polémica desde años atrás (desde los años cuarenta, mínimo; leer a Aurora Loyo) porque involucra a todo el sistema corporativo en que el sindicalismo magisterial se ha movido y el cual, virtualmente, hay que desaparecer y modificarlo con base al sistema colegiado que se propone y que opere con base en los consejos, que serían la base de ese sistema.

Una cuarta propuesta tendría que ver con lo que, desde hace rato, viene impulsando Boaventura de Souza Santos y que tiene que ver particularmente con la descolonización (todo lo que es “conocer desde el sur” y la “crítica de la razón indolente”), base para ir construyendo nuevos conocimientos liberadores, que permitan irnos situando como individuos nuevos y creativos.

En la rapidísima síntesis elaborada, la quinta propuesta giraría en torno al curriculum, el que sin descuidar en lo inmediato los contenidos básicos se deberá ir concentrando paulatinamente en dos cuestiones fundamentales: la creatividad y el trabajo, como ya en alguna ocasión lo he propuesto.

Bueno, pues, mucho es lo que le corresponde pensar a la UPN (y a todos los docentes del país) sobre cuestiones educativas los años próximos, más allá de ese caos que persiste desde años atrás y que es el qué hacer con la formación docente y la superación magisterial con objeto de que ellas se libere de la tutela sindical y de la meritocracia a que la tutela mencionada la tiene sometida (leer a Arnaut, Díaz Barriga, Ornelas, Gil Antón, es necesario pero no suficiente).

Me pregunto si algún día nuestra institución asumirá el trascendental papel de pensar a la educación con un sentido realmente crítico, creativo y socialmente responsable. Mientras habrá que seguir esperando, como desde 1986, creo, cuando me tocó hablar en Pedagogía, que era entonces revista de nuestra UPN, sobre el subsistema de formación y actualización docente y dar algunas ideas sobre lo que él debiera ser; ideas que el viento se llevó, como el viento se lleva todas aquellas que asumen desde una perspectiva crítica la complicada tarea de educar.

Ojalá y algún día en este país eso ya no llegue a pasar.

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* Escritor. Colaborador de esta revista e integrante de su Consejo Editorial. Para comunicarse con el autor escriba a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

 

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