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Revista Núm. 24 - Julio/Diciembre, 2018

Columna: Intermedio

La persistencia de la memoria / 2 de Octubre

The Persistence of Memory / October 2 

Lourdes de Quevedo Orozco[1]

 

A nuestros estudiantes 

Diego García González cursa la carrera de Psicología Educativa en la Universidad Pedagógica Nacional. Asistió este 2 de octubre a la marcha conmemorativa del quincuagésimo aniversario de la matanza de estudiantes, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en México. Un evento que se remonta al gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz. Ese día de este 2018 se incluyeron a las demandas históricas del 2 de Octubre, la petición de los padres de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos: la presentación con vida de sus hijos y el castigo a los criminales. 

Reproduzco completo el texto escrito por Diego y reconozco que sus palabras me inspiraron a escribir esta columna. 

Ésta es su expresión:

El transcurso de los años no borra las respuestas que algunos esperan. Las cuatro de la tarde indicaría a una mayoría de jóvenes el retroceso del tiempo, como hace cincuenta años. Jóvenes, parecieran ser la respuesta de nuestro país. 

Era uno de esos días donde la esperanza, la empatía y la justicia caminaban. 

Verme ahí parado, hizo darme cuenta de dos cosas: que he vivido poco, a sabiendas que hay personas a las que les sobran historias, y, que hay gente que sigue luchando por cosas que a muchos no nos importan.

No es algo nuevo. Camino todos los días por las calles, emparejándome con desconocidos, sin ni siquiera voltear a vernos. Entonces, ¿qué hay de diferente en este camino de dos horas? Me parece está en que no olvidamos tan fácilmente. No se olvida tan fácil. ¡No se olvida! Es lo que gritamos para que no lo olviden los de allá arriba, como recordatorio más que como advertencia.

Descubrí un sentimiento y no sé cómo llamarlo. No me preocupa porque tal parece que todos saben de lo que estoy hablando. Es como llorar riendo, como cuando digo verde, blanco, rojo, y todos se identifican.

Cincuenta años y todavía hay vidas que lloran por otros, gente en silla de ruedas que sigue marchando, un himno nacional que aún se sigue cantando y una herencia histórica que sinceramente preferiría no tenerla.

La memoria intangible

Diego se está acercando a la adultez, casi al finalizar la segunda década del siglo XXI. En su memoria –como lo deja ver en su escrito–, el 2 de octubre de 1968 es sólo un referente. 

Llama mi atención la última línea: una herencia histórica que sinceramente preferiría no tenerla. 

Observo en sus palabras la presencia de un núcleo: memoria-olvido. Te pregunto a ti, que ahora lees esto: ¿cómo percibes el guión que he colocado entre memoria y olvido?,  ¿separa o une? 

Estas preguntas suelo formularlas a los grupos universitarios que atiendo y gran parte ve separación, oposición, conflicto. Que sea mayoría no imprime verdad. 

¿Podríamos ver de manera distinta al guión colocado entre ellas? Por  ejemplo ¿verlo más allá de los contrarios?  Quizá mi ejercicio te parezca ocioso y te preguntes, con cierto enfado, ¿para qué? 

Respondo: para construir otra realidad. Porque sobre el guión separador se han creado trincheras opresivas que aplastan la memoria. 

El mismo signo utilizado para unir, en lugar de separar, puede mantener en pie a la memoria, sin que eso signifique aliarse o dimitir. Una memoria que se torne conciencia, en lugar de sufrimiento opresivo regido por el miedo, la ira y la vergüenza. Una memoria con lenguaje liberador.

Intuyo que para fundamentarlo deberé internarme en el arte y en la ciencia. Buscaré, alrededor del tema de la memoria, “coincidencias” o encuentros entre la estética y la investigación. Quizá descubra nuevos significados para dar un cambio (giro de espiral) que me aleje de la vuelta mecánica de la tuerca. 

Buscaré señales en la historia de tres genios dedicados a expresar y a estudiar la memoria humana. Cada uno aportó lo suyo para ampliar nuestra mirada hacia este intangible. 

Confluencia de miradas hacia la memoria: arte y ciencia

El primer genio del que hablaré, dedicó su vida al arte pictórico y también a la escritura. Su trabajo lo desarrolló en torno a los descubrimientos del Dr. Sigmund Freud. 

El segundo, pertenece también al ámbito del estudio de las enfermedades mentales y se declaró disidente del anterior. 

El tercero y último, fundó la cibernética de la cibernética. Estudió los sistemas y sus influencias.

Las vidas de los tres, abarcan 127 años, distribuidos de la siguiente manera: el último cuarto del siglo XIX, todo el siglo XX y los dos primeros años del siglo XXI. 

Ellos son: 

Salvador Dalí, pintor surrealista de origen catalán (1904-1989), quien a la edad de 28 años pintó el tema de la memoria, mismo que lo catapultó a la fama. Vivió 89 años.

Carl Gustav Jung, médico psiquiatra y psicólogo suizo (1875-1961), quien amplió la memoria con el estudio  de los arquetipos y el descubrimiento de la sincronicidad. Vivió 85 años.

Heinz von Foerster, cibernetista de segundo orden o constructivista radical, de origen austriaco (1911-2002). Estudió los sistemas, sus interrelaciones e influencias. Vivió 90 años y murió un 2 de octubre. A la mitad de su vida dejó fechada una predicción que sigue en espera de verse cumplida.

tres genios 

Dalí, Freud y los sueños  

Comenzaré por establecer un paralelismo de contextos, cuyo denominador común es la violencia, llevada al extremo del genocidio. Reconozco que los alcances de cada situación son distintos y, no por ello, carentes de horror. De ahí que la expresión “2 de octubre: ¡No se olvida!” puede ser empleada aquí, en Europa y, hoy en día, en cualquier parte del mundo, desgraciadamente.

Tanto Salvador Dalí (1904-1989), como Sigmund Freud (1856-1939), fueron dos genios que atravesaron y conocieron, desde distintas trincheras, los horrores del ascenso del fascismo.

Dalí, muy pronto experimentó la fascinación por el análisis de los sueños freudianos. Todo un movimiento artístico se desarrolló en torno de la expresión del mundo onírico. Sus integrantes se autodenominaron surrealistas. Pero, la megalomanía característica del pintor catalán lo llevó a declarar, sin cortapisas: “el surrealismo soy yo”.  Esta expresión excluyente, lo retrata de cuerpo entero y revela lo que, más adelante, ocurrirá en el terreno político: su simpatía por el fascista Francisco Franco, cuya dictadura en España abarcó el periodo 1939-1975.

Al leer su diario publicado, hallé el registro de un hecho: la realización del retrato a Sigmund Freud, el hombre que inspiró su trabajo y al que tanto admiró. Fue en 1938 cuando pintor y médico coincidieron en Londres. Dalí asentó sus impresiones sobre la forma anatómica del cráneo del padre del psicoanálisis y lo comparó con un caracol de Borgoña. Para entonces, Freud tenía 82 años y Dalí, apenas 30. Más de medio siglo de vida los separó, al igual que sus posiciones políticas.

Terminado el dibujo (↓), Dalí quiso que lo viera el Dr. Freud, pero el destino tomó otro curso y su ardiente deseo quedó frustrado. Dalí nunca obtuvo la opinión de Freud sobre aquél retrato. 

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Hay misterio e incertidumbre en ese pasaje de su historia, dado que la entrega del dibujo no fue directa, sino a través del escritor judío, de origen austriaco, Stefan Zweig (1881-1942). Reproduzco aquí parte del relato de Dalí:

Mi intención especial había sido realizar un dibujo puramente morfológico del genio del psicoanálisis, en lugar de intentar hacer de una forma evidente el retrato de un psicólogo. Terminado el retrato, rogué a Stefan Zweig, quien nos había presentado, que se lo enseñase, y después esperé con  ansiedad los comentarios que pudiera formular. (…)

Únicamente al leer el final del libro póstumo de Stefan Zweig, El mundo del mañana, supe al fin la verdad sobre el dibujo: Freud jamás vio su propio retrato. Zweig me había mentido piadosamente. Según él, mi retrato presagiaba de una manera tan clara la inminente muerte de Freud, que no se había atrevido a mostrárselo, temiendo sobresaltarle innecesariamente, sabiendo que era víctima de un cáncer.

Pasados 18 años de las exequias del prestigioso psicoanalista, Dalí escribió en el día de su cumpleaños 53 (11 de mayo de 1957) un pensamiento sobre aquél retrato:

Al parecer, sin darme cuenta, dibujé la muerte terrestre de Freud en el retrato al carbón que hice de él un año antes de su muerte

Su lenguaje no transmite empatía o conmoción. Dalí, esclavo de su ego, no muestra en sus palabras ningún asomo de remordimiento por haberse colocado en el bando contrario del admirado Dr. Freud, ni de sus amigos Zweig y García Lorca.

Para 1936, el ánimo del emisario del dibujo, el escritor Zweig, autor de una extensa producción literaria, se quebrantó, debido a la hostil persecución nazi y a la prohibición de la lectura de su obra en Alemania. Cinco años más tarde, en 1942, viajó a Brasil. A sus 60 años tomó y llevó a cabo la trágica decisión de suicidarse, junto con su segunda esposa.

No obstante la frialdad con la que Dalí registra estos hechos, hay que reconocer, en su capacidad artística, el poder de profecía recordatoria del cuadro, que lo hizo saltar a la fama internacional. Precisamente es esta obra la que me ha llevado a buscar la invocación de la sentencia que acompaña al 2 de octubre: ¡No se olvida! Me refiero a la pintura La persistencia de la memoria (↓) exhibida en Nueva York siete años antes del encuentro Freud-Dalí. 

Dalí y los arquetipos de Jung 

persistencia de la memoria

Me permito interpretar este cuadro, basándome en los conceptos de arquetipo e inconsciente colectivo de Jung. 

Como puede apreciarse, el motivo principal de esta pintura es el reloj suspendido flácidamente de la rama de un árbol, situado junto al mar. Ese blando reloj ha sido relacionado con el Vellocino de Oro o cordero amarillo de la mitología griega, en los tiempos de Homero, durante el siglo VIII a.c. 

vellocinoUna de las versiones cuenta que el Vellocino de Oro (←) fue colgado en un pino en una arboleda sagrada de la región de Ares, lugar que toma el nombre del dios de la guerra (uno de los doce olímpicos), quien fue hijo de Zeus y Hera, hermano de Atenea (la diosa de la inteligencia) y también, amante de Afrodita.

Ares se hacía acompañar en la guerra de Deimos, “Pena”, y Fobos, “Pánico” que, según Hesiodo, eran hijos engendrados por Afrodita. 

Ares y Afrodita también fueron padres de Eros y Harmonía. Tuvieron un total de ocho hijos, aunque a él se le atribuyen cincuenta más, con treinta y dos mujeres. La historia patriarcal queda justificada en la mitología, al igual que en las monarquías, por su aparente naturaleza divina. 

La asociación con Ares, otorga a los objetos ubicados en esa región, una cualidad salvaje, peligrosa o militarizada. Ese contexto atribuido al reloj daliniano lo significa.

Podría pensarse entonces que ¿el cuadro La persistencia de la memoria es –como el Infierno del Bosco– una pintura-presagio? ¿Nos anuncia el mundo al borde del olvido? ¿Acaso ese reloj marca el final del mundo?

Se trata de una interpretación que extiende los límites del mapa de la memoria para abarcar los símbolos de la cultura. El inconsciente colectivo se cuela en el arquetipo del dios de la guerra, de acuerdo con el psicoanalista Carl Gustav Jung (1875-1961). 

¿Memoria y guerra? ¿Olvido y paz? Plantearlo así reduce la realidad a simples combinaciones binarias, donde la casualidad impera en sucesos inconexos y no cabe la complejidad, propuesta por el mismo Jung con su concepto de sincronicidad. ¿Qué debemos entender por tal? “Es –en palabras textuales de Jung– la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero no de manera casual”.  Una definición que revela un orden profundo de la vida. 

2 de Octubre y una segunda predicción 

¿Por qué incluir en el encuentro de la memoria con el arte y la ciencia, a un constructivisa radical o cibernetista de segundo orden, como es Heinz von Foerster? Porque su mirada es ética y sintoniza con la complejidad de los conceptos de Jung.

La memoria es también un sistema de relaciones e interacciones. Pero, ¿qué es un sistema? En sus palabras: Sistema, del griego synthistamein, es decir “estar juntos”, en el sentido de ”nosotros”, más que ” tú allí-yo aquí”. 

En esta definición aparece de nuevo la dualidad opuesta, enfatizada por la presencia de un guión que separa: “tú allí-yo aquí”.  Aunque ésta desaparece con la presencia del “nosotros”.

El mundo, desde esta visión, se discierne de otro modo. Memoria-olvido no es manifestación de oposición, sino de unidad, como lo es vida-muerte. Los mismos griegos lo sabían cuando de un mismo origen se hermanan guerra, pánico, pena, eros y armonía.  

Es el “nosotros” que permitió a Diego marchar este 2 de octubre y conmoverse, a pesar del tiempo lejano de 1968.

En su caminar de dos horas vivió un proceso de cambio. Quizá tan profundo como es el cambio ético que nos proponen los constructivisas de segundo orden, el cual consiste en mirar al otro, como un legítimo otro, para que la acción siga el curso del nosotros.

Lo confirmo cuando leo:

Verme ahí parado, hizo darme cuenta de dos cosas: que he vivido poco, a sabiendas que hay personas a las que les sobran historia y que hay gente que sigue luchando por cosas que a muchos no nos importan.

Descubro en el nosotros de la definición de sistema de Foerster una sugerencia ética para asumir responsabilidades ecologistas.

Me he dejado llevar por el entusiasmo y me doy cuenta que no he presentado a Heinz von Foerster. Su origen también fue austriaco. Nació el 13 de noviembre de 1911 en Viena. Alcanzó un prestigio que fue avalado por el pensador francés, Edgar Morin, quien lo llamó “el Sócrates del pensamiento cibernético”. 

Al igual que Freud y Zweig, tuvo que lidiar con el fascismo. A su apellido original, Foerster agregó el von para poder seguir en Berlín. Un tiempo lo dedicó a ser mago de escena. Con su arte prestidigitador ocultó su ascendencia judía, vía materna. 

La memoria, en el marco de la violencia, exige camuflarse o huir (olvido). Foerster optó por el primero. Con 38 años de edad salió de Alemania en 1948 y se dirigió hacia los Estados Unidos. Ahí trabajó con grandes personalidades del mundo científico, como: John von Neumann, Norbert Wiener, Humberto Maturana, Francisco Varela, Gregory Bateson y Margaret Mead.

Extraña “coincidencia” saber que el nonagenario Foerster  murió el 2 de octubre de 2002.  A sus 49 años dejó una predicción que publicó en la revista Science, a la que llamó Doomsday Equation, en la que vaticinó el alcance del “infinito” de la población humana. De acuerdo con sus cálculos, la fecha de cumplimiento será el 13 de noviembre (mismo día y mes de su nacimiento) del 2026. Imposible comprobarla por él mismo en vida, dado que para entonces hubiera alcanzado 115 años. En su paso por la Tierra tal predicción lo rebasó dos décadas y un lustro. Estamos a escasos ocho años de comprobarla,

 Conclusión

A lo largo de estas reflexiones hallé una expresión de la memoria humana en el arte, relacionada con dos estudiosos de la salud mental. También encontré que la muerte del científico, Heinz von Foerster, coincidió con la fecha 2 de octubre.

Tanto en el trabajo de este último, como en la pintura surrealista La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, descubrí dos presagios sobre el fin del mundo: uno, por la violencia de la guerra; el otro, por la sobrepoblación planetaria. 

Quizá la pauta que conecta todas estas historias es haber sido atravesadas por el fascismo. 

Al escribir estas reflexiones me encuentro con un pensamiento agudo de Michel Foucault que, a la letra dice:

El adversario estratégico es el fascismo… el fascismo en todos nosotros, en nuestra cabeza y en nuestro comportamiento diario, el fascismo que nos hace amar el poder, desear la misma cosa que nos domina y nos explota.

Me estremezco al leerlo y tomo conciencia del contenido que adquiere en la vida de los seres humanos el guión colocado en medio de palabras, como memoria y olvido. Al mismo tiempo que reconozco su unión, con las palabras del propio Heinz von Foerster:

Si decides ver, aprende a actuar. 

A estas alturas me pregunto si realmente el ejercicio diario de la violencia a la que estamos expuestos en México nos empuja, cada vez más, a la indiferencia. 

De inmediato encuentro esperanza en las palabras de Diego: 

¿Qué hay de diferente en este camino de dos horas? Me parece que está en que no olvidamos tan fácil. No se olvida tan fácil. ¡No se olvida! Es lo que gritamos para que no lo olviden los de allá arriba, como recordatorio, más que como advertencia.

Sus palabras me dicen que podemos construir un mundo de seres conectados corazón y mente:

Descubrí un sentimiento y no sé cómo llamarlo. No me preocupa porque tal parece que todos saben de lo que estoy hablando. Es como llorar riendo, como cuando digo verde, blanco, rojo y todos se identifican.

Hay futuros viables, lo sé. Habrá que observar al fascista que todos llevamos dentro y desactivar el tic-tac, de su reloj doblado, marcando el borde del olvido. 


 
[1] Maestra en Soluciones Sistémicas Sociales por el Instituto de Estudios Superiores Sowelu.
Maestra en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Especialidad en Psicoterapia Corporal por el Centro de Constelaciones Familiares Sowelu.
Certificación en Formación Internacional Trabajo con Trauma por el Arizona Center for Social Trauma y el Centro de Constelaciones Familiares Sowelu.
Diplomado en Terapia Corporal y Configuraciones Sistémicas. Sowelu
Docente de la Universidad Pedagógica Nacional, México.
Docente de la Maestría en Soluciones Sistémicas Sociales del Instituto de Estudios Superiores Sowelu.
Docente del entrenamiento en Constelaciones Familiares en Sowelu.
 

 

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