María de Lourdes de Quevedo Orozco*

                              

En algún país del medio Oriente un rey cuya existencia oscilaba permanentemente entre la felicidad y el abatimiento, se enojaba o reaccionaba intensamente frente a la más mínima cosa, y su felicidad se convertía rápidamente en desilusión y desesperación.
Llegó el día en que el rey se cansó finalmente de sí mismo y de la vida y comenzó a buscar una salida.
Hizo llamar a un sabio que habitaba en su reino y que tenía fama de iluminado. Cuando se presentó el sabio, el rey le dijo:
“Deseo ser como tú. ¿Podrías darme algo que atraiga equilibrio, serenidad y sabiduría a mi vida? Te pagaré lo que pidas”.
A lo que el sabio respondió:
“Es probable que pueda ayudarte, pero el precio es tan alto que no sería suficiente todo tu reino para pagar por él. Por tanto, te haré un regalo, siempre y cuando te hagas digno de él”.
El rey prometió que así sería, y el sabio se fue.
A las pocas semanas regresó y le entregó al rey un cofre de jade tallado. Al abrirlo, el rey encontró solamente un anillo de oro en el cual había grabado unas letras. La inscripción decía:
“TAMBIÉN ESTO PASARÁ”
“¿Qué significa esto?”, preguntó el rey.
Y el sabio le dijo:
“Lleva siempre este anillo y antes de que califiques de bueno o malo cualquier acontecimiento, toca el anillo y lee la inscripción. De esa forma estarás siempre en paz”.

Cuento Sufi

Despedimos el año 2016. Y en el inicio del 2017 damos la bienvenida a la reaparición de la revista digital educ@upn.mx.

Suspendida por un ataque cibernético, el colectivo de colaboradores solicitamos su pronta reinstalación a las autoridades de la Universidad Pedagógica Nacional, al tiempo que con gran asombro observamos el cambio político de los Estados Unidos, sobrevenido el 8 de noviembre, con el triunfo a la presidencia del candidato republicano Donald Trump.

¿Qué consecuencias sociales, políticas, económicas y culturales tendrá la decisión del sistema electoral estadounidense en la vida de los habitantes del planeta?

La pregunta es bastante ambiciosa como para intentar responderla en el espacio de esta columna. Me referiré sólo a un aspecto que afecta a la población laboral y, en particular, a nuestros jóvenes egresados de universidades, quienes buscan empleo seguro en las grandes corporaciones.

Recurro a una nota periodística publicada por Internet a inicios del año concluido, bajo el título: Japón legisla contra adicción al trabajo: obligará a tomar días libres.

La sola lectura de este encabezado revela el “mundo al revés”, denunciado por el escritor uruguayo, Eduardo Galeano. Una defensa legal debe amparar al trabajador contra los efectos adictivos que fomenta la economía salvaje del capitalismo.

La adicción al trabajo se ha convertido en un problema de salud pública debido a las muertes que ocasiona. En la jerga médica este fenómeno se conoce con el nombre de karoshi. La nota agrega:

El gobierno japonés estima que hay unas 200 muertes karoshi al año por causas como ataques de corazón o hemorragias cerebrales tras demasiadas horas de trabajo. Las autoridades registran muchos casos de depresiones y suicidios debido a la sobrecarga laboral que no se cuentan como karoshi.

Cerca del 22% de japoneses trabajan más de 49 horas semanales y en los EEUU esto ocurre en un 16%. Peor condición presentan los surcoreanos con un estimado de 35%.

En el terreno laboral, una posible consecuencia frente al triunfo de Trump a la presidencia de los EEUU será –por parte de los corporativos- más presión para dedicar mayor tiempo al trabajo y –por parte de los empleados- una autoexigencia inconsciente para cumplirla ante el creciente ejército industrial de reserva, demandante de fuentes de trabajo.

Bajo estas condiciones, la defensa de los derechos laborales obliga a los empleados a tomar medidas que los encierra en el círculo vicioso de la explotación. Por ejemplo, ocupar días vacacionales para justificar faltas por enfermedad.

Que la tercera economía mundial, como es Japón, legisle “contra adicción al trabajo”, es un enunciado que por sí mismo revela un desorden en la visión individual y en la visión social. En su tiempo, el psicoanalista Erich Fromm lo nombró como falta de aprecio a la vida.

Desde una perspectiva sistémica, tal desorden produce en los proyectos vitales pérdida de sentido y significado en múltiples niveles, así como elevación de estrés, manifestado en preocupación, temor, descontento, ansiedad, enojo, etcétera.

¿Qué es el estrés?

Reconocida actualmente como enfermedad mental y emocional, impide conectar y fluir con la energía gozosa del presente. Con el fin de evadir el estrés suplantamos la insatisfacción con adicciones. Una de ellas es hacia el trabajo.

Las siguientes frases muestran estrés:

“No tengo tiempo, ni para comer fast-food”.

“Tengo un montón de pendientes. Debo sacarlos”.

“¿La familia? Casi ni la veo”.

“Trabajo para pagar deudas”.

“Tengo muchos problemas”.

“El insomnio no me deja descansar. Debo tomar tranquilizantes”.

Los verbos deber y tener conjugados en ellas muestran el tiempo tóxico que gobierna y justifica comportamientos compulsivos, como son: fumar, beber, comer en exceso, permanecer muchas horas frente a programas de televisión, mensajes en redes sociales, llevar trabajo a casa o quedarse en la oficina a deshoras.

El estrés nos hace funcionar no como seres humanos sino como haceres humanos.

¿Cómo concientizar la adicción?

El maestro espiritual de origen alemán, Eckhart Tolle, recomienda:

Cuando note que la urgencia de la adicción comienza a manifestarse, pare y respire conscientemente tres veces. De esa manera se establece un estado de alerta. Deténgase durante unos minutos a observar la urgencia misma y a sentir ese campo de energía en su interior. Sienta conscientemente la necesidad física o mental de ingerir o consumir una determinada sustancia o el deseo de manifestar el comportamiento compulsivo. Después respire conscientemente otras cuantas veces. Verá que la ansiedad desaparece, al menos transitoriamente… A medida que aumente la conciencia, los patrones adictivos se debilitarán hasta disolverse finalmente. Sin embargo, recuerde tomar nota de los pensamientos que justifican el comportamiento adictivo, a veces con argumentos sagaces, a medida que van pasando por su mente. Pregúntese de quién es la voz, y se dará cuenta de que la que habla es la adicción. Mientras lo sepa, mientras esté presente en calidad de observador de su mente, es menos probable que ésta logre engañarlo para que usted haga lo que ella desea (2010, pp. 219-220).

El tiempo tóxico ­del estrés nos confunde. Lo justificamos bajo la guía de dos falsas ideas que conforman un patrón mental:

El mayor bien está adelante

El fin justifica los medios.

Dejarse dirigir hacia algo con la promesa de plena satisfacción, revela un presente insatisfactorio y/o incapacidad para apreciarlo.

Conciencia

El cuento sufí inicial, nos habla de la condición cambiante y efímera de toda situación. Sin embargo, solemos olvidarlo.

Otra forma de adquirir conciencia para no ser gobernados por el estrés consiste en preguntarnos:

¿Puede la preocupación añadir un solo día a mi vida?

¿Qué pasa si sustituyo la palabra problema por situación?

El camino seguro para conectar con el espacio interior atemporal del Ser o la Conciencia es mirar y escuchar con atención alerta, bajo un sentido de calma sutil, casi imperceptible, una quietud de fondo, una sensación de paz que nos devuelve el sentido de la vida.

Dos pensadores alemanes, en diferentes épocas, han hablado de cómo no extraviar el sentido de la vida y del hacer.

 

El más joven (izquierda), nacido en 1948, Eckhart Tolle, vive aún. El segundo, nació con el siglo XX, Erich Fromm (1900-1980), psicoanalista y filósofo humanista, fallecido hace 36 años.

Para Tolle hay dos propósitos en la vida: El primario que es interno y se relaciona con el Ser y, el secundario, que es externo, ligado con el hacer.

Por su parte, Fromm distinguió también dos modos existenciales: el modo de Ser y el modo de tener. A ellos se refiere en su libro: ¿Tener o ser?, del cual habla en la siguiente entrevista.

Esta grabación se realizó a finales de los años 70 del siglo pasado. Fromm escribió este libro entre 1974 y 1976.

Su pensamiento no ha perdido vigencia. Por el contrario, se ha acentuado el modo de tener hasta el punto del absurdo, como lo demuestra la nota de Japón.

El contemporáneo Tolle, en su libro Una nueva Tierra. Un despertar al propósito de su vida, dice:

El propósito primario o verdadero de la vida no tiene nada que ver con lo que hacemos sino con lo que somos, es decir, con nuestro estado de conciencia (2010, p. 229).

Ya sea que hablemos de propósitos interno y externo o de modos de ser y de tener, podemos superar las dualidades contradictorias haciendo uso del recurso que tenemos más a mano: la respiración.

 

¿Cómo respira un ser vivo en estado sereno, es decir, sin estrés?

Una persona relajada fluye con la vida, muestra alegría y entusiasmo auténticos. Acepta la vida tal y como es. No hay esfuerzo, lucha, ni sufrimiento en las acciones. Su propósito interno le da significado profundo a su hacer y da la impresión de tener la certeza de Ser la vida misma.

Quiero ilustrar estas ideas con las imágenes fijas y en movimiento de Ashes and Snow, producidas por el fotógrafo y cineasta canadiense, Gregory Colbert y exhibidas en el Museo Nómada, en distintas partes del mundo (fue montada en el Zócalo de la Ciudad de México en el 2008).

Su belleza extraordinaria puede observarse en los siguientes enlaces: www.gregorycolbert.com

Works. Film.

Edited selection from the feature film Ashes and Snow

Works. Gallery (55 fotos)

La intensión de Colbert es despertar nuestra conciencia sobre la convivencia armónica con la naturaleza y con los animales.

Mi propósito es ilustrar la ausencia de estrés en los seres humanos retratados con animales “salvajes”.

Al observarlas somos testigos de la sintonía en la interacción de monjes birmanos, bailarines en trance, gente San y miembros de tribus indígenas, alrededor del mundo, con la conciencia despierta, serena y en consonancia con su entorno: elefantes, ballenas, manatíes, águilas reales, halcones, leopardos, orangutanes, etcétera.

Ahí no hay estrés, ni miedo, ni ansiedad, sólo armonía de conciencias.

El ser humano del siglo XXI ha perdido el lenguaje de la conciencia del Ser que, como vemos en las fotografías, se expresa con atención y cuidado hacia uno mismo y hacia los demás, sea cual sea la relación que nos vincula: filial, fraterna, laboral, pasional, etcétera.

Es un lenguaje no nacido de la razón, del tener o del hacer, sino de la experiencia profunda con la vida que se origina en ese espacio interior que anima al cuerpo. La respiración profunda es su expresión más auténtica, clave de transformación.

Dice Tolle:

El espacio interior es esa inteligencia creadora que sustenta el cuerpo, que coordina simultáneamente centenares de funciones diferentes de una complejidad tan extraordinaria, que la mente humana puede comprender apenas una fracción infinitesimal inteligencia toma conciencia de sí misma (2010, p. 222).

Tomar conciencia de la respiración nos acerca a su profundidad natural.

Si Tolle habla del espacio interior como propósito primario, Erich Fromm se refiere a él como modo de ser. Lo explica así:

Es estar activo, y no en el sentido de una actividad exterior, de estar ocupado, sino de una actividad interior, el uso productivo de nuestras facultades, el talento, y la riqueza de los dones que tienen (aunque en varios grados) todos los seres humanos. Esto significa renovarse, crecer, fluir, amar, trascender la prisión del ego aislado, estar activamente interesado, dar.

Palabra clave de este lenguaje dar y otra más, agradecer.

Agradezco a Fromm y a Tolle la claridad de sus sabidurías, como lo muestra el retrato del ser humano del siglo XXI descrito por Tolle:

La mayoría de las personas viven tan distraídas con sus pensamientos, tan identificadas con la voz de la mente, que no logran sentir la corriente de la vida que las anima.
El hecho de no poder sentir la vida que anima el cuerpo físico, la vida que somos en esencia, es la mayor privación que nos puede suceder.
Entonces comenzamos a buscar sustitutos no solamente para el estado natural de bienestar, sino también algo para sofocar la inquietud continua que nos atrapa cuando no estamos en contacto con la corriente vivificante, siempre presente pero ignorada.
Algunos sustitutos son el estado de euforia producido por las drogas, el exceso de estímulos sensoriales como la música fuerte, las actividades peligrosas o de alto riesgo, o una obsesión por el sexo. Hasta el drama en las relaciones sirve de reemplazo para esa sensación de vida.

La brújula del Orden en las Visiones

Es necesario poner Orden en los propósitos o modos explicados. Hay que reordenarlos. Priorizar el modo de ser para que guíe el tener y el hacer. Dirigir el propósito externo para que secunde al propósito interno. Esta inversión del Orden devuelve el sentido sagrado a la vida, con el que es posible apreciar todo, amar todo.

Si el modo de ser toma el lugar que le corresponde se crean cambios profundos. Por ejemplo, las personas se expresan con mayor apertura sin temor a ser juzgadas. Cada vez aparecen menos juicios de valor en el habla, lo cual contribuye a armonizan las interacciones sociales. Así el lenguaje se transforma.

Priorizar el modo de ser sobre el modo de tener en el trabajo es poner cuidado y atención en el cumplimiento de dos principios básicos:

  • Respeto al orden de lugares: jerarquías, funciones, antigüedad.
  • Tomar el lugar propio. Todos lo ven, lo reconocen.

El primero produce vínculos sólidos y sentido de pertenencia. El segundo, tranquilidad y fuerza. Ambos crean solidaridad.

Cumplirlos con cuidado y atención proveen de energía sana.

Soltar estrés. Vivir con alegría

Obsérvate y procura mantener el estado de alerta mientras haces. Sentirás cómo comienzan a desaparecer las manifestaciones del estrés: confrontación, exclusión, manipulación, ataque, oposición.

Inicia por poner Orden en ti. Te pregunto:

¿Te gustaría cambiar tu imagen de Orden?

¿Qué quieres conservar en ese cambio?

Hacer nunca será suficiente si descuidamos el Ser –afirma Eckhart Tolle.

Anclar la actividad en el Ser nos convierte en colaboradores, primero con uno/a mismo/a y, luego con los demás.

El frenesí del hacer conduce a la absurda idea de “competir contra”. Una expresión que contamina las relaciones e intoxica el tiempo.

El trabajo que se convierte solamente en un medio para alcanzar una finalidad, no puede ser de alta calidad, afirma Tolle.

Colaborar es reconciliar el Ser y el Tener, poniéndolos en Orden para que de ahí surja el significado de nuestro hacer en la vida. Así en un ahora armónico no hay ganadores ni perdedores.

Este comportamiento en conciencia implica:

Ser uno con lo que la vida desea, es decir, estar en unidad con la nueva situación y responder a las exigencias del tiempo presente.
Reaccionar contra la situación es separarse de esa unidad… Lo que es más, esta “antienergía” crea obstáculos nuevos y más oposición.
Muchas personas, sin saberlo, sabotean su propio trabajo cuando retienen información o ayuda, o tratan de obstaculizar a las demás personas para impedir que tengan más éxito o reciban más crédito que “yo”.
La cooperación es ajena al ego, salvo cuando hay una motivación oculta. El ego no sabe que mientras más incluya a los demás, mejor fluyen las cosas y más fácilmente recibe todo lo que anhela.
Cuando damos poca o ninguna ayuda a los demás o levantamos obstáculos en su camino, el universo, a través de las personas y de las circunstancias, nos priva de ayuda al habernos desconectado del todo.
El sentimiento de carencia que se anida en las profundidades del ego le hace reaccionar frente al éxito de los demás como si ese éxito “me lo hubieran arrebatado a mí”. No sabe que resentir el éxito de los demás limita sus propias posibilidades. A fin de atraer el éxito es necesario acogerlo donde quiera que ocurra (Tolle, 2010, pp. 110-111).

Te pregunto:

¿Qué te falta en este momento?

Si lo que te gustan son los retos, cambio la pregunta:

¿Qué deberías pensar o dejar de pensar, de hacer o de dejar de hacer para que las cosas fueran peor?

Ser uno con lo que la vida desea genera unidad, alegría, amor, armonía. Así se cumple lo dicho por los maestros espirituales Eckhart Tolle y Jiddu Krishnamurti: Nuestro estado de conciencia crea nuestro mundo. Ella es el factor de cambio más poderoso. Sin su presencia y cultivo no hay responsabilidad y compromiso con nosotros mismos ni con los otros. Sólo en estado de conciencia crecemos y ejercemos nuestros tres derechos fundamentales: conocer, respetar y confiar. De no experimentarlos perdemos el gusto de vivir.

Concluyo con un diálogo escrito por quien inspiró a Fromm y a Tolle, el Maestro Eckhart de Hochheim, dominico alemán del Medievo (1260-1328).

Dice así:

Quien preguntase a un hombre bueno

—¿Por qué amas tú a Dios?,

recibiría como respuesta:

—No lo sé… ¡Porque es Dios!

—¿Por qué amas la verdad?

—¡Por la verdad!

—¿Por qué amas la justicia?

—Por la justicia.

—¿Por qué amas la bondad?

—Por la bondad.

—Y, ¿por qué vives?

—A fe mía, no lo sé… ¡Me gusta vivir!

Bibliografía

Fromm, Erich (1978). ¿Tener o ser? México: Fondo de Cultura Económica.

Fromm, Erich (1989). Del tener al ser. Caminos y extravíos de la concienciaBarcelona: Paidós.

Tolle, Eckhart (2010). Una nueva tierra. Un despertar al propósito de su vidaBogotá: Grupo Editorial Norma.

Tolle, Eckhart (2012). El poder del ahora. Un camino hacia la realización espiritual. México: Grijalbo.

Videos

Gregory Colbert: Ashes and Snow: www.gregorycolbert.com

Erich Fromm: Ser o Tener: www.youtube.com/watch?v=HL9jax_MrLY


* María de Lourdes de Quevedo Orozco es docente de la UPN unidad Ajusco. Colabora en la licenciatura en Psicología Educativa. Es Maestra en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Maestra en Soluciones Sistémicas Sociales. Psicoterapeuta Corporal y en Trauma y Consteladora Familiar.

 

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