Revista Núm. 24 - Julio/Diciembre, 2018

Columna: Intermedio

Frankenstein. 30 de agosto (1818-2018)

Frankenstein, August 30 (1818-2018) 

Lourdes de Quevedo Orozco[1]

 

 

El ayer del hombre jamás será como el mañana;

¡Nada dura salvo la propia mutabilidad!

Mary Shelley

 

frank0004Un 30 de agosto de 1797, nació Mary Wollstonecraft Godwin (←), quien adoptó el apellido de su esposo y pasó a la posteridad como Mary Shelley. Una joven que cerca de los 21 años de edad publicó la novela de ciencia ficción Frankenstein...o el moderno Prometeo en 1818, bajo el acuerdo editorial de mantener la autoría anónima.

Pronto, la crítica conservadora reconoció su enorme talento narrativo. Un lustro más tarde, 1823, los tres volúmenes fueron publicados en uno solo con su nombre.

¿Qué relación guardan las historias entretejidas que perviven a lo largo de dos centurias?

Prometeo, en la mitología griega, es el benefactor de la humanidad que arrebata el fuego al dios Zeus. 

Mary Shelley, en la literatura, es huella imborrable, que abre a las mujeres el camino de la libertad y el arte de escribir.

Por su parte, Frankenstein, es un personaje clásico, que ha merecido múltiples y variadas representaciones cinematográficas y dramáticas, y que, en esencia, revela nuestras grandes limitaciones humanas.

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En la magistral imaginación de la adolescente escritora Mary, plasmada en la novela citada, confluye una característica común en los tres personajes mencionados: la osadía; entendida como audacia, intrepidez, valentía.

Osadía, porque escribió una historia cruzada no sólo por vivencias emocionales, sino con profundas reflexiones sobre el destino humano, que hacen honor a la herencia cultural de sus padres: Mary Wollstonecraft Godwin (pionera feminista y escritora) y William Godwin (filósofo y escritor).

Audacia, porque vivió con la libertad aprendida en casa y rompió esquemas dictados por la moral victoriana, como fue encontrar en la escritura su propia voz y practicar en la vida privada el amor libre.

Intrépida, porque asumió el reto del poeta Lord Byron de escribir una historia de fantasmas, superándolo, al igual que al poeta Percy Shelley –su esposo–, con lo que atrajo a un gran número de lectores.

Valiente, porque remontó múltiples y significativas pérdidas: la temprana muerte de su madre, cuando ella tenía apenas once días de vida; la de su primera hija, nacida prematuramente; la de la segunda, parida durante la escritura de Frankenstein y muerta a los 19 meses; y, la de su hijo, víctima de la malaria. Un año antes de ver publicada su novela con su nombre, 1822, su esposo Percy Bysshe Shelley, se ahogó cuando navegaba por el golfo de Spezia, en Italia. Ella le sobrevivió 29 años más, muriendo a los 54. También sobrevivió la infancia un hijo de ambos, Percy Florence. 

Tanto Prometeo en el mito, como Frankenstein en la novela, osan rebelarse contra sus creadores, cuestionan sus designios y se prueban en territorio humano.

Sin embargo, evocar la proeza mítica con la vieja ilusión de crear vida, coloca a Mary en la categoría de escritora vidente, a la altura de un Julio Verne (1828-1905), quien nacerá una década posterior al primer manuscrito de Frankenstein… o el moderno Prometeo (1818). Ambos, con su gran creatividad, vaticinarán el progreso. Sólo que Shelley lo cuestionará, con una postura claramente filosófica.

En la ficción, Frankenstein creará vida con fragmentos de cadáveres a un ser rechazado por él y destinado a la soledad, al abandono.

El símbolo muta su significado con los cambios de época. En el bicentenario de la gran novela de terror, me pregunto si acaso los seres humanos del siglo XXI, producto de avances científicos y tecnológicos, como son la clonación humana, los vientres de alquiler, la cirugía estética, entre otros, experimentamos también la fragmentación vivida en carne y espíritu del monstruo de Frankenstein.  

Tal idea surge al leer las palabras de Mary en boca de Elizabeth, la prima de Víctor, su creador, ante la injusta muerte en el cadalso de la inocente Justine Moritz: 

Cuando la falsedad puede adoptar la apariencia de verdad, ¿quién puede estar seguro de alcanzar alguna felicidad?

Sin lugar a dudas, Mary Shelley y Frankenstein, escandalizaron a la cultura del siglo XIX, sus ecos traspasan el XX y nos llegan con frescura en el XXI.

Te recomiendo leer la novela y luego ver la película: Mary Shelley. La vida que inspiró Frankenstein (2018). 

Directora: Haifaa Al-Mansour. 

Guión: Emma Jensen. 

Actores: Elle Fanning, Douglas Booth, Bel Powley, Ben Hardy, Tom Sturridge, Maisie Williams, Stephen Dillane y Joanne Froggatt. 

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 William Henry Pratt, conocido como Boris Karloff, en la sesión de maquillaje (1931)


 
[1] Maestra en Soluciones Sistémicas Sociales por el Instituto de Estudios Superiores Sowelu.
Maestra en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Especialidad en Psicoterapia Corporal por el Centro de Constelaciones Familiares Sowelu.
Certificación en Formación Internacional Trabajo con Trauma por el Arizona Center for Social Trauma y el Centro de Constelaciones Familiares Sowelu.
Diplomado en Terapia Corporal y Configuraciones Sistémicas. Sowelu
Docente de la Universidad Pedagógica Nacional, México.
Docente de la Maestría en Soluciones Sistémicas Sociales del Instituto de Estudios Superiores Sowelu.
Docente del entrenamiento en Constelaciones Familiares en Sowelu.
 

 

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