Revista Núm. 22 - Septiembre/Diciembre, 2017

Columna: Intermedio

Optimismo de la voluntad. 19 de septiembre.

Optimism of the will. September 19. 

Lourdes de Quevedo Orozco[1]

 

Dedicado a

Luis Alberto de Quevedo Jiménez

 02 mexico rescate

Optimismo en nuestros jóvenes (Foto de Telemundo).

Escribo esta colaboración pasados dos meses de los terremotos del 7 y 19 de septiembre. Lo hago con el ánimo de trazar un camino de comprensión.

Divido mis reflexiones en dos partes. En la primera, presento un hallazgo obtenido en el reciente taller de Constelaciones Familiares. Recuperar la Confianza Perdida por los Sismos, realizado el 26 y 27 de octubre, en el que participaron integrantes de la comunidad de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco. Defino el concepto de trauma y menciono sus síntomas e impactos.

En la segunda parte, analizo el paralelismo temporal en la repetición (septiembre), con base en los elementos de la memoria de dos eventos (1985 y 2017). Hablo del tiempo cronológico (día y mes), del tiempo mediático (Grupo Televisa) y del tiempo histórico (los movimientos estudiantiles: 19 de septiembre de 1968 y Ayotzinapa, Guerrero, 2014).

Memoria y sismos

Los sismos vividos en México los 19 de septiembre de 1985 y de 2017, quedaron marcados en la memoria por fuertes emociones, entre otras: exasperación e impotencia por pérdidas humanas y materiales; entusiasmo por la solidaridad comunitaria; asombro por la fatídica coincidencia para quienes vivimos el sismo de 1985, que en un instante recorrimos los 120 segundos interminables de hace treinta y dos años.

El jueves 7 de septiembre, a once minutos de la medianoche, nos sorprendió la activación de la alarma sísmica, junto a los extraños destellos en el cielo, durante el mayor terremoto para México en este siglo, 8.2 grados Richter, cuyo epicentro se localizó frente a las costas de Chiapas y que afectó también a Guerrero, Tabasco, Veracruz y Oaxaca. Toda una región terrestre que experimentó 4 mil tres réplicas.

A las 11 de la mañana del pasado martes 19 de septiembre, los mexicanos fuimos convocados, por la Coordinación Nacional de Protección Civil, a realizar un simulacro de sismo y a conmemorar el terremoto de 8.1 grados Richter, ocurrido a las 7:19 horas de 1985.

Bajo previa advertencia escuché, sin alteración alguna, la alarma en el sistema de altavoces. Minutos después escribí en el muro de Facebook: Quien simula y disimula ¿vive? Sí, en un eterno simulacro. No imaginé que mis palabras retratarían, más adelante, la actuación de las televisoras nacionales, sobre todo la del Grupo Televisa.

Ciento treinta y cuatro minutos después, a las 13:14 horas, sobrevino –sin sonido anticipado de alarma– un terremoto de 7.1 grados en la escala de Richter, con epicentro en Axochiapan, Morelos, casi en la frontera con el estado de Puebla. Atónitos nos enteramos de las severas afectaciones humanas y materiales en Morelos, Oaxaca, Estado de México y capital del país. Posteriormente el Servicio Sismológico Nacional (SSN) informó 39 réplicas.

Intervención en la UPN para recuperar la confianza

Con el apoyo del Área Académica 5, Teoría Pedagógica y Formación Docente, el 26 y 27 de octubre, coordiné y facilité en la UPN-Ajusco un taller de Constelaciones Familiares (CF), junto con Lily Nissan y Rebeca Romero, maestras en Configuraciones Sistémicas Sociales, con reconocimiento oficial de la SEP. El objetivo fue: Recuperar la confianza perdida por los sismos.

El trabajo consistió primero en mover la energía corporal atrapada por el miedo y luego, mirar y resignificar aquellos eventos de las historias personales, removidos por los terremotos, y ayudar a liberarlos. En respuesta a la confianza de los asistentes y al respeto que merecen, me limitaré a destacar y describir el hallazgo mencionado, previo a la intervención con el método de CF.

Desde el inicio, las facilitadoras quisimos conocer los niveles de afectación de las participantes, por lo que preguntamos directamente a qué grupo consideraba cada una pertenecer:

  • pérdidas humanas;
  • pérdidas humanas y materiales;
  • pérdida de vivienda;
  • pérdidas humanas, materiales y/o de vivienda por parte de familiares o amistades;
  • afectación como rescatista y/o afectación por influencia mediática.

El hallazgo fue que, la mayoría, se agrupó en el último rubro. El temor y los síntomas manifestados se debieron, por supuesto, a las vivencias personales con los movimientos telúricos pero, su prolongación, se acentuó por haberse expuesto a las transmisiones televisivas, “en vivo y en directo”, del rescate de Frida Sofía, con una duración de más de 24 horas.

Trauma, síntomas e impacto

Las tres Configuradoras Sistémicas nos hemos formado en trauma social, bajo la supervisión de la doctora Anngwyn St. Just, quien es directora del Centro de Trauma Social en Arizona (ACTS, por sus siglas en inglés), EE. UU., y es invitada a México por la rectora del Instituto de Estudios Superiores Sowelu, la maestra Íngala Robl.

La doctora St. Just define el trauma como una respuesta (alojada en el sistema nervioso de la persona) a las situaciones abrumadoras que podrían derivar en “conexiones rotas” (St. Just, 2017, pp. 17-18). Ella es colega de Peter A. Levine, doctor en biofísica médica y psicólogo, consultor de estrés para la NASA en el desarrollo del transbordador espacial. Ambos concuerdan en que la persona que sufre un trauma está tan asustada ante sus sensaciones corporales, que evita sentirlas, porque cree que esas sensaciones la destruirán o que las cosas se volverán peores. Por lo tanto permanece atascada (Levine, 2013, p. 540).

A ese atascamiento St. Just lo llama “conexiones rotas”, mismas que fragmentan la relación con el sí mismo, haciendo que se presenten síntomas como: letargo, pérdida de apetito, hiperactividad, desorientación en tiempo y espacio, sensación profunda de alienación, sentido de culpabilidad, desesperación, desvinculación en relación con los otros, falta de confianza, rigidez social retrógrada, imposibilidad de prosperar, confusión, incapacidad de avanzar y anhedonia (inhabilidad para experimentar placer o gozo) (St Just, 2017, p. 17).

El trauma impacta varias capacidades, como son: relacionarse, aprender, trabajar, intimar y ser padres.

Estos síntomas y consecuencias fueron vividos, seis años atrás, por los japoneses, luego del terremoto de 9 grados Richter, acompañado de maremoto, el 11 de marzo de 2011 en la costa del Pacífico. Entonces, los psicoterapeutas de la isla advirtieron que los síntomas por Desorden de Estrés Postraumático (PTSD, siglas en inglés) se presentaban en los menos afectados por los fenómenos naturales. Muchos de ellos vivían a más de mil km de la zona de desastre. Sin embargo, atribuyeron el desgaste físico, mental y emocional a haberse expuesto a la cobertura televisiva de los daños, durante doce horas consecutivas.

Tiempo cronológico

Fenómeno misterioso es la memoria. Explicarla sigue siendo terreno elusivo para los científicos que buscan trazar su mapa en el cuerpo humano.

Ante la repetición del mismo evento, dado en el mismo lugar, en el mismo mes y en el mismo día, con 32 años de diferencia, me pregunto: ¿habrá memoria en la Naturaleza?

Hasta ahora no he hallado respuesta cabal. Quizá entender el regreso del pasado, bajo la forma de un ciclo repetido, puede encontrarse en la lógica de la Geometría Fractal de la Naturaleza, descrita por el matemático Benoît Mandelbrot (1924-2010) que, aplicada al tiempo, puede llevar el nombre dado por el psicoanalista, Carl Gustav Jung, sincronicidad. Sin embargo, el nombre por sí mismo resulta insuficiente para explicarlo.

Con los patrones repetidos en el tiempo, se empieza a hablar del concepto de tiempo fractal, incorporado a la visión sistémica. Una aplicación parcial aparece en la segunda parte de esta colaboración, bajo el rubro Tiempo histórico.

03 frida lecomb

La Frida de Sebastián Pérez & Benjamin Lacombe

Tiempo mediático

Quienes hemos estudiado el fenómeno del trauma, sabemos que para ayudar a superarlo es necesario evitar, en lo posible, abrumar más. Esta postura ética debieran acatarla los medios informativos.

Quienes estudiamos en la década de los ochenta la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, tuvimos la fortuna de aprender la ética periodística con los grandes maestros: Julio Scherer García, Fernando Benítez, Manuel Buendía y Benjamín Wong Castañeda. En sus mejores tiempos, ellos fueron directores de periódicos nacionales como Excélsior, El Sol de México, El Día, el suplemento cultural de Novedades y de la revista Proceso. Antes ellos habían sido reporteros, afamados columnistas, articulistas, cronistas. En sus clases, me enseñaron que el ejercicio profesional del periodismo debe brindar información fidedigna al público, al que se le debe respeto en la función de investigar la verdad.

En medio del caos de este 19 de septiembre, Televisión Azteca y Grupo Televisa atropellaron, una vez más, la virtud de esta ética, con la práctica de sus viejos vicios: la invención y el amarillismo con que tiñen de espectáculo la realidad. Así como en el 2011 Televisa fabricó la imagen del candidato del PRI a la presidencia de México para las elecciones del año siguiente; en el sismo del 19 de septiembre de 1985 inventó a Monchito y, en el de 2017, a Frida Sofía, “la niña de 12 años, perdida entre los escombros del colegio Enrique Rébsamen”.

A diferencia de los japoneses, los síntomas del PTSD en los mexicanos no sólo se debieron a la continua exposición frente a la pantalla de televisión sino al manejo tergiversado de la realidad.

En el debate de quién fue el primero en mencionar nombre y existencia de Frida Sofía, cito a la dramaturga Sabina Berman, en su columna “El otro sismo”, en respuesta a las precisiones de Acosta Montoya, director corporativo de la empresa televisiva:

El periodismo exige una verificación de los hechos con fuentes diversas y es de sorprenderse que Televisa, a pesar de lo numeroso de su equipo periodístico, no entrevistó a los padres de otros alumnos, ni a los alumnos, ni al equipo de intendencia, ni a nadie más, ni acudió a las fuentes documentales de la SEP. De haberlo hecho, habría caído en la cuenta de que la Niña de los Escombros era una macabra invención, mucho antes de que otros medios lo develaran y obligaran a Televisa a revisar lo que hacía (El Universal, 24 de septiembre).

Dos días después, el 26 de septiembre, el periódico El Nacional publicó el artículo escrito por el periodista Jenaro Villamil titulado El invento de “Frida Sofía” no fue un reality, insiste Televisa. Cito su conclusión:

Hasta el momento, sólo los dos almirantes de la Secretaría de Marina han ofrecido una disculpa pública por la invención del caso “Frida Sofía”. Ni la SEP ni Televisa se han disculpado por esta transmisión continua y “en exclusiva” de una patraña.

En efecto, al mediodía del 21 de septiembre, el subsecretario de Marina, Ángel Enrique Sarmiento Beltrán, salió a declarar la inexistencia de Frida Sofía, al asegurar que “no fue una realidad”. En sus palabras:

“Nosotros no tenemos conocimiento, nosotros nunca tuvimos conocimiento de esa versión (en torno a Frida Sofía)… Estamos seguros de que no fue una realidad, puesto que se corroboró con la Secretaría de Educación Pública, la delegación (Tlalpan) y con la escuela” (Revista Proceso, edición 2134; Crónica: “«Frida Sofía» y la «zona cero» del caos”, de Juan Carlos Cruz Vargas).

La falta de honestidad de la propia empresa se mostró en las palabras de su conductora, Denise Maerker, durante la transmisión del noticiario nocturno del miércoles 20 de noviembre. Dijo: “La empresa de Emilio Azcárraga no tuvo error alguno al manejar el controvertido caso de Frida Sofía”.

¿A qué responde esta declaración? ¿A un cinismo carente de vergüenza? En mi opinión, es coherente con el principio de ganancia económica que rige a la empresa y con el poder que presume y ejerce. El tiempo de transmisión se cotiza por el rating y, en esa lógica, no cometieron error alguno.

El fin justifica los medios dicta la frase maquiavélica. Para Televisa, el hecho trágico del terremoto no fue el fin, sino el medio. La transmisión por horas de un caso ficticio, “emblema de la esperanza nacional” y razón de ser del eslogan “Fuerza México”, concentró la atención de un público colapsado emocionalmente, temeroso de futuras réplicas, indefenso e incapacitado para elaborar o demandar preguntas críticas, más allá de la planteada por la misma empresa: ¿seguirá viva o no?

Durante 24 horas Televisa elevó sus ganancias económicas, a costa del dolor y la esperanza de los mexicanos. Mantuvo el liderazgo político en el manejo de la realidad como espectáculo. Desvió la atención y con ello evitó abordar el problema de fondo: la presencia de la corrupción en todos los ámbitos y, en particular, en este sexenio (los excesos en la Casa Blanca y en el avión presidencial), en las fallas de construcción y de supervisión de inmuebles de escuelas y edificios.

El diario Washington Post, en su primera plana de la edición del viernes 22 de septiembre, calificó el caso de Frida Sofía como una “vergüenza” para el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Tiempo histórico

Los eventos trágicos ocurren en contextos determinados. Recuperar estos y resignificarlos puede ayudar a comprender.

El avasallamiento “informativo” de Televisa, en medio de un estado generalizado de shock, impidió mirar con ojos críticos aquellas imágenes donde aparecían rescatistas parados sobre losas que atrapaban a las víctimas.

Mirar lo no visto es posible a través de una lectura de signos y símbolos. Hay que distinguirlos sin disociarlos y reunir lo aparentemente separado, estableciendo relaciones contextuales con otros hechos históricos.

Este libre ejercicio de reflexión, basado en el caso ficticio y en la coincidencia de la repetición del 19 de septiembre de 1985 y de 2017, me llevó a buscar, a través de la “identidad de estudiante de la víctima fabricada”, hechos históricos ocurridos en septiembre, con víctimas que tuvieran la misma identidad. No fue difícil encontrarlos. Dos llamaron mi atención. El primero, ocurrió a finales de la década de los sesenta del siglo XX y por todos conocido. El segundo sucedió hace apenas tres años.

Elementos simbólicos del engaño

Iniciaré con el análisis de la construcción de la imagen de Frida Sofía que fue calificada por el titular de la SEP como “caso icónico de esta nueva tragedia”, cuando aún no se revelaba públicamente la mentira fabricada.

Distinguiré dos elementos simbólicos asociados:

1) Los nombres elegidos para la supuesta víctima, y

2) el nombre del colegio colapsado.

Veamos el primero.

1) Los nombres elegidos de la supuesta víctima

La supuesta niña de 12 años, elegida como “emblema de la esperanza”, lleva el primer nombre de la pintora mexicana y mito nacional, Frida Kahlo, conocida internacionalmente.

La pintora Frida representó en vida y en lienzos el mensaje del dolor corporal, sufrido a la temprana edad de seis años (1913), a causa de la poliomielitis, que dejó secuela en su pierna derecha. Doce años más tarde, a sus 18 (1925), siendo una de las 35 estudiantes mujeres de la Escuela Nacional Preparatoria (de un total de dos mil alumnos), el autobús en el que viajaba fue arrollado por un tranvía. Este hecho ocurrió un 17 de septiembre de 1925. Aquél terrible accidente le rompió la columna vertebral en tres partes, su pierna derecha en once, el pie, el hombro y la muñeca quedaron dislocados, una clavícula junto con dos costillas fracturadas y su pelvis partida en tres. Su existencia fue una lucha de reconstrucción permanente.

Frida Kahlo y su amor por la herencia indígena, representa, en el arte popular y en la tradición cultural, el reflejo del dolor en el cuerpo humano y quizá en la historia de México.

El 6 de julio de 2017, Noticieros Televisa publicó en Internet un reportaje dedicado a la pintora, escrito por Nicolás Ruiz, bajo el cuestionado título: “¿Por qué amamos y odiamos a Frida Kahlo?” Reproduzco uno de sus párrafos que quizá explican, entre otras razones, la selección del primer nombre en el caso que nos ocupa:

La pintura de Frida… (es) el símbolo de las contradicciones que, sin importar nuestros cariños, todavía nos duelen (noticieros.televisa.com).

Paso ahora al análisis del segundo nombre. Recurro al filósofo francés, Edgar Morin, quien asegura que “el hombre es capaz de lo peor, pero también de lo mejor”. Sofía, en griego, significa sabiduría, la cual reúne lo mejor que un ser humano adquiere a lo largo de su vida. La sabiduría se distingue –de acuerdo con Morin– por la prudencia, la templanza, la medida y el desprendimiento. Cualidades que brillaron por su ausencia durante la cobertura televisiva.

Frida y Sofía simbolizan, en efecto, la contradicción. Por un lado, la realidad del dolor en el cuerpo social. Y, por el otro, la exclusión en pantalla de las verdaderas víctimas de los cuarenta edificios derrumbados en la CDMX y los miles de inmuebles afectados o destruidos en los estados de Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y Oaxaca. La trágica realidad eclipsada por un rescate irreal.

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El caso Frida Sofía y la exclusión de las pantallas de los verdaderos muertos/damnificados (Foto: Publimetro)

2) El nombre del colegio colapsado

El Colegio Enrique Rébsamen, edificación de tres pisos ubicado en el sur de la Ciudad de México (esquina calle Rancho Tamboreo y Calzada de las Brujas en la Colonia Nueva Oriental Coapa, Delegación Tlalpan), sufrió el derrumbe de uno de sus edificios, ocasionando la muerte trágica de un número aún impreciso de niños (inicialmente se habló de 32 y ahora se redujo a 19) y 5 adultos. En la Ciudad de México, según registros oficiales, murieron 228 personas. El total en el país fue de 369. Cabe recordar que en 1985 las cifras de defunciones tampoco coincidieron. Se calcula que fueron 9 mil 158 muertos, pero la Cruz Roja habló de 15 mil y el Servicio Sismológico Nacional de 40 mil (Milenio digital: “¿Cuántos muertos causó el terremoto de 1985?”).

La escuela privada albergaba a 27 trabajadores y 347 alumnos, distribuidos en educación preescolar, primaria y secundaria. En el cuarto piso del edificio colapsado se construyó, en contra de los reglamentos vigentes, un departamento habitado por la directora, ahora prófuga de la justicia.

Estos fueron los hechos. Vayamos ahora al análisis de signos y símbolos.

El Colegio toma su nombre del pedagogo suizo, Enrique Conrado Rébsamen Egloff (1857-1904), graduado en la Universidad de Zurich, y afamado en México por emprender una reforma educativa de la enseñanza primaria y normal, iniciada en Veracruz y luego extendida a todo el país. En los inicios del siglo XX, Rébsamen crea 45 escuelas normales. Un proyecto en el que puso en práctica su concepción educativa: libertaria, patriótica y laica. En una de sus declaraciones dejó ver el juego de fuerzas en el ámbito político, durante el gobierno de Porfirio Díaz. Dijo: “Debe instruirse al pueblo lo más pronto posible, para evitar una reacción del partido clerical” (Larroyo, 1981, p. 320). En su apuesta por la educación recomendaba a los maestros utilizar didácticamente con los alumnos el método socrático y heurístico.

En homenaje al pedagogo, haré uso de dicho método, planteando algunas preguntas:

¿A qué intereses económicos respondió la concentración de autoridades oficiales y de televisoras nacionales en el Colegio Enrique Rébsamen?

¿Qué llevó al almirante de la Marina, José Luis Vergara, a hablar con Televisa de una niña llamada Frida Sofía?

¿Qué acuerdo establecieron las autoridades con el Grupo Televisa para permitirles el acceso exclusivo a la llamada zona cero?

¿Quiénes autorizaron las obras de construcción del departamento de la directora en dicho Colegio?

Dos hechos ocurridos en México en septiembre: Siglos XX y XXI

Con los elementos de análisis hasta ahora reunidos: identidad de Frida Sofía como estudiante, escenario escolar y nombre del Colegio que alude al fundador del proyecto normalista, me di a la tarea de buscar hechos en México, ocurridos en septiembre, cuyas víctimas también fueran estudiantes. Desafortunadamente no es difícil encontrarlos. La huella histórica del dolor social quedó marcada por el movimiento estudiantil de 1968. Otra, más reciente, fue la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, en septiembre de 2014.

La aparente casualidad temporal en la que ocurren estos eventos históricos y el motivo que los alienta, revela parte del espíritu del caso falso de la niña atrapada entre los escombros del sistema político, económico y educativo. Vientos de cambio soplan en ellos.

1968

Regreso a mis palabras escritas la mañana del 19 de septiembre pasado: Quien simula y disimula ¿vive? Sí, en un eterno simulacro.

Frida Sofía refrenda la vieja mancuerna Estado-Televisa, en la construcción del extenso simulacro que avasalla todo esfuerzo educativo.

Por su parte, la televisora disimula y simula un periodismo comprometido socialmente.

Descubierta la ficción, tendrían que caer oropeles y confeccionadores. Pero eso no ocurre. De ello se encarga el Estado.

Las palabras del filósofo francés, Jean Baudrillard, escritas diez años después de los movimientos de protesta estudiantil, siguen vigentes: “En adelante será el mapa el que preceda al territorio –PRECISIÓN DE LOS SIMULACROS– y el que lo engendre” (Baudrillard, 1978, p. 10).

En octubre de 1968, Televisa negó lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Vocera del ocultamiento y de la mentira, sus acciones de ahora son eco de entonces, cuando quedó roto el pacto entre gobierno y pueblo y aún sigue sin restablecerse.

19 de septiembre de 1968

¿Qué ocurrió ese día en México? La sabiduría emergió vestida de dignidad por la defensa a ultranza de la libertad educativa y por la lucha de un sistema democrático, sin corrupción ni autoritarismo.

A sus 53 años de edad, el Ingeniero Javier Barros Sierra, rector de la UNAM en el periodo 1968-1970, encabezó ese día una manifestación para apoyar explícitamente el movimiento estudiantil y protestar por la ocupación militar de Ciudad Universitaria (CU). Ante el ataque emitido desde la Cámara de Diputados, en voz de su líder Luis Farías, el rector Barros Sierra renunció a su cargo, pero la Junta de Gobierno le pidió permanecer al frente de la UNAM, por ver en él los atributos de un hombre sabio.

Nieto de Justo Sierra Méndez (1848-1912), quien fue promotor de la fundación de la Universidad Nacional de México, hoy UNAM, a Javier Barros Sierra le tocó un tiempo de gran convulsión social, encabezada por el presidente Gustado Díaz Ordaz y su mano ejecutora, Luis Echeverría Álvarez.

Resulta extraño ver el lazo de unión entre el abuelo materno, Justo Sierra y el pedagogo Enrique Rébsamen. En tiempos de Porfirio Díaz, ambos presidieron el primer Congreso Nacional de Instrucción Pública.

Frida Sofía, efectivamente representa, entre otras significados, el símbolo de la contradicción. Dolor y sabiduría confluyen en la imagen de ese 19 de septiembre de 1968.

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Estudiantes y profesoras mexicanas con estudiantes japonenses en la protesta global (San Francisco, EE. UU.). Foto del editor.

2014

Siete días posteriores al 19 de septiembre de hace tres años, en México ocurrió otro hecho, en contra de estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, en Guerrero.

La noche del 26 de septiembre, cerca de 100 estudiantes, entre 19 y 23 años de edad, con actitud rebelde y activista, propia de la juventud crítica, viajaron 257 km para llegar a Iguala y abordar un autobús rumbo a la Ciudad de México, con el fin de asistir, precisamente, a la conmemoración del 46 aniversario de la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968. Tras un ataque sorpresivo con armas de fuego de las fuerzas de seguridad local y militar, 43 estudiantes desaparecieron entre los escombros del silencio, la mentira, el papeleo, el encubrimiento y la impunidad, característicos de los gobiernos de ese Estado, donde proliferan los laboratorios de metanfetaminas y la producción de marihuana y heroína.

La distinción de este hecho asociado con la identidad de la falsa Frida Sofía vuelve a reunir lo aparentemente separado.

Transcurridos ciento catorce años de haberse echado a andar el proyecto normalista de Rébsamen, con su ideario pedagógico: libertario, patriótico y laico; la experiencia traumática en Iguala demuestra una persistencia en la memoria sobre la falta de respeto hacia la vida.

La doctora St. Just en su libro Trauma y Condición Humana en América Latina, dedica un apartado a este hecho, bajo el título: Los días de los muertos mexicanos. Llama mi atención el epígrafe elegido de Noami Klein, tomado del libro La Doctrina del Shock (2008), que a la letra dice: La violencia extrema tiene un modo de evitar que veamos los intereses a los que sirve (St. Just, 2017, p. 61).

Optimismo de la voluntad

Miro el camino trazado para comprender y veo señales colocadas por la Historia en el mapa memorístico de la naturaleza sísmica en nuestro país.

Quizá los movimientos telúricos sean la llave maestra para recordar nuestra vulnerabilidad y despertar nuestra conciencia solidaria.

La visión sistémica sostiene el principio de conexión entre seres vivos y muertos, conscientes o no. En el tema del trauma social necesitamos recordarlo.

Sócrates, el filósofo de la antigüedad y maestro de Platón, creía en la reminiscencia, en el recuerdo inconsciente, en la memoria. Decía que él no enseñaba, sino que ayudaba a sus interlocutores a dar a luz las ideas a través de la ironía y de la mayéutica (método de inducción mediante interrogatorio al interlocutor).

Quiero pensar que los movimientos telúricos forman parte de una memoria y de un movimiento mayor de conciencia, donde se unen los contrarios: locura y cordura. De nuevo, me apoyo en los dichos de Edgar Morin: “No existe frontera neta y clara entre cordura y locura. El colmo de su unión es el amor. Somos a la vez Homo Sapiens y Homo Demens” (Morin, 1998).

Ética y amor participaron en las tragedias del 19 de septiembre de 1985 y de 2017. Borraron divisiones y separaciones. Las vimos actuar en las calles, en los centros de acopio, en los albergues, en el voluntariado.

Vivir para contarla es una forma de civilizar las relaciones humanas. Otra es salir del estado de inmovilidad. Puede ayudarnos el ejercicio de la reflexión sobre posibles significados de los símbolos del engaño. De los escombros del simulacro visto en pantalla rescato el esfuerzo colectivo por encontrar un sentido a la adversidad. Ahí nos reconectamos con nosotros mismos, con los otros, con nuestra historia. Punto de unión locura-cordura.

¿Qué emerge del caos?

“En medio de la crisis producida por el colapso reaparece la sociedad organizándose a sí misma, sin la intermediación del mercado ni del Estado”, afirmó la escritora Vivian Abenshushan, el 21 de octubre, en el marco del Segundo Encuentro Libertad por el Saber. Tiempos de Revoluciones, organizado por el Colegio Nacional.

En efecto, actuar es una forma de salir del trauma. Reconciliarnos con los sucesos, es otra.

Los hechos históricos reseñados aquí parecen revelarnos que los traumas no resueltos, son transmitidos entre generaciones. De nuevo St. Just, sostiene: “El trauma irresuelto sirve para perpetuar cuestiones sociales, también irresueltas, para muchas generaciones de personas que pueden ser totalmente inconscientes de cualquiera de estas dinámicas” (St. Just, 2017, p. 19).

Ella comparte con el prologuista de su libro, Julio Príncipe Portocarrero, Director de Congruencia SAC, el camino del optimismo: “Es esperanzador saber que si el trauma social se transmite transgeneracionalmente, también será verdad que el amor, la sabiduría y las decisiones saludables se transmiten y resuenan en nuestra alma” (St. Just, 2017, p. 13).

La realidad nos coloca en un dilema. En los 17 años transcurridos del siglo XXI la Tierra se ha movido 411 veces. Veintiocho han ocurrido en México. El más elevado en la escala de Richter fue el sismo del 7 de septiembre de 2017, 8.2 grados (es.m.wikipedia.org Anexo: Terremotos del siglo XXI).

Es un hecho que la Tierra continuará moviéndose y a nosotros nos corresponde elegir. Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad, palabras de Antonio Gramsci dirigidas a su mujer. Opto, como Morin, por la unión de los contrarios, aunque el título de esta colaboración muestra mi inclinación en la balanza.

Cierro estas reflexiones con una invitación anónima que recibí por WhatsApp en los días aciagos:

¿Y si ya no paramos y le seguimos hasta que nunca nos dejemos de ayudar? Hasta a los que no son damnificados.

¿Ingenuidad? ¿Locura? ¿Cordura?

Amor y ética.

Fuentes bibliográficas

Baudrillard, Jean (1978). Cultura y simulacro. Barcelona: Editorial Kairós.

Larrollo, Francisco (1981). Historia comparada de la educación en México. México: Porrúa S.A.

Levine, Peter A. (2013). En una voz no hablada. Cómo el cuerpo libera el trauma y restaura el bienestar. Buenos Aires: Alma Lepik.

Morin, Edgar (1998). Amor, poesía, sabiduría. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

St. Just, Anngwyn (2017). Trauma y Condición Humana en América Latina, México: Signos Editorial

___, (2012). Trauma. Tiempo, espacio y fractales. Buenos Aires: Alma Lepik.

___, (2007). Equilibrio relativo en un mundo inestable. Una investigación sobre Educación de Traumas y Recuperación. Buenos Aires: Alma Lepik.


 
[1] Maestra en Soluciones Sistémicas Sociales por el Instituto de Estudios Superiores Sowelu.
Maestra en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Especialidad en Psicoterapia Corporal por el Centro de Constelaciones Familiares Sowelu.
Certificación en Formación Internacional Trabajo con Trauma por el Arizona Center for Social Trauma y el Centro de Constelaciones Familiares Sowelu.
Diplomado en Terapia Corporal y Configuraciones Sistémicas. Sowelu
Docente de la Universidad Pedagógica Nacional, México.
Docente de la Maestría en Soluciones Sistémicas Sociales del Instituto de Estudios Superiores Sowelu.
Docente del entrenamiento en Constelaciones Familiares en Sowelu.
 

 

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